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¿Hacia una crisis institucional en Argentina?

La grave crisis de gobernabilidad, expresada en las últimas semanas por los sucesivos cambios de gabinete, la imagen de debilidad que emana del Poder Ejecutivo y sus dificultades para lograr consenso político expresan algo más profundo: la gravísima crisis económica, ante la cual ningún sector político se muestra capaz de ofrecer alternativas.

Notable paradoja de la historia política reciente argentina: Domingo Cavallo, el prestigioso doctor en economía de Harvard que desde su puesto en la jefatura del Banco Central durante la última dictadura militar nacionalizó la deuda externa privada; que desde el cargo de ministro de Economía del ex presidente peronista Carlos Menem llevó adelante el desprolijo -y en muchos aspectos espúreo- proceso de privatizaciones e hizo aprobar por el Congreso la llamada Ley de Convertibilidad (por la cual el peso equipara su valor al del dólar estadounidense), fue llamado ahora por un gobierno radical para "salvar al país" . Es decir que el hombre que está en el origen de los principales problemas económicos (el desmesurado crecimiento de la deuda externa, la apertura irrestricta de importaciones, el alto costo del dinero y los servicios y el corsé que supone para las exportaciones la sobrevaluación del peso, todo lo cual condujo a una recesión que lleva ya tres años) es considerado por el conjunto de la dirigencia política como el único capaz de deshacer el entuerto.

Ni Cavallo es por supuesto el único responsable ni los mencionados son los únicos problemas de la economía, pero es indudable que desde José Alfredo Martínez de Hoz, el todopoderoso ministro de Economía del dictador Jorge Videla y verdadero fundador de este "modelo" , ningún ministro del área se ha significado tanto en su cargo1.

Odiado por la Unión Cívica Radical (UCR) en el gobierno, que le achaca el "golpe de mercado" que precipitó en 1989 la salida del gobierno del ex presidente Raúl Alfonsín; cuestionado obviamente por el centroizquierdista Frente País Solidario (FREPASO, aliado de la UCR en el gobierno); enemistado con el peronismo luego de haberlo servido como ministro de Economía y repudiado sucesivamente en las urnas por la enorme mayoría de la población: ¿cómo es posible que Cavallo sea hoy por hoy el "hombre fuerte" del país, el "salvador" consensuado por la dirigencia política, incluso -aun a regañadientes- por el FREPASO?

La explicación es compleja, pero se puede sintetizar así: ante la gravedad de la crisis económica, la dirigencia política ha elegido la fuga hacia adelante en lugar en enfrentar la evidencia de que el "modelo" está agotado. Es decir que para ofrecer más de lo mismo ha elegido al mejor, al economista más audaz, ambicioso y prestigiado en Wall Street y los organismos financieros internacionales.

Las propuestas de Cavallo para evitar una cesación de pagos se irán dando a conocer en los próximos días, pero lo que se sabe hasta ahora -ampliamente difundido por la prensa- no pasa, a pesar de cierta heterodoxia "reactivadora" , de las fórmulas habituales: más ajuste fiscal, "recomposición" de las ganancias empresarias y renegociación -es decir aumento- de la deuda externa. En otras palabras, postergar la resolución de la crisis, ganar tiempo. Como consecuencia del doble corsé de la deuda (sólo sus intereses suponen este año 12.000 millones de dólares, el doble de lo que el Estado eroga en salarios) y de la convertibilidad, Argentina lleva ya tres años de recesión; la frágil situación financiera internacional hace que el conjunto de los inversores se refugien en "valores seguros" y huyan de los países periféricos, por lo que el único recurso del modelo -los capitales externos- se ha hecho rarísimo y todo hace prever que seguirá así. De modo que sólo un giro de 180 grados en la política económica -algo de todos modos difícil y sin perspectivas por ahora- supondría el atisbo de una salida.

Es por eso que esta nueva "tabla de salvación" debe analizarse desde el punto de vista político y no técnico. En primer lugar, Cavallo aceptó comprometerse en el gobierno porque sabe que si triunfa tiene todas las chances de convertirse en el presidente de los argentinos en el 2003, para lo cual exigió absoluto apoyo y libertad de acción: un gabinete consensuado por todas las fuerzas políticas y un plan económico con "manos libres" aprobado por el Congreso. Si fracasa, en cambio, estará acabado, como lo está ahora su predecesor Ricardo López Murphy, otro "brillante" economista que duró apenas 15 días en el cargo.

Pero el apoyo político no se ve hasta ahora por ninguna parte. A pesar de los patéticos llamamientos del presidente de la Rúa a la "unidad nacional" , el FREPASO no formó finalmente parte del gabinete (y no por falta de voluntad, sino porque la derecha radical no lo admitió); de la UCR sólo figura su ala derecha (el partido está profundamente dividido)2 y tanto la oposición peronista como la izquierda, los sindicatos y los estudiantes le han declarado la guerra. De no apaciguarse este frente (entre los políticos argentinos cualquier componenda es de esperar), podría ocurrir que Cavallo resulte el próximo en dar un portazo. En cuanto al apoyo legislativo, se verá en los próximos días, en cuanto Cavallo presente en detalle su anunciado "Plan de competitividad".

Dejando de lado a la izquierda, cuya incidencia es mínima actualmente, la pregunta es qué actitud adoptará el peronismo, que controla el Senado, numerosas provincias -entre ellas las más importantes- y conserva influencia decisiva en el sindicalismo. ¿Se hará cargo de que el fracaso de Cavallo supondrá casi con seguridad la caída del gobierno y una crisis institucional muy grave, con lo cual su suerte también está de alguna manera atada a la del ministro de Economía? ¿O acaso se cegará ante la posibilidad de reconquistar el gobierno antes del 2003 y desatará una guerra sin cuartel que conduciría con seguridad a la crisis institucional?

Mientras tanto, la sociedad da ya claras muestras de agotamiento. La fulgurante reacción ante las brutales medidas de ajuste anunciadas por López Murphy son un síntoma de que en un país de desarrollo relativo y con una sociedad acostumbrada a un nivel relativamente alto de prestaciones sociales, no se puede pauperizar a la población y exprimir a las clases medias más allá de cierto límite. No obstante, ningún sector político representa hoy por hoy el anhelo de un cambio de la sociedad, por lo que otro panorama ominoso es el de un progresivo caos social sin salida política en el marco democrático.

Es esto último lo que explica de algún modo que hasta los más acérrimos opositores a la política de Cavallo, aplaudida por los sectores multinacionales más concentrados y especulativos, deban hacer equilibrios entre la necesidad de denunciar esta nueva vuelta de tuerca a un modelo que conduce a la factorización del país y a un aumento de las desigualdades, y la necesidad de sostener el sistema democrático y el marco institucional ante la perspectiva inmediata de una "fujimorización" o, a mediano plazo, algo peor. No sólo el establishment necesita ganar tiempo.

De tener cierto éxito, Cavallo se habrá convertido en el corto y mediano plazo en una suerte de Bonaparte, de Napoleón III de la Argentina moderna; el hombre capaz de sintetizar los intereses del gran capital y la clase dirigente en primer lugar y de calmar al menos por un tiempo los pujos de revuelta en una sociedad angustiada.

Pero esa posibilidad es improbable, dada la gravedad de la crisis política y económica y la situación internacional. Argentina ha ingresado en una zona de altísima turbulencia, de imprevisible salida.

  1. Alfredo Eric y Eric Calcagno, "Un gran país devenido un casino" y "¿Cuánto tiempo le queda al modelo?, Le Monde diplomatique edición Cono Sur Nº 21, marzo de 2001 y Nº 19, enero de 2001 respectivamente.
  2. Diego Rosemberg, reportaje al ex ministro de Interior Federico Storani, revista 3puntos, Buenos Aires, 21-3-01. Storani afirma allí que sus correligionarios en el gobierno son "amateurs de la política" y que la UCR debe alejarse.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 21 - Marzo 2001
Temas Corrupción, Desarrollo, Deuda Externa, Narcotráfico, Justicia Internacional, Mercosur y ALCA, Movimientos Sociales
Países Argentina