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Individualismo de masas en California

En San Francisco y en Berkeley, ciudades poco representativas del resto del país pero bien estadounidenses, las “transgresiones” relativas a la apariencia o a la identidad suscitan una indiferencia creciente. El anticonformismo ya no responde a una contracultura: devenido un modelo de comportamiento individual, da forma al modo de vida local. La subversión satisface a quienes la practican. Pero ya no molesta a nadie.

Una madre de familia que pasea a su niño en un cochecito armado con una caja de madera con cuatro ruedas; un hombre musculoso con el pelo largo y el torso desnudo, apodado "el hombre rugiente" (the roar man) por los frecuentadores del lugar, grita en la calle como Tarzán; un vagabundo subido a un balde de plástico dado vuelta, cuya especialidad es filosofar, en contradictorio monólogo, con los pocos predicadores neo-evangélicos que se animan a entrar al campus universitario... En Berkeley (California), cuya primera protesta estudiantil (el Free Speech Movement) de 1964, tuvo derivaciones internacionales, la expresión de las diferencias forma parte del paisaje y engendra un modo de ser y de parecer que juega con las normas. Por todas partes, en los automóviles o muros de la ciudad, leemos "Why be normal?" (¿por qué ser normal?) o "Question reality" (cuestiona la realidad), en los autoadhesivos que recuerdan los principios locales a los transeúntes que podrían no (re)conocerlos o correrían el riesgo de olvidarlos. El imaginario estadounidense dominante tiene a San Francisco o Berkeley como lugares que escapan a las reglas, donde el orden de las cosas incluye los más bizarros comportamientos. La expresión Berserkley (que alude a to go berserk, o actuar desquiciadamente), comúnmente usada en Estados Unidos en alusión a la ciudad universitaria, traduce un sentimiento de malestar respecto a lo que allí sucede. Es verdad que, para el Estados Unidos conservador, San Francisco y Berkeley representan una Babilonia anticonformista, pecadora y decadente, un instrumento ideal para realzar su propia virtud.

Como todas las caracterizaciones apresuradas, estas representaciones estereotipadas de una ciudad donde se desarrolló un arte contestatario (San Francisco), así como de otra, conocida como bastión del radicalismo político (Berkeley), nos dan más información sobre los y las que las emiten que sobre el objeto que pretenden describir. Olvidan además que la producción de las diferencias en este "otro Estados Unidos" forma parte de un juego social consensual, y que éstas no hacen más que expresar el valor individualista dominante dentro de la cultura estadounidense. Aunque los modelos en cuestión no sean los de la mayoría de los estadounidenses.

Hace medio siglo, el antropólogo estadounidense Ralph Linton escribía un impactante artículo de dos páginas, sencillamente titulado "One hundred per cent American" (100% estadounidense), en el que reconstruía un día típico en este país 1. Señalaba que todo lo que caracterizaba el modo de ser local estaba tomado y copiado de otras culturas. Conviene relacionar este aspecto notorio con el mosaico de experiencias que componen la autopresentación corporal en San Francisco y Berkeley. En ambas ciudades, distinguir la apariencia propia es norma local, lo cual no quita que determinados espacios urbanos estimulen y permitan más que otros esta autoexpresión.

Escenificación de la diferencia

Las cuatro últimas manzanas de la Telegraph Avenue, calle que conduce al centro del campus universitario de Berkeley, California, y donde está ubicado el mítico People's Park -sitio preferencial de la protesta de los años '60-, sirven pues de teatro principal para la puesta en escena de la propia diferencia. Hace unos años, en el comienzo de clases (fines de agosto), un joven estudiante decidió ir a la universidad con su mochila, pero desnudo. El invierno es relativamente moderado en la bahía de San Francisco, pero cuando en noviembre empezó a refrescar, el muchacho se puso una camiseta, luego un suéter, y siguió paseándose desnudo de la cintura para abajo cada vez que iba a clase.

La mayoría de los docentes ignoraba al estudiante (apodado the naked guy, el tipo desnudo) pero a la larga, algunos empezaron a incomodarse. Le solicitaron amablemente que ocultara sus partes genitales, cosa que él por varias semanas se negó a hacer, y siguió yendo a clase con su atuendo de Adán, invocando la famosa libertad de expresión (free speech) garantizada por un artículo de la Constitución estadounidense y constantemente nombrada en la bahía de San Francisco.

Primero su empecinamiento le valió una amonestación, luego una invitación a no regresar a clase. Pero cuando las autoridades universitarias decidieron ponerse firmes, el joven consiguió múltiples apoyos. Estudiantes o no, llevaron adelante una Free Naked Protest (en alusión al antes mencionado Free Speech Movement) por las calles de la ciudad, durante todo el día. Esta manifestación fue posible únicamente porque tuvo lugar en los espacios locales históricos de la protesta en Berkeley. Fuera de estos sitios consensuales, donde el entorno urbano es supuestamente muy "avanzado" y abiertamente indiferente a la expresión de la diferencia, la acción habría sido más difícil. Y provocado reacciones en los transeúntes.

Ya lo señaló Michel Foucault: las sociedades occidentales favorecen la aprehensión del cuerpo como obra de arte y primera herramienta de expresión del individuo, situado en una posición central. En este espíritu, una experiencia no deja de crecer desde hace veinte años: el Burning Man Festival. Fundado por un grupo de San Francisco, este acontecimiento que cada año congrega una proporción importante de residentes de la bahía, y que simbólicamente tiene lugar en el desierto de Nevada, lleva al escenario durante una semana la más grande expresión paródica posible sobre las diferencias aparentes por medio de disfraces, de pinturas corporales y una valorización de la desnudez expresiva.

En este festival de la diferencia, abierto a todo público y que ya reúne a más de 25.000 personas, se lleva a cabo una protesta programada, localizada y delimitada en el tiempo contra la sociedad de consumo. Durante su estadía simbólica en el desierto de Nevada, cada participante ofrece una expresión que se aparta de la norma social, a modo de "dádiva". Si bien la consigna oficial de los organizadores es "No spectators, everybody a participant" (no hay espectadores, todos participantes), la expresión de las diferencias es consensual; las sorpresas y asombros, institucionalizados. Este "rito de intensificación" de la diferencia aparente expresa, puntual pero amplificadamente, lo que se juega casi a diario en determinados espacios de San Francisco y Berkeley.

El consenso social es clave para que las diferencias puedan expresarse sin consecuencias enojosas ni peligro para quien las expresa. Esto explica por qué la diferencia atrae a la indiferencia. Hay en Estados Unidos un dicho moderno que afirma, sobre San Francisco y su entorno cultural: "Si tomamos un mapa de Estados Unidos y lo sacudimos, todo lo inestable resbala hacia San Francisco". No es casual que la comunidad gay sea allí tan importante, ni que los homosexuales que llegan desde otros Estados aludan a menudo en sus testimonios a la falta de tolerancia padecida en otras partes.

Desde los años '60, esta ciudad atrae a los artistas y a otras personas que buscan una mayor libertad de expresión. Esto explica en parte la afluencia de licenciados y doctores de todo tipo que han elegido esta bahía como destino. Dada la elevada concentración de personas altamente calificadas, éstas no encuentran empleo con el salario al que podrían aspirar en otra parte, tienen dificultad para conseguir alojamiento, etc., pero así y todo siguen considerando que la intensa vida del lugar, con su movimiento cultural, constituye un universo social imposible de hallar bajo otro cielo. Un miembro del movimiento Hare Krishna explicaba un día que había elegido residir en Berkeley porque ahí sentía una "buena energía"...

Contracultura institucionalizada

Pero el esmero puesto en la producción de la propia diferencia provoca en retorno una cierta... indiferencia. La apariencia de los alumnos de la Berkeley High School, colegio secundario del centro de la ciudad, permite comprender rápidamente hasta qué punto la expresión de la diferencia puede convertirse en un aprendizaje de la banalidad, dentro del cual el medio en el que uno vive cumple una función clave. La familia ocupa un lugar importante en la implantación de modelos culturales, pero la sociedad, y en particular los grupos de pares, inciden grandemente en el proceso de socialización de la persona. Si los adolescentes entran por lo común en una dinámica de diferenciación respecto de sus padres y a la sociedad en su conjunto (con el pantalón que va cayendo controladamente, por ejemplo), en Berkeley son precisamente el semillero de la sociedad de los adultos. Citemos el pantalón exclusivamente realizado con insignias, los harapos estudiados, los peinados estrafalarios y coloridos, etc. Nada es excéntrico aquí, todo entra en las buenas maneras del lugar...

Cuando la producción del particularismo pasa a ser la regla de acción, el individualismo subyacente se vuelve paradójico, ya sea que responda o no a una lógica del beneficio. En San Francisco, los esfuerzos realizados para diferenciarse están en correspondencia con un sistema de valores que preconiza la diferencia y es compartido por los propios congéneres. Automáticamente, la expresión de la diferencia se vuelve casi insignificante allí donde ésta se generaliza. La indiferencia hacia las diferencias expresadas por otros usuarios del espacio social, reflejo del derecho a la diferencia, pasa a ser también regla de comportamiento entre los residentes. En Berkeley, los únicos que parecen expresar asombro frente a la particular apariencia de los demás transeúntes son los extraños (sean o no estadounidenses). Y los únicos transeúntes que ríen abiertamente de esas diferencias son los turistas, entre sí. Los mismos que después de pasar varios años en este lugar experimental posiblemente encontrarían muy "etnocéntricas" esas mismas risas...

¿Sigue siendo contracultura una contracultura institucionalizada? La actual diversificación social se caracteriza por una mezcla de los géneros y una dificultad recurrente a clasificar las acciones de unos y otros en función de la norma o su apartamiento de ésta, de su pertenencia al conformismo o a l'avant-garde. Las diferencias que la clase media blanca representa, muchas veces con gran esmero (por ejemplo a través de la vestimenta, el peinado o unas uñas desmesuradamente largas), deben distinguirse de las que experimentan los incontables vagabundos de San Francisco y Berkeley (que no poseen los medios para controlar la imagen de su diferencia), o las de los negros de la ciudad de Oakland, cuna de los Black Panthers y vecina de Berkeley, donde el malestar económico y social explican el altísimo índice de homicidios. Si bien la exposición de estas diferencias refleja una cierta crítica al capitalismo, entre el juego social de afirmación de una particularidad que da el sentimiento de existir más y el sufrimiento derivado de la desigualdad y la discriminación, hay un mundo.

Dentro de un universo social productor de seres autónomos, responsables, pero también medianamente aislados, las diferencias -deseadas o padecidas-instaladas en gran escala, generan una especie de saturación del asombro, y al hacerlo, reducen la atención que se presta a los demás. Ya se trate de apreciar o de condenar, juzgar siempre es "tener en cuenta". El no-juicio de las diferencias de los otros, expresión a priori de una tolerancia, puede así evidenciar también desinterés hacia ellos. Los valores del individualismo determinan entonces la multiplicación de la diferencia y de la consecuente indiferencia. La atribución de sobrenombres a los que, dentro de una lógica de la diferenciación, asumen duraderamente una imagen de la rebeldía, al punto de convertirse en personajes sociales conocidos dentro de los espacios urbanos anónimos, responde por cierto a su deseo de autoafirmación. Pero al mismo tiempo, ésta permite que los usuarios de este espacio categoricen de modo previsible -y relativamente indiferente- a estos "disidentes".

Con sus dos ciudades emblemáticas, la bahía de San Francisco es tal vez el laboratorio de tendencias conductuales y sociales que prefiguran ciertas expresiones de próxima aparición en otras zonas urbanas. En todos los lugares donde el individualismo distintivo que genera el liberalismo llegue a convertirse en modelo local.

  1. Ralph Linton, "One hundred per cent American", The Study of Man, D. Appleton-Century Company Inc., 1936.
Autor/es Christian Ghasarian
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 97 - Julio 2007
Páginas:32,33
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Sociología, Sociedad
Países Estados Unidos