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Recuadros:

La globalización perjudica a América Latina

La indiscriminada apertura comercial propulsada desde los países centrales y los organismos financieros mundiales ha frenado el desarrollo de América Latina. Como productores de commodities, los países latinoamericanos esperan de la Ronda del Milenio un mayor acceso a los mercados del Primer Mundo, que los ayude a compensar un cuadro de endeudamiento creciente y exportaciones estancadas.

El mundo "globalizado" y la correspondiente concepción neoliberal de la política económica están atenazando completamente la capacidad de reacción de los países atrasados o subdesarrollados. Los gobiernos de estas naciones intentan sostener como pueden el curso adoptado hace una década, a la espera de un Godot que traiga un nuevo discurso esperanzador desde los países centrales. Con un déficit de la balanza por cuenta corriente regional del 4 % del PBI global, la deuda externa de América latina ascendía, a fines de 1998, a 736.000 millones de dólares. El progresivo deterioro de sus balanzas comercial y de pagos ha provocado, a lo largo de 1999, sucesivas devaluaciones monetarias en varias naciones. A pesar de esto, las exportaciones no crecen. Por el contrario, en muchos casos, siguen bajando.

El ejemplo más revelador es el de Brasil, la principal economía latinoamericana, en la que diez meses después de que el dólar pasara de cotizarse de uno a dos reales, la debilidad de las exportaciones es tal que la balanza comercial continúa en una posición deficitaria. Algo similar a lo ocurrido en Asia en 1997, que expresa una clara crisis general, más allá de la teoría en boga del "contagio", con la que se ha pretendido escamotear el carácter mundial de la crisis aludiendo a problemas nacionales o regionales que terminan afectando pasivamente a tal o cual país.

En medio de discusiones cada vez más abiertas sobre la necesidad de pasar a políticas monetarias menos ortodoxas en los países centrales, América Latina y el resto de países subdesarrollados continúan sufriendo la desaceleración de la economía mundial sin atinar a dar respuestas independientes. La recesión de sus economías no cede. La reciente moratoria parcial de los pagos de su deuda externa anunciada por Ecuador es un síntoma mayúsculo de la profundidad alcanzada por la crisis en los países más débiles de la región1. Junto con las devaluaciones en Brasil, Colombia y Chile, además de la latente crisis cambiaria en Venezuela, se conforma el síntoma "monetario" de la crisis. En el caso de Argentina, las recurrentes reafirmaciones de la continuidad de la convertibilidad por parte de los economistas del establishment, indican también los temores a una alteración del tipo de cambio, en un país agobiado por un retroceso del PBI de alrededor del 4 % para todo 1999.

El firme desarrollo de las tendencias proteccionistas por parte de los grandes países capitalistas, manifestadas en los conatos de guerra comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea, muestran que no se trata de un fenómeno marginal. Allí subyacen la lentitud del crecimiento, el abarrotamiento de los mercados y las dificultades para el desarrollo armónico del intercambio comercial mundial. La próxima reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC), en Seattle, el 30 de este mes, tendrá como uno de sus principales ejes el enfrentamiento entre los gobiernos de las naciones industrializadas. Pero, desde el punto de vista de los productores de commodities, entre los que se inscriben los países latinoamericanos, la clave será la apertura de los mercados de los grandes países industrializados para sus exportaciones. Sin embargo, su línea de intervención política se perfila como subordinada a los acuerdos generales y a una búsqueda de apoyo de los EE. UU. en el capítulo agrario, para presionar sobre Europa.

Así lo anticipó el denominado Grupo Cairns2 en la reunión que celebró en Buenos Aires en los últimos días de agosto. Seis años después de su constitución, este agrupamiento de 15 países cuyas exportaciones agrícolas son decisivas para su comercio exterior, exige un cambio total en la política de subsidios del mundo desarrollado. En el comunicado final de la reunión de ministros de Agricultura, hecho en Buenos Aires3, el Grupo Cairns pidió la "eliminación de los subsidios a las exportaciones y de las medidas de ayuda interna que distorsionan el comercio e importantes mejoras en el acceso a los mercados". El documento en cuestión busca presionar a los países desarrollados en vistas de la próxima Ronda del Milenio con afirmaciones como: "los altos niveles de protección y subsidios en algunos países industrializados bloquean el proceso de desarrollo y deben eliminarse". Un claro recordatorio de la indiscriminada apertura comercial que estas naciones han realizado, siguiendo los consejos del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial (BM) y de todos los organismos internacionales, ya que la reducción de las barreras arancelarias y paraarancelarias en la periferia ha terminado favoreciendo el ingreso de productos industriales provenientes de los países desarrollados: EE. UU., Europa y Japón, pero también de los más dinámicos del Sudeste asiático.

Para lograr sus objetivos, el Grupo se ha recostado en el gobierno estadounidense. Invitado al encuentro de la capital argentina, el secretario de Agricultura de los EE. UU., Dan Glickman, ofreció la cooperación de su país "con el Grupo Cairns para encabezar el impulso destinado a lograr una reforma de amplio alcance de las reglas que rigen el comercio agrícola mundial"4. Un compromiso que suena contradictorio en boca del representante de un gobierno que el año pasado otorgó 74.000 millones de dólares en subsidios a sus agricultores. Pero que se entiende mucho más si se recuerdan las diferencias de intereses que separan a los estadounidenses de sus socios europeos (ver pág. 6-7, artículo de Susan George).

El Grupo Cairns busca recostarse en los estadounidenses para presionar a Europa. Una maniobra que no parece amilanar a Francia, por ejemplo, quien a través de su ministro de Agricultura Jean Glavany reivindica la política agraria común y la de su país, al defender el criterio de "multifuncionalidad" que cuida el medioambiente y genera paisaje y cultura en Europa.

Este limitado endurecimiento del Grupo Cairns tuvo también su expresión en una declaración del presidente argentino Carlos Menem quien, en una reciente y fugaz visita a Miami, declaró que "nos han fallado nuestros maestros: Europa y Estados Unidos". Este extraño lamento en boca del principal aliado de Washington y máximo exponente del neoliberalismo en América latina, se explica fácilmente. No hay más que ver las protestas agrícolas que, casi simultáneamente, tuvieron lugar en septiembre en Brasil, Argentina y Uruguay. En su base está la caída de los precios agropecuarios en el mercado mundial en los dos últimos años, cuyas negativas consecuencias pusieron aún más de relieve la tradicional política de subsidios de los países industrializados en favor de sus agricultores.

Exportaciones en picada

Entre el 85 y el 95 % de los subsidios agrícolas de todo el mundo se originan en los países más ricos. De acuerdo con cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el monto concedido por los Estados del mundo desarrollado a sus granjeros y agricultores durante 1998 fue de 362.000 millones de dólares, alrededor del 120 % del PBI de un país como Argentina.

Pero los nocivos efectos de la crisis iniciada en Asia hace dos años con la devaluación de Tailandia, se han expandido con mucha fuerza internacionalmente y en la región5. El "contagio" se ha verificado en que el crecimiento de los países atrasados de todo el mundo pasó del 6 % en 1996 a menos del 2 % en 1998, una performance que cae por debajo del 1 % si no se incluye a China entre estas naciones. Este "colapso productivo" es lo que está en la base de los actuales desequilibrios y crisis en la esfera financiera latinoamericana. Por su parte, estos han agravado y podrían agravar aún más la situación de la producción y el comercio. En 1998, la tasa de crecimiento pasó del 5,8 al 1,8% en los países en desarrollo. En América latina, la caída fue del 5,4 al 2,1%. Por primera vez desde 1988 los países desarrollados crecieron más que los subdesarrollados.

En el caso de América Latina, el informe de la UNCTAD destaca que el valor de las exportaciones regionales cayó durante 1998 (por primera vez en 12 años), debido al descenso del valor unitario de exportación provocado por la fuerte pérdida de valor de los principales commodities, que son la mayor parte de los productos que los países del área colocan en el mercado mundial6.

La principal razón del retroceso de América Latina y del resto del mundo en desarrollo a lo largo de 1997 y 1998, el período estudiado por el trabajo de la UNCTAD, fue el hundimiento de los precios mundiales del petróleo y de los demás productos básicos7. En América Latina, las naciones más afectadas fueron Venezuela, Chile, Perú y Ecuador, grandes productores de minerales y metales. En términos de intercambio comercial, la región perdió -en tanto exportadora neta de petróleo- 10.000 millones de dólares (0,5% de su PBI).

Por su parte, los países más ricos han logrado ganancias de 60.000 millones de dólares merced al abaratamiento de sus exportaciones de petróleo a lo largo de 1998. A pesar de la crisis, las políticas de apertura comercial ensayadas por los "mercados emergentes" han seguido beneficiando a los países centrales. que pudieron seguir colocando grandes volúmenes de sus exportaciones en estas naciones. De acuerdo con un estudio de la UNCTAD8, el crecimiento de las importaciones y exportaciones de los países en desarrollo después de la liberalización comercial ha favorecido ampliamente a las grandes naciones. En Argentina, en los primeros dos años después de la apertura9 las exportaciones del país crecieron a una tasa anual del 2 %. Las importaciones, mientras tanto, lo hicieron a una tasa del 65 %.

Estas cifras coinciden con un estudio anterior de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre los resultados de la globalización del comercio: "el volumen de las exportaciones a países subdesarrollados (que crean empleo en los países desarrollados) es mayor que el volumen de las importaciones procedentes de los países subdesarrollados (que destruyen empleo)"10.

Coincidente, el informe de la UNCTAD subraya una situación más complicada, a raíz del cierre de los mercados agrícola e industrial de los grandes países a los productos exportados por los "emergentes" y demás Estados subdesarrollados. A través de los subsidios a sus producciones agropecuarias y del proteccionismo enmascarado o abierto en el segmento industrial, EE. UU. y Europa están sacrificando a los países en desarrollo.

Un endeudamiento geométrico

Pero la cuestión de los precios es apenas un aspecto de la creciente brecha que se crea por la desigualdad del desarrollo. Así, por ejemplo, la tasa anual promedio de crecimiento en América Latina en la década actual de "globalización", ha sido 3 % menor a la registrada en la convulsiva década de 1970, todavía dominada por los enfoques keynesianos.

A pesar de los éxitos proclamados por gobiernos y organismos multilaterales, la región no sólo no ha logrado superar el deterioro de las balanzas comerciales y de pagos, sino que ha debido recurrir a elevados niveles de endeudamiento externo a través del flujo de capitales privados de los países centrales11. La abierta reticencia de los inversores y especuladores a seguir prestando y el incremento de la tasa de interés estadounidense -norma para los contratos de deuda de la región- y de la caída de los ingresos por exportación, echan luz sobre las causas de la crisis que golpea a la región.

Para los economistas neoliberales -que dominan la información y la opinión en los medios de comunicación regionales y de todo el mundo- todo esto no es grave. Apenas problemas de carácter aritmético, de sumas y restas que se terminarán equilibrando con un adecuado manejo presupuestario y financiero. Sus pronósticos, mes a mes rebatidos por los resultados económicos reales, se basan en la idea de que estos desequilibrios son coyunturales, de origen externo y de corta duración. Un enésimo ajuste para eliminar los déficits presupuestarios, flexibilizar a una fuerza de trabajo cada vez peor remunerada y llevar al paroxismo la apertura de la economía, bastaría para revertir este ciclo negativo. A su juicio, ciertas modificaciones en curso en la economía internacional estarían coadyuvando a este fin. El alza del precio del petróleo en los últimos meses, junto con la mejoría de las principales commodities, mejoran la posición exportadora y, por tanto, la balanza comercial de los países del área. La tendencia descendente de la cotización del dólar, a pesar de su irregularidad, sería un elemento de mejora de la competitividad en el caso de la economía argentina, cuya moneda está atada a la divisa estadounidense. Por otra parte, la recuperación de las golpeadas naciones asiáticas generaría una dinámica positiva de la demanda mundial. Una tendencia que se afirmaría si la reactivación de Japón da signos de sostenerse, lo cual implicaría que se mantenga el flujo de capitales que actualmente cruzan el océano desde Nueva York hacia Tokio.

Obviamente, estos análisis y proyecciones optimistas no integran el peligro de un desplome bursátil en Wall Street, algo que el reflujo de capitales hacia Japón está evidenciando. A mediados de octubre, el índice Dow Jones había perdido alrededor del 10 % respecto a sus picos de marzo y mayo12.

Pero la evolución de los acontecimientos es siempre imprevisible, incluso para los más perfeccionados modelos econométricos, tal como se demostró con el estallido y la propagación de la crisis asiática en 1997. Lo que cuenta, en definitiva, es el desenvolvimiento de la economía en su conjunto, que no está dividida en una parte "real" y otra "monetaria". Una idea falsa, pero que para el pensamiento dominante es toda una concepción que le permite crear dos mundos que marchan por vías casi independientes bajo la primacía, sin embargo, de la moneda.

La perspectiva trazada para el próximo período por los expertos de la UNCTAD no es halagüeña. Si el crecimiento de la producción mundial cayó del 3,3% en 1997 al 2 % ahora, el agravamiento de la crisis latinoamericana a partir de la devaluación brasileña no ha mejorado el panorama. Rusia sigue en el marasmo, casi ajena a las grandes corrientes del comercio y del capital mundial. Una lenta recuperación se ha puesto en marcha en Asia, principalmente en Corea y con la sola excepción de Indonesia. Pero el futuro de esa reactivación dependerá, en definitiva, de lo que ocurra en China y Japón. La posibilidad de que Pekín devalúe, abrumada por los problemas que le plantea la desaceleración de su desarrollo debido a la crisis de la región y a la caída del comercio mundial, ha devenido una amenaza cierta. Si ello ocurriera, replantearía la relación entre el yuan y el resto de las monedas de la región, pudiendo precipitar una cascada de devaluaciones.

En Japón, mientras tanto, el gobierno parece haber cedido a las presiones de sus grandes socios comerciales y, lentamente, ha comenzado a instrumentar una política monetaria más laxa. De esta manera, a través de una negación del monetarismo al uso, se busca alentar la reactivación y frenar la escalada del yen fortalecido por el ingreso de capitales procedentes de EE. UU. Si esta maniobra monetaria logra ambos objetivos, poniendo un límite a la caída de Wall Street y, por tanto, posibilitando un "aterrizaje suave" de la economía norteamericana, es algo que está por verse. En este contexto, la evolución de Europa dependerá de lo que ocurra en EE. UU. y Japón. Con un crecimiento previsto menor al 2 % en 1999 y basado en un fuerte auge exportador, la economía europea, de conjunto, no logra derribar el desempleo ni resucitar su estancada demanda.

  1. El País, Madrid, 3-10-99.
  2. Constituido en 1986, el Grupo Cairns está formado por Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Colombia, Chile, Fiji, Filipinas, Indonesia, Nueva Zelandia, Malasia, Paraguay, Tailandia, Sudáfrica y Uruguay. Durante la Ronda Uruguay, la última de las negociadas en el marco del desaparecido GATT antes de su transformación en Organización Mundial de Comercio (OMC), el agrupamiento logró la inclusión de la agricultura en el marco de las normas de mercado que rigen el comercio internacional.
  3. Clarín, El Cronista y La Nación, Buenos Aires, 29 y 30-8-99.
  4. Ibidem.
  5. Trade and Development Report, 1999, UNCTAD. United Nations, New York y Ginebra, 20-9-99.
  6. A causa de la menor demanda de importaciones por parte de las naciones asiáticas, el conjunto del comercio mundial perdió vigor y, en términos de valor, las exportaciones de todo el mundo descendieron 2 %. Se trata de la caída más significativa desde la crisis de la deuda en 1982.
  7. En lo que se refiere al petróleo y medido en dólares de 1974, su precio real en 1998 fue de cuatro dólares por barril frente a 10 en 1974 y 29 en 1980, es decir, uno de sus puntos más bajos en décadas. La caída de todos los otros productos básicos fue la mayor desde la década de 1970: 12%. Los ingresos por exportación de los países de la OPEP se redujeron en más de 50.000 millones de dólares.
  8. Op.cit.
  9. 1991
  10. Citado en "Neoliberalismo y Estado del Bienestar", de Vicenc Navarro, Editorial Ariel Sociedad Económica, Barcelona, Noviembre 1998. Navarro refuta las cifras de la propia OCDE y las argumentaciones que sostienen que los productos de los países periféricos representan una amenaza para el mundo desarrollado.
  11. Como resultado combinado de la crisis internacional abierta en Asia y del endeudamiento incurrido en los últimos años, sumado a la "vieja deuda", la "relación" de la deuda regional con las exportaciones creció durante 1998, ascendiendo al 203% frente al 191% de 1997. En este marco, la salida neta de capitales privados de estos países entre 1996 y 1998 fue de 70%.
  12. Financial Times, 16-10-99.

El intercambio comercial según la OMC y el FMI

La tasa de crecimiento de volumen mundial de exportaciones de bienes cayó del 10 % en 1997 al 3,5 % en 1998, de acuerdo con el último informe de la Organización Mundial de Comercio (OMC)1. Las exportaciones de bienes y servicios totalizaron 6,5 billones de dólares en 1998, lo cual representó una caída del 2 % en términos de dólares respecto al año anterior. Es el mayor descenso porcentual desde 1982, año de la crisis de la deuda desatada por México. El papel de América latina como región receptora de importaciones ha sido, sin embargo, tan importante como el de los Estados Unidos y las naciones ex comunistas, con un crecimiento del 10 %.

El crecimiento anual promedio de ingreso de bienes y servicios a la región, en el período 1990-1995, fue del 12%. El pico se alcanzó en 1997, con 22 % de aumento de recepción de importaciones. Los dos años con mayor crecimiento de exportaciones regionales fueron 1997 y 1998, con 11 %. Una contundente demostración del lugar que los países centrales le han asignado a la región como una salida para superar las limitaciones de sus mercados nacionales. Incluso en el caso de México, cuya relación privilegiada y complementaria dentro del NAFTA, no le ha evitado un creciente déficit comercial. En 1996, aumentó sus ventas externas 20,5 %, pero incrementó sus compras 25,5 %. Al año siguiente, importó 23,5 % más que el anterior, pero exportó apenas 15 % más. Como afirma la OMC, "para América latina como un todo, el crecimiento del volumen de bienes importados continúa superando el de las mercancías exportadas por un margen amplio".

Por otra parte, el último informe de "Perspectivas de la Economía Mundial", difundido en octubre último por el FMI2, contiene dos elementos en su apartado dedicado al comercio mundial, que ponen de manifiesto el verdadero rostro de la "globalización". En primer lugar, la participación de las naciones industrializadas en el intercambio mundial, que cayó del 72 al 68 % entre 1990 y 1998, sigue siendo predominante. Pero, lo que es aún más revelador, es el porcentaje del 27 % que ahora tienen los Nuevos Países Industrializados (NPI) y los subdesarrollados, se concentra fundamentalmente en los primeros. Esto significa que esta concentración del comercio (y de la producción) deja a un número cada vez mayor de países y de seres humanos fuera del mercado capitalista. Esto es, los condena a la miseria sin atenuantes en función de los sacrosantos intereses de la ganancia dictados por la dominante "financiarizada" de la globalización. Prueba de ello decisiva es el papel de China. La economía de mayor crecimiento a escala planetaria, que aporta el 12 % del PBI mundial y es presentada como la fuente de las dificultades exportadoras de los países centrales, ¡contribuye con apenas el 3,1 % de las exportaciones totales de todo el mundo!!!

Con unas manufacturas que siguen creciendo más que la agricultura y los productos básicos, cuyos precios caen por menor demanda debido a la crisis y a una menor necesidad de ellos en función de los cambios tecnológicos, los países de menor desarrollo no pueden encontrar una salida. Así, entonces, el tan mentado aumento del 55 % en el comercio mundial entre 1990 y 1998 que, según el informe del FMI, muestra las virtudes del libre comercio y la apertura, no es más que una mistificación de un desarrollo concentrado en un puñado de naciones desarrolladas y un limitadísimo número de "mercados emergentes" de Asia y América latina que ya comenzaron a conocer los rigores de un modelo de desarrollo basado en la exclusión.

  1. World Trade Organization (OMC), Ginebra, Abril 1999.
  2. World Economic Outlook (FMI), Washington, Octubre 1999.


Autor/es Angel Jozami
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 5 - Noviembre 1999
Páginas:8, 9
Temas Agricultura, Desarrollo, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Política)
Países Canadá, Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Australia, Sudáfrica, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, China, Filipinas, Indonesia, Japón, Malasia, Tailandia, Francia, Rusia