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Un nuevo “Gran Medio Oriente”

La amenaza de intervención turca contra la guerrilla del Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK) refugiados en Irak constituye el último episodio de la escalada en Medio Oriente (ver el artículo de nuestro enviado especial Olivier Piot desde las montañas del Kurdistán iraquí). De Afganistán a Somalia, pasando por Irak y el Líbano, la “guerra contra el terrorismo” lanzada por el presidente George W. Bush transformó profundamente la región. Pero no como lo habían soñado los estrategas de Washington. Lo que caracteriza al “Gran Medio Oriente” es el debilitamiento de los Estados, la multiplicación de conflictos, la injerencia creciente de tropas occidentales, los grupos armados (en esta página). La creciente escalada contra Irán del Presidente estadounidense, que anticipó una Tercera Guerra Mundial, no constituye un buen augurio (pág. 27). Y, a pesar de la preparación de la reunión de Annapolis (Estados Unidos) para la paz palestino-israelí, las negociaciones permanecen en un callejón sin salida, a tal punto es patente la parcialidad de la administración estadounidense e inquebrantable la intransigencia israelí. Las divisiones entre Al Fatah y Hamas en el seno de la Autoridad Palestina tampoco facilitan la búsqueda de una solución (págs. 24 a 26). Asimismo, la lucha antiterrorista se expande al continente africano, frente para el que Estados Unidos prevé poner en funcionamiento en 2008 el Africom, un nuevo comando militar estratégico. Ante el temor de ver surgir otro Afganistán en Somalia (pág. 28), Estados Unidos llevó a cabo en ese país una guerra por procuración, con la ayuda de Etiopía. La Unión de Tribunales Islámicos fue expulsada de Mogadiscio al precio de despertar viejos conflictos regionales que podrían poner nuevamente en llamas el Cuerno de África.

"Hace diez años, Europa era el epicentro de la política exterior de Estados Unidos. Lo había sido desde abril de 1917, cuando Woodrow Wilson envió un millón de hombres al frente occidental, hasta la intervención del presidente Clinton en Kosovo en 1999. Durante la mayor parte del siglo XX, Europa fue nuestro primer y vital foco de atención (...) Pero ahora todo cambió. (...) Medio Oriente ocupa para el presidente Bush y para la secretaria de Estado Rice, y ocupará para quienes los sucedan, el lugar que tuvo Europa para las anteriores administraciones durante el siglo XX." Así se expresó el 11 de abril de 2007 Nicholas Burns, el subsecretario de Estado de Estados Unidos 1.

Como ha reiterado insistentemente el presidente Bush, "lo que está en juego en el gran Medio Oriente es algo más que un conflicto militar. Es la guerra ideológica decisiva de nuestro tiempo. De un lado están los que creen en la libertad y en la democracia; del otro, los extremistas que matan inocentes y proclamaron su intención de destruir nuestro modo de vida" 2

"Zona de guerra a ultranza" 

Desde el 11 de septiembre, el "gran Medio Oriente" -región de límites borrosos que va de Pakistán hasta Marruecos, pasando por el cuerno de África- se convirtió en el principal terreno de despliegue del poderío estadounidense, y en el campo de batalla decisivo, si no único, de lo que la Casa Blanca califica de conflicto mundial. A causa de sus recursos petrolíferos, de su situación estratégica y de la presencia de Israel, la zona siempre figuró entre las prioridades de Estados Unidos, particularmente a partir de 1956 y del eclipse progresivo de la presencia francesa y británica. Actualmente, como explica Philippe Droz-Vincent en un sutil análisis del "momento estadounidense" en Medio Oriente, esa región reemplazó a América Latina como "patio trasero inmediato" 3 de Washington. Con una dimensión suplementaria que nunca tuvo el subcontinente americano: la de campo de batalla vital en una tercera guerra mundial.

Así, el paisaje de esa región se vio completamente transformado, lo que era sin duda el objetivo de los estrategas del Pentágono y de los neoconservadores. Sin embargo, no es en absoluto seguro que los resultados correspondan a sus sueños de remodelar la región para poder dominarla de modo duradero, como habían hecho los dirigentes franceses y británicos luego de la Primera Guerra Mundial.

Ese "Gran Medio Oriente" se transformó en una "zona de guerra a ultranza", marcada por cantidad de conflictos sangrientos y por su simultaneidad; así como por la participación directa de los ejércitos occidentales. Afganistán se hunde en el caos, mientras las tropas estadounidenses y las de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) que ocupan el país se empantanan en él. En Irak se desarrollan simultáneamente la resistencia a la ocupación extranjera y los enfrentamientos inter-confesionales e inter-étnicos que dejaron cientos de miles de víctimas (más que el genocidio ruandés, según algunos observadores), y abrieron heridas difíciles de cicatrizar.

En el Líbano se instaló una guerra civil silenciosa, que enfrenta el gobierno de Fouad Siniora a la oposición, agrupada en torno de Hezbollah y de la Corriente Patriótica Libre del general Michel Aoun. El enfrentamiento con Israel puede reactivarse en cualquier momento, a pesar de la presencia de importantes contingentes de la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en el Líbano (Finul). En Palestina, la colonización y la represión aceleraron no sólo la fragmentación del territorio sino también la disgregación de la sociedad y -tal vez de manera irreversible- del movimiento nacional. A partir de la intervención etíope de diciembre de 2006 apoyada por Washington, Somalia conquistó el dudoso título de "nuevo frente de la guerra contra el terrorismo". Cabe evocar también el caso de Darfur, las tensiones existentes en Pakistán, la "amenaza terrorista" en el Magreb o la posibilidad de un nuevo choque entre Siria e Israel. 

El Bien contra el Mal 

Esos conflictos, cada uno de los cuales tiene su propia historia y sus causas locales, se inscriben ahora en una visión estadounidense que les da un "sentido". En tiempos de la Guerra Fría, Estados Unidos (al igual que la Unión Soviética) percibía cada crisis a través del prisma de la confrontación Este-Oeste. Así, la Nicaragua de las décadas de 1970 y 1980 no era el terreno de lucha del Frente Sandinista contra una dictadura brutal para construir una sociedad más justa, sino un país que podía volcarse hacia el imperio del Mal 4: la URSS. Esa interpretación le costó al pueblo nicaragüense diez años de guerras y de destrucción y un presente desastroso. Para Washington ya no hay problema palestino, ni crisis del Estado somalí, ni desequilibrio confesional en el Líbano, sino un enfrentamiento mundial entre el Bien y el Mal. Simétricamente, ese discurso alimenta el de Al-Qaeda sobre una guerra permanente contra "los Cruzados y los judíos".

Esa dicotomía simplificadora terminó por convertirse, en parte, en una profecía autocumplida, que es utilizada por los actores locales para reforzar sus posiciones. Al respecto, el ejemplo de Somalia resulta esclarecedor 5: el gobierno federal transitorio, compuesto por jefes de guerra corruptos e incompetentes, le "vendió" a la Casa Blanca la idea de que el país se había convertido en un campo de acción del "terrorismo internacional". Así fue como Washington alentó la intervención militar de Addis Abeba para deshacerse de los Tribunales islámicos que se habían apoderado de Mogadiscio seis meses antes (Leymarie, pág. 28). Las dinámicas internas fueron dejadas de lado y se dio preferencia a los análisis globalizadores. Y esa invasión de un país musulmán por parte de Etiopía, país cristiano, cabe recordarlo, aporta credibilidad a los grupos islamistas más extremistas 6.

Otro ejemplo es el Líbano, Estado frágil que se asienta en una sutil alquimia confesional. Al apoyar masivamente a uno de los bandos, a la mitad del país contra la otra mitad, el gobierno estadounidense y el francés hacen más difícil cualquier solución local. Actualmente el Líbano no es más que el terreno de confrontación entre Occidente y sus aliados, por una parte y, por la otra, Siria e Irán. Así, cualquier compromiso -sin embargo indispensable- aparecerá como una "victoria del Mal".

Las guerras son múltiples y entre ellas se tejen mil y un vínculos. Armas, hombres, técnicas, atraviesan las fronteras, cada vez más permeables, a veces siguiendo las huellas de cientos de miles de refugiados empujados al exilio por la ferocidad de los combates. En Afganistán, desde hace dos años se difunden formas de lucha originarias de Irak -en particular los atentados suicida, desconocidos durante la ocupación soviética, y que hoy en día también ocurren en Argelia- o el uso de bombas IED (improvised explosive devices) contra los transportes de tropas.

En el campamento de Nahr El-Bared, en el Líbano, centenares de combatientes, entre ellos muchos extranjeros que hicieron sus primeras armas en Irak, resistieron al ejército libanés durante más de tres meses. Miles de combatientes árabes, paquistaníes, originarios de Asia central, formados en Irak, se dispersan actualmente por otras latitudes. Cabe recordar que luego de la guerra desarrollada por los soviéticos en Afganistán, otros combatientes, formados por los servicios estadounidenses y paquistaníes, se habían sumado a grupos terroristas en Egipto, Argelia y en diversos países, constituyendo así los principales batallones de Al-Qaeda. Por otra parte, esas guerras permitieron el desarrollo de un jugoso tráfico: ciertas armas que habían sido suministradas a las fuerzas de seguridad iraquíes terminan en manos de criminales en Turquía 7...

En ese contexto, los Estados de la región, ya debilitados por años de dictadura y corrupción, ven reducido su papel. En algunos casos simplemente han desaparecido, como en Afganistán.

En Irak, la descomposición actual no se debe únicamente a la guerra, sino también a casi trece años de embargo (1990-2003) que vaciaron al Estado de su substancia. Fue por entonces que la influencia salafista sunnita comenzó a crecer en el país, en particular a través de las rutas clandestinas con Jordania, por las que transitaban no sólo alimentos y medicamentos, sino también armas e ideas extremistas 8. Ningún país vecino -ni Arabia Saudita, ni Irán, ni Turquía, ni Siria- puede mantenerse indiferente ante la inestabilidad en sus fronteras: por lo tanto, por sus propios intereses, cada uno interviene directa o indirectamente.

En el Líbano, los intentos de reconstrucción de un poder central resultaron efímeros. En Palestina, la autoridad subsiste sólo gracias a una ayuda militar y económica extranjera y al apoyo del gobierno israelí. Territorios enteros, desde el Kurdistán iraquí hasta Gaza, se vuelven autónomos, despertando las aspiraciones independentistas de otros pueblos, como los kurdos de Turquía o los baluches de Irán y Pakistán.

 Los grupos armados 

Lo que torna más compleja cualquier negociación es que nunca antes el papel de los grupos armados fue tan importante. En Afganistán, como en Irak o en Somalia, son ellos los que tienen la iniciativa. En el Líbano es Hezbollah. En Gaza, Hamas  controla la situación. Esas organizaciones dan muestras de una temible eficacia. En Irak ponen en jaque al principal ejército de Occidente, mientras que en Afganistán la OTAN es incapaz de debilitarlas. En el Líbano, Hezbollah no sólo resistió durante 33 días la intervención israelí, sino que logró cambiar las reglas de juego: por primera vez desde 1948-1949 una parte importante de la población israelí se vio obligada a abandonar sus hogares.

Hasta Hamas, confinado en Gaza, es capaz de atacar una ciudad israelí como Sderot 9. La utilización de armas rudimentarias pero eficaces y fácilmente reemplazables (IED, cohetes Qassam, armas antitanques, etc.), marca los límites del poderío estadounidense e israelí. Zeev Schiff, el recientemente desaparecido cronista militar del diario israelí Haaretz, ofrecía una constatación realista: "Aunque declaramos decenas de veces que Hamas está bajo presión y que busca un alto el fuego, eso no elimina el hecho de que, en la batalla de Sderot, Israel fue efectivamente derrotado (...) Israel vivió en Sderot algo que no había vivido desde la guerra de independencia, y tal vez nunca: el enemigo logró silenciar una ciudad entera e impedir en ella toda vida normal" 10.

El atolladero político en Palestina, la dislocación de los Estados, las sucesivas intervenciones militares de Estados Unidos, favorecen un estado de desesperación suicida y aportan argumentos a la escalada extremista de Al-Qaeda. A raíz del secuestro en Gaza de dos periodistas de la cadena estadounidense FoxNews por un grupo hasta entonces desconocido, el diario saudita Al-Watan publicó el 31 de agosto de 2006 un artículo sobre la "tercera generación" de militantes islamistas que emerge en Palestina, que ya cuestiona a Hamas y a la Yihad islámica. El periodista la define así: no tiene una base masiva; rechaza todo compromiso; no se siente obligada a respetar las reglas del juego político; no está dirigida únicamente contra los israelíes; sus reivindicaciones no se limitan a Palestina. El hecho de que grupos que dicen ser parte de Al-Qaeda puedan desarrollarse en Irak y en Afganistán, expandirse en los campamentos palestinos del Líbano, implantarse en el Magreb o en Somalia, confirma la presión de una ideología extremista en momentos en que las fronteras regionales se resquebrajan.

 "Inestabilidad constructiva" 

El nacionalismo, que había estructurado a la región luego de la Primera Guerra Mundial, es actualmente cuestionado por la aparición de identidades étnico-religiosas, movimiento que Washington apoya, por inconsciencia o por cálculo. El general David Petraeus, actual comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en Irak, estaba al frente de la 101º división aerotransportada que tomó Mosul en 2003. Una de sus primeras medidas consistió en crear un Consejo, elegido por voto censatario, para representar a la ciudad; y con tal fin se instalaron urnas separadas para los kurdos, los árabes, los turkmenistanos, los cristianos, etc. Los "iraquíes" habían desaparecido.

Esa reducción de la región a un mosaico de "minorías", que domina toda la política estadounidense, incita a cada cual a identificarse con su comunidad, en detrimento de una pertenencia nacional, o de otro tipo 11; quebranta la integridad de los Estados y desemboca en conflictos interminables: ocurre hoy en Irak y quizás ocurra mañana en Siria o en Irán (Gresh, pág. 27). Además, favorece todo tipo de injerencias extranjeras, regionales o internacionales, en las que cada cual manipula a los actores locales en beneficio de sus propios intereses. Desde la década de 1980 Israel desempeña un papel importante en la elaboración de esa estrategia 12.

Durante el primer mandato del presidente Bush, los neoconservadores no dudaron en promover una estrategia de "inestabilidad constructiva" en Medio Oriente 13. "Lo que vemos aquí son los dolores de parto de un nuevo Medio Oriente. Hagamos lo que hagamos debemos estar seguros de que actuamos para lograr ese nuevo Medio Oriente, y no para retornar al antiguo Medio Oriente", osaba aún afirmar Condoleezza Rice durante la guerra del verano de 2006 en el Líbano, cuando ese país se desmoronaba bajo las bombas de la aviación israelí. Aunque el cinismo de semejante declaración generó por entonces algunos comentarios acerbos, la secretaria de Estado en cierto modo tenía razón: lo que está naciendo ante nuestros ojos, a partir del 11 de septiembre, es efectivamente un "nuevo Medio Oriente", que no sólo no se parece en nada a lo imaginado por los responsables estadounidenses, sino que se convierte en un factor de inestabilidad importante y duradero en la política mundial.

  1. Ver aquí.
  2. Discurso sobre el estado de la Unión, 11-1-07.
  3. Philippe Droz-Vincent, Vertiges de la puissance. Le "moment américain" au Moyen-Orient, La Découverte, París, 2007.
  4. Fue el 8 de marzo de 1983, en un discurso pronunciado en Orlando (Florida) que Ronald Reagan evocó el imperio del Mal. Hablando ante la Asociación Nacional de Evangelistas, los previno contra la tentación de "considerar iguales a ambas partes, ignorar los hechos históricos y las tendencias agresivas de un imperio del Mal al calificar la carrera armamentista de malentendido".
  5. Gérard Prunier, "Enfrentamientos de clanes en Somalia", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, septiembre 2006.
  6. Roland Marchal, "Somalie: un nouveau front antiterroriste?", Les Études du CERI, Nº 135, Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales, París, junio de 2007.
  7. "U.S. guns sent to Iraq used for crimes in Turkey", International Herald Tribune, París, 31-8-07.
  8. Vali Nasr, The Shia revival. How conflict within Islam will shape the Future, Norton, Nueva York, 2006.
  9. El 7 de octubre pasado fue disparado desde Gaza sobre Israel un misil de tipo Katyusha. Se trata de un misil de mayor alcance y más preciso que los Qassam.
  10. "An Israeli defeat in Sderot", Haaretz, Tel Aviv, 8-6-07.
  11. Varias confederaciones tribales comprendían tribus sunnitas y chiitas. Y la pertenencia a tal o cual confederación primaba sobre la condición de sunnita o chiita.
  12. Georges Corm, "La balkanisation du Proche-Orient", Le Monde diplomatique, París, enero de 1983.
  13. Walid Charara, "Bondades de la ‘inestabilidad constructiva'", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2005.
Autor/es Alain Gresh
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 101 - Noviembre 2007
Páginas:22,23
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Militares, Mundialización (Economía), Política, Geopolítica
Países Estados Unidos, Irak, Irán, Israel, Líbano, Palestina