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Recuadros:

El principal rufián es la policía

El asesinato de la secretaria general de la filial Rosario de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina), Sandra Cabrera, el 27 de enero último, es un crimen, uno más, en el que las sospechas recayeron de inmediato en la policía. La reacción gubernamental y la de cierto activismo social indicarían una circunstancia favorable para que algo cambie en la tradicional relación entre poder, policía y proxenetismo.

La muerte violenta de mujeres que ejercen la prostitución se asocia habitualmente con "los gajes del oficio", un "oficio" que el grueso de la sociedad considera al mismo tiempo indispensable, o al menos inevitable, pero a ocultar. Pero en el caso de Sandra Cabrera, en cuyo empuje militante y coraje personal insisten todos quienes la conocieron, la modalidad del asesinato (un tiro disparado por una pistola calibre 32 apoyada en la nuca) y las circunstancias que lo precedieron lo convierten en posible catalizador para revertir una situación de abuso intolerable. En la mira estuvo de inmediato la policía: "Es el mayor proxeneta", acusó Elena Reynaga, secretaria general de AMMAR nacional 1. En efecto, el asesinato fue la culminación de una escalada de amenazas y agresiones, respuestas a las reiteradas y precisas denuncias de Cabrera sobre extorsiones por parte de la policía a mujeres que ejercen la prostitución callejera, y sobre la responsabilidad policial en la explotación organizada de la prostitución en burdeles clandestinos, cuyos regenteadores prefieren terminar, por razones de competencia, con la prostitución a la vista o ejercida de modo independiente.

El gobernador de Santa Fe Jorge Obeid calificó el asesinato de la secretaria general de AMMAR Rosario como "un quiebre en la historia de la Provincia, que por su gravedad obliga al gobierno a encarar cambios estructurales en la fuerza policial y en la legislación" 2. Obeid disolvió de inmediato la división Moralidad, cuya función era precisamente el control de la prostitución en la calle y en clubes nocturnos, y prometió revisar los artículos 83, 87 y 93 del Código de Faltas provincial (ver recuadro: "Códigos contravencionales"). En todo caso, resulta novedosa la rápida reacción del gobierno de la Provincia y la del gobierno nacional a través del ministro de Justicia Gustavo Béliz, que envió enseguida al secretario nacional de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, a Rosario. Novedosa habida cuenta de la indiferencia generalizada que rodeó, por ejemplo, las desapariciones y asesinatos de 32 mujeres, en su mayoría en ejercicio de la prostitución, en la ciudad de Mar del Plata, desde 1996 hasta la fecha, atribuidas durante años a un supuesto "loco de la ruta", que resultó ser un invento policial. Tres de esas desapariciones, investigadas por el juez Pedro Hooft, llevaron a una red constituida por civiles y policías que explotaba a las tres mujeres, además de extorsionarlas con coimas a cambio de "protección" judicial.

También hubo una diferencia cualitativa, originada en cierta reacción pública, visible en las marchas que se realizaron el 5 de febrero en Rosario, la ciudad de Buenos Aires y Salta. Convocadas por AMMAR, estas marchas contaron con la presencia de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), donde se inscribe AMMAR, organizaciones de derechos humanos, de desocupados, estudiantiles, grupos feministas, partidos políticos. El documento leído en la marcha de Rosario asociaba el asesinato de Sandra Cabrera con la larga lista de crímenes impunes en esa ciudad que llevan el sello del involucramiento o el encubrimiento policial: "los asesinatos del 19 y 20 de diciembre, las víctimas del gatillo fácil, los presos incinerados en las comisarías", según el documento. Mabel Gabarra, coordinadora de INDESO Mujer (Instituto de Estudios Jurídico-Sociales de la Mujer) de Rosario, señala "un cambio en el tratamiento de la información" respecto de la habitual cobertura mediática de cuestiones policiales, cambio que se reflejó también en la opinión pública. Enrique Font, del Centro de Estudios e Investigación en Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Rosario, tambien señala que "ha cambiado mucho la percepción pública, por el aumento del delito y por la fuerte capacidad de organización civil" en la ciudad.

Una vieja rutina

Pero el activismo social movilizado en Rosario ante el crimen de Cabrera recela de la posibilidad de que la policía se investigue a sí misma, suspicacia que lejos de disiparse va en incremento: la disolución de Moralidad no impidió que los miembros de esa división fueran reasignados dentro de la institución policial. El jefe de la policía rosarina, José Manuel Maldonado, a la cabeza de la comisión investigadora del asesinato, concentra múltiples acusaciones en la "historia de impunidad y violencia" que es la historia de la policía de los últimos 20 años. Respecto de los circuitos clandestinos de explotación de la prostitución que desarrollan sin sobresalto sus actividades, indisociables de la trata y tráfico de mujeres del exterior e interior del país (con alto porcentaje de menores explotadas), Maldonado se limitó a decir que clausuraría los locales no habilitados, sin entrar en la cuestión de cómo se logran esas "habilitaciones".

Un interbloque de oposición (socialistas, radicales y ARI), haciéndose eco del reclamo de la CTA, organismos de derechos humanos y organizaciones sociales, propuso la creación en el ámbito de la Cámara de Diputados de la Provincia de una comisión investigadora independiente de 11 miembros, con participación de los partidos políticos con representación parlamentaria, para esclarecer el asesinato 3.

El 1 de noviembre de 2003 los medios nacionales se hicieron eco de la abierta acusación del presidente Néstor Kirchner contra la policía por su involucramiento en el delito. "En la mayoría de los secuestros extorsivos se ha encontrado involucrado personal policial", dijo. La acusación resultó sorprendente por provenir del Presidente mismo, no por su contenido, que desde hacía tiempo formaba parte de las convicciones colectivas, aunque no estén respaldadas por datos y cifras precisas. Pero mientras que los secuestros extorsivos y otros crímenes violentos intimidan e indignan fácilmente a la población, la relación de la policía con la explotación de la prostitución es una rutina que se remonta a los comienzos de la institución policial, y aunque oculta, sabida y aceptada. Albert Londres dedica el capítulo XVI de su Camino de Buenos Aires a "las resoluciones de la policía sudamericana con los cafiches nacionales e internacionales"; ya a fines del siglo XIX "los tratantes compran desde agentes de policía hasta altos funcionarios del gobierno..." según Rafael Ielpi y Hector Zinni; la "trilogía de la trata de blancas" denunciada por el comisario Julio Alzogaray se integra con los municipios, la policía y los rufianes 4.

El ex viceministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Marcelo Sain, insistía en la "fuertísima connivencia policial y política" que tienen "secuestros, narcotráfico, robo de autos y prostitución" 5. También Enrique Font, de Rosario, establece una fuerte vinculación entre la recaudación policial ilegal y la financiación ilegal de la política: "Los entes encargados de la recaudación del denominado ‘dinero blanco', ‘la legal' o ‘la histórica' (denominaciones que oponen este dinero al ‘rojo', relacionado con crímenes violentos), son la división Moralidad y la seccional. Un comisario responsable de Moralidad o seccional ‘licita' su puesto, es decir, tiene que recaudar determinada suma semanal o mensual. Parte del dinero ingresa a la financiación política, a nivel de senadores o intendentes, según las dimensiones de la ciudad, y vuelve a bajar, incluyendo a integrantes del poder judicial. (...) Cualquier reforma pondría en crisis la propia financiación, o por lo menos reconfiguraría los recorridos del dinero ilegal", apunta Font, quien actualmente ve en el gobernador Obeid las mismas limitaciones con que tropezó su gestión anterior, cuando proyectaba reformas policiales que eran "cajoneadas" por los miembros de su partido, el Justicialista.

La acción de AMMAR y la reacción de organizaciones sociales y políticas registrada a partir de los hechos de Rosario marcan una ruptura y una conciencia social nueva respecto de la gravedad del delito de explotación de la prostitución, que figura en el Código penal. De acuerdo con el sistema abolicionista teóricamente vigente en Argentina, no es delito en cambio el ejercicio individual de la prostitución, que es precisamente lo que el sistema de "protección" policial impide, tanto en la calle como en privado.

"Sin participación de la sociedad no hay verdaderos cambios institucionales", opina Ana González, asesora en derechos comunitarios y género de la Secretaría nacional de Derechos Humanos. Abocada tradicionalmente a las secuelas del terrorismo de Estado, esta Secretaría quiere abrise a la multiplicidad de violaciones actuales de derechos humanos, entre las que reconoce las padecidas por las prostitutas por parte de explotadores y clientes, así como la trata, tráfico y la incorporación de niños y adolescentes a los circuitos clandestinos. En Santiago del Estero, la presencia de una delegación de esta Secretaría está dando lugar a una avalancha de denuncias que amenazan la continuidad del gobierno provincial. En Rosario, ¿podrá la combinación de una voluntad política gubernamental y la maduración del activismo social lograr una investigación que dé no solamente con los autores materiales del asesinato de Sandra sino también con sus mandantes?

  1. Página/12, Buenos Aires, 28-1-04.
  2. La Capital, Rosario, 29-1-04.
  3. El Litoral, Santa Fe, 15-2-04.
  4. Véase Albert Londres, El Camino de Buenos Aires, Legasa, Buenos Aires, 1991; Rafael Ielpi y Héctor Zinni, Prostitución y rufianismo, Ed. Encuadre, Rosario, 1974; Julio Alzogaray, Trilogía de la trata de blancas, Rosso, Buenos Aires, 1933.
  5. Pagina/12, Buenos Aires, 29-11-03.

Códigos contravencionales

Vassallo, Marta

Mientras el PJ santafesino propicia una reforma de los artículos del Código de Faltas que sirven a la policía para controlar la prostitución callejera, en el sentido de documentar las detenciones a través de un testigo no policial, AMMAR y las organizaciones sociales y políticas que participaron de las marchas piden la derogación lisa y llana de esos artículos, reclamo del que se hace eco la iniciativa del legislador socialista Eduardo Di Pollina. El artículo 83 se denomina “Ofensa al pudor”, y sanciona con multas a quien “con actos, gestos o palabras obscenas ofendiere la decencia o pudor público o decoro personal”; el 87 sanciona la “prostitución escandalosa” con arrestos de hasta 30 días. ¿Qué es prostitución escandalosa? “El que se ofreciere públicamente a mantener relaciones sexuales por dinero... o provocare escándalo por tal motivo...” Los límites del escándalo resultan imposibles de precisar, el control del ejercicio de la prostitución queda pues librado al arbitrio de policías y jueces. Por último, el 93 sanciona el travestismo. Enrique Font señala que aun derogados esos artículos, la policía cuenta con la herramienta de la detención por averiguación de antecedentes: sólo en Rosario hay registradas entre 1.000 y 1.500 de esas detenciones por mes. “Lo que se planteará si se derogan es quién y cómo se regula la actividad, si no lo hace la policía...”
AMMAR aspira a una decisión como la tomada en octubre de 2003 en la provincia de Entre Ríos, donde fueron derogados los artículos del Código de Faltas que permitían a la policía la regulación del ejercicio de la prostitución callejera. La iniciativa de hacer lo propio en la provincia de Buenos Aires, promovida entre otros por la entonces senadora radical Elisa Carca, no llegó a ser tratada en la Legislatura provincial en el año 2003 por oposición del bloque del PJ. En la ciudad de Buenos Aires está en marcha un proyecto de reforma del Código contravencional de carácter conservador, promovido por el bloque de Mauricio Macri, Compromiso para el Cambio. Entre otras enmiendas inquietantes para los defensores de los derechos humanos, reintroduce la detención como sanción para la oferta de sexo en la vía pública, eliminada junto con los edictos policiales: la eliminación de estos edictos había dado lugar en la ciudad a un enfrentamiento entre asociaciones de vecinos, que secundaban la posición de la policía de defender su rol de control, y asociaciones de travestis y de mujeres en prostitución apoyadas por asociaciones de defensa de los derechos humanos, feministas, etc., que sostenían la necesidad de dejar el Código de Convivencia de la ciudad de Buenos Aires en su versión original. A la agitación policial y vecinal respondieron las reformas de marzo de 1998 y marzo de 1999, que reintrodujeron sanciones pero bajo la forma de multas, y condicionadas a que la oferta de sexo se acompañara de “escándalo”.


¿Es un trabajo?

Vassallo, Marta

AMMAR, incorporada a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), que según su secretaria general Elena Reynaga cuenta con 1.700 miembros en 13 provincias 1, aspira a constituirse en sindicato. “Somos un sindicato de hecho, no de derecho”, define Jorgelina Sosa, secretaria de AMMAR Capital, en alusión a que se encuentran elaborando un estatuto para presentar ante el Ministerio de Trabajo. Esta agrupación reivindica para sus miembros la condición de “trabajadoras sexuales”, y como tales luchan por el reconocimiento de sus derechos, empezando por el derecho a la salud, para lo cual se constituyen en agentes de prevención de enfermedades de transmisión sexual. Pero dicen rechazar la explotación, por la policía o por cualquier otra entidad proxeneta. ¿Un sindicato sin patronal, entonces?
Sonia Sánchez es la representante de Asociación AMMAR Capital, con 400 afiliadas, una escisión de AMMAR Capital que está excluida de la CTA desde agosto de 2003. Se definen como ONG, no como sindicato, y a sí mismas como “mujeres en situación de prostitución”, porque, dice Sonia, “el nombre –se refiere a ‘trabajadora sexual’– no acaba con la naturaleza de la actividad”; una actividad a la que define como “traumática, dolorosa, vergonzante”, que “nos convierte en objetos de uso, en mujeres sin rostro, que tenemos que vivir mintiendo”. “Somos jefas de hogar desocupadas, que provisionalmente tenemos esta actividad”, y define a la prostitución como “un gran negocio para muchos, menos para las personas que la ejercen”.
Estas mujeres han encontrado un espacio en una iglesia metodista del barrio de Flores y operan con micoemprendimientos y distribución de ayuda alimentaria.
Las dos AMMAR reúnen a mujeres que ejercen la prostitución en la calle. Ninguna ha logrado entrar en los “lugares cerrados” de la ciudad de Buenos Aires. Por lo que saben de los “lugares cerrados” de otras ciudades, entre ellas Rosario, las mujeres dejan entre el 50% y el 70% del dinero ganado a los explotadores y no tienen la posibilidad de rechazar clientes, posibilidad que reivindican las mujeres que, se llamen o no trabajadoras, quieren ejercer su actividad de manera independiente.

  1. Las 12, Página/12, Buenos Aires, 23-1-04.


Autor/es Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 57 - Marzo 2004
Páginas:34,35
Temas Prostitución
Países Argentina