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Una identidad incierta

La oficina de la revista Nacha Niva, en el centro de Minsk, se parece a una colmena donde se encuentran todos los actores del movimiento nacional bielorruso. Estudiantes asisten a un curso nocturno de la Universidad Popular (prohibida por las autoridades), mientras que voluntarios ensobran ejemplares de la revista: como todos los medios de comunicación independientes, excluida del sistema público de distribución de la prensa. "Dieciséis diarios fueron prohibidos -explica Andrei Dynko, el joven jefe de redacción de la revista-. Casi todos estaban redactados en bielorruso".

La política de promoción del idioma y de la identidad nacional, implementada luego de la caída de la URSS, fue suspendida tras la llegada al poder de Alexandre Lukashenko, quien devolvió al ruso su estatuto de "segundo idioma del Estado", junto al bielorruso 1. Sin embargo, esta paridad es completamente ficticia. Si bien algunas inscripciones oficiales están redactadas en bielorruso, todos los medios de comunicación públicos y toda la administración utilizan casi exclusivamente el ruso, que domina por completo la vida pública y social, al menos en las grandes ciudades.

Lukashenko, que se expresa en un ruso mezclado con préstamos en bielorruso, explicó además que sólo dos idiomas podrían adaptarse al mundo contemporáneo, el ruso y el inglés.

Un liceo alternativo

La situación del Liceo Bielorruso es emblemática de esta realidad. Creado en noviembre de 1990, este establecimiento alternativo surgió de una red de cursos dictados los domingos, instalada más o menos clandestinamente en los años 1980, que permitía a todos aprender o mejorar su dominio del idioma. Bajo la dirección de Uladzimir Kolas, este sistema paralelo gozó de un prestigio claramente superior al número de alumnos inscriptos. Su reputación era tal que el Estado recurrió a los profesores de este Liceo para publicar manuales escolares en bielorruso. Dos meses después de su elección, Lukashenko dictó un primer decreto en materia educativa. Sin dar explicaciones, el Presidente deseaba prohibir todos los manuales escolares publicados a partir de 1991. El poder debió dar marcha atrás en esta cuestión: no había suficientes libros de la época soviética para aplicar efectivamente el ucase.

A pesar de las continuas manifestaciones de los profesores, padres y alumnos del Liceo, apoyados por un buen número de intelectuales bielorrusos, el establecimiento se cerró en junio de 2003. "Hoy nos arriesgamos a condenas de seis meses a dos años de prisión por participar en una asociación no registrada -explica un responsable de este Liceo-. Pero decidimos continuar con la aventura". Sin instalaciones, la escuela vivió dos años lectivos difíciles: las clases se daban en departamentos privados, discretamente transformados en aulas improvisadas. Este año, el Liceo alquiló una pequeña casa en un barrio alejado del centro de Minsk. Alumnos y profesores deben viajar durante dos horas para llegar a la escuela. A pesar de las dificultades, "estamos aquí para estudiar en nuestro idioma", explica un alumno.

Quince años después de la Independencia, la identidad bielorrusa tiene aún dificultades para reafirmarse. Situadas en el cruce de los imperios, las tierras bielorrusas pertenecieron en la Edad Media al Gran Ducado de Lituania, luego a la "Rzeczpospolita", la República nobiliaria lituano-polaca creada en el siglo XVI. El imperio zarista se apoderó de Bielorrusia, gracias a los tres repartos de Polonia, en 1772, 1792 y 1795. El país se vio entonces sometido a una intensa rusificación.

El movimiento nacional

A fines del siglo XIX, surgió un movimiento nacional bielorruso, esencialmente cultural, que se inscribía en el marco de los nacionalismos románticos europeos. Durante la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil rusa, Bielorrusia fue un campo de batalla, sin que lograra afirmarse como un actor autónomo, a pesar de la breve experiencia de una República Democrática Bielorrusa independiente en 1918-1919. El Tratado de Riga (1922) repartió Bielorrusia entre Polonia y la URSS. Luego del pacto germano-soviético de 1939, la URSS recuperó Bielorrusia occidental, antes que el país fuera el primero en sufrir la invasión alemana de 1941.

En 1945, la República Socialista Soviética de Bielorrusia era un país devastado, con sus infraestructuras y ciudades destruidas. Un componente esencial de la sociedad había sufrido particularmente: la población judía, ampliamente mayoritaria antes de la guerra en la mayoría de las ciudades, como Minsk, Grodno o Vitebsk, la ciudad natal del pintor Marc Chagall. Las tierras bielorrusas se encontraban en efecto en la "zona de residencia" donde el imperio zarista toleraba la presencia judía. Con la casi desaparición de la población judía, también desapareció buena parte de la historia y la cultura de Bielorrusia.

De 1945 a 1990, Bielorrusia vivió un rápido desarrollo económico y una intensa industrialización. La rusificación continuó, sin que los dirigentes comunistas locales trataran de resistir a este fenómeno, mientras que la sovietización de las ciudades y el campo terminaba de destruir los puntos de referencia del paisaje tradicional. La lengua y la cultura bielorrusas, oficialmente protegidas, se vieron de hecho confinadas a un espacio puramente folklórico.

Los movimientos disidentes surgidos a partir de los años 1980, sobre todo después de la catástrofe de Chernobyl (1986), cuya principal víctima fue Bielorrusia 2, utilizaban de buena gana referencias nacionalistas bielorrusas, especialmente para diferenciarse de Rusia y remitir la identidad del país a un espacio centroeuropeo. Este redescubrimiento de la identidad fue valorado durante los primeros años de la independencia, pero una parte importante de la opinión pública no adhería necesariamente a este proyecto nacional, percibido como demasiado incierto. La llegada al poder de Lukashenko acabó de una vez con el movimiento.

De hecho, éste cultiva más la nostalgia de la época soviética que el nacionalismo ruso. "Lukashenko quiere presentarse como una alternativa a Putin. El proyecto de la unión con Rusia debe entenderse en este sentido. Lukashenko sueña con ser el jefe de un nuevo gran Estado que reúna a ambos países -explica Liolik Uchkin, periodista de Nacha Niva-. El objetivo no es que Bielorrusia se reduzca al rango de una simple provincia rusa". Estos últimos años, el discurso del poder sufrió un claro vuelco. Siendo al parecer imposible la unión política con Rusia, las autoridades valoran la experiencia estatal de Bielorrusia y la posición específica del país que no estaría "ni al Oeste, ni al Este".

La nostalgia soviética sigue siendo sin embargo el principal resorte ideológico del régimen. Tiene sus raíces en la experiencia primordial que representan la Segunda Guerra Mundial y el combate de los partisanos bielorrusos, al frente de la resistencia en las zonas ocupadas. Este tema tiene una repercusión concreta en el país, donde los veteranos siguen siendo muchos y los referentes identitarios bielorrusos no se encuentran muy arraigados. Por ejemplo, no existe la Iglesia ortodoxa bielorrusa independiente.

No obstante, Andrei Dynko ve con esperanzas el ejemplo de la vecina Ucrania. "Hace diez años, nadie hablaba ucraniano en las calles de Kiev, que hoy es una ciudad en gran medida ucrano-parlante, gracias a una decidida política de promoción de la identidad nacional". Para él, Ucrania y Bielorrusia son naciones aún inconclusas, y la construcción nacional va a la par de la democratización. "La ‘revolución naranja' del otoño de 2004 fue una revolución nacional que permitió a Ucrania reconstruir su identidad -señala Dynko-. El régimen de Lukashenko representa tal vez una oportunidad histórica para Bielorrusia, que logrará constituirse en nación por oposición a este régimen de mentiras y al vacío de la ideología del Estado". 

  1. Según el censo oficial de 1999, el 11,4% de la población es de origen ruso, pero el conjunto de la población domina el idioma ruso.
  2. Véase especialmente el mapa.
Autor/es Jean-Arnault Derens, Alexandre Billette
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 81 - Marzo 2006
Páginas:16
Traducción Gustavo Recalde
Temas Política, Sociedad
Países Rusia