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Por una verdadera soluciónEn octubre de 2006 el entonces presidente de Francia, Jacques Chirac, encargó a Régis Debray “una investigación en el terreno sobre la situación de las diversas comunidades etno-religiosas de Medio Oriente”, recomendándole “una línea de acción no excluyente, ante todos los sectores de opinión”. Fue en ese marco, y entre otras observaciones recogidas en el lugar, que el 15 de enero de 2007 el autor dirigió a las autoridades francesas la presente nota sobre Palestina y los riesgos que implican las artimañas retóricas vigentes en cierto discurso internacional estereotipado. A pesar de que –como nos lo señala el firmante– conviene tener en cuenta las reglas estrictas del género “nota diplomática” (concisión y circunspección), nos pareció que este documento, corroborado posteriormente por informes públicos y oficiales (Banco Mundial, ONU, etc.), conservaba toda su validez como clave de lectura de un prolongado extravío, cuyos trágicos resultados vemos hoy en día.Entre 1994 y 2000 la cantidad de colonos judíos en los territorios palestinos efectivamente se había duplicado. Desde los acuerdos de Oslo (1993) se implantaron en Cisjordania tantos israelíes como en los veinticinco años precedentes. En momentos en que nuevamente se habla de organizar una conferencia internacional, sería nefasto volver a aplazar el inventario de la situación, o la realidad actual. No hace falta designar ninguna comisión. Ese informe ya existe, y no uno sino diez. Ningún conflicto en el mundo fue tan documentado, cartografiado y archivado. La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por su sigla en inglés) mantiene actualizados los mapas evolutivos y precisos de los territorios en disputa, con fotos, censos, gráficos, etc. Visionarlos lleva una hora, pero permite ahorrarse las sempiternas declaraciones de buenas intenciones. ¿Qué muestran esos mapas? Que las bases físicas, económicas y humanas de un "Estado palestino viable" están desapareciendo, de manera tal que la two-states solution ("solución de dos Estados"), el "divorcio justo y equitativo" (Amos Oz), el territorio repartido entre dos hogares nacionales, uno más pequeño que el otro, desmilitarizado, pero soberano, viable y continuo, parecen ahora palabras vacías que deberían ser conjugadas en el futuro anterior. Se podrá decir que aún no se llegó a un punto de no retorno, argumentando que si los israelíes ganaron la batalla territorial (sólo queda fuera de su control el 22% del territorio palestino de la época del mandato británico), los palestinos ganarán la batalla demográfica. Se podrá argumentar la pasmosa "resiliencia" de la población local ante la tranquila aplanadora que, con apresurada lentitud, ejecuta el plan Allon de 1968. Un teatro con dos escenariosSin embargo, de la "evolución sobre el terreno" surge que:
La distancia entre lo que se dice, porque deseamos oírlo (retiradas locales, flexibilización de permisos, levantamiento de una barrera de control de cada veinte, utilización de un tono más suave, etc.) y lo que se hace en el terreno, y que nos repugna ver (creación de redes de colonias, construcción de puentes y túneles, poblaciones palestinas cercadas, expropiación de tierras, destrucción de casas, etc.) toma proporciones de un doble juego, para algunos, o de esquizofrenia para otros. El antiguo "un dunam más, una cabra más" que ocurría fuera de cámaras, sin ser un acontecimiento, y mejor aun, sin "diktat colonial" explícito, no ofende a nadie, suponiendo que alguien esté al corriente (difícil si no se vive desde hace muchos años en la zona). "Judea Samaria" es el nombre dado a Cisjordania en los mapas y en los manuales escolares israelíes, donde la desaparición de la línea verde de 1967 ya es un logro legalizado, como acaba de decidir el Knesset al rechazar la propuesta de una Ministra de Educación laborista. Más que un hiato pasajero entre el de facto y el de jure, es un método y una tradición que datan de los primeros pasos del Yichuv 2: el acto consumado, que siempre resultó beneficioso (el Estado ya estaba allí antes de ser declarado y reconocido, en 1948, al igual que el ejército); un teatro con dos escenarios, uno internacional, donde se repiten vagas palabras, ventajosamente ambiguas (retirada, coexistencia, Estado), mientras que las cosas serias (implantaciones, rutas, túneles, napas de agua) ocurren del otro lado, en el teatro de operaciones, que será el que en definitiva decidirá (sin publicidad). Conocedores de los engranajes de la democracia de opinión, que necesita esperanza y anuncios euforizantes -por otra parte, como todo el mundo- los sucesivos gobiernos israelíes (izquierda y derecha) se ocupan de suministrarle una dosis trimestral de analgésicos (planes de retirada unilaterales, desmantelamientos parciales, anuncios calificados "interesantes" pero siempre condicionados, y por lo tanto sin consecuencias). Lo mediático vive en riguroso presente y no tiene memoria. ¿Quién se acuerda de que la Hoja de Ruta 3 estipulaba "una solución definitiva y global del conflicto israelo-palestino antes de 2005"? El ex proceso de Oslo, hay que reconocerlo, no resultó sólo letra muerta. Con la re-ocupación militar de las zonas A y B 4 en abril de 2002, podría decirse que despliega sus frases a la inversa. Realidad en el terrenoSi a la fragmentación del territorio -que desconecta cualquier eventual dirección central palestina de los responsables locales, y a éstos entre sí- se añade la destrucción física y metódica de las instituciones "nacionales", de las infraestructuras, e incluso de los cuadros políticos por parte del ejército israelí, garantía de anarquía interna, de proliferación de bandas delictivas, de clanes y arreglos de cuentas, en síntesis, un caos sin fin, resulta claro que no se ha tomado el camino de un nation-building, sino el de la deconstrucción de cualquier tipo de gobernabilidad posible del otro lado del Muro. Es la otra cara lógica de una anexión programada a mediano plazo (30 años) y que será oficializada llegado el momento "en vista de la nueva realidad existente en el terreno". En tales condiciones, el recurso consensual pero mágico a la Hoja de Ruta (signos prometedores y ventanas de oportunidad) parece obedecer más a un método de autosugestión que a la sabia comprensión de una constante y coherente transformación de las cosas. Esta última ciertamente no se ve desde Ginebra, París o Nueva York, pero se evidencia a cualquiera que regresa luego de algunos años de ausencia, que recorre ese país militarmente encuadrado de un extremo al otro, y donde las "colonias" israelíes no perfilan formas contra un fondo palestino, sino que los grumos palestinos ya son una forma contra el fondo hebreo sólidamente infraestructurado. Donde hay derecho prioritario sobre las reservas de agua, y donde nada separa la restricción temporaria de circulación de su prohibición lisa y llana. Dicho esto, es posible reconfortarse pensando que:
Engañosas aparienciasEn síntesis, en lugar del Estado palestino anunciado y deseado por todos, se perfila un territorio israelí aún desapercibido, con tres municipalidades palestinas autoadministradas enclavadas. Todas las partes tienen interés en mantener las artimañas y las engañosas apariencias internacionales 5. Los israelíes, porque la historia avanza secretamente. Los palestinos, porque no se le puede decir la verdad a un pueblo ocupado y que espera, sin incitarlo a autodestruirse; y porque notables, representantes y funcionarios obtienen de lo que se convirtió en una piadosa expresión de deseos, la forma de ganarse el pan, títulos, dignidad y razón de ser. Los europeos, porque decidieron comprarse una conducta por medio de una ayuda financiera y humanitaria importante, que compensa su pasividad política y su ceguera voluntaria. Y los estadounidenses, mentalmente más en deuda con el Antiguo Testamento que con el Nuevo, porque su lazo existencial con Israel es de tipo filial y por lo tanto exento de crítica. La ilusión auto-protectora y compartida resulta así de una coincidencia de intereses opuestos; tal es la ironía de la historia. Eso en lo inmediato. ¿Es sostenible a largo plazo, digamos, a fin de este siglo? Se puede dudar de ello, a tal punto su obsesión por la seguridad encierra inseguridad para Israel e inconsciencia respecto de las tendencias profundas de la región, principalmente la demográfica, la informática y la religiosa 6. ¿Acaso un gobierno europeo -a falta de varios- no podría hacer notar a nuestros amigos israelíes: 1) que no todos somos ingenuos y 2) que si hay engaño, sus promotores serán no sus primeras víctimas, sino -muy desgraciadamente- sus últimas víctimas?
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