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Recuadros:

Los sin techo se asientan en las puertas de San Pablo

Menos conocido que los Sin Tierra, el Movimiento de los Trabajadores Sin Techo nació de su seno para articular las luchas campesinas y urbanas y enfrentar un dato contundente: el 85% de la población brasileña reside en zonas urbanas donde se agrava la crisis habitacional y consecuentemente aumentan las favelas. Ante la ausencia de reformas serias los Sin Techo ocupan terrenos en busca de viviendas dignas.

Itapecerica da Serra, en las afueras de San Pablo. Desde el Morro do Osso ("morro del hueso"), la vista abarca las filas de barracas construidas con una tela de plástico negro tendida sobre estacas de madera o de caña. En algunos lugares, una columna de humo blanco señala los fuegos sobre los cuales se calienta el café matinal. Allí, unas tres mil familias llegadas de las favelas de la megalópolis ocupan un terreno privado sobre el cual flamea la bandera del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST). Ruido de martillos, sierras, picos... En esta nueva ciudad sui generis siempre hay un pozo o una letrina para cavar, un techo para reparar, un tabique para apuntalar.

El MTST nació en 1997 por iniciativa del Movimiento de los Sin Tierra. "Su creación partía de un dato -el 85% de la población brasileña reside en zonas urbanas- y representaba un intento de articular las luchas por la tierra y las luchas de las poblaciones urbanas", recuerda Gilmar Mauro, miembro de la dirección nacional del MST. La primera operación de envergadura del MTST tuvo lugar en Campinas, una ciudad cercana a San Pablo, cuando cinco mil familias ocuparon un terreno baldío que bautizaron Parque Oziel, en homenaje a una de las víctimas de la masacre de Eldorado dos Carajás 1. Diez años después, el Parque Oziel se convirtió en un barrio con todas las de la ley, dotado de la infraestructura adecuada, y cuyos habitantes están animados por un fuerte sentimiento comunitario.

Operaciones de ocupación

Durante los años que siguieron a su creación, el MTST extendió sus actividades a las afueras de San Pablo, a los estados del Nordeste y a Río de Janeiro, donde una serie de ocupaciones desembocó en la construcción de las diez mil viviendas de Nueva Septiva. "Sin embargo -reconoce Rosildo Santos, militante de la primera hora en el MTST-, no teníamos ninguna experiencia en el ámbito urbano; nos limitábamos a reproducir la estrategia que habíamos empleado en las luchas por la tierra." Pero las favelas son un ámbito complejo, cuya identidad es más difícil de aprehender que la de una comunidad campesina. El MTST debió enfrentar la hostilidad de las organizaciones criminales, las sectas evangelistas y los políticos locales, que temían perder el control sobre su clientela tradicional.

A nivel nacional, las diferentes secciones del movimiento evolucionaron independientemente una de otra; algunas cambiaron de nombre, y el MST y el MTST se convirtieron en organizaciones autónomas. Sin embargo, a principios de la década de 2000 dos ocupaciones victoriosas llevadas a cabo en los suburbios populares de Guarulho y Osasco permitieron recuperar aliento en el gran San Pablo. En julio de 2003, el MTST organizó una nueva ocupación en San Bernardo do Campo, otro suburbio de la megalópolis. Esta vez el terreno pertenecía a la firma automotriz alemana Volkswagen, y la reacción de las autoridades no se hizo esperar: respaldadas por helicópteros y tiradores de elite apostados en los edificios de los alrededores, las tropas de choque de la policía ocuparon el campamento, dejando numerosos heridos y procediendo al arresto de varias decenas de militantes. La brutalidad de la represión despertó cierta indignación en Alemania, y se organizó una manifestación ante la sede de la firma que contribuyó a difundir internacionalmente el movimiento de los sin techo brasileños.

Gobernador del Estado de San Pablo, Geraldo Alckmin 2 advirtió que todo nuevo intento de invasión dirigido por el MTST sería reprimido. En 2005, sin embargo, el movimiento logró asentarse en un terreno ubicado en el territorio de la comuna de Taboão da Serra. Tras ocho meses de lucha, los ocupantes del campamento Chico Mendes obtuvieron de las autoridades la promesa de construir ocho centros habitacionales.

Durante la noche del 16 al 17 de marzo de 2007, finalmente, los sin techo del MTST plantaron los cimientos del asentamiento João Cândido 3. "Era la una de la mañana cuando llegamos a Itapecerica da Serra -cuenta Silvana de Jesus Oliveira, que formaba parte de la primera ola de ocupación-. En el ómnibus, salvo algunos dirigentes del MTST, nadie sabía adónde íbamos porque, para evitar las filtraciones, el lugar de la invasión se había mantenido en secreto." Sin embargo, la operación ya llevaba muchos meses de preparación. "Una vez durante un encuentro con los habitantes de una favela que se oponían al cierre de su escuela, nos señalaron la existencia de este terreno baldío -explica Guilherme Boutos, miembro del comité directivo del MTST-. Se lo conoce con el nombre de Fazendinha (pequeña hacienda); lo usan los ladrones de autos para desarmar su botín y las pandillas para abandonar allí los cadáveres de sus víctimas."

Ubicado en el límite entre San Pablo e Itapecerica da Serra, en una zona que sufre un importante déficit habitacional, el lote fue comprado en 1991, en condiciones bastante oscuras, por el Banco del Nordeste 4 y luego cedido a la sociedad Itapecerica Golf e Urbanização Ltda. Desde hace años, es objeto de un vago proyecto, jamás concretado, de construcción de un club de golf. "En realidad -afirma Boutos-, se trata de un terreno baldío, dedicado a la especulación inmobiliaria. Vendido por 1,9 millones de reales (cerca de 700.000 euros) a principios de los años '90, hoy se calcula que vale 40 millones de reales (cerca de 16 millones de euros)."

Una vez fijado el lugar de la ocupación, el MTST activó sus redes en las favelas. Tomó contacto con las familias ya movilizadas y estableció una lista inicial de candidatos a la ocupación. El día D, unas trescientas personas, equipadas con lámparas a gas, machetes, picos, martillos, alambre, estacas de caña y rollos de tela plástica ocuparon la Fazendinha. La mañana del 17 de marzo, ya estaban en pie las primeras barracas del asentamiento João Cândido. Muy rápido, la noticia de la ocupación se propagó y acudieron cientos de habitantes de los barrios populares de San Pablo. Al cabo de una semana, el asentamiento había adquirido las dimensiones de una ciudad pequeña y el Jornal da Tarde titulaba: "Itapecerica da Serra, capital de los sin techo".

Situación catastrófica

"El eco que encuentra este tipo de ocupación revela la amplitud de la crisis habitacional en la región metropolitana", estima Patricia Cardoso, abogada y miembro del Instituto Polis 5. Según este instituto, a principios de la década de 2000 los habitantes de las villas de emergencia representaban el 11,1% de la población de San Pablo; este porcentaje era de apenas 7,4% en 1980. "La mayoría de las favelas son el fruto de invasiones salvajes -explica Cardoso-. Muchas están ubicadas en zonas de riesgo, donde la violencia es endémica y la infraestructura básica es notoriamente insuficiente en materia de recolección de residuos, iluminación, flujo de aguas servidas, educación y salud."

Además de las villas de emergencia propiamente dichas, el Instituto Polis apunta también a los lotes irregulares y los inmuebles superpoblados donde varias familias comparten un mismo departamento por el cual los propietarios usureros les exigen alquileres exorbitantes. "En la región metropolitana de San Pablo -continúa Cardoso-, más de dos millones de personas se encuentran en una situación habitacional precaria, y faltan 600.000 viviendas. Al mismo tiempo, el IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas) calcula que hay 254.000 departamentos vacíos sólo en la ciudad de San Pablo y 540.000 en toda la aglomeración. Habría, pues, suficientes viviendas libres para arreglar en gran medida el problema de las personas mal alojadas."

Lejos de ir en esa dirección, las políticas públicas de reacondicionamiento -"revalorización"- del centro de la ciudad favorecen en particular la especulación y hacen subir los precios del sector inmobiliario, mientras los sucesivos gobiernos golpean duramente a las clases menos favorecidas con los repetidos ataques contra el derecho laboral que provocan una degradación general de las condiciones de empleo.

A principios de la década de 2000, según el IBGE, cerca de 54 millones de personas -el 53,5% de la población económicamente activa de Brasil- trabajaban en negro, y el 70% de los trabajadores urbanos tenían empleos precarios. Junto con los cartoneros, los vendedores ambulantes y las mucamas, tradicionales "changas" del sector informal, los empleados de empresas de telemárketing, las cajeras de grandes supermercados y el personal de mantenimiento y seguridad constituyen hoy en día un nuevo ejército de trabajadores precarios. Excluidos del mercado inmobiliario, los hogares de ingresos medios o bajos migran hacia la periferia de las grandes ciudades. Es así como, durante la última década, la población de las villas de emergencia de San Pablo creció a un ritmo cinco veces mayor que la del conjunto de la aglomeración, agravando una situación que ya era catastrófica y cargada de potenciales conflictos.

"Me enteré de la invasión de João Cândido por vecinos", cuenta Rosi Mari dos Angeles. A los veinticuatro años, madre de familia desempleada después de haber ejercido varios oficios -telefonista, vendedora, mucama-, Rosi Mari vivía en el Morro do Jardim Guarujá, una favela de San Pablo. "¡No tenía mucho que perder!" Dejó sus muebles en lo de una amiga y se unió al MTST. "Nunca me interesó la política -dice-, y es la primera vez que participo de una ocupación."

En Itapecerica da Serra, apenas instalado el campamento, los dirigentes del MTST entablaron negociaciones en todos los niveles: con la prefectura local, el Estado de San Pablo, el Estado federal y los representantes de Itapecerica Golf Urbanização Ltda. Arguyendo que el terreno en litigio no cumplía ninguna función social, el MTST reclamaba su expropiación y la construcción de viviendas para las familias que lo ocupaban. A fines de marzo, cinco mil sin techo marcharon hasta el Palacio do Bandeirante, la sede del gobierno del Estado de San Pablo. Mensajes y visitas de apoyo llegaron a João Cândido: diputados de la izquierda radical, sindicalistas, representantes de la pastoral social, del MST, de organizaciones de luchas por el derecho a la vivienda... La prensa, por su parte, cubrió el acontecimiento más ampliamente de lo que acostumbra.

Luego de tres semanas de ocupación, el MTST seguía juzgando insuficientes las propuestas formuladas por las autoridades, pero un acuerdo firmado con el propietario del terreno alejó provisoriamente la amenaza de expulsión. A cambio de esta apertura, los sin techo se comprometían a rechazar la instalación de nuevas familias en el terreno en litigio. Para los habitantes de João Cândido, empezaba una nueva fase de consolidación del asentamiento.

Repartidos en 36 grupos de entre 100 y 180 familias, los ocupantes designan coordinadores y responsables de la disciplina, de la infraestructura, de la salud. Las cocinas colectivas se aprovisionan de la ayuda alimentaria que mandan las organizaciones amigas y, sobre todo, de la participación voluntaria de los sin techo. Algunos artistas ofrecen obras y conciertos solidarios. Algunos estudiantes coordinan talleres de teatro y veladas culturales.

Escuela de democracia

Todas las tardes tienen lugar cursos de formación política. En las reuniones cotidianas, celebradas en el seno de cada grupo y a nivel de los responsables de los sectores, los ocupantes reciben información sobre los últimos acontecimientos, debaten sobre la organización del asentamiento, deciden las acciones que se tomarán para popularizar su lucha y ejercer presión sobre las autoridades. Como Rosi Mari dos Angeles, elegida coordinadora del grupo quince, las mujeres están muy presentes en el movimiento y asumen responsabilidades en todos los niveles. "Hacer coexistir tanta gente no es cosa fácil, sobre todo en estas condiciones: poca agua corriente, sin electricidad, una promiscuidad constante... Al mismo tiempo, hay cierto entusiasmo... En la favela, cada cual trata de sobrevivir como puede, es un sálvese quien pueda... Acá es otra cosa: la solidaridad es la regla número uno."

Este vuelco en los valores, la consciencia de haberse sacudido el manto de resignación que pesaba sobre sus hombros, una dignidad reencontrada y el orgullo de haberse convertido en actores de una empresa colectiva son sentimientos que muestran de manera recurrente los habitantes de João Cândido.

Helena Silvestre, miembro de la dirección del MTST, va más allá: "Un asentamiento de sin techos es una escuela de democracia participativa donde se forman futuros dirigentes comunitarios. A partir de una preocupación concreta -la vivienda-, queremos contribuir a echar las bases de un verdadero poder popular". Celosamente aferrado a su independencia respecto de los partidos políticos, el MTST no se permite dar consignas de voto y se niega a integrar alguna de las coordinaciones de movimientos populares existentes. "Lo cual no nos impide -precisa Silvestre- mantener relaciones cordiales con ellas y con el conjunto de las fuerzas de izquierda."

Es así como, a lo largo del mes de abril, los sin techo participaron de manifestaciones organizadas por los sindicatos de docentes o por los sin tierra y, el 1 de mayo, desfilaron en el cortejo de la izquierda radical. "Pensamos que es posible unificar en torno a objetivos comunes luchas que hoy en día se pelean aisladamente en muchas comunidades 6. Y a través de estas luchas nuestro movimiento se refuerza e integra a nuevos militantes. Mientras tanto -sonríe Silvestre-, ni siquiera tenemos una sede propia, ni medios para pagar sueldos fijos."

A pesar del dinamismo innegable y de la notable organización de sus asentamientos, el MTST sigue siendo en efecto un movimiento muy informal. Alrededor de una dirección colectiva de incontestable legitimidad, pero que no fue electa, gravita un núcleo militante compuesto por elementos heteróclitos: desertores del MST, líderes comunitarios, familias que se unieron al MTST en ocupaciones anteriores, sindicalistas, estudiantes salidos de los círculos marxistas radicales o del movimiento altermundialista, etcétera. "Pero nuestra fuerza -insiste Silvestre- reside en la capacidad de movilización del pueblo de las favelas." Y señalando un grupo de barracas construidas en la ladera del morro sobre el que flamea una bandera con la estampa de un hueso, agrega: "El Morro do Osso... Los compañeros del grupo ocho eligieron ese nombre porque para las autoridades, dicen, los sin techo serán un hueso duro de roer".

Por cierto, el 18 de mayo los sin techo de João Cândido finalmente fueron obligados a abandonar el terreno ocupado. Sin embargo, obtuvieron del gobierno federal y del Estado de San Pablo el compromiso escrito de construir viviendas para todos los ocupantes. A estos efectos, la prefectura de Itapecerica da Serra propuso un terreno sobre el cual 350 familias que no tienen otra solución de alojamiento levantaron un nuevo asentamiento.

  1. En abril de 1996, en Eldorado dos Carajás (Estado de Pará), la policía, respaldada por paramilitares, abrió el fuego sobre un asentamiento de sin tierra, matando a diecinueve personas.
  2. Miembro del Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), Alckmin fue el candidato de la derecha en las elecciones presidenciales de 2006.
  3. A fines del siglo XIX, el "negro" João Cândido se puso a la cabeza de un movimiento rebelde de los marineros brasileños contra el uso del látigo. Los rebeldes ganaron la causa pero Cândido fue asesinado.
  4. Algunos años después, el Banco del Nordeste fue procesado en el caso de fraude fiscal y lavado de dinero más importante de la historia de Brasil. Luego lo compraría el grupo español Banco de Santander.
  5. www.polis.org.br
  6. Considerando que el concepto de sin techo no da cuenta de la globalidad de su actividad, el MTST fundó, en 2005, la asociación Periferia Activa. Ésta prepara una campaña que apunta a reivindicar la concesión de una "tarifa social de electricidad" para las familias de bajos ingresos. Ver también el sitio del MTST.

Una reforma urbana necesaria y siempre aplazada…

Revelli, Philippe

Mientras que en 1940 el 31,2% de la población brasileña vivía en zonas urbanas, a principios de la década de 2000 este porcentaje supera el 80%. Enfrentado a este fenómeno de éxodo rural, en 1963 el Congreso de arquitectos de Brasil evoca la necesidad de una reforma urbana, y en 1978 el documento “Acción pastoral y territorio urbano”, publicado por la Iglesia Católica, propone la idea de una “función social de la propiedad urbana”.
Sin embargo, será recién en 1985, tras la caída de la dictadura, cuando este punto vuelva a ser de actualidad. En los años que siguen, el Movimiento Nacional por la Lucha Urbana (MNLU), una amplia coalición de sindicatos, organismos profesionales, representantes de diversas Iglesias y movimientos populares, lanza la consigna de “derecho a la ciudad para todos” y participa activamente en la elaboración de la nueva Constitución de 1988. Ésta reconoce en particular el derecho a una vivienda adecuada y autoriza la expropiación de terrenos e inmuebles que no cumplan una función social.
A menudo lideradas por militantes de las comunidades eclesiales de base y/o del Partido de los Trabajadores (PT), algunas organizaciones como el Movimiento Nacional de Lucha por la Vivienda (MNLM), la Unión Nacional de los Movimientos por la Vivienda (UNMM), la Confederación Nacional de Asociaciones de Habitantes (CONAM), la Central de Movimientos Populares (CMP), el Frente de Lucha por la Vivienda (FLM) o el MTST se apropian de esta herramienta legal.
A medida que la crisis de la vivienda en las grandes ciudades brasileñas se va profundizando, estos movimientos organizan ocupaciones de edificios o de terrenos baldíos.
En 2002, la llegada de Luiz Inácio “Lula” da Silva al poder viene acompañada, según el Instituto Polis, por cierta democratización en la gestión de las políticas urbanas. Pero la crisis de la vivienda continúa agravándose.
En junio de 2004, una misión conjunta de Naciones Unidas y la Misión Nacional de Observación del Derecho a la Vivienda 1 recorre Brasil, registrando denuncias contra la brutalidad policial en las expulsiones de inmuebles o de terrenos ocupados. En su informe concluye: “Los poderes públicos no tratan la vivienda como un derecho fundamental sino como una mercancía”.

  1. Relatoria Nacional para o Direito Humano à Moradia Adequada.


Autor/es Philippe Revelli
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 100 - Octubre 2007
Páginas:14,15
Traducción Mariana Saúl
Temas Estado (Política), Movimientos Sociales, Sociedad
Países Brasil