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El significado real de una retirada

Luego de la muerte del presidente Yasser Arafat y de la reelección de George W. Bush, numerosos analistas anuncian una reactivación del proceso de paz en Medio Oriente. Se trata de una conclusión precipitada, que además ignora el principal obstáculo: la negativa de Ariel Sharon a aceptar un Estado palestino en Cisjordania y en Gaza, con Jerusalén Este como capital. Con su plan de evacuación de Gaza, el Primer Ministro israelí espera sobre todo evitar la reanudación de conversaciones sobre los temas de fondo con la Autoridad Palestina.

El plan de retirada presentado por el Primer Ministro israelí, general Ariel Sharon, que prevé el desmantelamiento de las colonias judías de la Franja de Gaza ocupadas por unas 7.000 personas 1, genera numerosas reacciones positivas. La oposición laborista, el movimiento La Paz Ahora, y hasta el partido Yahad, "padre" del pacto de Ginebra 2 que preconiza el retorno a las fronteras de 1967 con algunas modificaciones mutuamente aceptadas, todos felicitan a Sharon por su "coraje" y su "clarividencia". Idéntica aprobación se expresa en el exterior. El Primer Ministro israelí es objeto de elogios por parte de dirigentes occidentales, que se dicen felices de oír en su boca expresiones tales como "desmantelamiento de colonias". Sin dudas, evacuar una sola colonia edificada en tierra palestina ocupada hace treinta y siete años sería una verdadera primicia, ¿pero acaso esa actitud convierte al plan de evacuación de Gaza en un plan de paz?

La función del formol

Por una parte, si Sharon fuera verdaderamente serio, esa evacuación de colonias judías hubiera sido ejecutada en unas pocas semanas, o cuando mucho, en dos o tres meses. Pero desde que se hizo el anuncio ya transcurrió un año sin que un solo colono haya dejado la Franja de Gaza. Sharon deja pasar el tiempo, habla de "dolorosos sacrificios" aceptados por los israelíes por el desmantelamiento de algunas colonias... y no hace nada. Al focalizar la atención en Gaza, posterga las negociaciones fundamentales sobre la creación de un Estado palestino.

Por otra parte, es evidente que la fundación de colonias en esa Franja fue un fracaso total: apenas 7.000 colonos se han instalado allí, mientras que en Cisjordania son más de 250.000 (sin contar los 200.000 judíos instalados en la parte de Jerusalén ocupada desde 1967). Los colonos de Gaza monopolizan el 40% de las tierras y utilizan el 50% del agua, pero pesan muy poco frente al millón y medio de palestinos que viven hacinados en la Franja. Por otra parte, su seguridad exige sumas importantes y la movilización de muchos militares, que a veces pagan con su vida esa ingrata tarea. En tales condiciones, retirarse de Gaza no es un sacrificio para Israel, sino más bien un alivio.

Las ruidosas manifestaciones de los extremistas y fanáticos de la derecha nacionalista israelí, las amenazas de "guerra civil" en caso de retirada, al igual que los llamados de los elementos fascistoides a asesinar al Primer Ministro por su "traición" son explotados por el gobierno, sobre todo en el exterior, para hacer ver que la retirada de Gaza resulta muy difícil y que no será posible organizar la de Cisjordania antes de mucho tiempo. Mientras tanto, el proceso de paz quedará bloqueado "hasta que los palestinos se conviertan en finlandeses", según la expresión paternalista del principal consejero de Sharon, su emisario permanente en la Casa Blanca, y -sobre todo- su hombre de confianza, el abogado Dov Weisglass 3, quien detalla el pensamiento de Sharon: "La retirada cumple la función del formol; proporciona la cantidad necesaria de esa solución para evitar un proceso político con los palestinos". En otras palabras: sirve para congelar el proceso de paz. Cosa que Weisglass explicita sin rodeos: "El proceso de paz implica la creación de un Estado palestino, el desmantelamiento de las colonias (en Cisjordania), el regreso de los refugiados, el reparto de Jerusalén. Ahora todo está congelado".

Por otra parte, el plan de retirada de Gaza precisa en su primer punto que "a falta de un interlocutor palestino para desarrollar las conversaciones de paz" es necesario actuar de manera unilateral. Esta alegación está destinada a conservar las manos libres, a ignorar los intereses de los palestinos. Su carácter colonialista es patente: el ocupante elige no sólo sus propios delegados, sino también los de los ocupados.

La propuesta de organizar un referéndum en Israel sobre un nuevo despliegue, tiene el mismo carácter nefasto. Habría que consultar en primer lugar a quienes sufren día a día la ocupación y viven bajo un régimen de apartheid, mientras que los colonos judíos gozan de un estatuto jurídico especial, muy superior al de los palestinos, en violación de la Cuarta Convención de Ginebra.

La repentina muerte del presidente Yasser Arafat alegró a Ariel Sharon. Desaparecido el símbolo de la lucha nacional palestina, el Primer Ministro espera imponer sus planes a quienes sucedan al fallecido líder. Aquellos que como el Partido Laborista esperaban que -luego de la desaparición del "obstáculo" Arafat- Sharon renunciara a su unilateralismo, quedaron decepcionados. La muerte del viejo jefe palestino no significa, según Sharon, que existe un interlocutor con quien discutir sobre la paz. Y, al contrario, explica que se abre un período de incertidumbre, y que no es para nada seguro que la nueva dirección pueda erradicar el terrorismo, terminar con las incitaciones a la violencia, concretar las profundas reformas necesarias, etc. Mientras tanto, el gobierno israelí piensa seguir actuando de manera unilateral por mucho tiempo más.

El objetivo fundamental del proyecto de Sharon es, además de congelar el proceso de paz, dar a las colonias de Cisjordania, sobre todo a los grandes bloques, un estatuto permanente, con el fin de anexarlas. ¿Acaso el presidente estadounidense, George W. Bush, no prometió al Primer Ministro israelí, luego de la publicación del plan de retirada de Gaza 4 que en el marco de un arreglo final esas colonias formarían parte del Estado de Israel? Weisglass 5 revela el pensamiento profundo del Primer Ministro: "Y en algunos años, quizás en décadas (¡sic!) cuando existan conversaciones entre Israel y los palestinos, vendrá el patrón del mundo, dará un puñetazo sobre la mesa y dirá: hace unos años ya dijimos que los grandes bloques de implantaciones son parte integrante del Estado de Israel". Mientras tanto, la colonización continuará, con el objetivo de duplicar la cantidad de colonos existentes en Cisjordania, lo que generaría una situación irreversible en la zona. La creación de un Estado palestino independiente sería entonces imposible de realizar.

Una retirada no coordinada con los palestinos transformará a Gaza en la prisión más grande del mundo. El ejército israelí supervisará el espacio aéreo y marítimo, al igual que las fronteras, y se reservará el derecho de ingresar "para combatir el terrorismo".

Neutralizar las críticas

En realidad, si Ariel Sharon se había opuesto al proyecto de retirada y de separación de los palestinos evocado por su predecesor, Ehud Barak, era porque seguía siendo partidario de un gran Israel. Pocos meses antes de su elección, en febrero de 2001, durante una ceremonia, ya había dicho a los alumnos de una escuela de Jerusalén: "Eretz Israel (la Palestina histórica) nos pertenece íntegramente".

Pero cambió de opinión, dado que la situación sobre el terreno también cambió. La Intifada ya había demostrado su tenacidad cuando Sharon llegó al poder. El Primer Ministro hizo todo lo que pudo para derrotarla por la fuerza, y la población de los territorios palestinos padeció su política de mano dura. Sharon esperaba una rendición de los palestinos, pero su plan fracasó. Por primera vez en la historia de las guerras de Israel, el adversario penetraba dentro de su territorio y causaba la muerte de cientos y cientos de civiles en las ciudades del país. Además, la economía nacional, y en primer lugar el sector del turismo, fuente esencial de ingresos, se vio duramente afectada. La moral de la población cayó, mientras que crecían las críticas por su negativa a reanudar las conversaciones con la Autoridad Palestina y por las flagrantes violaciones a los derechos humanos. El acuerdo de Ginebra, una iniciativa de los pacifistas israelíes y palestinos (algo "peor que Oslo", según Sharon) fue apoyado no sólo en Israel sino en todo el mundo, sobre todo en Occidente, donde ciertas cancillerías, entre otras la francesa, aprobaron ese compromiso, calificándolo de base posible para futuras negociaciones.

Pero lo que más inquietaba al general Sharon eran las duras críticas de los militares sobre el brutal comportamiento del ejército respecto de la población palestina, conducta calificada de contraria a las normas humanitarias. A los cientos de refuzniks del movimiento Yesh Gvoul ("Hay un límite") enviados a la cárcel por negarse a cumplir su servicio militar en los territorios ocupados, se sumaron 27 pilotos de la Fuerza Aérea, entre ellos el legendario general Iftah Spector, veterano de la guerra de 1967. A fines de septiembre de 2003 los pilotos firmaron un documento condenando la ocupación que "corrompe a toda la sociedad israelí" y se negaron a desarrollar operaciones de "asesinatos dirigidos" en los territorios palestinos; a "atentar contra civiles inocentes"; y a "atacar zonas densamente pobladas". Posteriormente, 13 reservistas, oficiales y oficiales superiores de la unidad de elite número 1 del ejército, Sayeret-Matkal, enviaron una carta a Sharon anunciándole su negativa a participar en acciones "que desconocen los derechos humanos de millones de palestinos; no serviremos de muralla a las colonias, no mancharemos nuestra imagen realizando operaciones de un ejército de ocupación".

Pero lo que ocurrió a mediados de noviembre de 2003, resultó el colmo: cuatro ex jefes del Shin Beth, advirtieron durante una mesa redonda que ese tipo de política "lleva el país hacia un precipicio". "Es inaceptable", reaccionó entonces Sharon, acusando a los cuatro ex responsables de los servicios de seguridad interna de crear un clima que atentaría... contra la seguridad del país.

El Primer Ministro decidió entonces realizar consultas con sus consejeros para tratar de detener la escalada. Comprendió que debía presentar un proyecto que neutralizara el pacto de Ginebra y que a la vez atenuara las críticas internas y externas. Se le presentaron algunas ideas, como -por ejemplo- acabar con la Autoridad Palestina, o -al contrario- relanzar el proceso de paz, pero sin intención de llegar a un acuerdo. De entrada, Sharon rechazó todas esas ideas.

El 18-11-03 se entrevistó en Roma con el emisario de la Casa Blanca, Eliott Abrams, a quien transmitió sus inquietudes. Abrams le propuso entonces retomar las conversaciones con los sirios. Sharon se negó y evocó en cambio el proyecto de retirada unilateral de Gaza 6. Las reacciones no se hicieron esperar, y los dirigentes occidentales felicitaron efusivamente a Sharon por su "coraje".

El pacto de Ginebra fue enviado al congelador. La oposición laborista apoyó al Primer Ministro e hizo todo lo posible por unirse a la coalición de la derecha nacionalista y religiosa. "Sharon cambió" afirmaban felices Shimon Peres y sus amigos, sin formular la menor reserva sobre los aspectos negativos del plan. Ninguna crítica surgió tampoco contra los crímenes cometidos por el ejército israelí en Rafah, en Jabaliyya y en otros puntos de los territorios palestinos, que causaron cientos de muertos, en su mayoría civiles, y la destrucción de centenares de casas, sobre todo en los campamentos de refugiados.

Por su lado, los palestinos reaccionaron con escepticismo al plan de retirada, ya que no creen ni una palabra de lo que dice Sharon. El periodista palestino Elias Zananiri resume así su reacción: "El plan Sharon parece un veneno que contiene un poco de miel".

  1. Además de otras cuatro pequeñas colonias situadas en el norte de Cisjordania, que están relativamente vacías desde hace años. Ver "Des colons entre rage et résignation", Le Monde diplomatique, París, enero de 2001.
  2. Amram Mitzna, "Por qué Ariel Sharon tiene miedo", y Qadura Fares, "Una ventana abierta a la esperanza", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, diciembre de 2003; y Monique Chemillier-Gendreau "Israel-Palestina, una paz conforme a derecho", idem, enero de 2004.
  3. Entrevista en el diario Haaretz, Tel Aviv, 8-10-04.
  4. Discurso de George W. Bush en ocasión de su entrevista con Sharon, en Washington, el 14-4-04.
  5. Entrevista en el diario Haaretz, 8-10-04.
  6. Haaretz, 13-10-04.
Autor/es Amnon Kapeliouk
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 66 - Diciembre 2004
Páginas:14,15
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Relaciones internacionales, Política, Sociedad
Países Israel, Palestina