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Recuadros:

Botines de guerras coloniales

Del Museo de Tervuren en Bélgica al Museo de Arte Africano de Washington, pasando por el Museo del Quai Branly en París y el Dahlem Museum en Berlín, los países del Norte poseen innumerables obras artísticas y objetos artesanales procedentes de los Estados del Sur. Estos tesoros culturales y científicos amasados al hilo de los siglos son más numerosos en Occidente que en las sociedades de donde provienen.

Durante su primer año de existencia, el Museo del Quai Branly, -o Museo de Artes y Civilizaciones No Occidentales de África, Asia, Oceanía y las Américas- tuvo verdadero éxito: 1,7 millones de visitantes y cientos de investigadores ya lo han recorrido. El 20 de junio de 2006, los festejos en torno a su inauguración marcaron la apoteosis de un proceso que, en diversas medidas, afecta a la casi totalidad de los museos "de arte y civilizaciones no occidentales" de las ex potencias coloniales. La fiesta fue hermosa y las intenciones loables, y había que pellizcarse para no sucumbir a la tentación de creer en la idea de que Francia renovaba su rol de mensajera universal de la paz, a la altura de los principios humanistas de los que con tanta frecuencia se vanagloria.

De hecho, el pasado resurge en la actualidad de manera sorprendente: mientras numerosas asociaciones y movimientos militantes vuelven a poner la conquista, el trabajo forzado y la administración colonial en el orden del día, con la idea de contribuir a la instrucción del juicio de la colonización, al mismo tiempo los objetos reunidos durante este período suscitan un entusiasmo sin precedentes.

Acompañando este fenómeno, los museos "de artes y civilizaciones no occidentales" vuelven a emperifollarse. Este proceso afecta en distinta medida a la casi totalidad de los museos en cuestión: mientras el British Museum, desde el año 2000, dedica nuevos espacios a las colecciones etnográficas y el Dahlem Museum de Berlín desarrolla un proyecto inédito que le permite redescubrir colecciones que se habían desperdigado durante la Guerra Fría, Francia inaugura, como se ha visto, el Museo del Quai Branly...

Resulta lógico esperar que los museos "de artes y civilizaciones no europeas", renovados y adaptados al ritmo que impone el mundo de hoy, se conciban como un espacio de discusión, como una "zona de contacto" 1, y que propicien activamente los medios de un debate que involucre a las sociedades de las que provienen los objetos conservados, con la esperanza de enfrentar sin complejos el dilema poscolonial. Así, se espera que la "lavada de cara" a la cual se están dedicando los museos en cuestión invite, en un mundo preocupado por el fantasma del "choque de civilizaciones" 2, a esbozar una nueva manera de encarar el vínculo que une a las naciones contemporáneas, sobre todo el Norte y el Sur, más allá de la farsa etnoturística de la diversidad cultural.

La naturaleza de los objetos que conservan los museos, y sobre todo el contexto en que fueron obtenidos, ofrece una oportunidad única para abrir discusiones que deberían dar lugar a explicaciones concretas y prácticas. Pues -¿hace falta recordarlo?- la gran mayoría de los objetos conservados por estos museos fueron obtenidos entre 1870 y la Primera Guerra Mundial, período que recubre también el de la conquista colonial. Mientras que en 1880 los europeos controlaban sólo el 35% de la superficie del planeta, para 1914 esta proporción superaba el 84,4%. Más importante aun: un buen número de objetos fueron apropiados durante las campañas militares. Por lo que dichos objetos no hablan sólo de la cultura de los "Otros", sino también de un capítulo complejo de la historia de la humanidad, historia de la que son huellas.

Una fuerte señal de esta voluntad de cooperación podría ser el reconocimiento simbólico del carácter problemático de la presencia actual de botines de las guerras coloniales en las colecciones de los museos de las ex metrópolis.

Reivindicaciones crecientes

Estos botines permanecen vivos en la memoria de los pueblos antiguamente colonizados, como lo prueba la creatividad sobre todo artística a la que aún hoy dan lugar. Y es evidente que las sociedades que fabricaron estos objetos desean tener acceso a ellos, de manera de poder redescubrir su propia historia. El preámbulo de la Resolución 42/7 votada por la ONU en 1987 precisa exactamente: "La devolución de los bienes culturales que tengan para su país de origen un valor espiritual y cultural fundamental es de capital importancia, a fin de que los pueblos involucrados puedan crear colecciones representativas de su patrimonio cultural" 3.

Conscientes del carácter explosivo de la problemática, algunas iniciativas van viendo la luz; la pesada tapa que la cubría va resquebrajándose de a poco. Tímida pero resueltamente, los mismos museos que firmaron la "Declaración sobre la importancia y el valor de los museos universales" (ver más abajo) organizan encuentros, coloquios y exposiciones que progresivamente irán permitiendo delinear los bordes del conflicto.

Cada vez parece más urgente abordar la cuestión de la propiedad de los bienes culturales detentados por los museos del Norte y la espinosa cuestión de la restitución. Así, Abdou Diouf, secretario general de la Organización Internacional de la Francofonía, afirmaba que "la cuestión de la restitución, con frecuencia presentada de manera polémica, merece un tratamiento razonable, tal como, por otra parte, lo recomienda la resolución ‘Devolución o restitución de los bienes culturales a su país de origen', adoptada por la ONU en diciembre de 2002" 4.

En África, el movimiento que actúa a favor de la reparación y la restitución de los bienes culturales expoliados se desarrolló a fines de los años '80. Luego fue relanzado a principios de los '90, cuando la Organización de la Unidad Africana (OUA) adoptó el principio de "reparación", sobre todo bajo la forma de indemnizaciones, para la esclavitud y el colonialismo. En la cumbre de 1992, los jefes de Estado africanos crearon un grupo de expertos encargados de estudiar la cuestión, copresidida por Moshood Abiola 5 y el ex director general de la Unesco, Amadou-Mahtar M'Bow. Esta iniciativa desembocó, en abril de 1993, en la Proclamación de Abuja. Allí se alude "a la ‘deuda moral' y a la ‘deuda compensatoria' que los países involucrados en la trata de negros, el colonialismo y el neocolonialismo deben al África. Se exige la devolución de los ‘bienes expoliados'y de los tesoros tradicionales (...) Plenamente convencida de que los daños sufridos por los pueblos africanos no son un ‘asunto del pasado' (...) Convencida de que se perpetraron muchos saqueos, robos y apropiaciones contra los pueblos africanos, la Proclamación apela a aquellos que posean estos bienes expoliados a restituirlos a sus propietarios legítimos. (La Proclamación) apela a la comunidad internacional a que se reconozca la deuda moral sin precedentes que se debe a los pueblos africanos (...)" 6.

La devolución y la restitución de los bienes culturales africanos, además, se inscribió en el plan estratégico de la comisión de la Unión Africana para 2004-2007.

En este marco, los pedidos de restitución han conocido un crecimiento importante desde los años '80. Y parece razonable pronosticar que éstos aumentarán en forma paralela a la visibilidad que vayan ganando los museos. Todavía se recuerda que Nigeria pide, desde principios de los años '80, la restitución por parte del Reino Unido de las 200 placas de bronce que evocan la historia del reino Edo (Nigeria) y que fueron secuestradas durante la expedición punitiva de 1897. Etiopía reclama al mismo país los objetos obtenidos en 1868 durante el sitio de Magdala. Los descendientes de Béhanzin, "último" rey de Abomey (República de Benín) derrocado por los franceses en 1892, exigen, por medio de una pregunta parlamentaria al gobierno formulada el 18 de noviembre de 2005 por la diputada francesa Christiane Taubira, la restitución del tesoro real, actualmente conservado en el Museo del Quai Branly.

Una asociación internacional reclama a Austria la devolución de la corona del rey azteca Moctezuma (México), que los soldados de Hernán Cortés se llevaron en 1519 y que hoy en día conserva el Museum für Völkerkunde de Viena. Egipto exige de Alemania la devolución del busto de Nefertiti. La República Popular China pide la devolución de los objetos saqueados durante el asalto al Palacio de Verano llevado a cabo conjuntamente por las tropas inglesas y francesas durante la segunda Guerra del Opio, en 1860. Corea del Sur reclama la restitución de los 297 volúmenes de manuscritos que los militares franceses tomaron de los archivos reales en 1866 y que hoy están depositados en la Biblioteca Nacional de Francia. En lo que fue otro imperio, Japón también debe enfrentar numerosos requerimientos de los gobiernos de sus antiguas colonias, entre ellas Corea. Así, en 2005 Tokio restituyó a Corea del Norte, vía Corea del Sur, el "monumento a la gran victoria" de Bukgwan, llevado por los japoneses en 1905 durante la guerra ruso-japonesa en la península.

A pesar de la complejidad jurídica que acompaña el traslado de un objeto inalienable de un patrimonio a otro, la restitución es posible. Ya se ha producido en varias oportunidades, y algunos objetos de la polémica han visto el camino "de regreso". El sello del dey de Argel, apropiado por el ejército francés durante la toma de Argel en 1830, fue devuelto al presidente Abdelaziz Bouteflika por Jacques Chirac el 2 de marzo de 2003. En 1954 volvió a Tanzania el cráneo del sultán Mkwaka (un soberano que hizo frente a un batallón del ejército alemán), llevado al Imperio germánico como trofeo en 1898: el Tratado de Versalles de 1918 preveía su restitución. Una parte del tesoro de la isla de Lombok, donde reinaban las familias principescas de Bali, había sido apropiado en 1893 y fue restituido a Indonesia por los Países Bajos en 1977.

Debate acerca de la restitución

La respuesta de los museos occidentales a la multiplicación de los pedidos, sin embargo, es inequívoca. La "Declaración sobre la importancia y el valor de los museos universales", redactada en diciembre de 2002 y firmada por 19 directores de algunos de los principales museos del mundo (entre ellos el British Museum, el Louvre, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Prado de Madrid, el Rijksmuseum de Amsterdam, el Hermitage de San Petersburgo) es instructiva. Los signatarios llegaron incluso a hacer hincapié exclusivamente en "la naturaleza esencialmente destructiva de la restitución de los objetos", para agregar después que "los museos son los agentes del desarrollo cultural, cuya misión es alentar la producción del conocimiento cultivando un proceso permanente de reinterpretación. No están solamente al servicio de los ciudadanos de una nación, sino al servicio de los pueblos de todas las naciones".

Se trata de afirmar la inaceptabilidad de los pedidos de restitución recordando, no obstante, la responsabilidad que apela al principio de universalidad, de inspiración humanista, que constituye el fundamento de los museos.

Los pedidos de restitución, sin embargo, encuentran un eco más favorable en las instituciones transnacionales. Desde 1907, la Convención de La Haya sobre las leyes y costumbres de la guerra terrestre estipula en su artículo 28 que "está prohibido entregar al saqueo a una ciudad o localidad, aun en el caso de que haya sido tomada por asalto". La Convención para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado, ratificada en 1954 también en La Haya como consecuencia de las enormes destrucciones infligidas al patrimonio cultural durante la Segunda Guerra Mundial, fue el primer instrumento internacional de vocación universal cuyo eje giró exclusivamente alrededor de la protección del patrimonio cultural. Más recientemente, el código de deontología del Consejo Internacional de Museos (ICOM) publicó una declaración inequívoca, cuyo artículo 6.1 estipula que: "Si un país o una comunidad de los que proceden objetos o especímenes piden su restitución y se puede probar no sólo que éstos han sido exportados o transferidos de otra manera en contra de los principios de los convenios internacionales y nacionales, sino que además forman parte del patrimonio cultural o natural del país o la comunidad peticionarios, el museo interesado debe tomar rápidamente las medidas pertinentes para cooperar en su devolución, si tiene la posibilidad legal de hacerlo" 7.

Y cabe preguntarse si algún día la comunidad internacional abordará con la misma firmeza las expoliaciones coloniales y las expoliaciones de los bienes culturales judíos 8. Para ello será necesario que se admita jurídicamente que la conquista fue una guerra y no una sucesión de expediciones punitivas que apuntaban a la "pacificación".

¿Por qué entonces no devolver estos objetos a quienes los piden? No hay dudas de que un gesto así tendría un increíble efecto de distensión. Su alcance se percibiría como la expresión de una auténtica voluntad de cooperación universal, verdaderamente humanista. El reconocimiento del principio de la restitución se inscribe en un proceso que apunta al insoslayable reconocimiento de una responsabilidad moral e histórica. Parecería, sin embargo, que este trabajo de memoria no debe contentarse con fingir un arrepentimiento bienpensante, sino implicar activamente a todos los actores de la explotación colonial. Por otra parte, aunque es imposible negar la legitimidad moral de los pedidos de restitución de botines de guerra, y aunque ya está demostrado que el "colonialismo fue una perversión que se sirvió de los oropeles de las luces para justificar sus conquistas" 9, ¿acaso los movimientos que se erigen en portavoces de él están habilitados para hacerlo?

Para que tenga sentido, la vuelta al pasado a la que da lugar el debate sobre la restitución de los botines no debe venir exclusivamente de los países occidentales, sino también de las delegaciones locales de la mecánica de explotación colonial, cuyas mutaciones, con mucha frecuencia, se encuentran a la cabeza de actuales dictaduras... Estaría, pues, fuera de lugar pedir perdón o restituir botines a representantes de Estados sanguinarios y oscurantistas.

Patrimonios de la humanidad

Si bien estos últimos no son representativos de las poblaciones, no atentan en lo más mínimo contra la legitimidad de los pedidos. ¿Qué hacer, entonces? ¿Cómo salir de esta doble atadura, si no es afirmando la universalidad de ese patrimonio? ¿No habría que inscribir los objetos de la polémica en la lista del patrimonio universal, de manera que desde el punto de vista jurídico ya no pertenezcan a nadie? Esta lista debería ser administrada por comisiones internacionales que incluyan, por supuesto, a los representantes de los peticionarios, a los curadores de los museos de las ex colonias y sobre todo a los agentes de la escena cultural de los países afectados.

Estas comisiones deberían encarar algunas restituciones caso por caso, y sobre todo organizar exposiciones itinerantes que permitan hacer circular los objetos, a la manera de la reciente exposición "Béhanzin, rey de Abomey" coorganizada (desde el 16 de diciembre de 2006 hasta el 16 de marzo de 2007) por el Museo del Quai Branly y la fundación Zinsou 10 de Cotonou (República de Benín) simultáneamente, en conmemoración del centenario de la muerte del soberano. O incluso la exposición "Benin: Kings and Rituals, Court Arts from Nigeria" 11 (Museum für Völkerkunde de Viena, Austria, del 9 de mayo al 3 de septiembre de 2007), que reúne más de 300 objetos provenientes de la corte del rey Edo (actual Nigeria), saqueada por los ingleses en 1897, y que -se espera- pasará también por África. Esta exposición no intenta eludir el contexto colonial en el cual los objetos fueron obtenidos.

Para alcanzar el objetivo de una verdadera "restitución", en este caso simbólica y bajo la forma de conocimiento, estas exposiciones deberán estar acompañadas de proyectos pedagógicos. Esto implica que la utilidad de los museos del Sur sea reconocida y acompañada por el financiamiento adecuado, una parte del cual podría provenir de un impuesto sobre los beneficios obtenidos en el mercado de las artes no europeas. Deberá otorgarse una gran importancia a la difusión de la información inherente al objeto: archivos, bases de datos, publicaciones, etc., que con mucha frecuencia hoy en día permanecen inaccesibles.

Es fundamental que las nuevas generaciones del Norte y el Sur accedan a los frutos de la investigación y la conservación realizadas por los museos del Norte. Los "museos universales", para conservar su credibilidad, deberán propiciar verdaderamente los medios de circulación de sus proyectos museográficos. Esta circulación es tan urgente que el interés de las nuevas generaciones corre el riesgo de que se diluya por completo y que el vacío dejado por la ausencia de estos objetos en la memoria colectiva se profundice aún más.

Lo importante es sacar estos objetos de su letargo museístico, de su yugo tanto etnológico como estético, y así posibilitar reapropiaciones diversas y contradictorias y alentar la multiplicidad de los puntos de vista. Es esencial que estos objetos vuelvan a ponerse en juego, por medio de un debate constructivo que descanse más en un espíritu de reconciliación que en el principio moral de la reparación, de manera de evitar que los botines de las guerras coloniales, y más generalmente los objetos de los Otros, se conviertan en las armas de los enfrentamientos, con lo que se corre el riesgo de transformar el "museo universal" en un espacio de confrontación generalizada.

Hace falta, como sostiene el escritor nigeriano Wole Soyinka, "encontrar respuestas que permitan alcanzar los tres objetivos insoslayables para que algo parecido a la paz pueda instalarse en este siglo XXI multicultural: la instauración de la Verdad, la Reparación y la Reconciliación" 12.

  1. James Clifford, Routes: Travel and Translation in the Late Twentieth Century, Harvard University Press, Cambridge, 1997.
  2. Samuel Huntington, El choque de civilizaciones, Paidós, Barcelona, 1997.
  3. ONU, "Resolución 42/7: Devolución o restitución de bienes culturales a sus países de origen", Cuadragésimo segundo período de sesiones: 21 de septiembre-21 de diciembre de 1987.
  4. Actas del coloquio organizado en el Senado francés el 28-3-03
  5. Moshood Abiola fue un efímero presidente de Nigeria, cuyo mandato se extendió entre el 6 y el 13 de julio de 1993.
  6. www.awrrtc.org/the-accra-declaration.php
  7. El Código de Deontología fue adoptado unánimemente por la 15ª Asamblea General de la ICOM, reunida en Buenos Aires el 4 de noviembre de 1986, modificado por la 20ª Asamblea General en Barcelona (España) el 6 de julio de 2001 y revisado por la 21ª Asamblea General en Seúl (República de Corea) el 8 de octubre de 2004.
  8. http://icom.museum/spoliation_fr.html#resolution
  9. Tzvetan Todorov, "L'esprit des Lumières a encore beaucoup à faire dans le monde d'aujourd'hui", Le Monde, 4-3-06.
  10. www.fondation-zinsou.lescorsaires.be
  11. www.ethno-museum.ac.at/en/frameset.html
  12. Wole Soyinka, The Burden of Memory and the Muse of Forgiveness, Oxford University Press, 1999.

Vitrinas del imperialismo

Müller, Bernard

El dominio colonial (Portugal, Reino Unido, Holanda, Bélgica, Francia, Alemania) se vio en efecto acompañado del saqueo practicado tanto por actores privados como públicos. Interesados ante todo por el oro africano, los europeos se fijan rápidamente en la artesanía y las obras artísticas; los comerciantes que llegaban en busca de especias y esclavos fijan su atención en los objetos esculpidos en marfil; los exploradores, a quienes las empresas les pagan para localizar los yacimientos de materias primas, se ponen a coleccionar curiosidades, de moda en el siglo XIX; los militares se apoderan de toda clase de botines de guerra; los misioneros que exigen la destrucción de los objetos paganos a veces los acaparan; los administradores coloniales envían multitud de obras a las metrópolis...
Las poblaciones locales se ven coaccionadas, o bien no imaginan las consecuencias de lo que va a convertirse en un amplio saqueo cultural. Si el valor artístico de multitud de objetos suscita interés (como subrayan Picasso o Jean-Paul Sartre), el exilio es alimentado sobre todo por el atractivo científico. Ambivalente, el saber acumulado por los sabios, a menudo apasionados, también suministró armas a la dominación. Los museos son la vitrina promocional del imperialismo.
La amplitud de las colecciones propiedad de los países del Norte, así como su vínculo con el dominio colonial, suscitan un debate sobre su eventual restitución. Las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Africana reconocen así “la importancia capital” del retorno de los objetos a las sociedades saqueadas. La repatriación de determinadas obras es expresamente reclamada por Estados o asociaciones, en Benín y Nigeria, pero también en México y China.
Los reclamos legítimos de los países afectados despiertan sin embargo algunos interrogantes. ¿Qué hay que reclamar? ¿Todo o sólo parte de los objetos? Parece necesario un inventario pero también una reflexión sobre la “globalización cultural”. Aun reconociendo la legitimidad de las demandas, los directores de los grandes museos occidentales señalan el rol que desempeñan sus instituciones en la promoción del patrimonio cultural de los países del Sur como asimismo en la distribución mundial de los saberes. Toman el ejemplo del arte griego, cuya influencia se debe en gran parte a las políticas de los Estados occidentales. Dan a entender que es la lucha contra el tráfico actual de los objetos la que debiera concentrar la atención. La renuncia a determinadas obras constituiría además un importante lucro cesante para algunos museos.
Otra pregunta: ¿a quién habría que devolver los objetos? Sus propietarios ya no son identificables, y los Estados en cuestión, a menudo pobres, no disponen de recursos para el mantenimiento y exhibición de las colecciones. Últimamente varios museos africanos fueron asaltados, sobre todo en Nigeria, y desaparecieron piezas raras que seguramente se encontrarán en el floreciente mercado mundial de arte africano. Hay quienes se inquietan ante el regalo que significaría la restitución para algunas elites africanas corrompidas... A modo de respuesta, Bourema Diamitani, director del Progama de Museos de África occidental, sugiere una cooperación entre los museos del Norte y del Sur con un padrinazgo internacional. 


Autor/es Bernard Müller
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 97 - Julio 2007
Páginas:36,37
Traducción Mariana Saúl
Temas Relaciones internacionales
Países Estados Unidos, Alemania (ex RDA y RFA), Bélgica, Francia