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Reseñas de libros

Muertos de amor

De Jorge Lanata

Editorial:
Alfaguara
Cantidad de páginas:
152
Lugar de publicación:
Colonia Suiza
Fecha de publicación:
Marzo de 2007
Precio:
29 pesos
En el año 2000 Gabriel Rot publicó Los orígenes perdidos de la guerrilla argentina, un libro sólidamente documentado sobre la primera experiencia guevarista en Argentina, en 1963: el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) al mando del periodista Jorge Masetti, quien en Los que luchan y los que lloran había hecho la crónica fervorosa de la gesta en Sierra Maestra que culminaría en la revolución cubana. El libro de Rot es una crítica al foquismo, pero de paso revela que esta organización no confrontó con el enemigo, no discernió a los infiltrados que la desmantelaron, pero en cambio llegó a fusilar “preventivamente” a dos de sus miembros, imposibilitados física y psíquicamente de soportar las penurias y la fatiga en la selva. Entrevistas a Hector Jouvé, uno de los sobrevivientes del EGP, publicadas en La intemperie y en Lucha armada, provocaron la carta pública del ex marxista Oscar del Barco titulada “No matarás”, donde asimila revolucionarios y represores por igual a “asesinos seriales”.
En Muertos de amor, título salido de un verso de Alberto Szpunberg de adhesión en su tiempo al EGP, Jorge Lanata riega un terreno ya abonado. Noveliza situaciones vividas por el EGP en Orán, poniéndose en la piel de distintos personajes; la ficcionalización se centra en la dificultad –o la facilidad– del acto de matar, y en el “verdugueo” al que someten a los futuros fusilados sus compañeros de acción. Pero fundamentalmente lo que hace Lanata es ensamblar parte de los testimonios de Jouvé, de los textos de Rot, de las cartas del EGP, y algunos otros documentos. Corona su relato con una cita de Jorge Masetti hijo, hoy exiliado en Francia, criado por la revolución cubana, ex miembro del área de inteligencia del Departamento América del PC cubano, hijo y sobrino político de Patricio de la Guardia, condenado a 30 años de cárcel en Cuba por narcotráfico, y de Antonio de la Guardia, fusilado en 1989 por la misma causa: “La revolución ha sido un pretexto para cometer las peores atrocidades quitándoles todo vestigio de culpabilidad... Por suerte no obtuvimos la victoria porque... hubiéramos ahogado al continente en una barbarie generalizada...”.
El libro de Lanata sigue la lógica de sus denuncias periodísticas. La denuncia sería la garantía de una conciencia crítica y de independencia. No importa que las denuncias sean parciales, que confundan instancias, y que objetivamente tengan beneficiarios que serían pasibles de denuncias mucho más graves. Sabe que hay un mercado seguro para quien quiera oír decir que el revolucionario es un delirante abstraído de la realidad, cuyos crímenes envueltos en un aura redentora se desenmascaran como eso, meros crímenes, en épocas de sensatez. Los fragmentos de textos que yuxtapone confluyen hacia esa supuesta evidencia. Es lo mismo el EGP que el ERP, diez años después. Es lo mismo Mao que el Che Guevara. Tenemos la suerte de habernos sustraído a los previsibles crímenes de una revolución no cumplida. Lástima que para eso hicieron falta los reales, atroces, irreparables crímenes de la exitosa contrarrevolución.
Autor/es de esta reseña Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 98 - Agosto 2007