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El “antisemitismo” de James Carter

El ex presidente James Carter, en coincidencia con corresponsales de grandes diarios en Medio Oriente y Sudáfrica, establece analogías entre la ocupación israelí de territorios palestinos y el apartheid sudafricano.  Las organizaciones de derechos humanos en Israel no piensan de manera muy diferente. Carter e investigadores como Rashid Khalidi son objeto en Estados Unidos de una campaña de acusaciones de antisemitismo.

"¿Cómo es posible que este hombre haya llegado a ser Presidente de Estados Unidos?", se interroga el New York Post (de la cadena de Robert Murdoch) en un editorial del pasado 15 de enero. "Ha pasado de ser un Presidente fallido a un amigo de los tiranos de izquierda y castigador global de cualquier cosa que represente los legítimos intereses de América", continúa. Y la acusación se completa: "... asesor de relaciones públicas del fallecido Yasser Arafat (...) demonizador de Israel", que justifica los "asesinatos masivos". Este hombre "ha cruzado el límite", concluye el editorial, que pide al Partido Demócrata que reaccione contra todo lo que dice James Carter 1.

Ocurre que en su último libro: Palestine. Peace not Apartheid 2, el ex presidente de Estados Unidos (1976-80) afirma que si continúa la ocupación represiva en Gaza y Cisjordania y si Israel no accede a negociar para que exista un Estado palestino, podría llegarse a una situación parecida a la del apartheid sudafricano "con dos pueblos que ocupan la misma tierra pero completamente separados uno de otro, con los israelíes en posición dominante, que priva a los palestinos de sus derechos humanos básicos de manera represiva y violenta". La respuesta de la Anti-Defamation League fue la publicación de anuncios en diversos periódicos acusando a James Carter de antisemita.

Aunque Carter ha aclarado que se refiere al impacto sobre Palestina y no a la democracia israelí, la comparación provocó airadas críticas de un sector de la comunidad judía estadounidense que identifica toda crítica de las políticas israelíes con antisemitismo. El efecto fue inmediato: el Partido Demócrata oyó el consejo del New York Post y tanto Howard Dean, presidente del Partido, como Nancy Pelosi, líder de los demócratas en el Congreso, se distanciaron de Carter.

Pero los ciudadanos no piensan lo mismo: tres meses después de su aparición, el libro continúa siendo un éxito de ventas. Henry Siegman, analista judío estadounidense y director del US Middle East Project, indica que el libro de Carter es una obra decente y sin grandes novedades, pero que el pánico que ha generado entre los demócratas "revela la ignorancia que el sistema político estadounidense, tanto demócrata como republicano, tiene acerca del conflicto palestino-israelí" 3.

 Paz o "apartheid" israelí

 En 1979, Carter logró acercar las posiciones de Israel y Egipto y hacer que firmaran el Acuerdo de Camp David sobre la retirada de las fuerzas israelíes de la Península del Sinaí. En el libro hace recuento de sus memorias de viajes y sus contactos con líderes de la región treinta años atrás; presenta una explicación didáctica del conflicto y realiza una recopilación equilibrada de las propuestas que existen para alcanzar la paz entre palestinos e israelíes, contando cada uno con su Estado, y cada Estado con suficientes seguridades. Leído sin prejuicios, el libro es crítico de las políticas de Israel pero no está en contra de ese país, como quieren mostrar sus detractores. 

Carter sugiere que mientras continúen las políticas represivas de Israel habrá terrorismo, algo escandaloso en la era de la "guerra contra el terror". Además, afirma que "la colonización y el continuo control de las tierras palestinas por parte de Israel han sido los principales obstáculos para alcanzar un acuerdo de paz amplio en Tierra Santa". Sin dejar de condenar el terrorismo palestino -pero no lo suficiente, según Ethan Bronner un crítico de The New York Times 4-, indica que desde el Acuerdo de Camp David han sido los gobiernos de Israel los que más obstaculizaron la paz. De hecho, relata que el primer ministro Menahem Begin fue el primero en negarse a que se cumpliesen las Resoluciones 242 y 338 de la ONU, que prohíben apoderarse de territorio por la fuerza, exigen la retirada israelí de Cisjordania y Gaza, y "el reconocimiento del pueblo palestino como una entidad política diferente con el derecho a determinar su futuro".

Más aun, Carter coincide con los análisis según los cuales, en las negociaciones entre Bill Clinton, el entonces primer ministro israelí Ehud Bark y el presidente Yasser Arafat (2001), no hubo una oferta concreta a Arafat para contar con un Estado palestino y que, por lo tanto, sería falso que el Presidente palestino hubiese bloqueado la negociación, perdiendo así una gran oportunidad. El entonces enviado especial de Clinton para Medio Oriente, Dennis Ross, criticó a Carter por aceptar este supuesto que otros analistas, sin embargo, también sostienen.

Las críticas no acaban ahí. Carter piensa que "hay un sentimiento generalizado en el mundo árabe y a lo largo de Europa, que sin embargo ni se nota en Estados Unidos, sobre el hecho de que nuestro Gobierno no le está dando ninguna consideración (...) al sufrimiento de los palestinos. Y no es preciso ser anti-Israel para proteger los derechos de los palestinos a vivir en su propia tierra y en paz sin estar sojuzgados por una potencia ocupante" 5.

Estas afirmaciones son comunes en Europa y el mundo árabe, pero en Estados Unidos son menos frecuentes. El ex presidente y director del Carter Center para la resolución de conflictos dice que el gobierno de George W. Bush ha abandonado a los palestinos a su suerte y que Israel bloquea los acuerdos posibles. La negativa de los gobiernos de Bush y Olmert a negociar con un gobierno de coalición de Al-Fatah y Hamas en marzo de 2007 es una dramática confirmación de esta verdad. Naturalmente, esto resulta molesto para el Partido Demócrata en tiempo de elecciones, ya que le obliga a tomar una posición frente al conflicto palestino-israelí.

En la misma entrevista, Carter se reafirma en su posición respecto del apartheid: "La alternativa a la paz es el apartheid, no dentro de Israel, insisto, sino en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, el territorio palestino. Y ahí el apartheid existe en su forma más despreciable; los palestinos están privados de sus derechos humanos básicos".

Frente a esto, Carter insiste en tres condiciones para alcanzar la paz en la región: garantías para la seguridad del Estado de Israel, fin de la violencia de los palestinos, y el reconocimiento por parte de Israel de los derechos de los palestinos a contar con un Estado de acuerdo con las fronteras previas a 1967. 

Cacería de profesores 

Lo que Carter cuenta y las críticas que hace a Israel y Estados Unidos están más detalladas en el reciente libro del estadounidense de origen palestino Rashid Khalidi, quien también recibió ataques sistemáticos desde que en 2003 la Universidad de Columbia le otorgase la Cátedra Edward Said y la dirección de su Instituto de Estudios sobre Medio Oriente 6. Khalidi ha descrito en sus últimos libros la relación entre el concepto imperial de las relaciones de Estados Unidos con Medio Oriente y la forma en que Israel y Washington han impedido la formación de un Estado palestino 7. En 2004 el New York Post lo acusó de antisemita e insinuó que gobiernos árabes financian la cátedra Edward Said.

El acoso que sufre Khalidi es una práctica cada vez más frecuente en los campus universitarios de Estados Unidos. Diversas organizaciones, algunas de ellas de estudiantes, se ocupan de rastrear qué dicen y hacen profesores calificados de "antisemitas" y de acusarlos e inclusive hacer películas de denuncias sobre ellos. El grupo de Boston llamado "David Project. Center for Jewish Leadership" realizó en 2004 una película sobre los supuestos acosos académicos y políticos de los profesores Joseph Massal y George Saliba, de Columbia, a estudiantes judíos. En su website, hay una selección de más de 30 artículos críticos del libro de Carter 8. Existen también grupos y sitios web que se ocupan de analizar el trabajo de grupos de derechos humanos y fundaciones de Estados Unidos para denunciar lo que consideren políticas antisemitas o apoyos económicos a organizaciones palestinas.

Campus Watch, por su lado, realiza un seguimiento sistemático de supuestas declaraciones contra Israel y Estados Unidos en las aulas y ha acusado a Khalidi de "no ser objetivo" 9. En esta web, creada por el ultraderechista y anti-islamista Daniel Pipes, se anima a los estudiantes a facilitar información sobre los profesores. La tensión en torno a profesores críticos de Israel creció el año pasado cuando dos prestigiosos académicos liberales de las relaciones internacionales publicaron un ensayo indicando que los grupos de presión judíos en Estados Unidos dominaban, en gran medida, la política exterior de ese país hacia Medio Oriente y que la guerra de Irak no se podría haber realizado sin el clima creado por el lobby judío 10. La reacción contra ellos fue muy dura.

Unos meses después, el académico británico de origen judío Tony Judt, director del Remarque Institute de Etudios Europeos (New York University), se encontró con una campaña en su contra por sus ideas "antisemitas" dado que había propugnado que la única solución al conflicto es un Estado israelí-palestino que integre a dos naciones 11. Judt mantuvo posiciones pro-israelíes en su juventud y es considerado un traidor. En octubre de 2006 el consulado polaco en Nueva York recibió presiones de la Anti-Defamation League para que cancelara una conferencia que iba a dictar Judt. La cancelación generó una áspera polémica. Judt escribió en un periódico liberal israelí indicando que Israel hunde su futuro si continúa con la ocupación represiva de Palestina.

 Comparación con Sudáfrica 

Una crítica ajustada del libro de Jimmy Carter es la de Joseph Lelyveld, hasta hace muy poco director ejecutivo de The New York Times y ex corresponsal en Sudáfrica. En un extenso artículo, Lelyveld considera que Carter utilizó el concepto de apartheid para aplicarlo a Israel en Palestina de forma restrictiva, ya que lo limita a la separación de los israelíes de los palestinos y a la apropiación de tierras. Sin embargo, el problema es todavía más grave, y las similitudes entre el apartheid y el sistema israelí son mayores.

El apartheid fue la política oficial que rigió la relación entre la minoría blanca de Sudáfrica y la mayoría de población negra y otras minorías como la india. El sistema del apartheid que rigió oficialmente entre 1948 y 1991, aunque se fue desarrollando desde principios del siglo XX, clasificó a la población en cuatro grupos raciales y practicó la segregación hacia tres de ellos. Fue también un método de apropiación de tierras, de segregación social de los espacios públicos, de ordenación territorial mediante la prohibición de movimiento y la imposición de permisos de pase como forma de organización de la fuerza de trabajo. La población negra, que proveía la mayor parte de la fuerza de trabajo, fue agrupada en zonas especiales o bantustanes. 

Lelyveld argumenta, comparando las situaciones, que proporcionalmente Israel se ha apropiado de tanta tierra como lo hizo el régimen racista de Sudáfrica. El apartheid tenía un complejo sistema de permisos para regular el movimiento de las personas según su status legal. Israel está imponiendo un régimen similar para limitar el movimiento de los palestinos y clasificarlos.

El corresponsal del diario británico The Guardian, Chris McGreal, indica por su parte: "Hay pocos lugares en el mundo donde los gobiernos construyen una red de leyes sobre nacionalidades y residencias diseñadas para que una parte de la población las use contra otra. La Sudáfrica del apartheid fue una. Israel es otra" 12. Ronnie Kasrils, ministro sudafricano de origen judío, declaró durante una visita a Israel: "El apartheid fue una extensión del proyecto colonial para despojar a la gente de sus tierras. Eso es exactamente lo que ha pasado en Israel y los territorios ocupados. El uso de la fuerza y la ley al servicio de acaparar la tierra. Eso es lo que el apartheid e Israel tienen en común" 13.

Por otro lado, Israel ha construido un muro y un sistema de carreteras para unir trozos de tierra palestina de un modo como el apartheid nunca lo hizo. De hecho, Carter ha indicado que la vida en Cisjordania puede ser para los palestinos "más opresiva" de lo que era para la población negra en Sudáfrica. Respecto de la economía, Israel depende cada vez menos de la población trabajadora palestina debido a los flujos migratorios de otros países. En el aspecto militar, la ocupación de Gaza y Cisjordania moviliza más efectivos de seguridad de los que desplegaba el régimen sudafricano. Por último, los colonos israelíes han ocupado la tierra palestina y, para asegurar su vida e infraestructuras, el Estado israelí despliega un sofisticado sistema de control sobre los palestinos 14.

El corresponsal de The Guardian en Israel tuvo el mismo puesto durante 10 años en Sudáfrica. Las comparaciones que establece entre las formas de dominación israelí sobre los palestinos y las que tenía el apartheid confirman las similitudes, tanto en los procedimientos de opresión como en el sufrimiento que se inflige. Los servicios públicos que ofrece la municipalidad de Jerusalén, por ejemplo, son muchas veces superiores para los israelíes que para los árabes que viven en la parte anexada de la ciudad. Poco después de ser publicados los artículos en The Guardian sobre las comparaciones y acerca de las estrechas relaciones militares que existían entre el régimen del apartheid e Israel, el Committe for the Accuracy in Middle East Report in America (CAMERA), le acusó de mentir y falsificar datos para deslegitimar a Israel 15.

La comparación permite ver también diferencias. En Sudáfrica la clasificación de las personas era racial, mientras que en los territorios ocupados e Israel es "territorial", pero el resultado, como dice el profesor de Derecho Internacional John Dugard, es el mismo en cuanto a "con quién te puedes casar, dónde puedes vivir, y dónde puedes ir al colegio o al hospital" 16. Por otra parte, Israel realiza constantemente un proceso de confiscación y apropiación de tierras palestinas a las que incorpora, mediante legislación adaptada para ese fin, a la nueva configuración del Estado israelí.

Un informe de la organización israelí Peace Now indica, basándose en un informe oficial, que el 32,4% de las propiedades que Israel ha ocupado en Cisjordania ya está en manos privadas. Esto significa que el gobierno no está ocupando las tierras de manera transitoria o por razones de seguridad, sino que se apropia de ellas y las entrega en propiedad. Revertir ese proceso sería en el futuro muy complejo. 

Segregación institucional 

En realidad, la acusación de que Israel está imponiendo un sistema similar al apartheid es cada vez más frecuente en ese país por parte de críticos del gobierno y organizaciones de derechos humanos. Por ejemplo Daniel Seidemann, un valiente abogado israelí que lleva años defendiendo a los palestinos recurriendo a las leyes israelíes.

La comparación entre el régimen del apartheid sudafricano y la ocupación israelí de los territorios palestinos no es nueva. Diversos autores han explorado estos dos escenarios y también el de Irlanda del Norte. La Fundación socialdemócrata alemana Friedrich Ebert impulsó, por ejemplo, la investigación y publicación de tres estudios sobre el proceso de negociación y transición sudafricana y los aprendizajes que podrían extraerse para un proceso de paz en Palestina e Israel 17.

Desde otra perspectiva, parte de la elite política de Israel ha especulado en diversos momentos con expulsar o transferir a la población palestina. El actual viceprimer ministro, Avigdor Lieberman, propugna la expulsión de los palestinos de los territorios ocupados, y también de los ciudadanos árabes con nacionalidad israelí. Para muchos israelíes, indicar similitudes con el apartheid tiene serias implicaciones porque los sitúa en una posición de dominio racial similar a la que sufrieron bajo el nazismo, y porque sugiere que el mismo Estado de Israel sería ilegítimo. Israel, afirman, es un sistema democrático mientras que el apartheid se basaba en el voto cualificado. A la vez, indican que la intención de Israel no es racista sino que busca establecer un territorio seguro para su población.

Ningún gobierno de Israel ha aceptado públicamente una voluntad racista. Sin embargo, investigaciones en Israel indican que desde 1948 ha habido una política de "limpieza étnica" que comenzó con la expulsión de 750.000 palestinos y que continuó con el asedio a los palestinos por diversos medios para que abandonen su lucha por un Estado y se marchen o acepten vivir en zonas aisladas, sometidos a una clasificación como ciudadanos de segunda categoría. Según esta interpretación, la retirada israelí de Gaza ha sido una forma de encierro para su población.

Uno de los exponentes de esta revisión histórica es Ilan Pappe, quien considera que si "limpieza étnica" significa "la expulsión por la fuerza con el fin de homogeneizar a una población étnicamente mixta de una región o territorio particular", y si "el propósito de esa expulsión es provocar la evacuación de la mayor cantidad posible de residentes, utilizando todos los medios a disposición del que expulsa", entonces Israel ha practicado este procedimiento durante seis décadas. En su último y documentado libro, Pappe describe las formas represivas e institucionales que su país ha usado para desplazar a la población palestina y someterla como ciudadanos de segunda categoría 18.

El 20% de la población que vive en Israel es palestina. En los últimos años ha habido una progresiva inquietud ante el crecimiento demográfico árabe. Si se incluye a los palestinos que viven en los territorios ocupados, dentro de quince años serán más que los israelíes. Actualmente conviven 2 millones y medio de palestinos con seis millones de judíos en Israel, pero otros 2 millones y medio viven en Gaza y zonas de Cisjordania que Israel quizá ceda.

Según explica Pappe, la política que está llevando a cabo el gobierno de Olmert consiste en anexionar territorios ocupados y, a la vez, dejar bajo control de los palestinos zonas restringidas en las que son mayoría. En definitiva, "apoderarse lo más que se pueda de Palestina con la menor cantidad de palestinos dentro". El muro de 670 kilómetros cumple la función de consolidar esta política, que otros autores también consideran que no es sólo una cuestión de seguridad sino de racismo, unida a un ascenso del discurso racista dentro de Israel.

Pappe considera que "el objetivo del proyecto sionista ha sido siempre construir o defender una fortaleza ‘blanca' (occidental) en un mundo ‘negro' (árabe). En el corazón del rechazo a permitir el derecho al retorno de los palestinos se encuentra el miedo de los israelíes judíos a ser superados en número por los árabes". En este punto, Pappe establece la conexión con la elite sudafricana: "Un ejemplo reciente del mismo tipo de mentalidad de cerco la encontramos en los colonos blancos en Sudáfrica durante el momento de auge del régimen del apartheid".

Esta situación es destructiva para los palestinos pero también para la sociedad israelí. Un artículo en la revista judía Tikkun, publicada en Estados Unidos, indica que los ideales del sionismo de crear un Estado que proveyera refugio a la comunidad judía en el mundo y que fuese un modelo de libertad se ha visto frustrado. "El sueño sionista se ha vuelto una pesadilla", dice Jerome Slater, "en parte porque no hay sitio más inseguro para los israelíes que Israel, y por el ‘pecado original' de haber despojado de su tierra a los palestinos" 19.

  1. Editorial, "Jimmy for Terror", New York Post, 15-1-07.
  2. Simon & Schuster, New York, 2006.
  3. Henry Siegman, "Hurricane Carter", The Nation, Nueva York, 22-1-07.
  4. Ethan Bronner, "Jews, Arabs and Jimmy Carter", The New York Times, 9-1-07.
  5. Entrevista a Carter de Amy Goodman en el programa Democracy Now!, 30-11-06.
  6. Rashid Khalidi, The iron cage. The story of the Palestinian struggle for statehood, Beacon Press, Boston, 2006.
  7. Rashid Khalidi, Resurrecting Empire, Beacon Press, Boston, 2004.
  8. Ver aquí.
  9. Ver aquí.
  10. John Mearsheimer y Stephen Walt, "The Israeli lobby", The London Review of Books, 23-3-06.
  11. Tony Judt, "Israel: the alternative", The New York Review of Books, 23-10-03.
  12. Chris McGreal, "Worlds Apart", The Guardian, Londres, 6-2-06.
  13. Citado en The Guardian, Londres, 6-2-06.
  14. Joseph Lelyveld, "Jimmy Carter and Apartheid", The New York Review of Books, 29-3-07.
  15. CAMERA, 20-2-06.
  16. Chris McGreal, ibid.
  17. Yair Hirschfeld, Avivit Hai, Gary Sussman, Learning from South Africa. Lessons to the Israeli-Palestinian Case, Friedrich Ebert Stiftung y Economic Cooperation Foundation, Israel, 2003.
  18. Ilan Pappe, The ethnic cleansing of Palestine, Oneworld Publications, Oxford, 2006.
  19. Jerome Slater, "The need to know" (Reseña del libro de Tanya Reinhart, The road map to nowhere), Tikkun, enero de 2007.
Autor/es Mariano Aguirre
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 99 - Septiembre 2007
Páginas:28,29
Temas Sociología, Discriminación, Geopolítica
Países Sudáfrica, Israel, Palestina