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Mentiras de guerra y aumento de la inseguridad

La principal bandera de la guerra contra Irak, el terrorismo, es hoy mucho más fuerte que hace un año. La evolución de los acontecimientos muestra que la política de la guerra preventiva es contraproducente, incrementa las motivaciones del terrorismo islámico y hace más inseguros a todos los países, empezando por España e incluyendo a Estados Unidos. Error en la sobreestimación de los recursos militares y de seguridad.

Los atentados del 11 de marzo de 2004, ocurridos en Madrid nueve días antes del primer aniversario del comienzo de la guerra en Irak, señalan el fracaso de la política de lucha contra el terrorismo internacional desarrollada bajo el liderazgo de Estados Unidos.

El 28 de enero de 2003 el presidente George W. Bush había afirmado en su discurso sobre el estado de la Unión: "Pruebas aportadas por nuestros servicios de inteligencia, comunicaciones secretas y declaraciones de personas actualmente detenidas revelan que Saddam Hussein ayuda y protege a terroristas, especialmente a miembros de Al-Qaeda". Días más tarde, el 5 de febrero de 2003, el secretario de Estado estadounidense Colin Powell presentaba ante el Consejo de Seguridad una verdadera requisitoria que brindaba una serie de precisiones sobre los vínculos entre Irak y Al-Qaeda.

El informe del gobierno estadounidense fue tan persuasivo que al comenzar la guerra de Estados Unidos contra Irak el 44% de los estadounidenses creía equivocadamente que algunos o la mayoría de los piratas del aire implicados en los atentados del 11 de septiembre de 2001 eran iraquíes; el 45% estaba incluso convencido de que Saddam Hussein estaba personalmente involucrado en los atentados.

Sin embargo, unos días antes del informe de Powell al Consejo de Seguridad, los diarios estadounidenses habían revelado que en la CIA y el FBI se habían sorprendido ante las afirmaciones perentorias de los miembros del gobierno. Algunos funcionarios de la CIA se habían quejado de la exageración de los resultados de sus investigaciones sobre Irak, especialmente sobre los vínculos potenciales con el terrorismo. En Europa, los expertos de los servicios de inteligencia consideraron que no existía ninguna prueba de un vínculo con Al-Qaeda.

Un año después, se comprueba que los dos argumentos principales que justificaron el inicio de la guerra por parte de Estados Unidos eran falsos: no se encontró ningún arma de destrucción masiva ni existían vínculos con Al-Qaeda. Frente a esta realidad, en varias oportunidades los gobiernos estadounidense y británico intentaron desviar las críticas hacia los servicios de inteligencia, cuando son precisamente los miembros de estos dos gobiernos quienes realizaron lo que aparece como una operación de manipulación.

Efectos opuestos

La posición de Estados Unidos y sus aliados en la operación iraquí es incómoda, más aun cuando la situación de la seguridad pública en Irak empeora con el correr de los meses. Desde el fin de la guerra, declarado por el presidente Bush el 1 de mayo de 2003, hasta fines de febrero de 2004, las fuerzas aliadas sufrieron un promedio de 17 ataques por día y el número de estadounidenses asesinados en Irak ascendió a 407, contra 148 antes del 1 de mayo de 2003. Los atentados que afectan a la población civil siguen multiplicándose. Si los vínculos entre los partidarios de Saddam Hussein y Al-Queda eran inexistentes antes de la guerra, es muy probable que en la posguerra se haya establecido una cooperación entre ambos.

En octubre de 2003 la duda se percibía en el seno mismo del gobierno estadounidense. El diario USA Today publicaba el texto de un memorándum del secretario de Defensa Donald Rumsfeld. "Carecemos de herramientas para medir si ganamos o perdemos la batalla mundial contra el terrorismo. Mi impresión es que hoy no hemos hecho avances realmente decisivos", señalaba, reconociendo además que la causa de la Yihad contra Occidente en general y Estados Unidos en particular no había cedido. Por el contrario -concluía Rumsfeld- ganó nuevos adeptos en el mundo musulmán, a lo cual contribuyó en gran medida la intervención en Irak.

Nuevos frentes 

A fines de 2003 los análisis críticos se volvieron más incisivos. Según Jeffrey Record, quien trabaja en un centro de investigación del ejército estadounidense, "bajo la consigna de una guerra mundial contra el terrorismo (...) el gobierno estadounidense condujo a Estados Unidos a librar un combate injustificado y sin fin". Según él, la guerra en Irak es "una guerra preventiva inútil (...) que no forma parte de la guerra mundial contra el terrorismo, sino que constituyó más bien un desvío de ella". A comienzos de enero de 2004, la revista especializada Jane's Intelligence Digest no indica otra cosa al afirmar que la información disponible antes del comienzo de la guerra no justificaba la intervención estadounidense y que no sólo las operaciones en Irak son un desvío en la lucha contra el terrorismo, sino que además afectan en mayor medida la seguridad interior de Estados Unidos.

Varios analistas comprueban que la intervención estadounidense abrió un nuevo frente terrorista, ofreció una motivación extra y una nueva causa a este tipo de grupos en el interior de Irak, pero también en otras partes del mundo.

Luego de los atentados del 11 de marzo en Madrid, el ex enviado especial de la Unión Europea a Medio Oriente, el español Miguel Ángel Moratinos, afirmó: "La estrategia llevada a cabo por la administración estadounidense y otros países occidentales fracasó de manera estrepitosa", y agregó que "esta política unilateral de guerra preventiva condujo al caos y al desastre". Por su parte, el presidente de la Comisión Europea, el italiano Romano Prodi, declaraba al diario La Stampa: "Está claro que el conflicto con los terroristas no se resuelve por la fuerza. Recordemos que estamos a un año del comienzo de la guerra en Irak (...). El balance es negativo. Tanto en Irak como fuera de Irak: Estambul, Moscú, Madrid. El terrorismo que esta guerra debía detener es infinitamente más poderoso hoy que hace un año".

Soluciones pacíficas 

El fracaso de la política de Estados Unidos y de sus aliados se explica por dos errores fundamentales. El primero se sitúa en el fundamento mismo de la política definida por Washington, que considera al terrorismo una enfermedad en sí mismo, mientras que es el síntoma de un mal vivido por ciertos grupos. Una lucha eficaz y duradera debería combatir pues las causas profundas que incitan a los responsables de actos semejantes. Esa lucha exige un trabajo a largo plazo, mucho más allá de la represión, que sólo produce verdaderamente sus efectos unos años más tarde.

El segundo error es la sobreestimación de la eficacia de los recursos militares y de seguridad. Atacar a Estados o a grupos peligrosos con medios militares poderosos no permite detectar correctamente los problemas. Esta "guerra asimétrica" es extremadamente costosa (la guerra en Irak costó hasta el momento 70.000 millones de dólares), totalmente ineficaz y fuente de nuevos problemas.

Por otra parte, es ilusorio creer que las sociedades democráticas del mundo industrializado pueden convertirse en fortalezas frente al resto del planeta. La mundialización de los intercambios, la voluntad de acelerar la circulación de bienes y personas (especialmente con un objetivo económico) y la necesidad de preservar las libertades y los derechos fundamentales para los ciudadanos requieren una gran fluidez de desplazamientos y generan una enorme vulnerabilidad.

La seguridad debe entenderse como común y colectiva en el mundo entero, y los riesgos y amenazas existentes en cualquier parte del mundo pueden afectar a nuestras sociedades. Más que recurrir a la fuerza, esto exige entablar diálogos políticos en busca de soluciones negociadas allí donde las reivindicaciones corren el riesgo de expresarse violentamente. Se trata pues de privilegiar las concepciones de solución pacífica y prevención de conflictos, que constituyen además los fundamentos declarados de la política exterior y de seguridad común de la Unión Europea. España acaba de verificar esto en carne propia.

Autor/es Bernard Adam
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 58 - Abril 2004
Páginas:6
Traducción Gustavo Recalde
Temas Conflictos Armados, Militares, Terrorismo
Países Estados Unidos, Irak, España