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Sarkozy

Al regresar de sus vacaciones en Estados Unidos, donde visitó a George W. Bush, el presidente francés Nicolas Sarkozy lanzó su programa de “ruptura”, que pretende realizar profundas reformas sociales (jubilaciones, horas de trabajo, sistema impositivo, seguro médico). Por otro lado, las declaraciones de su canciller sobre una posible guerra con Irán, así como las de su ministro de Defensa sobre un pleno regreso a la OTAN, señalan un giro copernicano en la política exterior francesa. La glorificación del Presidente por los grandes medios de comunicación le aseguran un fuerte apoyo, pero la puesta en marcha de sus iniciativas puede generar los primeros conflictos.

Fascinados por su inspiración y su brío, como niños antaño encantados por el flautista de Hamelín, varias personalidades de todo el espectro habían sucumbido a la magia de Nicolas Sarkozy. Aun más cuando los grandes medios de comunicación, dedicados a una operación de intoxicación masiva, no dejaron de glorificarlo. Se produjo así en Francia una suerte de hipnosis colectiva ante un Presidente poseído por una hiperactividad desconcertante y una efervescencia de iniciativas a menudo borrosas.

Los ojos comienzan a abrirse en momentos en que se devela la verdadera naturaleza del prestidigitador, liberal y brutal. Era claro desde los primeros anuncios económicos y sociales (régimen tributario para las altas rentas, escudo fiscal, derechos de sucesión, franquicias médicas, horas extras), fieles a la esencia misma del neoliberalismo. Y se hizo aun más evidente a partir de las alocuciones de Sarkozy durante los encuentros de verano del Movimiento de las Empresas de Francia (Medef), el 5 de septiembre, y en ocasión del 40 aniversario de la Asociación de los Periodistas de la Información Social (AJIS, en francés), el 18 de septiembre 1

Ataque frontal

 "La prioridad -juzgó Sarkozy- es tratar la cuestión de los regímenes especiales de jubilación" que hay que "reformar sin demoras" porque "las diferencias en situaciones que justificaban tal o tal ventaja particular creada antes de la Segunda, o incluso de la Primera Guerra Mundial, han desaparecido ampliamente". La reforma se propone alcanzar una nueva prolongación del período de cotización de los asalariados a 41 contribuciones anuales, contra 40 en la actualidad.

También anunció la apertura de un "gran debate sobre el financiamiento de la salud" pues, según él, "el seguro médico no tiene vocación de hacerse cargo de todo". Una parte debería "depender de la responsabilidad individual por medio de una cobertura complementaria". En otros términos, un seguro privado individual a cargo del paciente, como en Estados Unidos, donde cerca de 50 años millones de personas están desprovistas de cobertura médica 2.

El Presidente reafirmó su determinación de "ir más lejos" en la demolición "ineludible" de la reglamentación sobre la duración semanal del trabajo, fijada en 35 horas. Agregó que deseaba la supresión del sistema de las pre-jubilaciones. Y que tenía la intención de definir "procedimientos y sanciones, a la vez más eficaces, más firmes" contra los desempleados que rechacen dos ofertas de empleo.

Un ataque tan frontal contra las conquistas sociales es por así decir inédito, y las fuerzas de izquierda no se equivocan cuando denuncian "la más amplia ofensiva anti-social de los últimos cincuenta años" 3.

Definida el 27 de agosto ante la Conferencia de los embajadores de Francia, la nueva línea en materia de política exterior tiene con qué aterrar. En lo que concierne a Medio Oriente, constituye una revolución copernicana respecto de la posición internacional de París, tal como la había establecido el General De Gaulle desde 1958, cuando se fundó la V República.

Al confirmar su alineamiento con el presidente George W. Bush y con las tesis más duras de los neoconservadores, Sarkozy adopta por su cuenta la idea de que el "primer desafío, sin duda uno de los más importantes" al que debe hacer frente Francia es "una confrontación entre el islam y Occidente". Independientemente de lo absurdo que resulta plantear el problema en estos términos, ni una palabra sobre los errores de Washington, o sobre el efecto de deterioro provocado por la ausencia de solución en el conflicto palestino-israelí.

En cuanto a Irán, sus posiciones están tan calcadas sobre las del Departamento de Estado que el ministro de Relaciones Exteriores Bernard Kouchner pudo declarar: la guerra contra Teherán es un opción factible. Es para prepararse para ello que el ministro de Defensa Hervé Morin dejó entender que Francia podría recuperar con plenitud su lugar en el seno de la estructura militar integrada de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Táctico talentoso y maestro maniobrero, Sarkozy demostró estas últimas semanas, al aventurarse en el campo social y en el de la política exterior, que no tiene nada de estratega. No sabe ver lejos.

  1. Texto integral de ambos discursos en el sitio oficial de la Presidencia de la República Francesa.
  2. Veáse, al respecto, el documental de Michael Moore, Sicko.
  3. Associated Press, 18-9-07.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 100 - Octubre 2007
Páginas:40
Traducción Pablo Stancanelli
Temas Ciencias Políticas, Militares, Medios de comunicación
Países Francia, Irán