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Oposición de la burguesía brasileña
Los conflictos que agitan al Mercosur no emanan de diferencias personales, sino de la distinta evolución de los gobiernos actuales. La controversia existente entre Brasil y Venezuela es preocupante para
el futuro de la integración porque la gran burguesía brasileña parece ir imponiendo sus intereses al gobierno de Luiz Inácio “Lula” Da Silva. La bioenergía es la cuña de Estados Unidos entre los dos países.
Fue
un gesto político elocuente, concebido para no dejar margen de dudas sobre
cuáles serían las líneas maestras de la diplomacia de Luiz Inácio Lula da
Silva. El jueves 2 de enero de 2003, horas después de haber tomado posesión del
cargo ante una multitud inusual en la
Plaza de los Tres Poderes de Brasilia, el Presidente
brasileño recibía a su "compañero" Hugo Chávez, encuentro que en la agenda
oficial quedó registrado como el primero del gobierno del Partido de los
Trabajadores (PT).
Lula
ya estaba en su tercer pocillo de café cuando Chávez arribó al Palacio del
Planalto, una hora más tarde de lo previsto en el protocolo, después de una
noche de plática con el presidente cubano Fidel Castro 1. En lugar de la
trascendencia del encuentro, durante el cual Chávez formalizó su propuesta de
creación de una empresa petrolera regional "ligada al proyecto bolivariano"
(una especie de OPEP sudamericana), la impuntualidad del visitante fue el
centro de atención de las empresas noticiosas locales, unánimes en su aversión
a la aproximación entre los gobiernos de Brasilia y Caracas. A su modo, el
cartel mediático también estaba de estreno: la hostilidad contra el gobierno
venezolano constituía un disparo por elevación al proceso integracionista regional,
defendido por Lula en su discurso de asunción con la misma vehemencia con que
cuestionó las amenazas belicistas de Estados Unidos contra Irak.
Ciertamente
no fue aquel desayuno el primer acto efectivo de la remozada política externa
brasileña: a fines de diciembre de 2002, el hasta hoy asesor especial para
asuntos internacionales de Lula, Marco Aurelio García, había viajado a
Venezuela para explicitar el respaldo de la futura administración petista al
gobierno constitucional. La presencia de García impactó como un gancho al
hígado en la oposición venezolana y sus planes sediciosos.
La
táctica de Washington
Pero
cuatro años después de aquel desayuno en el Palacio del Planalto, el sortilegio
entre Lula y Chávez parece cosa del pasado. El brasileño, reelecto con más de
58 millones de votos en octubre de 2006, inauguró su segundo mandato en brazos
del presidente George W. Bush, junto a quien propuso expandir los cultivos
destinados a biocombustibles en Latinomérica. Fue un batazo contra Chávez.
Y
no sólo eso: la sociedad prometida entre Brasilia y Washington, aunque aún no
materializada, obra como una cuña doblemente corrosiva sobre los acuerdos entre
Brasilia y Caracas. De un lado, después de años de "déficit de atención" sobre
América del Sur, según la expresión empleada por los think
tanks de
Washington, al confraternizar con Lula dos veces en menos de un mes Bush generó
un hecho político de porte suficiente como para reimplantar en la agenda el
diálogo político bilateral relegado, aunque no suprimido, durante el primer
cuatrienio lulista.
Uno
de los efectos colaterales de la reactivación de aquella relación está en el
repliegue, dentro del influyente aparato del Palacio de Itamaraty, la
cancillería brasileña, de aquellos cuadros identificados con una "política
externa activa y altiva", según palabra del propio canciller Celso Amorim, de
los cuales el mayor exponente es Samuel Pinheiro Guimarães, secretario general
de ese Ministerio, a quien el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1994-2002)
había dado de baja en razón de sus trabajos académicos sobre la inconveniencia
de adherir al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). No en balde Chávez
se refiere habitualmente a los escritos de Pinheiro Guimarães.
A
lo anterior se agrega, y he aquí el principio activo de la cuestión, que Lula,
al concertar con Bush un proyecto de largo plazo sobre etanol y otros
combustibles de origen vegetal, destinados en gran medida al abasto del parque
automotriz estadounidense, dejó en evidencia sus discrepancias con Chávez
acerca de un asunto de importancia sustantiva: la estrategia energética
regional.
"El
etanol es la salvación, según el Presidente de Estados Unidos, pero no es
verdad. Pido a Brasil que utilicemos nuestras tierras para producir alimentos
para millones de hambrientos", lanzó Chávez. "El biodiesel es la solución que
el planeta necesita no sólo para generar empleo, sino para descontaminar",
replicó Lula.
¿Significaba
ese contrapunto el naufragio de la entente sellada en enero de 2003? Hay
elementos para afirmar que tanto en la presidencia como en la cancillería
brasileña sigue en pie el compromiso con la estabilidad institucional en
Venezuela y el interés en sumarla al Mercosur. Los cimbronazos citados fueron
la regla y no la excepción de la relación Brasil-Venezuela en el primer
semestre del año y configuran antes que síntomas de ruptura -algo inconcebible
en el medio plazo- la evidencia de que los proyectos nacionales diseñados por
Lula y Chávez abrevan en diferentes perspectivas sobre la profundidad, los
actores y los tiempos del proceso de integración sudamericana.
"Para
nosotros (Chávez) es un aliado excepcional tanto en lo político como en lo
energético y en lo comercial. Es cierto que, como le dije a Chávez, él corre
con un auto de Fórmula 1 más veloz que los nuestros. El va a 300 kilómetros por
hora, cuando nosotros podemos ir a 230 ó 270. Cada uno trabaja con el tiempo
que le permite su propio país. La clave de la integración es tener paciencia
para construir, porque exige construir un consenso", señaló Lula 2.
En
las palabras del mandatario brasileño, un pertinaz negociador, se percibe su
preocupación por conciliar la dinámica de su política externa con los factores
de interés que orbitan alrededor de su coalición de gobierno. La nave insignia
del segundo gobierno lulista se llama "Programa de Aceleración del Crecimiento
Económico" (PAC), un conjunto de obras de infraestructura, especialmente en las
áreas de energía y logística, complementado por un capítulo dedicado al
saneamiento y la construcción de viviendas populares en la periferia de los
grandes centros urbanos como Río de Janeiro, donde la deserción del Estado dio
lugar a poderes paralelos regenteados por el narcotráfico y, cada vez más,
grupos parapoliciales que actúan en connivencia con las fuerzas de seguridad.
Para
rescatar a la economía de los bajos índices de crecimiento en el cuatrienio
2003-2007, cuando el PBI tuvo una expansión promedio inferior al 3%, Lula
apostó a un plan de inversiones públicas y privadas del orden de los 275.000
millones de dólares hasta diciembre de 2010, cuando concluye la actual
administración. Todo esto, sin romper lanzas con el capital financiero
internacional al que, además de garantizarle las mayores tasas de interés
mundiales, Lula cedió la gestión de la políticas monetaria e industrial con la
designación de Henrique Meirelles, un ex alto funcionario del Bank Boston, como
presidente del Banco Central, y Miguel Jorge, ex ejecutivo del Banco Santander,
como ministro de Industria y Comercio Exterior.
Un
atajo hacia el ALCA
La
premisa que guía al bloque dominante, empresarial, partidario y mediático
brasileño es restaurar la letra y el espíritu del Mercosur tal como fue
concebido en la década pasada, bajo la impronta del Consenso de Washington,
durante las gestiones de los ex presidentes Fernando Collor de Mello y Carlos
Menem. Un modelo mercadocéntrico, proclive a ensamblarse con la Iniciativa para las
Américas (propuesta de George Bush padre, que luego retoñaría en el ALCA,
lanzado por Bill Clinton en 1994), con vértice en el afianzamiento de una
división del trabajo que concibe a Brasil como polo industrial de la región.
El
agotamiento de esa fórmula, precipitado en esta década por la inconformidad
popular contra el vademécum neoliberal, llevó a que los presidentes Lula y
Néstor Kirchner, en diciembre de 2005 -al cumplirse 20 años de los acuerdos
políticos entre los ex mandatarios José Sarney y Raúl Alfonsín- declararan
formalmente superada aquella página del Mercosur, para dar paso a otra, de
contornos todavía vagos, en la que serían promovidas la complementariedad
económica, la reducción de las asimetrías y el fortalecimiento institucional.
Aquella
reunión de Lula y Kirchner en Foz de Iguazú confirmó entonces la sintonía
diplomática entre los dos principales miembros del Mercosur. Y rubricó el
frente común que junto a Venezuela, que en esos días solicitó su admisión al Mercosur,
habían erigido ante George W. Bush en la IV Cumbre de las Américas de Mar del Plata, en
noviembre de 2005.
Con
Venezuela y el Gran Gasoducto del Sur, defendido por Hugo Chávez y respaldado
con algunas reservas por Lula, llegaría la "pata" energética de la que
brasileños y argentinos carecen y con ello, el grupo conquistaría un atributo
de poder formidable para ampliar su margen de maniobra internacional.
En
términos econométricos, sumar a Venezuela y sus extraordinarios recursos
petroleros y gasíferos sería la solución al cuello de botella energético que
enfrenta Brasil -con un producto bruto de 1 billón de dólares y menos de 2
millones de barriles de crudo extraídos diariamente por Petrobras- en su
aspiración a lograr un crecimiento económico sustentable sin correr el riesgo
de sufrir una crisis como la de 2001, cuando la sequía y la falta de
inversiones desembocaron en el "apagón" eléctrico. Se trata de un escenario que
varios analistas estiman probable, teniendo en cuenta las dificultades de todo
tipo enfrentadas por Brasil para construir nuevas represas, como es el caso de
los polémicos embalses sobre el río Madera, cuestionados por ambientalistas debido
a su impacto sobre el equilibrio ecológico en la Amazonia, y también por
el gobierno del presidente Evo Morales, a causa de la probable inundación de
miles de kilómetros de territorio boliviano 3. También Argentina puede
enfrentar a corto plazo una crisis energética 4.
Pero
consentir mansamente a Chávez y su proyecto de "Socialismo del siglo XXI" es
una hipótesis inaceptable para las fuerzas conservadoras brasileñas, aunque eso
redunde en una ventaja económica incontestable: entre 2003 y 2006 el comercio
bilateral creció más del 600%, y ya roza los 3.600 millones de dólares, con
superávit para Brasil.
Fue
para frenar al "huracán" bolivariano que la burguesía paulista, con la Federación de
Industrias del Estado de San Pablo (FIESP) como vanguardia, elaboró un plan de
combate en varios frentes. Uno de éstos consistió en machacar sobre la
inconveniencia de respetar la cláusula del Mercosur que impide a sus miembros
firmar acuerdos individuales de libre comercio con terceros países o grupos de
naciones. La FIESP
contó con el apoyo decidido de la Unión Europea (UE) que, tras el fracaso de la Ronda de Doha de la Organización Mundial
del Comercio, avisó su intención de retomar las conversaciones sobre un área de
libre comercio congeladas desde 2004.
El
embajador de la UE
en Brasil, João Pacheco, admitió el fastidio que suscita Chávez y la
inconveniencia de que éste sea parte de una negociación en la que Europa
pretende una apertura dócil de Sudamérica para las inversiones de los grandes
laboratorios y empresas de servicios, a cambio de tímidas ventajas para los
bienes primarios 5.
Con
todo, la verdadera muralla de contención contra el desembarque chavista en el
Mercosur está en el eje San Pablo-Estados Unidos, o mejor San Pablo-Florida,
donde tienen asiento dos vigorosos lobbies. Ex embajador brasileño en
Estados Unidos y actual responsable de las relaciones internacionales de la FIESP, Rubens Barbosa
formula sin ambages por qué las grandes corporaciones obstruyen la
incorporación venezolana: "Chávez es un presidente polémico; él pretende llevar
al bloque a una serie de asuntos que nadie quiere discutir, como las relaciones
de Venezuela y los Estados Unidos".
Tres
semanas después de la visita del mandatario norteamericano George Walker Bush a
San Pablo, cuando lanzó su propuesta de producir carburantes limpios, arribó a
Brasil su hermano John Ellis Jeb Bush, ex gobernador del estado de Florida,
para reunirse con el presidente del Consejo de Agronegocios de la FIESP, Roberto Rodrigues,
junto a quien lidera la Comisión Interamericana de Etanol.
El
tercer co-presidente de la entidad, creada en Florida en diciembre de 2006, es
el colombiano Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de
Desarrollo (BID). La identificación de Moreno con la política hemisférica del
Departamento de Estado no es menor que la del republicano Jeb Bush, como prueba
su labor en favor del Plan Colombia, firmado en 2000, cuando era embajador del
gobierno del presidente Andrés Pastrana en Washington, cargo que también ocupó
en los primeros años del gobierno de Álvaro Uribe.
Es
obvio que Washington procura retomar los objetivos del ALCA a través de Moreno
y el BID, según plantea el investigador Carlos Kautz, especializado en
organismos multilaterales de crédito. El atajo es el etanol, y la troika
Bush-Rodrigues-Moreno, que dispone de unos 2.000 millones de dólares del BID
para financiar inversiones privadas en los próximos años, será la responsable
de gerenciar esa estrategia que mucho más que comercial es geopolítica.
Por
lo pronto, una suerte de fiebre del oro verde campea entre los hombres de
negocios nativos, y también foráneos como Georges Soros, quien se define como
un "especulador del alcohol combustible" y promete desembolsar 900 millones de
dólares. "La apertura del capital de las empresas alcoholeras puede ser la
mejor opción para captar recursos nacionales y extranjeros (...) y puede ser
hecha simultáneamente en la
Bolsa de Valores de San Pablo y la de Nueva York", recomendó
la revista Forbes 6.
La
euforia no sólo de especuladores, sino de las multinacionales del agronegocio
como Cargill y Bunge, prepara el terreno para la "contrarreforma agraria" a
partir de una acelerada concentración de tierras en manos de unos pocos
empresarios, plantea João Pedro Stédile, líder del Movimiento de los
Trabajadores Sin Tierra (MST). Para Stédile, Brasil es testigo de "una nueva
alianza capitalista, fruto de la articulación del capital financiero
internacional y el latifundio" 7.
Al
tiempo que alienta el crecimiento del latifundio modernizado funcional a
Washington, la burguesía brasileña, invocando un nacionalismo banal, apuntala
la proyección de sus propias multinacionales en la región, con una codicia
propia de los Bandeirantes paulistas que cinco siglos atrás, a fuerza de
saqueos y masacres, garantizaron al Imperio portugués la expansión de sus
fronteras más allá de lo demarcado en el Tratado de Tordesillas (1494).
Lanzada
en 2000 por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso y refrendada por Lula da
Silva, la Iniciativa
para la
Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) es un programa
de inversiones en caminos, gasoductos y represas hidroeléctricas que permitirá
afianzar la penetración regional de las multinacionales brasileñas, como la
constructora Odebrecht, con fuerte presencia en Venezuela, la minera Vale do
Rio Doce, la siderúrgica Gerdau o la propia Petrobras, que ha demostrado en
Bolivia y Ecuador un comportamiento agresivo guiado por la premisa de maximizar
el monto de las remesas antes que por el integracionismo equitativo. Ocurre que
el 60% del capital social de Petrobras está en manos de accionistas privados,
desde que la empresa cotiza en las bolsas de San Pablo y Nueva York.
A
través de la IIRSA,
respaldada por el BID y el estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y
Social (BNDES), que sólo para el ejercicio 2007 contará con un presupuesto de
24.000 millones de dólares, las multinacionales brasileñas presionan en favor
de una legislación que garantice la rentabilidad de las inversiones y obligue a
los Estados a resarcirlas en caso de conflictos originados en la defensa del
medio ambiente o laborales 8.
El
éxito de la IIRSA
sería una bofetada para el gobierno venezolano y su modelo de integración con
énfasis en lo social. Para disgusto de Lula, quien había defendido la
continuidad del proyecto y sus 10 ejes de integración física, Hugo Chávez lo
calificó como una propuesta "neocolonial" durante la cumbre de la Comunidad Sudamericana
de Naciones de Cochabamba, en diciembre último. Al mismo tiempo que defendió el
proyecto de Banco del Sur 9, resistido por el Palacio del Planalto y
deplorado por el lobby empresarial, Chávez caracterizó a la IIRSA como una iniciativa empeñada en hacer del
subcontinente una plataforma de exportaciones de productos primarios.
"Es
la geopolítica"
Constituidos
en virtual grupo de choque, los senadores del conservador Partido Demócrata
(DEM) y el liberal Partido de la Socialdemocracia
Brasileña (PSDB), anunciaron a principios de junio su
decisión de impedir el ingreso venezolano al Mercosur, en razón de los
"ataques" a la "libertad de expresión" de la televisora golpista RCTV, cuya
licencia había expirado en mayo y no fue renovada por Chávez.
El
fervor de la derecha partidaria en la defensa de la libertad de expresión fuera
de Brasil -no dentro- encuentra explicación, entre otros motivos, en su
subordinación a los designios del multimedia Globo, que bien podría ser
caracterizado como el partido orgánico de la burguesía. A la manera de un
ataque preventivo contra fuerzas enemigas y advertido de que cualquier
iniciativa que amenace el control oligopólico de la información y el
entretenimiento podría ser un antecedente peligroso en Brasil, Globo redobló su
campaña difamatoria contra el gobierno caraqueño, hasta convertir al affaire
RCTV en el pretexto que la mayoría conservadora del Senado precisaba para
romper lanzas con el Palacio de Miraflores.
A
contramano del clima belicoso imperante, el senador Sergio Zambiasi, presidente
de la Comisión
Bicameral del Mercosur, recomendó "tener siempre presente de
qué estamos hablando cuando discutimos el ingreso de Venezuela al Mercosur. No
es un asunto apenas de gobernantes, ni de partidos; es la geopolítica y la
proyección del Mercosur hasta las costas del Caribe lo que está en discusión" 10.
Oriundo
de Río Grande do Sul, Zambiasi añade que la propia geografía económica y social
brasileña acusará el impacto si Venezuela fuera vetada: "Los gaúchos tenemos
arraigada la idea del Mercosur por la comunidad de intereses, la semejanza de
identidades que nos une con Uruguay y Argentina. En la Amazonia hablar del
Mercosur todavía es algo lejano. Creemos que la soberanía y la seguridad en la Amazonia se beneficiarán
con un mayor acercamiento con Venezuela".
El
coronel Geraldo Cavagnari coincide con el senador sobre la dimensión
geopolítica de una aproximación con Caracas y acota: "Amazonia es una prioridad
para la defensa y la seguridad brasileñas, por su extensión y su biodiversidad
y la pretensión de algunos países interesados en aplicar el principio de la
soberanía relativa" 11. Cavagnari formula reparos, en cambio, sobre el
paradigma militar defendido por Chávez, promotor de una OTAN subcontinental.
"La integración sudamericana de los ejércitos es una insensatez; y mucho más
descabellado es que alguien piense que el bolivarianismo pueda ser exportado
como doctrina a Brasil. Eso no tendría ninguna receptividad en nuestras fuerzas
armadas, pero puede influir en los ejércitos de Bolivia y Ecuador".
"Chávez
es un factor perturbador para la seguridad regional", asevera el coronel en
retiro Cavagnari, que aún cultiva buenas relaciones entre sus camaradas de
armas. La jerarquía castrense no se ha pronunciado sobre la presencia de
Venezuela en el Mercosur, pero es dable suponer que una institución que aún
reivindica el golpe de Estado de 1964 resulte refractaria a los postulados
bolivarianos 12. La "amenaza chavista", contínúa Cavagnari, no está en los 2.200 km de frontera
amazónica con Venezuela, sino en los 3.400 que unen a Brasil y Bolivia. "La
actitud de Evo Morales al nacionalizar las reservas gasíferas (1-5-06), con
todos los perjuicios que causó a Petrobras, además de haber desafiado a nuestra
soberanía sería impensable sin la venia de Caracas", razona el ex profesor de la Escuela Superior
de Guerra y actual investigador de la Universidad de Campinas, quien remata: "En la
medida en que Bolivia tiende a convertirse en un protectorado venezolano y
continúan aumentando las tensiones separatistas, gracias a la influencia
desestabilizadora de Chávez, Bolivia está tornándose nuestro mayor foco de
tensión fronteriza".
Con
todos estos datos y opiniones, por cierto fragmentarios y dispersos pero
representativos del "sentir" de la gran burguesía brasileña, es posible
entender algo más las razones de fondo del enfrentamiento Venezuela-Brasil y
este nuevo foco de tensión que vuelve a demorar y complicar la construcción de
un Mercosur digno de ese nombre.
- Ricardo Kotscho, Del golpe al Planalto, Ed. Companhia das Letras, San Pablo, 2006.
- Presidente Luiz Inácio Lula da
Silva, entrevista con cuatro corresponsales latinoamericanos, entre ellos el
autor, Palacio del Planalto, Brasilia, 25-04-07.
- "El ministro de Relaciones
Exteriores y Culto, David Choquehuanca, en una carta enviada a su colega de
Brasil, Celso Amorim, da cuenta que Bolivia en reiteradas oportunidades
consideró que antes de realizar proyectos hidroeléctricos cercanos a territorio
boliviano se deben realizar Estudios de Impacto Ambiental", Agencia Boliviana
de Información (ABI), La Paz,13-07-07.
La construcción de dos represas en el río Madeira también originó polémicas
dentro del gobierno brasileño, cuya ministra de Medio Ambiente, Marina Silva,
expresó públicamente sus objeciones sobre el impacto de la obra en la Amazonia occidental.
- "Argentina camino a un colapso
energético", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2005.
- Entrevista con el autor, Brasilia,
4-07-07.
- "Alcohol atrae nuevos inversores", Revista Forbes,
San Pablo, 22-02-07.
- "La compra de tierras por empresas
transnacionales es una amenaza", declaraciones de João Pedro Stédile a agencia
Carta Maior, San Pablo, 02-07-07. La nueva realidad del mercado agrario, entre
otros factores, influyó en las redefiniciones estratégicas del 3er. Congreso
del MST, realizado entre el 11 y el 15-6-07 en Brasilia.
- La nacionalización del gas
boliviano constituyó, en la perspectiva de los grupos económicos, no sólo una
afrenta a Petrobras, sino a la dinámica de las multinacionales brasileñas. El
diario Valor Económico se hace eco de esa preocupación al escribir:
"Los empresarios ven en la violación de la seguridad jurídica boliviana un
pésimo antecedente para nuevos negocios en la región", en Sergio Leo, "La
protección de las multinacionales brasileñas", Valor
Económico, San
Pablo, 15-05-06.
- Presidente Hugo Chávez, tramo del
discurso pronunciado durante la II
cumbre de la
Comunidad Sudamericana de Naciones, Cochabamba, Bolivia, 8 y
9-12-06. Ver Eric Toussaint y Damien Millet, "Nace el Banco del Sur", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, junio de 2007.
- Senador Sergio Zambiasi, entrevista
con el autor, Brasilia, 21-06-07.
- Coronel Geraldo Cavagnari, entrevista
con el autor, Brasilia, 12-07-07.
- Ibid.
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