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Reseñas de librosMuertos de amorDe Jorge LanataEditorial: Alfaguara Cantidad de páginas: 152 Lugar de publicación: Colonia Suiza Fecha de publicación: Marzo de 2007 Precio: 29 pesos En Muertos de amor, título salido de un verso de Alberto Szpunberg de adhesión en su tiempo al EGP, Jorge Lanata riega un terreno ya abonado. Noveliza situaciones vividas por el EGP en Orán, poniéndose en la piel de distintos personajes; la ficcionalización se centra en la dificultad –o la facilidad– del acto de matar, y en el “verdugueo” al que someten a los futuros fusilados sus compañeros de acción. Pero fundamentalmente lo que hace Lanata es ensamblar parte de los testimonios de Jouvé, de los textos de Rot, de las cartas del EGP, y algunos otros documentos. Corona su relato con una cita de Jorge Masetti hijo, hoy exiliado en Francia, criado por la revolución cubana, ex miembro del área de inteligencia del Departamento América del PC cubano, hijo y sobrino político de Patricio de la Guardia, condenado a 30 años de cárcel en Cuba por narcotráfico, y de Antonio de la Guardia, fusilado en 1989 por la misma causa: “La revolución ha sido un pretexto para cometer las peores atrocidades quitándoles todo vestigio de culpabilidad... Por suerte no obtuvimos la victoria porque... hubiéramos ahogado al continente en una barbarie generalizada...”. El libro de Lanata sigue la lógica de sus denuncias periodísticas. La denuncia sería la garantía de una conciencia crítica y de independencia. No importa que las denuncias sean parciales, que confundan instancias, y que objetivamente tengan beneficiarios que serían pasibles de denuncias mucho más graves. Sabe que hay un mercado seguro para quien quiera oír decir que el revolucionario es un delirante abstraído de la realidad, cuyos crímenes envueltos en un aura redentora se desenmascaran como eso, meros crímenes, en épocas de sensatez. Los fragmentos de textos que yuxtapone confluyen hacia esa supuesta evidencia. Es lo mismo el EGP que el ERP, diez años después. Es lo mismo Mao que el Che Guevara. Tenemos la suerte de habernos sustraído a los previsibles crímenes de una revolución no cumplida. Lástima que para eso hicieron falta los reales, atroces, irreparables crímenes de la exitosa contrarrevolución.
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