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El narcotráfico se recicla

A pesar de algunos progresos, la influencia del narcotráfico en la política y en la sociedad mexicanas sigue siendo un grave problema. Nuevos “capomafia” reemplazan a los “caídos” y cambian tanto los métodos del tráfico como los hábitos y lugares de consumo. Los vínculos con el poder y el mercado internacional influyen de un modo decisivo en las renovadas estructuras de los cárteles.

Quince "capos" detenidos o abatidos desde 2000, cincuenta y un lavadores de dinero y ciento ochenta y nueve "narcofuncionarios" puestos fuera de circuito... En México, las estadísticas de la lucha contra la droga nunca han sido tan buenas.

Las operaciones conjuntas de los servicios de información del Ministerio de Defensa, de las fuerzas especiales del ejército y de la Procuraduría General de la República (PGR) -el Ministerio de Interior- dieron resultados que fueron elogiados por la Drug Enforcement Administration (DEA), organismo de lucha anti-droga estadounidense que colabora más que nunca in situ con los mexicanos.

Todavía en el auge de su poder a fines del mandato de Ernesto Zedillo (1994-2000), del Partido Revolucionario Institucional (PRI), varios "barones" fueron muertos o encarcelados. El cártel de Tijuana perdió a Ramón y Benjamín Arellano, sus dos principales jefes, y a la mitad de su "Estado Mayor". El cártel de Juárez, organización que dominaba el comercio de cocaína en los años 1990, en 6 años perdió varios elementos clave, entre ellos a "El Metro" -un ex-policía, jefe de la célula de Cancún-; a Mario Villanueva, el gobernador del Estado de Quintana Roo -que "cubría" las actividades de dicha célula- y a Rodolfo, el hermano de Amado Carrillo -fundador de la organización, muerto en 1997-. Además, Osiel Cárdenas, el "capo" del cártel del Golfo, y varios de sus lugartenientes están presos.

Las redes oficiales de protección también sufrieron. La información militar desenmascaró a un general de Caballería encargado de la vigilancia de la frontera del Estado de Tamaulipas con Estados Unidos. En el Estado de Sinaloa, el ministro de Defensa disolvió un batallón del ejército que protegía los cultivos de amapola y cannabis. El jefe de la policía del Estado de Morelos cayó, aunque había sido nombrado por un gobernador miembro del Partido de Acción Nacional (PAN), el partido del presidente Fox.

No obstante, detrás de estos resultados, se perfila una realidad preocupante. La desaparición de los grandes jefes históricos provoca una reorganización del tráfico que el Estado tiene dificultades en entender y controlar. Porque siempre habrá "narcos" con experiencia en circulación. Originarios del Estado de Sinaloa, el crisol del narcotráfico en México, trabajaban anteriormente como comparsas de las grandes organizaciones. Aprovechan su debilitamiento para reconstituir un cártel de Sinaloa poderoso, que hoy pone en dificultades a las antiguas mafias. Ismael Zambada García -alias "El Mayo Zambada"- confiscó al cártel de Tijuana una parte del corredor del Pacífico, frente a la California estadounidense.

Capturado a principios de los años '90, Joaquín Guzmán Loera -el "Chapo" Guzmán-, se fugó de la prisión en 2001, algunos meses después de la llegada de Fox al poder. Constituyó su banda con recién llegados poco conocidos que los agentes anti-droga tardaron mucho en identificar. Desde entonces actúa en el territorio de los sucesores de Amado Carrillo -el rey de la droga llamado "el Señor de los cielos", muerto el 4 de julio de 1996- y de los lugartenientes de Osiel Cárdenas, el ex-jefe del cártel del Golfo.

Traficantes de nuevo tipo

Para complicar las cosas, en el vacío que dejaron los "históricos" apareció un nuevo perfil de traficantes. ¡Se terminaron los peces gordos con las residencias millonarias, las 4x4 llamativas y las cadenas de oro de los fundadores del negocio! El último "pez gordo" detenido por la PGR en noviembre de 2005 había seguido estudios universitarios y vivía discretamente en un departamento de clase media de la capital. Responsable de enormes operaciones de lavado de dinero mediante casas de cambio amigas, su principal ayudante era un ex-ejecutivo del Banco de México.

La reestructuración de los cárteles y de los clanes familiares se traduce también en una atomización de la delincuencia. Osiel Cárdenas se había dotado de una guardia pretoriana, los Zetas, compuesta de desertores de las fuerzas especiales del ejército: las Gafes, unidades que apoyan el accionar de los servicios de información militar. Muchos de ellos formados en Estados Unidos, estos tránsfugas muy calificados estaban encargados de proteger a los "capos" y a los cargamentos de droga. En 2003, después de la captura de Cárdenas, los Zetas reforzaron su control sobre el tráfico en el Estado de Tamaulipas, el territorio de su ex-jefe, y dirigen la ofensiva contra las redes del "Chapo" Guzmán en la costa del Pacífico, en Acapulco y Michoacán.

En el territorio de Ciudad Juárez, que estuvo controlado durante dos décadas por la familia Carrillo, se instaló un nuevo clan -el de los hermanos Arriola- desconocido para la policía cuando Vicente Fox asumió el poder. Y pequeñas bandas como la de los "Aztecas", que se consagraban a la venta minorista de drogas en la región fronteriza, en la actualidad transportan cargamentos de importancia creciente a Texas.

Antes de 2000, bajo el régimen del PRI, los "barones" de Juárez o el Golfo dialogaban directamente con el poder y se beneficiaban de su protección, de manera que el tráfico pasaba casi inadvertido para los mexicanos. Así pues, de 1990 a 1996 colombianos y mexicanos transportaban a bordo de viejos aviones Caravelle o Boeing cargamentos de 10 ó 20 toneladas de cocaína, de América del Sur a los Estados mexicanos fronterizos con Estados Unidos. Los cargamentos alcanzaban la frontera en un abrir y cerrar de ojos. Las redes de "cobertura" contaban con asesores del Presidente, ministros, miembros del Estado Mayor del Ejército, gobernadores y directivos de la policía anti-droga. Actualmente "se rompieron los vínculos con el poder", afirma José Luis Santiago Vasconcelos. Aunque no están encarcelados ni juzgados, los principales "narcopolíticos" fueron alejados.

Los "narcos" recurren de nuevo al tráfico "hormiga" por tierra y por mar. Las carreteras para el transporte parten de la frontera sur, recorren toda la geografía nacional y crean nuevas bases en ciudades del sur o del centro. Para protegerlas, se torna imperativo comprar complicidades a nivel de las policías municipales y de los Estados federados, en ciudades y puertos menos estratégicos en otro tiempo: México, Toluca, Acapulco, Zihuatanejo, Lázaro Cárdenas.

Estados fronterizos como Tamaulipas y Chihuahua, Estados productores de materia prima -amapola y cannabis- o indispensables para el transporte de la mercancía por mar (Sinaloa, Guerrero, Michoacán), están completamente gangrenados por la corrupción y la droga. Los policías locales están a disposición de las pandillas. Paradójicamente, desde que las estructuras del "narco-Estado" federal desaparecieron, es cada vez más difícil descifrar la narco-corrupción.

Nuevas formas de violencia acompañan esta reestructuración. En el centro de la ciudad, la policía municipal de Nuevo Laredo (Tamaulipas) dispara sus armas junto con los Zetas contra los sicarios del cártel de Sinaloa. Agentes de la Agencia Federal de Investigación (AFI) destinados a Acapulco y Michoacán montan operaciones de represalias contra los Zetas.

Complicidad política

La evolución del mercado del consumo provoca también reajustes que tornan la lucha más azarosa. Estos últimos años la producción de cocaína colombiana disminuyó ligeramente. Al mismo tiempo, en Estados Unidos bajó su consumo porque en la actualidad la juventud estadounidense se orienta hacia las drogas sintéticas ("ice", "crystal", "crank", éxtasis...). Esto hace que las pandillas mexicanas se reciclen produciendo nuevas drogas químicas, de elaboración menos costosa y fáciles de transportar. En 2006 por primera vez la PGR descubrió un gran laboratorio de metanfetaminas en Guadalajara, perteneciente a una mafia especializada en el transporte de cocaína.

Para terminar de confundir a los analistas, el mercado internacional de marihuana retorna con más fuerza, mientras que el consumo interno de cocaína aumenta de manera vertiginosa, obligando al grueso de los efectivos policiales a perseguir a una multitud de pequeñas bandas especializadas en el "narco-menudeo". Por último, ex-altos funcionarios, sospechados de proteger a los narcos en los años noventa, hace algunos meses que han vuelto a ocupar puestos importantes en el gobierno del Estado de México, y el Procurador de la República sigue sin conseguir identificar a los cómplices del tráfico que sobreviven en la dirección de las operaciones de la AFI, punta de lanza de la lucha anti-droga junto con el Ejército.

Autor/es Jean-François Boyer
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 84 - Junio 2006
Páginas:16
Traducción Teresa Garufi
Temas Narcotráfico, Política
Países México