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El escándalo Parmalat

Apodada “la Enron de Europa” por su escandalosa quiebra, se discute si Parmalat, de significativa presencia en América Latina, es el primero de una serie de derrumbes en Italia y Europa. También se señala que su bancarrota puso en evidencia las diferencias entre Estados Unidos y Europa en el tratamiento de una gran empresa colapsada: en el primer caso se dejó morir a Enron sin cuidar de sus víctimas; en Italia se dio de inmediato una intervención del Estado con miras a poner a salvo a la empresa y sus empleados. Pero la cuestión esencial planteada por estas bancarrotas en cadena es si el capitalismo actual puede recuperarse modificando y transparentando los procedimientos, o si son el indicio de una decadencia sin marcha atrás.

“¡Viva la ética en los negocios!”; “¡Viva la empresa moral!”. Estas consignas escuchadas en el Foro Económico de Davos expresan un deseo: que el capitalismo se recupere sobre bases saneadas. Va a ser duro. Porque en el momento mismo en que se manifestaba ese deseo, estallaba en toda su magnitud el caso Parmalat. Calificado como el escándalo financiero más grande de Europa desde 1945, permite presagiar ondas de choque parecidas a las ruinosas que provocó en diciembre de 2001 en Estados Unidos la quiebra fraudulenta del intermediario de energía Enron 1.
Parmalat era el ejemplo del éxito impulsado por la dinámica de la mundialización liberal. Pequeña empresa familiar de distribución de leche pasteurizada instalada en los alrededores de Parma en la década de 1960, se desarrolló gracias a la habilidad de su fundador, Calisto Tanzi, y a las generosas subvenciones de la Unión Europea. A partir de 1974 Parmalat se internacionalizaba y se instalaba en Brasil, después en Venezuela y Ecuador. Multiplicó las filiales y creó empresas relevo en territorios que ofrecían facilidades fiscales (la isla de Man, Holanda, Luxemburgo, Austria, Malta), después en paraísos fiscales (las islas Caimán, las islas Vírgenes británicas, las Antillas holandesas). En 1990 ingresaba en Bolsa, afirmándose como el séptimo grupo privado de Italia y ocupando el primer puesto mundial en el mercado de leche de larga duración. Este coloso empleaba a unos 37.000 asalariados en más de 30 países y su cifra de negocios alcanzaba en 2002 los 7.600 millones de euros, una suma superior al Producto Bruto Interno de Estados como Paraguay, Bolivia, Angola o Senegal…
Este éxito extraordinario le valió a su patrón Tanzi ser considerado como uno de los personajes del establishment italiano, miembro de la dirección de la Cofindustria, la organización de los empresarios italianos. Y significó que las acciones Parmalat fueran uno de los valores seguros de la Bolsa de Milán.
Hasta el 11 de noviembre de 2003. Ese día, los comisarios de cuentas manifestaron dudas sobre una inversión de 500 millones de euros realizada sobre el fondo Epicurum con sede en las islas Caimán. De inmediato, la agencia Standard & Poors reduce la calificación de los títulos Parmalat. Las acciones caen. Al mismo tiempo, la Comisión de Operaciones de la Bolsa exige aclaraciones sobre el modo en que el grupo tiene previsto devolver deudas, cuyo plazo vence a fines de 2003. La inquietud se apodera de los acreedores y de los dueños de acciones. Con el objetivo de infundir tranquilidad, la dirección de Parmalat anuncia entonces la existencia de una reserva de 3.950 millones de euros depositados en una agencia del Bank of America, en las islas Caimán. Y presenta un documento, aparentemente verificado por ese banco estadounidense, que atestigua la realidad de títulos y liquideces por la suma indicada. La dirección se juega el todo por el todo. Si todos se tranquilizan, las acciones vuelven a subir y los negocios se reanudan; si persiste la desconfianza, hay amenaza de derrumbe.
En ese momento decisivo, el Bank of America afirma que el documento que exhibe Parmalat para probar la existencia de los 3.950 millones de euros está adulterado. Tiene un membrete aproximativo, groseramente falsificado en el scanner. Las acciones se hunden. En cuestión de días no valen casi nada. Más de 115.000 inversores y pequeños ahorristas se ven estafados, algunos arruinados. No tardará en saberse que el endeudamiento de Parmalat se eleva a 11.000 millones de euros. Y que –lo mismo que en los casos de Enron, Tyco, Worldcom, Ahold, etc.– desde hace años ha sido disimulado a conciencia por medio de un sistema fraudulento basado en malversaciones contables, falsos balances, documentos trucados, beneficios ficticios y pirámides complejas de sociedades offshore ensambladas unas con otras, de modo tal que el rastreo de dinero y el análisis de las cuentas se torna imposible. Permanente, el fraude era imposible de detectar, hasta el punto de que, por ejemplo, en la víspera del escándalo el Deutsche Bank había adquirido el 5,1% del capital de Parmalat y los analistas recomendaban con énfasis la compra de títulos del grupo… Auditorías como Grant Thornton y Deloitte & Touche, y grandes bancos como Citigroup, son acusados de complicidad. Y una vez más se señala el carácter perjudicial de los paraísos fiscales 2. El caso cobra escala planetaria.
Después de la quiebra de Enron, los partidarios de la mundialización liberal afirmaban que se habían terminado los patrones delincuentes, las empresas canallas y el horror económico. Y que este caso había resultado beneficioso a fin de cuentas, dado que habría permitido al sistema corregirse. El escándalo Parmalat desmiente esa conclusión.
  1. Resultado de manipulaciones contables, la quiebra de Enron implicó el despido de 5.600 personas e hizo evaporarse 68.000 millones de dólares de capitalización.
  2. Léase en ese sentido Pierre Bauchet, Concentration des multinationales et mutation de l’État, CNRS éditions, París, 2003.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 56 - Febrero 2004
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Desarrollo, Mundialización (Economía)
Países Estados Unidos, Francia, Italia