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España

Mientras que los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York afianzaron al presidente de Estados Unidos George W. Bush y dieron argumento a su belicismo, los igualmente atroces atentados en Madrid el 11 de marzo pasado no pudieron ser aprovechados por el gobernante Partido Popular, sino que determinaron su derrota en las elecciones. La respuesta de la ciudadanía española, que castigó tanto su compromiso con la guerra de Irak como la tramposa manipulación de la información, puede leerse también como un revés para la administración Bush y la sistemática tergiversación que rodea el ataque a Irak y su problemática ocupación.

Consecuencia de la guerra de Irak y del enfrentamiento que opone la red Al-Qaeda a Estados Unidos y sus aliados, los atentados del 11 de marzo en España vinieron a recordar dolorosamente que un año después del ataque contra Bagdad el mundo aparece más inestable, más violento, más peligroso.
Contrariamente a la promesa del presidente George W. Bush, el conflicto “preventivo” en Mesopotamia no redujo la intensidad del terrorismo islámico. Muy por el contrario. Sus ondas expansivas, fomentadas por añadidura por el modo desatroso en que se condujo la ocupación de Irak, no dejan de alcanzar territorios hasta entonces preservados, como Bali, Arabia Saudita, Marruecos, Turquía y ahora la Unión Europea. De manera odiosa, esta vez golpeó a estudiantes y trabajadores, entre ellos muchos inmigrantes, que viajaban a bordo de trenes suburbanos en dirección a Madrid.
Más allá de la significación que actos tan abominables pueden tener en el tablero internacional, tal vez no sea inútil, habida cuenta de los considerables cambios operados en la escena española, extraer lecciones que no son solamente políticas.
Por primera vez la acción de un comando terrorista provocó una carambola inédita entre un acontecimiento trágico (el atentado mismo), un arrebato mediático sazonado de mentiras de Estado y una cita electoral crucial (las elecciones legislativas). Rara vez se había visto en la vida de un Estado democrático superponerse y repercutir con semejante intensidad tres temporalidades fuertes: el tiempo del acontecimiento, el tiempo mediático y el tiempo político.
Semejante choque no podía sino acarrear conmociones sustanciales. Conocíamos el efecto de los medios de comunicación en nuestras “democracias de opinión”. Después de los acontecimientos de Madrid y sus consecuencias electorales ¿tendremos que hablar ahora de “democracias de emoción”? 1. Porque parece indiscutible que la emoción provocada por la tragedia de Atocha tuvo un peso agobiante sobre los electores tres días después, en el momento de poner la boleta en la urna. Como asimismo está probado que el Partido Popular de José María Aznar, al que todas las encuestas en vísperas del 11 de marzo daban como ganador, trató de sacar ventaja de esa emoción, manipulando la información, ocultando los indicios que llevaban a la pista islámica y acusando hasta el final a su “enemigo preferido”, la ETA.
Cuando el país se encontraba bajo el impacto de los atentados se suspendió la campaña electoral. Pero en realidad fue reemplazada por una verdadera guerra de la información. Con el objetivo de engañar a la opinión pública, el Partido Popular recurrió al poder persuasivo de los medios gubernamentales, especialmente las cadenas públicas de televisión, asi como a la influyente red de medios cómplices (los diarios El Mundo y La Razón, la estación de radio Cope, etc.).
Frente a la información oficial, el escepticismo de muchos ciudadanos fue relevado por diarios como El País o El Periódico, y emisoras de radio como la SER. Por otra parte, la gente se transmitía sus dudas a través de los correos electrónicos, los chats de internet y los teléfonos celulares, bajo la forma de millones de SMS intercambiados. Así fue como en cuestión de horas (la batalla decisiva de comunicación se libró durante la tarde del sábado 13) se constituyó una red muy eficaz de resistencia antimentiras y de contrainformación que logró movilizar a cientos de miles de electores. Su voto garantizó el triunfo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y su candidato José Luis Rodríguez Zapatero.
Una de las lecciones morales a extraer es la excepcional sensibilidad de los ciudadanos a las manipulaciones mediáticas. En España o fuera de ella, la gente ya no soporta ser engañada. Denuncia la desviación tramposa de los medios como uno de los problemas más graves de la democracia contemporánea (ver págs. 32 a 37).
El Partido Popular había abusado mucho de su control de la información. Tanto para difundir mentiras que justificaran su compromiso a favor de la guerra de Irak, a la que se oponía la mayoría de la población, como para disimular su responsabilidad en la catástrofe ecológica del Prestige 2. Sin duda creía que gracias a la hipnosis mediática generada por un atentado tan cruel, una mentira más pasaría sin dificultad. Pero la revuelta comunicacional de los ciudadanos le hizo morder el polvo.
En cuanto al chasco de Aznar, a quien algunos en Francia en la víspera del 11 de marzo no vacilaban en presentar como “un modelo para la derecha”, mirando de reojo a “Sarkozy el nuevo” 3, su infortunio debiera recordar el sabio consejo que los antiguos solían dar a los dirigentes políticos, sobre todo cuando eran arrogantes: “La roca Tarpeya está cerca del Capitolio” 4.
  1. Ver Paul Virilio, Ville panique, Galilée, París, 2004. Leer especialmente el capítulo titulado “La démocratie d’émotion”.
  2. Alusión al hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas españolas en 2003, que provocó una catástrofe ecológica ante la que el gobierno español reaccionó tratando de ocultar o minimizar los hechos.
  3. Se refiere al ministro de Interior francés, Nicolas Sarkozy.
  4. La colina del Capitolio era el centro religioso de la Roma antigua, y allí recibían los vencedores los honores del triunfo. En una de las cumbres del Capitolio se encontraba la roca Tarpeya, desde donde eran arrojados los condenados a muerte...
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 58 - Abril 2004
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Conflictos Armados, Terrorismo, Estado (Política)
Países Estados Unidos, Irak, España