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Guerra santa entre musulmanes

El movimiento talibán, que logró dominar y unificar la mayor parte de Afganistán tras una guerra civil que duró diez años, ha asimilado una interpretación particular del islam con los intereses de la etnia pashtun, mayoritaria en el sur del país. Con el tráfico de heroína y el cobro de impuestos a los productos de contrabando que atraviesan Afganistán, sostiene a los movimientos de oposición musulmana en las cinco repúblicas de Asia central, al tiempo que goza del apoyo de las autoridades de Pakistán y de la "red" Osama Ben Laden contra Irán.

La situación de guerra y caos que perdura desde hace ya veinte años en Afganistán llegó finalmente a trascender las porosas fronteras del país, polarizando al conjunto de la región: Pakistán y Arabia Saudita apoyan a los talibanes, mientras que Irán, Rusia, India y cuatro de las repúblicas de Asia central -Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán- dan su apoyo a la Alianza del Norte, que agrupa a sus adversarios. Como disponen de bases de repliegue en Afganistán, miles de islamistas inspirados por las prácticas rigoristas de los talibanes esperan trasladarlas a sus países de origen y derribar los regímenes vigentes. Los talibanes no sólo les ofrecieron un santuario, sino también los medios logísticos y militares para sus campañas, que se financian con el tráfico de estupefacientes.

Fue a fines del año 1994 que los talibanes, en su mayoría de origen pashto, aparecieron en el escenario afgano. Su movimiento, integrado por "talibs", estudiantes de las escuelas islámicas (madrassas) instaladas en los campos de refugiados de Pakistán, pretendía entonces devolver la paz a Afganistán, restablecer la ley y el orden, desarmar a la población e imponer la sharia o ley islámica. Su objetivo declarado era poner fin a la espantosa guerra civil que estalló en 1989, después de la retirada soviética, y que ya lleva diez años de enfrentamientos entre la población de mayoría pashta del sur y del este y las minorías étnicas del norte (tayiks, uzbecos, hazaras y turkmenos). En 1998, los talibanes conquistaron una amplia zona del norte de Afganistán y obligaron a sus adversarios del norte a replegarse hacia una estrecha franja del noreste del país.

Esas victorias provocaron una fuerte polarización regional, en especial entre Irán y Afganistán. En respuesta a las ofensivas de los talibanes, Irán movilizó a sus tropas hacia la frontera afgana y denunció el apoyo que Pakistán prestó a los talibanes. Esta reacción se explica por la virulenta política del poder talibán, imbuida de un odio feroz por la rama chiíta del islam. Si bien es cierto que el 90% de los afganos son sunitas y el 10% son esencialmente chiítas, las fuentes de este odio no están en el tradicional sunismo afgano. Afganistán fue siempre un país musulmán profundamente conservador, pero el islamismo afgano dio siempre muestras de una gran tolerancia y muy raras veces se mostró sectario. Así, hasta 1992, los hindúes, los sijs y los judíos jugaron un rol importante en la economía y el comercio. Además el sufismo, rama mística del Islam, promovió la tolerancia en relación a la diversidad religiosa.

La guerra civil, articulada por las líneas de sus divisiones étnicas y religiosas, hizo que no quedaran ni rastros de esta tradición. En otro tiempo un factor unificante, el islam se convirtió en un arma mortal en manos de los extremistas, en una fuerza de división y fragmentación.

Continuando una larga tradición basada en la historia musulmana, los talibanes se presentaron al principio como un movimiento reformador cuya legitimidad emanaba de la Jihad. Pero ésta no preconiza el asesinato de otros musulmanes, ni por razones étnicas ni por sectarismos. La interpretación de los talibanes, condenada por muchas organizaciones islamistas y que los ha llevado a conducir una guerra interna inagotable, despertó en los no-pashtos la convicción de que los talibanes utilizan la religión con el fin de exterminarlos.

Desprovistos de una concepción de Estado nación, los talibanes tienen un conocimiento sumario del islam. Alimentada por una interpretación extrema y perversa del islam deobantí, su creencia se reduce a una interpretación restrictiva y oscura de la charia, que no tolera ningún debate ni oposición. Los deobantíes aparecieron en India durante el período colonial, bajo la forma de un movimiento reformador que pretendía regenerar la sociedad musulmana sunita y actualizar los textos islámicos clásicos en función de las realidades presentes. Así fue como establecieron escuelas deobantíes (madrassas) en Afganistán, aunque no consiguieron una gran adhesión popular. En cambio, las madrassas se multiplicaron rápidamente en Pakistán luego de la división de India en 1947: los deobantíes de Pakistán crearon un partido político, el Jamiat-e-Ullema Islam (JUI) que consiguió ejercer una cierta influencia en los años 90.

El JUI no desempeñó un rol directo en la guerra de Afganistán. Sin embargo, se benefició con el conflicto, estableciendo cientos de escuelas a lo largo de la periferia pashta pakistaní, en la provincia de la Frontera Noroeste (NWFP) y en Baluchistán. Allí brindó a los jóvenes pakistaníes y a los refugiados afganos estructuras sociales, educación gratuita, alimento, vivienda, pero también entrenamiento militar. Esas madrassas deobantíes eran administradas y dirigidas por mollahs, muchas veces analfabetos, que conocían muy poco sobre la enseñanza original de su secta. Gracias a las becas y a los fondos sauditas, su ideología se acercó poco a poco al wahhabismo1.

Relativamente marginal y políticamente aislado hasta 1993, el JUI se alió ese año al partido de la señora Benazir Bhutto (Partido del Pueblo Pakistaní, PPP) y pasó a integrar el gobierno de coalición constituido luego de su victoria electoral. Desde entonces, el JUI y sus múltiples derivados se convirtieron en la principal fuerza de reclutamiento de estudiantes pakistaníes o de otras nacionalidades para los talibanes. Estos militantes aguerridos reciben apoyo logístico y militar por parte de las autoridades pakistaníes. Su penetración social cada vez más fuerte representa no obstante una grave amenaza para la estabilidad del país.

Lo confirma el golpe de estado del 12-10-99, ocasión en que los militares derribaron al primer ministro Nawaz Sarif. Pakistán es un país fragilizado por profundas y recurrentes crisis económicas y políticas. Sus instituciones están al borde del colapso y la sociedad se encuentra fracturada por múltiples divisiones étnicas y sectarias. Los movimientos neotalibanes pakistaníes gozan de una importante influencia política en las zonas pashtas, tanto en Beluchistán como en la Provincia de la Frontera Noroeste. Esta influencia se está extendiendo hacia Punjab y Sind: la mayor parte de los entre seis y ocho mil militantes pakistaníes que se unieron a los talibanes en su ofensiva militar de julio de 1999 no son pashtos, sino punjabíes y sindos.

Las fuerzas armadas pakistaníes consideran que un gobierno afgano favorable a Pakistán representa un logro esencial para obtener un mayor alcance estratégico en su peligroso enfrentamiento con la India. Además, los talibanes, los grupos deobantíes de Pakistán y la "red Ben Laden" -en honor al multimillonario islamista de origen saudí refugiado en Afganistán2-, prestan su apoyo sin reservas a los musulmanes insurrectos, en lucha contra India y Cachemira3. Aunque este apoyo alimente conflictos religiosos en Pakistán, Islamabad no puede retirarle el suyo a los talibanes sin debilitar la causa de Cachemira, que defiende.

Dada la porosidad de sus fronteras, el estado crítico de sus economías y la ineficacia de sus estructuras de seguridad, las cinco repúblicas musulmanas de Asia central temen que los disturbios provenientes de Afganistán se extiendan. Con la única excepción de Turkmenistán, que se declaró neutro, todos estos países apoyan a la Alianza del Norte. Su comandante, Ahmed Shah Massud, dispone de una base importante en el sur de Tayikistán, desde donde recibe armas provenientes de Rusia e Irán.

En respuesta a esta política, los talibanes ofrecieron un santuario a los movimientos islámicos opositores de Asia central. El dirigente del Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU), Tahir Yuldashev, es buscado en su país por la organización del intento de asesinato contra el presidente Islam Karimov, que provocó 16 muertos y 128 heridos en el mes de febrero, a raíz de la explosión de seis bombas en Tachkent. En mayo de 1999, los talibanes lo autorizaron a establecer un campo de entrenamiento militar en Mazar Sarif, a pocos kilómetros de la frontera uzbeka. Yuldashev entrena allí a varios cientos de militantes provenientes de Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán, así como a independentistas uigures de la provincia china de Sin-kiang. Aunque niegan su apoyo al IMU, en el mes de junio los talibanes rechazaron los pedidos de extradición de Uzbekistán. A fines de agosto, otro dirigente del IMU, Juma Namangani, ingresó junto a 800 militantes en el sur de Kirguistán, se apoderó de algunas aldeas, tomó rehenes, y amenazó con invadir Uzbekistán.

En el Cáucaso, los dos dirigentes rebeldes que condujeron la reciente invasión de Daguestán, Jabib AbdAr Rahman Jattab, jordano y ex "afgano", y Shamil Basayev, dirigente independentista checheno, mantienen estrecha relación con los talibanes. Es también el caso de algunos movimientos disidentes iraníes, como el reducido Ahl-e-Sunnah Wal Jamaat, o algunos dirigentes del principal movimiento de oposición armada al gobierno de Teherán, los mujaidines, con sede en Irak. Por su parte, las autoridades chinas afirman que las armas y los explosivos utilizados por los militantes uigures en Sinkiang eran de origen afgano. Una vez más, los talibanes niegan toda implicación, pero quedó establecido que algunos militantes uigures están involucrados con las operaciones de Yuldashev y de Osama Ben Laden. Además del ascenso del islamismo militante, China teme el desarrollo del tráfico de heroína afgana en Sinkiang.

En los años 80, Osama Ben Laden fue uno de los principales reclutadores de los casi 35.000 militantes islamistas árabes, africanos y asiáticos que lucharon junto a los mujaidines afganos contra el ejército rojo. Como tantos otros militantes árabes involucrados en la guerra, obtuvo el apoyo de las autoridades estadounidenses y probablemente la colaboración concreta de sus servicios de información. Es preciso recordar que la administración Reagan, junto a sus aliados sauditas y pakistaníes, prestó un importante apoyo logístico, financiero y de formación a los movimientos más radicales de los mujaidines. El fin de la guerra marcó la ruptura entre esos "afganos" y Estados Unidos.

De regreso a Afganistán en 1996, después de seis años de ausencia, Osama Ben Laden desarrolló una relación de amistad con su protector, el jefe supremo de los talibanes, el mollah Mohammed Omar. Fue Ben Laden quien puso a los "afganos árabes" en contacto con los talibanes, como asimismo quien los inició en su ideología panislamista. Parecería ser que el mollah Omar está recibiendo una influencia creciente de Osama ben Laden, de donde sus tomas de posición cada vez más firmes contra Estados Unidos, las Naciones Unidas, los sauditas y otros regímenes musulmanes. Efectivamente, las declaraciones recientes de los talibanes utilizan un discurso panislámico que resulta novedoso. Osama Ben Laden reunificó y rearmó lo que queda de los "afganos" árabes. También consiguió obtener fondos provenientes de árabes simpatizantes de la causa talibana.

Según el United Nations Drugs Control Program (UNDCP), Afganistán produjo 4.600 toneladas cúbicas de opio en 1999, es decir el doble que en 1998; el 97% de los cultivos se realizan en las zonas controladas por los talibanes4. Mientras que en los años 80 ese opio se exportaba a través de Pakistán, hoy las rutas pasan por Irán, los países del Golfo, Asia central y el Cáucaso. Osama Ben Laden, cuyas cuentas bancarias en el exterior están congeladas, financiaría sus operaciones gracias a este narcotráfico. Según las autoridades chinas, este tráfico de drogas sirve también para pagar a la oposición uigur en Sinkiang. El gobierno uzbeko estima que también alimenta las arcas del IMU y mantiene la guerra civil de Tayikistán. En cuanto a Chechenia, se ha transformado en importante ruta de paso para la heroína afgana.

A la droga hay que agregar el contrabando de bienes, de alimentos y de combustible en tránsito por Afganistán. Los camioneros afganos y pakistaníes se dedican a este tráfico, en una zona enorme que abarca desde Rusia hasta Pakistán, pasando por el Cáucaso, Asia central e Irán. El principal efecto de este fenómeno fue la parálisis de la industria local. En efecto, los productores locales no pueden hacer frente a la competencia de los bienes producidos fuera del país, que no pagan impuestos. Este contrabando genera inmensas pérdidas en los Estados: se estima que las pérdidas de Pakistán alcanzan un 30%. Luego del impuesto a las drogas, la segunda fuente de ingresos de los talibanes es el impuesto sobre el contrabando: las mafias de los transportes pasaron a ser un importante respaldo para ellos.

La política de Estados Unidos a partir del fin de la guerra fría no ayudó en nada a clarificar las distintas posiciones de la región. Al priorizar su penetración económica en una zona rica en hidrocarburos -en particular la construcción de un oleoducto entre Asia central y Pakistán- contribuyó en parte a la consolidación del poder de los talibanes. Más aún, como aliados de Pakistán y de Arabia Saudita, los talibanes fortalecieron la política anti iraní de Washington. Pero esta instrumentación no tuvo los efectos previstos. Los talibanes no moderaron ni su discurso ni sus prácticas, ni el trato degradante infligido a las mujeres afganas, ni el terror que siembran en el seno de las poblaciones civiles5.

Recientemente, EE. UU. revisó su política y solicitó al Consejo de Seguridad que conminara a Kabul a expulsar a Osama Ben Laden. Pero carga con una importante responsabilidad en la génesis de ese movimiento…

  1. Movimiento musulmán puritano fundado por Mohammad ibn 'Abd al Wahhab (1703-1792) en Nayd (zona central de Arabia). Su alianza con la tribu de los sauditas lleva al nacimiento de Arabia Saudita y está en el origen de la monarquía actual.
  2. Osama Ben Laden es considerado responsable de dos atentados contra Estados Unidos que ocasionaron 257 víctimas, entre ellas 7 estadounidenses, el 7 de agosto de 1998, en Tanzania y Kenia.
  3. Véase N. V. Subramanian, "Ombres nucléaires sur le Cachemire" , Le Monde diplomatique, julio de 1999.
  4. Para los talibanes, el opio, y por lo tanto la heroína, son fuentes fundamentales de ingresos. Cobran un impuesto del 20% a los traficantes y transportistas. La Alianza del norte impone un impuesto similar sobre las cargas hacia Uzbekistán o Tayikistán.
  5. Véase Chantal Aubry, "Double piège pour l'Afghanistan" , Le Monde diplomatique, febrero de 1999.
Autor/es Ahmed Rashid
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 5 - Noviembre 1999
Páginas:10, 11
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Conflictos Armados, Terrorismo, Minorías, Corrupción, Narcotráfico, Geopolítica, Islamismo
Países Estados Unidos, Irak, Afganistán, Kenia, Tanzania, China, India, Kazajstán, Pakistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Rusia, Arabia Saudita, Irán