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La revancha de Flandes

En cincuenta años, la región belga de Flandes logró revertir la relación histórica de dominio económico a la que la sometía Valonia. Su voluntad de emancipación la convirtió en una de las treinta regiones más ricas de Europa, pero el impulso también acarrea sus peligros.

Viniendo de Valenciennes, la ruta nacional 60 atraviesa el oeste de Valonia y se interna en Flandes, en dirección de Audenarde y Gante. Esa ruta propone un viaje por la Bélgica actual. De Peruwelz a Saint-Sauveur, del lado valón, el paisaje es rural. Los talleres textiles cerraron hace años. Nada o casi nada vino a reemplazarlos. En esa parte de la provincia de Henao brotaron los zonings (parques industriales o artesanales). Pero en general albergan galpones o empresas de escaso valor agregado. Lutosa, que fabrica productos a base de papa, es una de las pocas firmas que emplea a mucha gente en la región. Unos kilómetros más allá, el paisaje cambia. La ruta se ensancha. Los edificios industriales son frecuentes y evidencian un real vigor económico. Llegamos a Flandes. 

El peso de la solidaridad 

En 2007, Flandes es una de las 30 regiones más ricas de la Unión Europea (UE): su Producto Bruto Interno (PBI) por habitante supera actualmente el promedio europeo en un 23%, mientras que el desempleo es de sólo 6,5% 1. El contraste con Valonia es cruel. Del otro lado de la frontera lingüística, el PBI por habitante es un 10% inferior al promedio de los 27 países de la UE, y el desempleo supera el 15% desde hace un cuarto de siglo 2. La mitad de los desocupados está sin trabajo desde hace al menos 24 meses. El desempleo de los menores de 25 años se acerca al 30%.

Ocurre que Valonia no termina de digerir la crisis de la industria pesada que padeció durante las décadas de 1960 y 1970. Ciertamente, en los últimos años la economía valona comenzó a reactivarse levemente: las exportaciones de la región están en alza y el porcentaje de creación de empresas también. Sin embargo, a pesar de la importante ayuda europea y de los planes movilizadores como el Contrato de Futuro 3, la mejoría parece lenta. El gobierno valón invierte actualmente 1,5 millones de euros, sobre un período de cuatro años, para investigación, innovación y formación, pero en el mejor de los casos ese plan hará sentir sus efectos dentro de dos o tres años.

Cansada de esas promesas de recuperación, la opinión pública flamenca pierde la paciencia, y estima que la persistencia de ese retraso valón le cuesta muy caro. De hecho, la región flamenca, más productiva, contribuye más que su vecina a los gastos del Estado federal belga. Además, en su ámbito, los gastos sociales son menores. En síntesis, su solidaridad con Valonia representaría el 3,3% del PBI del país 4.

"Es como si cada flamenco le pagara cada día un porrón de cerveza a un valón. No resulta exorbitante comparado con otros intercambios en Europa", ilustra el economista y filósofo flamenco Rudy Aernoudt 5. En promedio, la transferencia de Flandes hacia Valonia equivale a la cuota-parte que las regiones más ricas de Francia destinan a la región Languedoc-Rosellón y es irrisoria respecto de lo que aporta la región sueca de Estocolmo por la región de Laponia.

Sin embargo, Flandes ya no presta atención a esas comparaciones. Más aun cuando el problema no viene sólo de las transferencias. Su clase política se muestra amargada y acumula las malas noticias en ciertos sectores estratégicos. En septiembre, el grupo farmacéutico Janssen, cuya implantación en la provincia flamenca de Limburg parecía invulnerable, anunció la reducción de 688 empleos, mientras que el gigante químico Bayer suprimió otros 300 en las márgenes del río Escalda 6. Por su parte, los diamanteros de Amberes son víctimas de la creciente competencia de Dubai, mientras que la fábrica Audi de Bruselas (que los flamencos, contrariamente a los bruselenses y a los valones, consideran parte de Flandes), una de las principales plantas de armado de autos en Bélgica, parece estar nuevamente amenazada, a menos de un año de su última reestructuración.

Abismo ideológico

Las empresas flamencas sienten que su competitividad está en peligro. De allí el consenso en favor de una drástica flexibilización del marco económico. Los dirigentes desean introducir reformas liberales, y están convencidos de que sólo las podrán obtener si los representantes francófonos están de su lado. Además de una barrera cultural, se formó un verdadero abismo ideológico entre ambas comunidades. La clase política francófona sigue estando dominada por el Partido Socialista (PS), que durante las dos precedentes legislaturas federales frenó la adopción de medidas en favor de una mayor flexibilidad laboral o de una reducción importante de los aportes empresariales. Furiosos por lo que consideraban una obstaculización de los francófonos, los representantes flamencos buscaron recuperar su libertad de maniobra. Exigen por lo tanto nuevos poderes para las Regiones: sobre el empleo, los impuestos a las empresas, el derecho laboral, o las subvenciones familiares.

Ironía del destino, el 10 de junio pasado, luego de dos décadas en el poder, el PS perdió las elecciones legislativas en Valonia y en Bruselas. Por lo tanto, ya no es obligatorio negociar con él. Sin embargo, ese cambio se produjo demasiado tarde: del lado de los flamencos la lógica confederal ya está en marcha y nada parece poder detenerla. Las peripecias actuales se inscriben en una lógica de emancipación iniciada hace ya más de ochenta años. Ese impulso autonomista -al que se suma la búsqueda de una homogeneidad cultural y geográfica definitiva- se volvió indomable, pues saca su fuerza de las conquistas contemporáneas de Flandes.

La obsesión por la prosperidad 

Durante la primera mitad de la existencia de Bélgica, Flandes no había sido reconocida ni cultural ni económicamente. El francés era la lengua de la burguesía, de la literatura, de la política. Sin duda, Flandes podía jactarse de un pasado glorioso: Brujas, Gante y Amberes habían ejercido su influencia en Europa durante siglos. Pero a comienzos del siglo XX, las grandes fábricas se hallaban mayoritariamente en Valonia. Los ingenieros de Charleroi o de Lieja eran contratados en Rusia o en Australia, mientras que los obreros flamencos emigraban... a Valonia, cuyos habitantes eran considerados los más emprendedores del Viejo Continente: a fines del siglo XIX descollaban el grupo Empain, la química Solvay, y se desarrollaba fuertemente la siderurgia de Cockerill. Pero los valones ignoraban el holandés, la lengua de sus compatriotas, que consideraban un dialecto popular.

Las frustraciones de la población y de las elites del norte del país alimentaron el movimiento flamenco. Para recuperar su lugar, Flandes necesitaba ser otra vez próspera. Inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, ese objetivo se convirtió en una obsesión para los responsables flamencos. En 1926 fundaron la asociación Vlaams Economisch Verbond. Pocos años más tarde nació una institución bancaria específicamente flamenca, la Kredietbank, que financió y ayudó a cientos de pymes a alcanzar los mercados de exportación. El aumento de los intercambios comerciales, con el Congo y otros países, hizo aumentar el tráfico en el puerto de Amberes.

Ese círculo virtuoso se amplificó a partir de la década de 1950. Los inversores extranjeros, particularmente estadounidenses, comenzaron a instalarse masivamente en Flandes, aprovechando el bajo costo de la tierra, la excelente situación y las generosas subvenciones que prodigaba Bélgica. Los responsables políticos flamencos aprovecharon su peso demográfico para inclinar en su favor las decisiones en el seno del Estado belga 7. Éste se endeudó masivamente para financiar la realización de infraestructuras colosales en Flandes: se construyó el puerto de Zeebrugge en la costa del mar del Norte, a la vez que se agrandaban las instalaciones del puerto de Amberes. Poco a poco, la industria belga se deslizó hacia el norte del país y hacia la costa. La jugada flamenca resultó un verdadero éxito. El porcentaje de desempleo, de 19% en el norte contra 8% en el sur a fines de la década de 1940 8, se fue reequilibrando progresivamente. En 1967, Flandes alcanzó a Valonia en términos de PBI por habitante. La relación de dominación se invirtió de manera duradera 9.

Los riesgos de la emancipación

En realidad, ese cambio total de la situación se debió tanto a la coherencia de la política aplicada a largo plazo por Flandes, como a la falta de reacción de los responsables valones durante todos esos años. Después de 1945, la industria de Valonia, menos dañada por los bombardeos, se había puesto nuevamente en marcha antes que la de otros países. La otra cara de la moneda fue que los equipamientos pasaron a ser vetustos, pues los accionistas no reinvirtieron suficientemente rápido. Lentamente, la competencia se fue apoderando de partes de mercado. Cerraron las explotaciones carboníferas y luego las plantas siderúrgicas, lo que en la década de 1960 generó una catarata de despidos.

Como reacción, el Estado invirtió sumas considerables para amortiguar esos terribles golpes. La administración pública, por ejemplo, abrió sus puertas de par en par para acoger a esa mano de obra desempleada. Pero el poder público preparó mal la reestructuración de las viejas industrias, particularmente al nacionalizar a pérdida empresas que ya estaban condenadas.

La gestión del caos social en Valonia, sumada al financiamiento del despliegue económico de Flandes, superó las posibilidades de Bélgica: a comienzos de la década de 1980 su deuda pública se acercaba al 100% de su PBI. El gobierno nacional debió devaluar el franco belga para evitar la quiebra.

Fue en esa misma época que los responsables políticos regionalizaron los primeros poderes. Gracias a las reformas institucionales de 1980, 1988 y 1993, Bélgica se convirtió en un Estado federal: a partir de ese momento, las Regiones -valona, flamenca y bruselense- llevaron adelante su propia política económica.

En los veinte años siguientes, Flandes siguió sacando ventaja. En cambio, Bruselas y Valonia, víctimas de sus divisiones internas, no aprovecharon su autonomía regional. En la capital aumentó el desempleo, hasta alcanzar casi el 20%. En Valonia, la evolución económica fue despareja. Zonas como Arlon, Mouscron o la provincia del Brabante valón, tuvieron un cierto desarrollo en la década de 1990. Pero el movimiento no se extendió al resto de la región. Y en 2007, los principales indicadores valones siguen siendo mediocres.

Flandes saborea su revancha histórica 10. Sin embargo, nadie parece saber dónde poner la palabra fin en esa carrera a la emancipación que dio tantos frutos. En España, en Francia y en el Reino Unido, la tendencia es a la descentralización del poder, pero la independencia de Flandes crearía un torbellino en el Viejo Continente. Es por ello que toda Europa mira de cerca la actitud flamenca. Y los políticos flamencos lo saben. Ir demasiado lejos implicaría probablemente la muerte de Bruselas como capital europea, con consecuencias económicas desastrosas, también para Flandes.

Sin embargo, una parte de los flamencos no ha saciado suficientemente su sed de autonomía... ¿o de independencia? En el estado actual de la situación nadie sabe de qué lado se inclinará la balanza.

  1. Evolutie van de Werkloosheid in Vlaanderen, VDAB (Oficina flamenca del empleo y de la formación profesional), septiembre de 2007.
  2. Eurostat, Bruselas, 19-2-07.
  3. El Contrato de Futuro fue creado en 1999 por el gobierno valón. Fue el primer esbozo de una estrategia regional destinada a reestructurar la economía de Valonia, apostando fundamentalmente a las pymes y a la investigación. Actualizado en 2002 y nuevamente en 2004, el Contrato de Futuro no logró sin embargo su objetivo. La caída de la economía se detuvo, pero la mejoría es demasiado débil como para hablar de una dinámica de franca recuperación.
  4. B. Bayenet, H. Capron y P. Liégeois (dir.), L'Espace Wallonie-Bruxelles. Voyage au bout de la Belgique, De Boeck, Bruselas, 2007.
  5. Autor de Wallonie-Flandre: je t'aime moi non plus. Anti-manifeste sur les relations entre les Flamands et les Wallons, Roularta Books, Roeselare, 2006.
  6. De Standaard, Groot-Bijgaarden, 18 y 26-9-07.      
  7. En 1961, los flamencos representaban el 55% de la población belga, y actualmente el 57%.
  8. L'Espace Wallonie-Bruxelles, op. cit.
  9. Sergio Carrozzo, "Wallonie et Flandre, le chaud et le froid", Le Monde diplomatique, París, enero de 2004.
  10. A. Gonthier y M. Mintiens, "Le triomphalisme de l'économie", Le Monde diplomatique, París, abril de 2001.
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 101 - Noviembre 2007
Páginas:20
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ciencias Políticas, Desarrollo, Políticas Locales, Economía
Países Bélgica