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Recuadros:

L’Équipe, la épica y la ética

Para hipnotizar a los seguidores y servir a intereses comerciales o políticos, el deporte está cada vez más despojado de sí mismo. Tanto el Mundial de Rugby (7 de septiembre al 20 de octubre) como el desprestigiado Tour de Francia ciclista son ejemplo de ello. El diario deportivo francés L’Équipe, a pesar de su enorme influencia local e internacional, parece haber renunciado a cambiar esta nefasta evolución. Superados por la lógica comercial impuesta en las altas esferas, sus periodistas perdieron su independencia de criterio.

"Para la eternidad"; "Monumental"; "Heroicos"; "¡Mágico!"; "¡Qué felicidad!"; "Histórico"; "Día glorioso"; "¡Cuántas emociones!"; "¡Extraordinario!" En la sede del diario L'Équipe, ubicada en el centro neurálgico de los grandes canales de televisión franceses, en Issy-les-Moulineaux, a las puertas de París, las grandes portadas cubren las paredes, así como numerosos trofeos dedicados a los triunfos de los atletas nacionales y a la success story del diario deportivo más influyente de la historia.

Varios récords cayeron en estos últimos diez años: de velocidad, de salto en largo, de salto en alto, de transferencia de jugadores, de partidos disputados... pero también de venta de ejemplares. L'Équipe, el diario francés más leído (ver "Un grupo de prensa...", pág. 33), es con toda lógica el portavoz de todos los hinchas franceses. Lógica económica, que permite a la Sociedad Colectiva (SNC) L'Équipe ser una empresa de prensa en perfecto estado de salud, apenas afectada por una competencia cada vez más masiva, pero dispersa, de publicaciones especializadas en tal o cual deporte.

Los periodistas de L'Équipe -que de 70 en 1975 pasaron a ser 280 en 2007- gozan con toda legitimidad de esta relativa prosperidad: buenos salarios (un promedio de 3.500 euros mensuales), condiciones de trabajo confortables (sin conflictos que "cubrir", dramas que relatar ni estadías en hoteles de una sola estrella), condiciones de descanso... relajadas (un promedio de un día de vacaciones por cada dos de trabajo por año), un comité de empresa generoso, un acceso privilegiado al escenario de los sueños de todos los amantes del deporte. Y la satisfacción nada despreciable de ser leídos diariamente por millones de franceses de todas las edades y todos los niveles socioeconómicos. 

La gloria del marketing 

En realidad, el cuadro dista de ser tan idílico. "Desde hace algunos años, se implementó una muy fuerte jerarquización", afirman en los mismos términos muchos periodistas que trabajan en secciones, redacciones o funciones diferentes. "Ya no hay espacio para la propuesta, la reflexión colegiada o las verdaderas cuestiones editoriales. Hoy todo está muy estructurado, estratificado, rígido, planificado, compartimentado. Los periodistas se volvieron simples ejecutores, y muchos van a sus redacciones desganados. El ambiente es deletéreo, pero sordo, porque nadie puede o quiere hablar."

"Hablar" significa convertirse de facto en contestatario y poner en peligro un estatuto envidiable. "Nuestros periodistas no abandonan la empresa porque saben que no estarán mejor en otro lado", señala satisfecha Marie Gérard, directora de comunicación. Aferrarse a los principios puede tener consecuencias humillantes o invalidantes. Algunos experimentaron esa amarga experiencia: marginación (habitual en el grupo), despidos estrepitosos (frecuentes desde hace diez años). Prácticas que sentaron jurisprudencia.

Pierre Ballester, por ejemplo 1, gran periodista de la sección ciclismo, que ingresó a L'Équipe en 1989 y fue despedido en 2001, cuenta: "Cuando estalló el caso Festina 2, en 1998, decidí dejar de ser un periodista deportivo, para ser simplemente un periodista, centrándome exclusivamente en el doping. Fui de alguna manera, junto con otros, una guía, porque L'Équipe estaba completamente superado por la prensa generalista en este tipo de investigación. Progresivamente, la dirección trató de desentenderse del tema. Consideré y afirmé que esa posición -o ausencia de posición- ponía en tela de juicio la credibilidad del diario. Para mí era insostenible seguir relacionándome con ese sector en el que las verdaderas personalidades se habían revelado. Fui entonces marginado, al igual que Christophe Basson" 3.

Presiones psicológicas, incluso intimidaciones, aislaron a menudo a los "díscolos" que reclamaban un periodismo independiente de las exigencias de ganancias que rigen la vida del grupo desde que se le confió al servicio de marketing, ubicado en la cima del edificio de la calle Rouget-de-Lisle, debajo de las oficinas de la dirección (y encima de las redacciones), la responsabilidad de "ser el nexo entre los lectores y los anunciantes". Es decir, dictar sus deberes a los jefes de redacción, luego a los jefes de redacción adjuntos, "que en absoluto deben contradecirlos y hacen las veces de colchón con los periodistas", según un sindicalista.

El giro se habría producido en 1995. Según Jean-Yves Viollier, ex jefe de redacción técnica, que hoy trabaja en el semanario satírico Le Canard enchaîné, "a partir de esa época, se trató de dar buenas noticias, sobre todo de no arruinar el placer del lector, e incluso de halagar sus instintos. Bajo la dirección de Francis Gabet, el patrón del marketing, los jefes de redacción asistieron a proyecciones, estadísticas, paneles de lectores, a partir de los cuales recibieron una hoja de ruta extremadamente precisa indicándoles lo que había que decir, cómo había que decirlo y por qué había que decirlo".

Presidente de Manchette Sport, la dirección de publicidad de la sociedad, Louis Gillet confirmó en 2004 esta situación: "Retomamos el tono positivo en vez del tono crítico sistemático. Esto nos permitió reconciliarnos con el sector del deporte, con el que estábamos enojados" 4. Y señaló que la Federación Francesa de Fútbol y el Movimiento Olímpico, por ejemplo, reconocen que L'Équipe cambió "en el buen sentido".

Con el escaso margen de que disponen para establecer ciertos hechos, los periodistas del grupo L'Équipe se ven llevados a aprobar, por ende a glorificar, las victorias, los títulos, los récords. Hace unos años, mucho después del escándalo Valenciennes-Olympique de Marsella (VA-OM) de 1993 5, un club considerado ejemplar ganó con gran esfuerzo el Campeonato de Fútbol de Francia, sin que nadie, ni siquiera los aficionados, se dejara engañar por los medios extradeportivos (financieros) utilizados por los dirigentes. El final del partido decisivo había generado malestar. Algunos jugadores habían hablado, off the record, desde luego. Los días siguientes, las redacciones de L'Équipe y del bisemanario France Football (que forma parte del grupo) se limitaron a hacer apología del buen juego, la seriedad y la ejemplaridad del vencedor.

Es que también allí existía jurisprudencia; en France Football justamente. Antes incluso del escándalo VA-OM, el diario, por entonces semanal, no dejó de preguntarse irónicamente sobre los milagros que permitían al Olympique de Marsella ganar todos los títulos. En junio de 1993, en pleno escándalo, hacía cada semana su "tapa" con lo que iba a convertirse en el folletín del verano, revelando de paso nuevos elementos de comprensión.

Aunque las ventas estuvieran en alza, esta política editorial polemista le costó dos años más tarde su puesto al director de redacción Jacques Thibert, cuya partida generó la de la mayoría de los periodistas, que hoy califican este período agitado de "gran época".

En definitiva, nadie tiene interés en que este tipo de casos detenga la máquina de sueños en la que se convirtió el deporte de alto nivel, con su calendario cada vez más nutrido y agobiante. Las redacciones del grupo L'Équipe, contenidas por la ciencia exacta del marketing, simplemente carecen ya de vocación para poner la pluma en la llaga; se limitan a repetir y desarrollar lo que ya todos saben, o a dejar de lado lo que nadie debe saber. Los esfuerzos más consecuentes en materia de investigación recaen en definitiva en las transferencias de jugadores o los psicodramas internos en los clubes. 

Más rápido, más alto, más fuerte 

Ex jefe de la sección fútbol (luego director del Centro de Formación de Periodistas, en 2004, y director de noticias del canal de televisión M6 desde julio de 2007), Fabrice Jouhaud abandonó el grupo por sus discrepancias con la línea editorial: "Tenía simplemente ganas de hacer periodismo... L'Équipe no supo tomar distancia de la familia del deporte. Su papel debería ser relatar los hechos y no acompañarlos como lo hace, con cierta falta de objetividad. Los periodistas deportivos son hinchas mejorados; en cuanto a la prensa deportiva, y a través de ella L'Équipe, es para mí el ejemplo más contundente de la mercantilización de la información".

Esta mercantilización consiste en ofrecer un público a los anunciantes, por ende en fidelizar a ese público. Primer principio de la fidelización: satisfacer las pulsiones, por supuesto. Alabar a los campeones que ganan e ignorar, burlarse, e incluso atacar a los campeones... que pierden, es decir, a todos esos deportistas de alto nivel que lograron la rara hazaña de convertir su pasión en una profesión: esos entrenadores que toman malas decisiones tácticas, esos futbolistas que pierden un partido, esos tenistas que dudan, esos atletas que se lesionan, esos árbitros que se olvidan de marcar un penal...

No hay lugar para la triste derrota, ya que vende menos que la victoria afortunada. Al día siguiente del famoso partido Paris Saint Germain-Hapoel Tel-Aviv (2-4), el 23 de noviembre de 2006, L'Équipe tituló en su tapa y con grandes letras negras: "París, la vergüenza". No a raíz de la muerte de un hincha judío, a unos cientos de metros, e incluso ignorada al momento del cierre, sino simplemente porque un club de fútbol local había perdido un partido... que el club contrario había ganado. Al otro día, el jefe de redacción corrigió la puntería disparando un editorial moralizador e infantil, muy frecuentes cuando se trata de violencia o doping.

Esta obsesión por el rendimiento, esta presión constante, esta sumisión a un ritmo infernal, sólo pueden llevar al gran deportista a tratar de superarse por todos los medios, cuando el cuerpo y el corazón ya no dan más. Rehén de su propio talento, adulado o criticado más allá de lo razonable, está y estará cada vez más obligado a ganar -aunque tenga que doparse- más aun cuando las manipulaciones genéticas de mañana, totalmente indetectables y mucho más eficaces que los actuales remiendos, lo transformen en un "superman" cada vez menos... humano. La lucha contra el doping con la ayuda de tubos de ensayo es evidentemente un combate perdido de antemano.

Según la filósofa del deporte Isabelle Queval 6, la cuestión es bioética. "Recae en la especie humana, arrastrada en su carrera por el rendimiento. Deberían poder preverse y proponer límites o barreras. Que se deje de decir que hay buenos y malos y se pregunten finalmente sobre lo que el doping significa desde el punto de vista de la evolución humana."

El ex director de France Football, Jacques Thibert coincide: "El error es considerar ‘sucios' a los deportistas que se dopan; apuntar hacia ellos cuando el origen del problema es mucho más profundo. L'Équipe tiene todo el poder, especialmente el de promover verdaderos valores éticos, humanos, y una verdadera armonía entre el deporte y la sociedad. Pero, por el momento, está guiado por intereses comerciales".

Este diario, creado en 1946 tras la desaparición de su antecesor L'Auto, y que es más leído por los empresarios que Le Monde, es actualmente al deporte lo que la Bolsa a la economía. Se convirtió claramente en el primer depositario del mero resultado, la autosuperación, la eliminación del otro, el orden fálico; en suma, en un instrumento para el gran público de medición del progreso científico. Promueve y desnaturaliza el deporte como inútil espejo de un mundo originalmente desequilibrado que apunta, in fine, a negar la impotencia relativa del hombre 7.

Compañía diaria de los deportistas de todos los niveles, no inyecta el veneno, pero sostiene la jeringa (como el conjunto de medios de comunicación masiva), tratando vulgarmente al deporte como un asunto de ganadores y perdedores, una competencia perpetua, una guerra ritualizada, un rechazo visceral de la noción de límite, un exutorio de pulsiones y frustraciones de sus lectores. Compuesto en un 85% por hombres de todas las edades y condiciones 8, unidos por un denominador común: la búsqueda más o menos consciente de afirmación masculina a través de la proyección idealizada de un deportista o un equipo 9.

¡Más rápido, más alto, más fuerte! Un periodista de France Football confirma con una gran sonrisa la mención de prácticas de doping en el equipo de fútbol más célebre de Francia: "Todo el mundo sabe lo que pasa, pero nadie lo reconoce ni puede hablar de eso. Pienso que, de hecho, hoy forma parte del decorado. Después de todo, es lo que el público pide: ¡rendimientos, siempre mejores rendimientos!" 

La cultura del resultado 

Lo más preocupante es la creciente brecha entre el mundo profesional y el aficionado, cuya importancia social, económica y cultural es mucho más grande que los millones que pierden y ganan aquí y allá los grandes inversores 10.

El deporte es sin embargo mucho más que eso para los cientos de millones de practicantes en todo el mundo: un lenguaje universal que combina sutilmente cuerpo y mente, que sublima la sociedad, que trasciende las fronteras, las clases, las diferencias.

Preso de la cultura del resultado actualmente muy arraigada, L'Équipe atraviesa una doble crisis de identidad: la de un diario deportivo que asiste, de manera impotente o inconsciente, al desmoronamiento de los valores que lo fundan; la de una empresa de prensa que renunció a los principios fundamentales del periodismo deportivo, tal como fueron expresados por la Unión Sindical de Periodistas Deportivos Franceses ("Escribir, decir, fotografiar, filmar, gritar si es necesario la realidad, cualesquiera sean sus riesgos") y la Asociación Internacional de Prensa Deportiva ("Los periodistas deben en todo momento defender su derecho a la información, salvaguardar su libertad de expresión y de juicio, y resistir a las presiones de cualquier poder, sea éste político, económico o deportivo" 11).

"L'Équipe deberá tarde o temprano reaccionar para influir positivamente en el gran cuerpo enfermo en el que se convirtió el deporte de alto nivel", estima Ballester. "Claramente, deberá reinventarse, hacer su coming out (salir del placard)". Según Marc Panighi, de L'Équipe Magazine, "pusimos en marcha el engranaje. A fuerza de positivizar la evolución del deporte y los deportistas, abandonamos una necesaria relación de fuerzas. El concepto de realidad periodística fue desplazado, ya que actualmente se trata de ir con la corriente, y sobre todo de no contradecirla. Estamos ahora tan acostumbrados a esta situación que ya ni siquiera pensamos. Nos estamos convirtiendo en técnicos de la información, e incluso en agregados de prensa".

Claro ejemplo: los muy estrechos lazos que unen a la SNC L'Équipe con Amaury Sport Organisation (ASO), propietaria de grandes competencias deportivas, entre ellas el Tour de Francia -marcas, superhombres y ciclismo- y el mortífero París-Dakar, responsable desde 1979 de unas cincuenta muertes, entre ellas la de nueve niños atropellados (africanos, por supuesto, de cinco años de edad los más jóvenes, la mayoría estos últimos años) 12. Mascarada o tragedia, poco importa, L'Équipe sigue, año tras año, cerrando los ojos para servir mejor a ASO, cuya sede se encuentra además en las mismas oficinas, porque no es más que una filial de la casa matriz Amaury.

En la cima del inmueble de la calle Rouget-de-Lisle, no es momento para estas inútiles consideraciones éticas, sino más bien para diversas alianzas lucrativas. Mal recibida por un sector de los periodistas, la serie especial "Mégane L'Équipe 2007" lanzada por Renault a comienzos de año permite a los compradores encontrar en el asiento de su nuevo automóvil rojo (color del logo de L'Équipe), el libro conmemorativo de los sesenta años del diario y una suscripción de tres meses. Mucho más que un golpe publicitario, esta operación apunta a unir a la automotriz con Manchette Publicité, la dirección de publicidad del grupo Amaury, con vistas a desarrollar sistemas de información a bordo que permitan supuestamente la recepción de news deportivas marca L'Équipe. Cabe señalar que, proveniente del sector publicitario al igual que su predecesor Paul Roussel, Christophe Chenut, presidente-director general desde 2003, mostró sus cartas desde que llegó, queriendo "convertir a L'Équipe en la Agencia France Presse (AFP) del deporte".

El movimiento está en marcha, y nada debe obstaculizar la expansión mundial de lo que el servicio de marketing presenta actualmente como "la marca de prensa más poderosa". L'Équipe provee hoy de contenidos a varios medios de comunicación asiáticos y posee una oficina en Pekín desde hace dieciocho meses. Incluso acaba de designarse a un "director de desarrollo mundial". "En diez años, L'Équipe estará en peligro si no supo salir del marco franco-francés. Las estrellas tienden cada vez más a comunicar a nivel internacional. Si queremos seguir teniendo acceso a los campeones, nuestro desarrollo mundial es imperativo. No obstante, queremos conservar nuestra independencia, y descartamos cualquier idea de exclusividad con ellos", explica Christophe Chenut.

"El campeón, elemento fabuloso en el paisaje moderno, es un héroe que no logra convertirse en personaje", escribió en 1968 la gran pluma del diario, Antoine Blondin. El gran desafío de L'Équipe, un poco menos viril pero un poco más sensato que la conquista del mundo, será precisamente ayudarlo, más allá del elogio y la crítica, a que "sólo" se lo perciba como un ser humano, a la vez prisionero y libre de sus propios límites. El futuro del deporte tiene este precio. La identidad periodística de L'Équipe también.

  1. Pierre Ballester es autor, junto con David Walsh, de L.A. confidentiel, les secrets de Lance Armstrong, La Martinière, París, 2006.
  2. El "caso Festina" marcó al Tour de Francia 1998 revelando prácticas generalizadas de doping dentro del equipo.
  3. Tras haber expresado públicamente sus dudas sobre el rendimiento de Lance Armstrong en el Tour de Francia 1999, Basson, ciclista del equipo Française des Jeux, se convirtió en el "perro sarnoso" del pelotón.
  4. Marc Baudriller y Amaury de Rochegonde, "L'Équipe voit la vie en rose", Stratégies, París, 20-5-04.
  5. El club marsellés, dirigido entonces por Bernard Tapie, había sido juzgado culpable de intento de soborno de tres jugadores del club Valenciennes.
  6. Citada en Ouest-France, 17-5-04, y autora de S'accomplir ou se dépasser. Essai sur le sport contemporain, Gallimard, París, 2004.
  7. "Journalisme sportif: le défi éthique", Les cahiers du journalisme (ESJ), Lille, diciembre de 2002.
  8. Véanse aquí las cifras puestas a disposición de los anunciantes.
  9. Sobre el deporte femenino, véase Catherine Louveau, "Mujeres y deporte. Cuerpos socialmente deseables", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, octubre de 2000.
  10. Philippe Tétart, Histoire du sport en France, de la Libération à nos jours, Vuibert, París, febrero de 2007.
  11. Cita de Jacques Marchand, historiador deportivo, en ocasión del Congreso de la AIPS de Chicago, en 1994.
  12. ASO organiza, entre otros, además del Tour de Francia y el París-Dakar, París-Roubaix y París-Niza en ciclismo, el Open Gaz de Francia en golf, y el Maratón de París.

Un grupo de prensa floreciente

Harscoët, Johann

Con un promedio de 2,96 millones de lectores por día, para una difusión total paga de 350.528 ejemplares (OJD, cifras 2006 1), L’Équipe es el único diario deportivo en el mundo que supera al conjunto de la prensa generalista de su país en materia de audiencia. Su influencia en la historia del deporte de alto nivel fue muy grande: creó el Tour de Francia en 1903 (a través de su antecesor, L’Auto, y del entonces director Henri Desgrange) y también, entre otras, las Copas de Europa de fútbol de clubes. Por otra parte, el trofeo más preciado por todos los futbolistas, el Balón de Oro, es otorgado por France Football, que compartió su redacción con la de L’Équipe hasta fines de los años ‘80. L’Équipe sucedió a L’Auto en 1946, bajo el impulso de Jacques Goddet, y depende del Grupo Amaury desde 1968. Algunas grandes plumas escribieron allí, entre ellas Antoine Blondin, Pierre Chany, Gabriel Hanot y Denis Lalanne.
Además del diario, la SNC L’Équipe edita L’Équipe Magazine, France Football, Rugby Hebdo, Vélo Magazine, L’Équipe Féminine, Sport & Style, Le Journal du Golf. Sin olvidar el sitio de internet L’Équipe.fr y el canal de televisión L’Équipe TV. El volumen de negocios se mantiene en secreto, pero ronda los 250 millones de euros, es decir, el 40% del total del grupo Amaury, que incluye entre otros Amaury Sports Organisation (AMO), Le Parisien-Aujourd'hui, Futuroscope de Poitiers. La SNC L’Équipe es una de las pocas empresas de prensa francesa que genera ganancias.

  1. OJD –Asociación para el control de la difusión de medios– certifica en Francia la difusión y distribución de los medios de prensa.


Autor/es Johann Harscoët
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 99 - Septiembre 2007
Páginas:32,33,34
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Política, Deportes