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Simetría del terror mundial

Suele decirse que el terrorismo es el arma de los pobres, pero la verdad es que se trata de un asunto de fanáticos ricos. Osama Ben Laden es un riquísimo ciudadano saudí y es notorio que los compatriotas que aportan dinero a sus andanzas también lo son. George W. Bush es un magnate petrolero, al igual que su vicepresidente Richard Cheney y algunos miembros de su equipo. El Estado de Israel es muy rico. En cuanto a los atentados a la AMIA y a la embajada de Israel en Buenos Aires; los perpetrados en Nueva York, Dar es Salaam y Nairobi contra edificios, embajadas y barcos de Estados Unidos; los de Hamas en Israel o los del pasado 11 de marzo en Madrid, es evidente que no los planearon ni financiaron desharrapados con el estómago vacío.

Decir que democracias como Estados Unidos e Israel practican el terrorismo en el exterior ha dejado de ser una novedad y mucho menos una provocación desde que ciudadanos estadounidenses, judíos y respetadísimos intelectuales como Noam Chomsky y Gore Vidal, entre muchos otros, lo han dicho y escrito 1. Por otra parte, mucho antes de que ocurriesen las cosas que están ocurriendo ya había quienes consideraban que Estados Unidos está gobernado por "un grupo de ex empresarios chiflados" 2.

Hoy por hoy, quien considere que un gobierno que convence a su sociedad de la justicia de una guerra mediante una deliberada serie de falsedades y luego provoca la destrucción de un país y decenas de miles de muertos civiles es moralmente diferente de una organización que hace estallar una bomba en una estación de ferrocarril, o es de la misma catadura o dispone de similares fuentes de información que la sociedad estadounidense (Klinenberg, pág. 36). Acerca de las tropelías del Estado de Israel, sobre todo bajo su gobierno actual (Gresh, pág. 7), es innecesario abundar y, por supuesto, también respecto de las de Al-Qaeda, Hamas, ETA u otros grupos por el estilo.

Capacidad planetaria

Desde hace décadas, pero sobre todo en los últimos años, la lógica del terrorismo parecía funcionar de manera sistemática casi exclusivamente entre israelíes y palestinos. Cada vez que el núcleo mayoritario de esas dos sociedades lograba imponer sus criterios y avanzar hacia una solución pacífica y duradera, un monstruoso atentado abundaba en la argumentación de los fanáticos de uno u otro lado y el círculo del terror recomenzaba. Hubo incluso atentados contra el propio campo, como cuando extremistas israelíes asesinaron a Itzhak Rabin.

Pero desde George Bush padre hasta su hijo y Ben Laden, esta lógica ha devenido planetaria. Estados Unidos se sirvió casi siempre de métodos terroristas, al menos desde la doctrina Monroe en 1823 o, para citar un caso, desde la explosión del buque Maine en La Habana, en 1898, que le sirvió para iniciar la guerra contra España y quedarse con Cuba. Las decenas de miles de argentinos que el 24 de marzo pasado se emocionaron ante la reparación política y moral ofrecida por el gobierno de Néstor Kirchner a las víctimas del terrorismo de Estado, recordarán que éste se inspiró y entrenó en la Doctrina estadounidense de Seguridad Nacional, que asoló América Latina en el último tercio del siglo XX.

Las víctimas de la embajada de Israel y la AMIA en Buenos Aires recibieron la réplica al aventurerismo de Carlos Menem, que había apoyado la primera invasión estadounidense a Irak ante la indiferencia de la sociedad argentina. Las de Madrid en marzo pasado pagaron por el comportamiento antidemocrático de José María Aznar, que desoyó la opinión de la abrumadora mayoría de los españoles, contraria a la segunda invasión. No se trata por supuesto de justificar esas atrocidades, sino de subrayar un fenómeno nuevo: del mismo modo que el terrorismo imperial, el terrorismo clandestino tiene capacidad planetaria.

Por lo tanto, ahora que "la banda que robó las elecciones en Estados Unidos convirtió la guerra contra el terrorismo en un negocio rentable, restringió las libertades de los ciudadanos que piensan de otra forma, difamó a la oposición y puso en peligro a cientos de miles de soldados" 3; ahora que "el patriotismo en un país en apuros tiene una tendencia lógica a tornarse fascista" 4; o sea, ahora que un grupo de fanáticos evangélicos se ha encaramado en el gobierno de la primera potencia mundial 5 y le ha aparecido un clon islamista, internacional y clandestino como Al-Qaeda, la sociedad mundial se encuentra atrapada en la misma lógica que ha hecho hasta ahora imposible la paz entre israelíes y palestinos.

Nada pinta mejor la simetría Bush-Ben Laden y lo que ambos representan que uno de los últimos comunicados de Al-Qaeda, en el que expresa su deseo de que el vaquero de Texas sea reelegido, porque "necesitamos de tu estupidez y de tu chauvinismo religioso para que nuestra nación (islámica) despierte" 6.

Las armas de la democracia

Después de los atentados de Madrid, el rey de España afirmó que "contra los enemigos de la democracia, la única respuesta es más democracia". Viniendo del monarca de una democracia (de paso, vaya contrasentido) que soporta desde hace años el terrorismo de ETA de manera casi ejemplar 7, la frase tiene el peso de la credibilidad y tuvo amplia repercusión. Pero el pasado colonial europeo no es esencialmente distinto del presente neocolonial estadounidense y sus gobiernos siguen aplicando el doble rasero internacional respecto del tema democracia: el rey de Marruecos o la dinastía saudí son demócratas (o al menos reciben el trato de tales), pero los presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro no lo son (Cassen, pág. 22).

Considerar que la democracia podrá defenderse "con sus armas" (las instituciones, la ley, la libertad de expresión) sin acabar con esa hipocresía de conveniencia y, sobre todo, con las desigualdades económicas y sociales que la desacreditan y conducen a la desesperación y el fanatismo a millones de personas es de una ingenuidad rayana con la estupidez, si no complicidad objetiva con el actual curso de las cosas.

Por primera vez, las democracias occidentales son puestas verdaderamente a prueba a escala planetaria por un grupo de fanáticos que exhibe argumentos simétricos: para miles de millones de personas, muchas de las cuales viven o intentan vivir en los países desarrollados, la "democracia" es tan ilusoria como las "hermosas doncellas de negras pupilas" que aguardan en el paraíso a los iluminados que se hacen estallar en medio de una multitud 8. Quien dispone de miles de suicidas potenciales y un mínimo de recursos materiales tiene a la larga tanto poder destructivo como una superpotencia militar. Ben Laden puede ser atrapado o muerto en cualquier momento y Al-Qaeda desaparecer, pero si las injusticias y la desesperación siguen acrecentándose, no tardará en hacerse presente otro grupo, quizá también excrecencia de algún servicio de inteligencia occidental, posiblemente equipado de armas químicas y hasta nucleares. La globalización y el progreso tecnológico sirven tanto a usureros, explotadores y magnates del petróleo como a terroristas clandestinos.

Por lo tanto, esta vez no valen subterfugios formales. Si quiere imponerse -y ojalá lo haga- la democracia occidental va a tener que asumir que la igualdad debe dejar de ser una promesa.

Pero por ahora ocurre todo lo contrario. No sólo las desigualdades aumentan, sino que las libertades se estrechan en todas partes, en primer lugar en Estados Unidos, y hasta las democracias europeas parecen prepararse para ese tipo de involución: "(La lucha contra el terrorismo) plantea la cuestión de las libertades públicas; más precisamente, de su preservación. Luego de un ataque mortífero como el de Madrid contra una gran estación parisina, ¿rechazarían nuestros diputados una Patriot Act a la francesa?", se pregunta el director de uno de los más importantes diarios de Europa 9.

La hipocresía del dinero

Se puede argumentar razonablemente que aun con un cambio de rumbo radical la igualdad no se logrará en dos días, pero que la lucha contra el terrorismo es urgente. Pues bien, las democracias occidentales pueden hacer muchísimo en ese terreno -y de paso en tantos otros- eliminando los paraísos fiscales y regulando estrictamente la circulación de capitales. La pregonada cooperación policial, judicial, militar y la protección civil, o un mayor acento en la coordinación de los servicios de inteligencia no servirán de nada si no se pone fin a la circulación del dinero criminal y al contrabando de armas de todo tipo, que por cierto no son fabricadas por traficantes, sino por Estados o grandes empresas privadas cuyos clientes son los Estados. ¿O acaso se fabrican misiles, bombas y todo tipo de material militar para el mercado de consumidores civiles?

Esta hipocresía del dinero y de los Estados democráticos es el arma principal de los terroristas. Es una suerte de terrorismo en sí misma, porque cuesta decenas de miles de vidas al año por la destrucción que provoca y millones más por los recursos desviados y la pobreza desatendida.

Acabar con los paraísos fiscales o con las cuentas numeradas en Suiza y regular las transferencias electrónicas que otorgan impunidad a los fondos del crimen no requeriría probablemente del envío de un solo soldado, no costaría una sola víctima.

Como escribió el presidente de la Asociación de Amigos de Le Monde diplomatique en Francia: "¿Por qué no hacemos converger los millones de palabras que se están diciendo y escribiendo en estos días contra el terrorismo en sólo dos objetivos: acabar con los canales ocultos por donde circula el dinero del terror y la sangre y hacer de la indivorciable pareja libertad/igualdad el gran propósito global de Occidente?" 10.

  1. Noam Chomsky, "Estados Unidos, un Estado ilegal", y Carlos Gabetta, "Guerra non sancta", Le Monde Diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, agosto 2000 y octubre 2001.
  2. Arthur Schlesinger Jr., premio Pulitzer y ex asesor del presidente John F. Kennedy, en "La guerra preventiva", El País, Madrid, 27-8-02.
  3. Norman Birnbaum, "¡Ánimo, señor Zapatero!", El País, Madrid, 22-3-04.
  4. Norman Mailer, ¿Por qué estamos en guerra?, Anagrama, Barcelona, 2003.5
  5. Andrés Ortega, "Regreso al Antiguo Testamento", El País, Madrid, 1-3-04.
  6. "Al -Qaida menace ‘les valets de l'Amérique'", Le Monde, París, 19-3-04.
  7. Una de las raras excepciones fue la creación de los GAL, cuerpo parapolicial cuyo objetivo era asesinar a dirigentes de ETA, durante el gobierno de Felipe González. El ministro de Interior socialista y otros altos dirigentes fueron procesados y en algunos casos condenados por estos hechos.
  8. Andrea Paula de Vita, "Morir por Allah", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, octubre 2001.
  9. Jean-Marie Colombani, "La haine et la démocratie", Le Monde, París, 16-3-04.
  10. José Vidal-Beneyto, "Las armas contra el terror", El País, Madrid, 14-3-04.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 58 - Abril 2004
Páginas:3