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Los desafíos de Ouro Preto IIEl día 17 de este mes se reúnen por segunda vez en Ouro Preto, Brasil, los máximos representantes de los países del Mercosur. Mucho ha cambiado el mundo, y en particular la situación económica, política y social de los países del bloque desde la primera reunión, en 1994. El fracaso del neoliberalismo ha instalado nuevos gobiernos en todos los países, lo que representa una oportunidad y un desafío de proporciones.Los presidentes Carlos Menem (Argentina); Fernando Collor de Mello (Brasil); Andrés Rodríguez (Paraguay) y Luis Alberto Lacalle (Uruguay) firmaron el Tratado de Asunción 1 para la constitución del Mercado Común del Sur (Mercosur) en 1991. En ese año se produjo el colapso de la URSS y la proclamación de un Nuevo Orden Mundial 2 por parte del presidente de Estados Unidos, George Bush padre, con predominio del pensamiento neoliberal en un mundo conducido por Estados Unidos y otros países y actores transnacionales que influyen en América Latina. La renegociación de la deuda externa y las condicionalidades establecidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y por el Banco Mundial (BM), tales como la reducción del Estado mediante la privatización, desregulación y reforma institucional 3, así como el mantenimiento de un régimen de tasas fijas o semi-fijas de cambio (en general sobrevalorizado) acrecentaron la vulnerabilidad externa de los países miembros del Mercosur. A su vez, la extranjerización de las empresas estatales presionó la balanza de pagos, por medio de la transferencia de ganancias a las casas matrices en el exterior 4, agravando las situaciones nacionales. En diciembre de 1994, los Estados Miembros del Mercosur suscribieron el Protocolo de Ouro Preto, que perfeccionó institucionalmente la estructura orgánica del bloque, dotándolo de personalidad para gestionar y negociar sus relaciones internacionales. Asimismo, crearon la Comisión Parlamentaria Conjunta, la Secretaría Administrativa, la Comisión de Comercio y el Foro Consultivo Económico-Social. Desde entonces, se produjeron cambios en el mundo, en América del Sur y en los países miembros del Mercosur. La visión optimista de la globalización de los mercados se encuentra cuestionada y el "pensamiento único" controvertido, como consecuencia del fracaso de las políticas neoliberales y de las reacciones y resistencias que produjo en diversos países del mundo y en América del Sur en particular 5. Por otra parte, a partir de los sucesos del 11-9-01, Estados Unidos fomenta la preeminencia de un esquema de poder mundial que tiene su eje en la seguridad (Tokatlian, pág. 9) y menos en lo económico-comercial 6. En caso de prevalecer un esquema de poder que tenga su eje en lo económico-comercial, la hegemonía se repartirá entre Estados Unidos, la Unión Europea (UE), China, Japón, etc. Si predomina un esquema con eje en lo estratégico-militar, Estados Unidos dispondrá de ventajas indiscutibles. Dos tipos de propuestasEn este contexto, los miembros del Mercosur tienen que analizar la revisión del Protocolo de Ouro Preto, que en su momento estableció los órganos, sus respectivas competencias y relaciones, así como el régimen de incorporación y vigencia de las normas 7. Simplificando, es posible señalar dos tipos de propuestas. La primera postula institucionalizar sólo las modificaciones que se produjeron en la estructura orgánica. Hoy existen el Foro de Consulta y Concertación Política, la Comisión Permanente de Representantes y el Tribunal de Revisión de Asunción. Otra propuesta pretende debatir también otros temas para profundizar el proceso de integración, como la coordinación de políticas y la construcción del Mercado Común mediante la integración productiva, energética, infraestructural y la correspondiente provisión de los recursos financieros. Los partidarios de esta última propuesta consideran más importante desarrollar los aspectos infraestructurales que servirían de base al edificio Mercosur. Las empresas que están produciendo en dos o más países tendrían que articularse 8. Argentina tiene que reindustrializarse, porque el modelo neoliberal adoptado no es socialmente sustentable, dado que deja afuera a gran parte de su población. Paraguay es un país pobre, mediterráneo y con distribución injusta del ingreso; Uruguay no puede funcionar sólo sobre la base de la producción agropecuaria, del turismo y de su legislación financiera offshore. Brasil tiene, a pesar de su potencial, serias desigualdades sociales que podrían encontrar satisfacción en un bloque homogéneo y armonioso con libre circulación 9 de bienes, servicios 10, personas y capitales. La complementación productiva, a través de la selección de cadenas de valor dispuestas en la geografía del Mercosur, sin división ricardiana del trabajo, resulta aconsejable y necesaria. Las cadenas reducirían la conflictividad intra-bloque, ya que los países tendrían que aunar esfuerzos y recursos reforzando la cooperación interempresarial del sector, para alcanzar valor agregado, empleo, conocimiento y competitividad, en lugar de competir entre sí. Además, se tiende a la cooperación interestatal en el diseño, implementación y monitoreo de las políticas aplicadas. Así se forman redes de conocimiento y eficiencia colectiva, pasando de la competitividad de precios a una de carácter sistémico, basada en la calidad de productos y procesos, en la sustentabilidad ambiental y también humana 11. La integración de la infraestructura fue aprobada en la 1ª Reunión de Presidentes de América del Sur (Brasilia, septiembre de 2000), convocada por el entonces presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso. Habría que adaptar la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) al Mercosur, para que éste tenga su propia agenda de integración en materia de sistemas de transportes para conexiones terrestres, fluviales y aéreas; facilitación de los pasos de fronteras; etc. Los proyectos se refieren a la construcción de carreteras, vías fluviales y ferroviarias, entre otros. Los ejes de integración son horizontales (bioceánicos) y verticales. La coordinación operativa de la IIRSA está actualmente en manos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de la Corporación Andina de Fomento (CAF), del Fondo Financiero de la Cuenca del Plata (FONPLATA) y del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) del Brasil. También participa el Comité de Integración de las Carreteras de América del Sur, que está integrado por representantes de las entidades citadas, por la ALADI y por asociaciones empresariales sudamericanas e internacionales. Complementando esas propuestas, se encuentra la interesante iniciativa venezolana de celebrar a nivel sudamericano acuerdos gubernamentales que posibiliten entendimientos empresariales entre Petróleos de Venezuela (PDVSA), Petrobras de Brasil, la empresa Energía Argentina (ENARSA), ANCAP de Uruguay e YPF de Bolivia, para desarrollar actividades conjuntas de exploración, refinación y comercialización de petróleo y gas natural, así como competir e influir en un mercado mundial controlado por oligopolios. Esta iniciativa también comprende el desarrollo de energías alternativas y la conformación de una central sindical de trabajadores sudamericanos de la energía. El sistema mundial actual es conflictivo, competitivo y con una creciente concentración del poder y la riqueza. Si bien a nivel estratégico-militar Estados Unidos es hegemónico, a nivel económico-comercial comparte su predominio con la UE, Japón, China e India. Así, la prioridad del Mercosur es definir cuál será su rol en la evolución de un sistema mundial orientado a una configuración multipolar y conflictiva 12. Una hipótesis es considerar que el hegemonismo unipolar de Estados Unidos es y será una característica del sistema mundial y otra es admitir que existe un ejercicio compartido de la hegemonía, por parte de los países centrales: Grupo de los 7, FMI, Organización Mundial de Comercio, BM, OTAN. La unipolaridad presagia un futuro tétrico para el Mercosur, mientras que el equilibrio y dispersión de la multipolaridad proveen condiciones apropiadas para atraer capitales y tecnologías, sobrellevar o superar las restricciones externas y las desigualdades internas. El Mercosur tendrá que explicitar una estrategia de desarrollo industrial y tecnológicamente sustentable si es que aspira a constituirse en uno de los polos de poder, conjuntamente con sus Asociados de América del Sur 13. Brasil no podrá enfrentar por sí mismo los conflictos y acechanzas que seguramente sufrirán el Mercosur (desde adentro y desde afuera de la región) y el proyecto de la Comunidad Sudamericana de Naciones (Bilbao, pág. 4). El ejercicio de un liderazgo compartido y responsable contribuirá a sortear o a gestionar apropiadamente los conflictos existentes y sobrevinientes. Si bien Brasil es un "país ballena" 14 como India, la República Popular China 15 o Rusia, debe tener en cuenta que a través de una asociación no hegemónica con sus vecinos -particularmente con Argentina- podrá contribuir al desarrollo exitoso del Mercosur. Estos y otros temas, seguramente estarán presentes en la agenda de los decisores cuando se reúnan para la reforma del Protocolo de Ouro Preto.
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