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Recuperar la autonomía energética

Al cumplirse este mes el primer centenario del descubrimiento de petróleo en territorio argentino, el fruto de los esfuerzos de los pioneros que llevaron adelante la hazaña llena las arcas de multinacionales extranjeras. Desde aquel primer pozo que “olió a petróleo”, una campaña de desvalorización de la eficiencia y capacidad del Estado y de técnicos y trabajadores nacionales apuntala el expolio.

Arturo Jauretche enseñó que "falsificar la historia, elaborar o destruir los prestigios políticos o intelectuales o morales, disminuir la fe en el país y en sus hombres, entre muchas otras, son las variadas técnicas de la colonización para que la semicolonia no se independice y construya su economía en razón de sus verdaderas posibilidades, que la llevan a la liberación" 1.

Al respecto, pocos pasajes de la historia argentina resultan más ilustrativos que el del descubrimiento de petróleo, el 13 de diciembre de 1907, en Comodoro Rivadavia. Como se verá, las acciones y los hechos políticos y hasta ideológicos que lo precedieron y sucedieron fueron deliberadamente censurados; destruidos los prestigios intelectuales de muchos de sus protagonistas; disminuida la fe en el país y en sus hombres al ridiculizar el descubrimiento: "buscaban agua y encontraron petróleo". En pocas palabras, se hizo de un acontecimiento planificado, y de su lógica consecuencia, uno regido por la casualidad. Pero la aureola de "simple casualidad" que lo rodea no es ninguna casualidad.

A continuación y resumidas, las causas que motivaron tal falsificación histórica y las evidencias fácticas que precedieron al épico suceso, quizás la primera gran obra científica en el arduo camino hacia la autonomía energética nacional, prerrequisito de una Argentina industrializada y desarrollada económicamente.

 Frutos de la inversión 

Si bien la intervención estatal en materia mineralógica data del artículo sexto del Plan de Operaciones de Mariano Moreno y Manuel Belgrano, la iniciativa petrolífera nació puntualmente en 1902, bajo el segundo gobierno de Julio A. Roca (1898-1904). A partir de entonces, y creada por el Ministerio de Agricultura, la Comisión de Estudios de Napas de Agua, Yacimientos Carboníferos e Investigaciones Geológicas -dirigida por el Ingeniero Enrique Martín Hermitte-, se lanzó a relevar y estudiar geológica y mineralógicamente el territorio nacional. Tal como lo atestiguan sus informes, correspondientes a los años 1903 y 1904, la Comisión se propuso desde un comienzo prospectar el subsuelo con el expreso propósito de hallar yacimientos carboníferos y combustibles fósiles, además de agua. En este sentido, vale la pena rescatar un pasaje clave de la carta dirigida por Hermitte al ministro de Agricultura en 1903, doctor Escalante, antes del comienzo de la actividad exploratoria: "El problema se reduce pues, por el momento, como lo ha dicho muy bien V. E. al fundar el proyecto del presupuesto del Ministerio de Agricultura para 1904, a colocar nuestros medios de acción a la altura de las exigencias impuestas por la necesidad de nuestros territorios y a la diversidad de los terrenos en que se ha de operar, teniendo presente que esos gastos serán gratamente compensados por el hallazgo, en una sola región y por una sola de las máquinas, de yacimientos de agua, carbón o petróleo, de importancia" 2.

En septiembre de 1904 se designó a Hermitte jefe de Minas. Así la Comisión de Napas de Agua y Yacimientos Carboníferos vino a formar parte de la División de Minas, Geología e Hidrología, y luego de la Dirección General, a cuyo frente estuvo hasta 1922. De esta manera, la investigación del subsuelo recibía un nuevo y vigoroso impulso. Ese mismo año, Hermitte anunciaba al ministro de Agricultura: "Se ha empezado a estudiar de una manera metódica el subsuelo de la República, y no sólo para investigar la existencia del carbón, sino la de los combustibles minerales en general (hulla y petróleo)" 3.

En 1906, la Sección Geología de la División de Minas había aumentado considerablemente sus recursos respecto de 1904. Dos años más tarde, el jefe de la Sección Hidrología, ingeniero Julio Krause, adquirió nuevas perforadoras en Austria, una de las cuales fue enviada a Comodoro Rivadavia y perforó el pozo descubridor. Para 1907, la División disponía de unas 15 perforadoras, acompañadas de un conjunto de normas, leyes y acciones, emanadas de un ministro singular y competente, Ezequiel Ramos Mejía, igualmente comprometido con el desenvolvimiento nacional.

Promediando ese mismo año, el hito se hará realidad. En uno de los pozos de exploración, al superarse los 535 metros de profundidad, aparecieron burbujas de gas y se sintió olor a petróleo. El corolario de una tediosa, prolongada y celosa tarea científico-técnica rendía sus frutos. Hermitte lo interpretó como "una consecuencia, si no directa, por lo menos mediata, del decreto de octubre 25 de 1904, disponiendo la confección de un mapa geológico de la República y de las leyes especiales que en distintas oportunidades destinaron fondos para la adquisición de máquinas perforadoras; porque en esa materia (...) las investigaciones superficiales deben completarse con otras, profundas (...) y permitir la individualización de los yacimientos minerales útiles, sin excluir el agua" 4.

 Defender la intervención estatal 

El antiguo Código de Minería permitía a cualquiera la posibilidad de solicitar licencias de cateo o pertenencia. Estas últimas presentaban el problema de que algunos nativos las compraban para después especular con su venta a las grandes compañías extranjeras. El código prohibía al Estado la explotación, aunque consideraba que las riquezas del subsuelo le pertenecían, y no así al propietario de la tierra. Sin embargo, y gracias a la acción decidida de los promotores del descubrimiento, un día después del hallazgo se dio a conocer un decreto por el que se "prohibía la denuncia de pertenencias mineras y la concesión de permisos de cateo en un radio de cinco leguas a todo rumbo contando desde el centro de la población" 5. Hermitte fue crucial en la elaboración de dicho decreto. Desde 1905 venía proponiendo diversas reformas al Código de Minería, pues creía fervientemente en la necesidad de "sostener y defender la intervención del Estado en la investigación y valorización de nuestros yacimientos, en particular del de Comodoro Rivadavia" 6. Por este motivo, consideró un absurdo que el Estado, habiendo descubierto la riqueza, tuviera la obligación de ofrecerla.

Fue así como la reserva de las 200.000 hectáreas alrededor del pozo descubridor pudo hacerse invocando la Ley de Tierras. Pero la opulenta pampa vacuna, en connivencia con un fundado temor inglés hacia la autonomía energética nacional y la penetración estadounidense, cristalizó en magros presupuestos para la tarea exploratoria y de explotación. En efecto, el vínculo comercial entre Argentina, Gran Bretaña y Estados Unidos se traducía en el principal freno al normal desenvolvimiento de la actividad petrolera fiscal 7.

Por otra parte y para mayor preocupación de las compañías privadas, con el descubrimiento de petróleo nacía su industrialización. En 1908, el primer quemador de este hidrocarburo en el país era utilizado en el pozo N° 3 de Comodoro Rivadavia. La materia prima utilizada era el mismo petróleo crudo proveniente del pozo descubridor N° 2, cuyo aparato había sido diseñado por Krause, y que sirvió de modelo para su posterior empleo en la locomotora del Ferrocarril del Estado. A este respecto cabe transcribir las palabras de Hermitte: "(...) un hecho altamente significativo, cual es el de que las máquinas perforadoras de Comodoro Rivadavia, desde el mes de septiembre de 1908, funcionan única y exclusivamente con el petróleo que de allí se extrae, así como es éste el único combustible empleado en el horno de fundición de bronce de los Talleres, cabiéndole a esta División la gloria de haber sido la primera en usar un combustible nacional" 8. De 1908 a 1910 quedaba formalizada en Comodoro Rivadavia la explotación e industrialización completa para la obtención de nafta y kerosene, por medio de una destilería primaria que se instaló en la zona.

A pesar de las muchas trabas e intereses contrapuestos, entre 1907 y 1914 la producción doméstica de petróleo pasó de 16 a 43.795 m3, mientras que la importación ascendió de 196.913 a 235.000 m3 para el mismo período. Con el aumento de la extracción y la orientación nacional concedida por el presidente Roque Sáenz Peña a la cuestión petrolera, la participación del Estado en materia de hidrocarburos se materializó en 1910 con la creación de la Dirección de Explotación de Petróleo de Comodoro Rivadavia 9, organismo que en 1922 se transformó en Yacimientos Petrolíferos Fiscales.

En cuanto a la autosuficiencia de combustibles, Hermitte defendía su trascendencia no sólo por cuestiones de orden económico, sino de política social y seguridad nacional, donde el Estado (además de regular la explotación de los yacimientos) debía controlar el transporte y la comercialización, a los efectos de regular los precios en el mercado interno. En este sentido, en un memorándum presentado a la Primera Conferencia Financiera de Washington (1915), Hermitte sostuvo que la formación de la marina mercante nacional iba a ser fundamental para la regulación de los fletes en materia de salida de las producciones del país 10.

Amparado por una férrea y convergente decisión política entre funcionarios, científicos y técnicos, el Estado se volcó masivamente a la conquista de sus propias riquezas. La decisión de disminuir la dependencia energética del exterior reflejaba la tendencia hacia un modelo industrialista. Con el presidente Yrigoyen, la creación de YPF y la orientación impresa por el general Enrique Mosconi, la gran obra de 1907 enmarcada en ese modelo nacional habría de profundizarse. 

"La ineficiencia congénita" 

Tres factores contribuyeron a generar entre los argentinos una suerte de mentalidad derrotada o temerosa al desarrollo autóctono en materia hidrocarburífera. La primera: inhibir el desarrollo de una conciencia nacional colectiva acerca de la importancia del petróleo y del gas natural. La segunda, consecuencia de la anterior: alimentar la falacia de la ineficiencia nacional, de que el Estado es mal administrador y de que, por ende, el país está incapacitado para explotar sus riquezas. Tercero: al asignarle al descubrimiento el rótulo de "fortuito", borrar el prestigio que la ciencia aplicada, al producir excelentes resultados, provoca en las nuevas generaciones, generando así vocaciones por las profesiones de mayor importancia para el desarrollo independiente de la ciencia y tecnología nacionales.

Al igual que toda "zoncera" madre, la del agua que por casualidad deviene petróleo no sólo contribuye a erigir una historia falaz, sino que además genera zonceras hijas. Y lo que es aun peor, abona el campo político y público para acciones o medidas afines, en este caso tendientes a desplazar al Estado de su rol de empresario. A modo de ejemplo, algunas "zonceras" junior: "Hay una Argentina que muere: la del Estado elefantiásico que subsidia empresas ineficientes" (José Martínez de Hoz, ministro de Economía de la dictadura 1976-83) y "Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) es la única empresa petrolífera del mundo que da pérdidas" (Carlos Menem, presidente de la República, 1989-99). Haberle adjudicado un nacimiento azaroso a la industria petrolera nacional constituye el primer eslabón del proceso privatizador padecido sin pausa desde 1976.

De allí que Enrique Hermitte, descubridor de petróleo y padre de la explotación hidrocarburífera fiscal, defensor de la capacidad de los técnicos argentinos y de la honestidad de los ciudadanos designados por el Estado, atacara la raíz misma de la "zoncera" autodenigratoria (la ineficiencia congénita): "Si para la composición de esos directorios (los de YPF) se han de designar personas conscientes y capaces, ¿qué razones pueden invocarse para dudar del buen éxito de sus gestiones administrativas? Para justificar la desconfianza sería necesario creer que un directorio de esa naturaleza debe forzosamente fracasar por el hecho de estar compuesto de argentinos" 11.

El descubrimiento del petróleo en  Argentina fue el lógico resultado de al menos cinco años de trabajos geológicos y mineralógicos previos, ejecutados con el documentado propósito de encontrar petróleo y carbón. Sus impulsores, intelectuales y técnicos defensores de la soberanía nacional, integrantes de la generación del '80 12, buscaban sustituir la principal fuente energética del país -importada- por una cuatro veces más barata que la anterior y producida localmente: el petróleo. El modelo industrialista de país y el nacionalismo democrático compartido por aquellos hombres, fueron los elementos propulsores del descubrimiento. Por este motivo, los medios gráficos de Buenos Aires -representantes de la Argentina antiindustrialista y pro británica- censuraron el hallazgo, haciéndose eco desde un comienzo de su naturaleza accidental.

En este mes de diciembre se cumplen 100 años del nacimiento de la vida petrolera pública argentina. Pero, ¿de qué forma habrá de festejarse el centenario? ¿Se recordará a los integrantes de la generación del '80, al modelo industrialista que impulsaban y que obligadamente requería de recursos energéticos propios? ¿Se hablará de la necesidad de un Estado empresario y de su eficiencia?

Con pocas aunque estratégicas medidas el gobierno que asuma la presidencia este 10 de diciembre puede no sólo comenzar a revertir la "zoncera del agua", sino enterrar definitivamente el modelo petrolero de mercado, hoy expresado en el incumplimiento de la Ley Nacional de Hidrocarburos 17.319, la libre disponibilidad de crudo, la liquidación de divisas en el extranjero, la provincialización y exportación de petróleo, gas natural y productos derivados. Instalar al Estado empresario, los hidrocarburos, los combustibles y su renta diferencial como piedra angular del desarrollo nacional socialmente justo, será el mejor homenaje al centenario del petróleo.

  1. Arturo Jauretche, Manual de zonceras argentinas, Corregidor, Buenos Aires, 1992.
  2. Manuel Palacín, Valoración de una vida ejemplar, Editorial Bases, Buenos Aires, 1957.
  3. Ibídem.
  4. Enrique Hermitte, El estado de la cuestión petróleo, II Congreso Nacional de Ingeniería, Bs. As., 1921.
  5. Jorge Abelardo Ramos, Revolución y contrarrevolución en la Argentina, Editorial Distal, Buenos Aires, 1999.
  6. Enrique Hermitte, op. cit.
  7. El carbón mineral importado cubría el 95% de las necesidades energéticas del país. Inglaterra no estaba dispuesta a renunciar a la cuota de importación de combustible (carbón, petróleo) con que financiaba las compras de carnes y cereales. Por su parte, Estados Unidos se oponía a la nacionalización y movía los hilos diplomáticos y políticos para lograr la entrega de los yacimientos y reservas a sus propias compañías.
  8. Las fuentes del petróleo argentino, Ministerio de Comercio e Industria de la Nación, Dirección Nacional de Minería, Buenos Aires, 1957.
  9. Primera empresa estatal de explotación de petróleo del mundo. Le siguió una rusa en 1917.
  10. Orietta Favaro y Marta B. Morinelli, Petróleo, Estado y Nación, CEAL, Buenos Aires, 1991.
  11. Archivo General de la Nación, Archivo Hermitte, leg. 31, pp. fs. 205-210.
  12. Integrada entre otros por José y Rafael Hernández, Osvaldo Magnasco, Juan Bialet Massé, Carlos Pellegrini, Vicente Fidel López, Roque Sáenz Peña, Estanislao S. Zeballos, Dardo Rocha, David Peña, Enrique Hermitte, Eduardo Wilde y Florentino Ameghino.
Autor/es Federico Bernal
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 102 - Diciembre 2007
Páginas:16,17
Temas Historia
Países Argentina