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Alan Greenspan y los cuarenta valores

Nombrado presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos en 1987 por el entonces presidente Ronald Reagan, Alan Greenspan aparece como custodio de la ortodoxia del mercado, aunque sus prácticas lo contradicen. Republicano, debe su fama al boom económico y bursátil de la era Clinton, con quien se llevó mucho mejor que con George Bush.

Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (el Banco Central) cultiva, tanto por necesidad como por temperamento, una imagen de esfinge. Mientras que el mundo de las finanzas no deja de sondear su pensamiento, "el hombre que hace temblar a los mercados" se las ingenia para confundir las pistas. Incluso las declaraciones que hace en privado son, se dice, enigmáticas, "a tal punto la oscuridad verbal y la prudencia están arraigadas en él"1.

Durante mucho tiempo, la profesión económica lo despreció. Se doctoró con dificultad, tardíamente y gracias a concesiones no habituales: dispensado de hacer la tesis, le dieron el título sobre la base de artículos redactados con anterioridad y que el público no estaba autorizado a consultar. En 1974, algunas semanas antes de su dimisión, el presidente Richard Nixon lo invitó a presidir su comité de consejeros económicos. Desde ese cargo, que conservó durante el mandato de Gerald Ford (1974-1977), enfrentó la primera gran recesión de la posguerra y elaboró infinidad de planes, todos condenados al fracaso, de lucha contra la "stagflación".

Su travesía del desierto duró seis años. Fue lucrativa, pero se vio sujeta a controversia. Las previsiones del gabinete Townsend-Greenspan eran famosas sobre todo porque siempre resultaban erróneas. Le ocurrió además que se hizo garante, por dinero contante y sonante, de la seriedad e integridad de personajes de dudosa reputación, entre ellos Charles Keating, promotor de las cajas de ahorro cuya quiebra costó varios miles de millones de dólares a los contribuyentes estadounidenses2. En 1987, el presidente Ronald Reagan lo designó presidente de la Reserva Federal, puesto que continúa ocupando.

Cualquiera que trate de definir sus convicciones profundas se verá desorientado. Durante más de quince años, fue un ferviente discípulo de la muy dogmática Ayn Rand, novelista y "filósofa" , fundadora del movimiento "objetivista" , que se dedica a probar la moralidad del capitalismo salvaje. Sin embargo, el pragmatismo y la flexibilidad caracterizan la carrera de Greenspan. Considerado generalmente como un republicano moderado, en la esfera de influencia monetarista, supo abrazar los contornos de políticas económicas a veces contradictorias. Nombrado por el presidente Nixon (a quien se debe la fórmula "todos somos keynesianos" ), flirteó a continuación con la economía de la oferta, antes de interesarse por el impacto de la "nueva economía" sobre la productividad y los grandes equilibrios económicos.

A pesar de su fetichismo con las cifras, a la hora de tomar decisiones importantes se fía de su instinto. Y tras una imagen de intransigencia, sabe adular hasta obtener satisfacción. Republicano, tuvo relaciones difíciles con la administración de George Bush padre (el ex presidente considera que la desaceleración económica de 1990-1992 le costó la reelección) y no conoció su verdadera gloria hasta los dos mandatos de Clinton. En 1993 convenció al joven Presidente de que abandonara la idea de programas sociales ambiciosos y adoptara como prioridad absoluta la reducción del déficit presupuestario. Clinton dijo entonces aquella frase que se hizo famosa: "El futuro de mi programa depende de la Reserva Federal y del maldito mercado de obligaciones".

El mito Greenspan se explica por el boom económico y bursátil de los años noventa. La imagen convenida es la de un guardián de la ortodoxia financiera, respetuoso del veredicto del "mercado" . En realidad, el gobernador de la Reserva Federal estuvo en el centro de intervenciones masivas (salvatajes del sistema bancario estadounidense en 1990-1991, de México en 1994, de Asia en 1997, y del Hedge Fund Long Term Capital Management en 1998) que iban siempre en contra de la lógica proclamada. Pero había que proteger a los operadores financieros de sus insensateces.

Y salvar "al mercado" de la catástrofe.

  1. Bob Woodward, "Maestro: Greenspan´s Fed and the American boom " , Simon & Schuster, Nueva York, 2000.
  2. Justin Martin, "Greenspan: The Man Behind Money" , Perseus Publishing Cambridge, Massachusetts.
Autor/es Ibrahim Warde
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 21 - Marzo 2001
Temas Deuda Externa, Narcotráfico
Países Estados Unidos, México