Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

En Chernobyl, insalubre seguridad

La noche del 14 al 15 de junio, el gobierno alemán y los industriales del sector firmaron un acuerdo para abandonar progresivamente el uso civil de la energía nuclear. Luego de la explosión del reactor número 4 de la central ucraniana de Chernobyl, el 26 de abril de 1986, y del paso de la famosa "nube" sobre todo el hemisferio norte, se cuestiona cada vez más ese modelo de producción de energía. Paradójicamente, en momentos en que padece inmensas necesidades, la población afectada por la catástrofe en Ucrania, Bielorrusia y Rusia, desapareció de la agenda internacional.

"Chernobyl es una palabra que todos nosotros quisiéramos borrar de nuestra memoria": según Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas (ONU), ese sueño nos está vedado. La comunidad internacional no puede olvidar que, 14 años después, "la catástrofe continúa"1. Los costos pagados por los países más directamente afectados son elevadísimos: entre 1986 y 1991 la Unión Soviética había destinado 5.700 millones de dólares a la reparación de los daños. Posteriormente, Ucrania, Bielorrusia y Rusia, gastaron cerca de 20.000 millones de dólares más. Las consecuencias de Chernobyl consumen regularmente más del 20% del presupuesto bielorruso, y hasta el 10% del ucraniano.

Esos costos se explican dada la amplitud de la catástrofe. Entre 7 y 9 millones de personas viven en territorio reconocido como contaminado en los tres Estados, el que abarca al menos 155.000 km2 (equivalente a un tercio de la superficie de Francia). Bielorrusia recibió, ella sola, el 70% de la lluvia radioactiva. En Ucrania se decretó una zona de exclusión de 30 kilómetros alrededor de Chernobyl, de la que se evacuó toda la población. En total, se trasladaron y reubicaron cerca de 400.000 personas. Por último, entre 600.000 y 800.000 "liquidadores" participaron en la "limpieza" de la zona accidentada.

El costo total de los daños sobre un periodo de treinta años se estima en varios cientos de miles de millones de dólares. En un contexto de crisis económica aguda, los tres Estados afectados no alcanzan siquiera a hacer frente a las necesidades urgentes. "En nuestro presupuesto del año 2000 sólo podremos destinar al problema el equivalente a 300 millones de dólares, mientras que se necesitan 1.300 millones" declaró Vladimir Holosha, viceministro ucraniano de Emergencias.

En los territorios contaminados esa situación es palpable. En Borodyanka, un distrito contaminado en el que se reubicaron 6.000 evacuados, se reconocieron como inválidas -de acuerdo a la ley sobre las consecuencias de Chernobyl- 3.000 personas (sobre una población total de 56.000). Fundamentalmente por problemas "de tiroides, de estómago y de leucemia", según el alcalde adjunto, Vladimir Krasnoschyok. No hay dinero suficiente para brindar a las víctimas el control médico periódico y el tratamiento que les garantiza la ley. Solo el 80% de los 10.000 niños y el 7% de los 5.500 adultos que gozan del derecho a curas termales pueden efectuarlas.

Las declaraciones oficiales tratan de mantener el equilibrio entre los objetivos de seguridad y los de ayuda a las víctimas. Pero la comparación de las cifras resulta inapelable. El Chernobyl Shelter Fund, creado por el G7 y administrado por el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) para rehacer el sarcófago del reactor destruido, ya reunió más de la mitad de los 758 millones de dólares requeridos para la primera etapa de la obra2. De su lado, el Chernobyl Trust Fund, creado en 1995 por la ONU para financiar un programa humanitario estimado en 800 millones de dólares, apenas reunió hasta hoy… ¡un millón y medio!

Sin contar la obra del sarcófago, los países occidentales han gastado cerca de 2.000 millones de dólares, por otra parte, sin gran éxito3. Las motivaciones de la comunidad internacional son evidentes. A pesar de que Chernobyl reveló la dimensión global del riesgo nuclear, el reactor número 3 de esa central y otros 13 reactores (11 en Rusia y 2 en Lituania) siguen en funcionamiento. El público conoce ese riesgo. Y la industria nuclear occidental, que de paso se lleva la mayor parte del presupuesto de la ayuda, sabe que no podrá sobrevivir a un nuevo accidente en el Este.

Los dos puntos esenciales para la seguridad de Ucrania -el cierre de Chernobyl y la reconstrucción del sarcófago4- están siendo solucionados de acuerdo con los términos del memorándum firmado el 20 de diciembre de 1995 entre el G7, la Unión Europea y Ucrania. De un lado, la conferencia de donantes que debe realizarse en Berlín el 4 y 5 de julio podría permitir completar el presupuesto de la primera fase de reconstrucción del sarcófago. De otro lado, el presidente ucraniano, Leonid Kutchma, se comprometió el 5 de junio pasado, durante una visita del presidente estadounidense William Clinton a Kiev, a cerrar definitivamente el reactor número 3 el 15 de diciembre de 20005.

Por primera vez Kutchma no condicionó esa medida al financiamiento internacional para terminar los dos reactores nucleares K2/R4 de Khmlenitsky y Rovno, que "compensarían" la pérdida de producción de Chernobyl. En realidad, Ucrania no podía obrar de otra manera, al menos por dos razones:

- Las obligaciones de seguridad imponen el cierre del reactor. A comienzos de este año la autoridad de seguridad ucraniana fijó el tope de su funcionamiento en 200 días y su cierre definitivo para el 15 de noviembre de 2000.

- El financiamiento occidental de K2/R4 (1.500 millones de dólares) ya no parece muy seguro. Alemania, en particular, se ha vuelto muy reticente. El BERD, cuya participación por medio de un préstamo específico parece indispensable, se mantiene reservado, afirmando que el respeto de Ucrania a los criterios fijados para ese préstamo es "incierto" a corto plazo.

Además, las autoridades ucranianas tienen crecientes dificultades para justificar la necesidad de K2/R4: el reactor número 3 de Chernobyl produjo en 1999 sólo el 1,7% de la electricidad nacional, en lugar del 3% al 5% estimado oficialmente6. Esa proporción podría terminar siendo nula si varias centrales térmicas fueran puestas nuevamente en servicio. La crisis económica produce la caída del consumo energético, fundamentalmente en la industria. Además, la modernización del sector, que aún está pendiente, producirá sustanciales ahorros de energía.

Pero hay que evitar que los anunciados éxitos de la ayuda internacional para la seguridad oculten sus fracasos en el terreno humanitario. El tema es tan sensible que todas las cifras son cuestionadas. Sin embargo, las declaraciones oficiales de las autoridades convergen con suficientes estudios y testimonios, indicando un importante deterioro de las condiciones sanitarias, psicológicas y sociales de la población afectada.

Mientras que la atención se concentra a menudo en la mortalidad, lo más inquietante parece ser la evolución de la morbilidad. Según Samoilenko, director de la Comisión sobre el medio ambiente del Parlamento ucraniano, el país cuenta cada año con 10.000 nuevos inválidos como consecuencia del accidente de Chernobyl.

La intervención de las Naciones Unidas fue tardía y durante mucho tiempo limitada a un trabajo de evaluación. En la primera comunicación de la URSS a la ONU sobre el accidente, el 14 de mayo de 1986, Mijail Gorbachov apenas pedía un refuerzo de la cooperación internacional sobre la seguridad bajo la égida de la Agencia Internacional de Energía Atómica de la ONU (AIEA). Fue sólo el 26 de abril de 1990 que las Naciones Unidas recibieron de la URSS y de las repúblicas de Ucrania y de Bielorrusia una propuesta conjunta de resolución pidiendo la cooperación internacional para solucionar las consecuencias del accidente. El plan de ayuda que venía adjunto comprendía 131 proyectos por un monto global de 646 millones de dólares.

Esa resolución, adoptada por unanimidad el 21 de diciembre de 1990, señala "un desastre radiológico y ambiental y una situación de urgencia sin precedentes". El Fonds Chernobyl, creado para paliar la falta de presupuesto propio, un año más tarde sólo había reunido un millón de dólares, al que se agregaron 8 millones de donaciones bilaterales.

La ONU confirmó su compromiso a través de seis resoluciones sucesivas, todas adoptadas por unanimidad, la última de las cuales data de diciembre de 1999. En 1995 la coordinación de un nuevo plan de ayuda -800 millones de dólares- fue confiada a la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCAH). Luego del fracaso de varias conferencias de donantes, el programa fue reducido a un conjunto de 60 proyectos, con un presupuesto de 80 millones. Hoy en día está limitado a 9 proyectos prioritarios para los cuales la ONU no logra obtener de los donantes los 9,5 millones de dólares necesarios. El fondo sólo reunió 400.000 dólares, más 1.100.000 dólares como promesas de donaciones. De todos los países del G7 sólo Estados Unidos hizo una contribución.

Ese programa Chernobyl de la ONU comprende tres proyectos por país, todos reconocidos como urgentes y en parte financiados por las autoridades nacionales. Se trata, por ejemplo, de modernizar el hospital Gomel de Bielorrusia, o de descontaminar establecimientos públicos como guarderías y escuelas de esa región severamente afectada por las lluvias radioactivas. Otros proyectos conciernen al control médico necesario: organización de un seguimiento clínico de los liquidadores en Ucrania, diagnósticos de tiroides a 500.000 niños rusos, y programa de estudio de los problemas de salud en los hijos de personas expuestas a las radiaciones.

Los proyectos incluyen también la extensión de la red de Centros de rehabilitación psicológica y social en los tres países. Desarrollados por la UNESCO a partir de 1994, una decena de esos establecimientos están implantados en diferentes comunidades afectadas. Oksanna Garnets, coordinadora en Ucrania del programa Chernobyl de la ONU, no cesa de elogiar la utilidad de esos centros: "La gente se siente condenada a una vida miserable, sufre de un complejo de victimización". El objetivo de los centros no es darles asistencia, sino "ayudarlos a reconstruir ellos mismos su vida", explica.

En Borodyanka, el Centro organiza actividades y brinda consejos e información médico-social a la población con problemas. En Slavutich, la ciudad construida luego del accidente para los empleados de la central, a 40 kilómetros de Chernobyl, el principal problema del Centro es otro: se trata de contener la angustia de la población, enfrentada a la perspectiva de cierre del último reactor.

A pesar de algunas de sus realizaciones, la mayor parte de los programas de ayuda de la ONU no se concretó. En 1993, el Secretario General lamentaba que "el interés de la comunidad internacional por los efectos del accidente se traduce principalmente en la investigación"7. Esa investigación no contribuye a reforzar la ayuda a la población. Pero, para ciertos actores de los programas de asistencia, lo principal es defender la imagen de la energía nuclear: se trata de evitar que ciertos efectos sean adjudicados a las radiaciones "por error".

Su mensaje es claro: es cierto que las investigaciones demostraron un importante aumento de los cánceres de tiroides en niños y adolescentes: cerca de 1.800 casos atribuibles al accidente. En cambio, otros efectos observados en la salud, si bien pueden estar vinculados en ciertos casos a las radiaciones, su relación no está científicamente demostrada. Esas son por ejemplo las conclusiones de la conferencia aniversario "Una década después de Chernobyl" organizada en abril de 1996 por la AIEA y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Ciertos observadores han criticado enérgicamente esa conferencia y la actitud extremadamente prudente de la OMS. Esta última está vinculada a la AIEA por un acuerdo firmado en 1959. El mismo prevé un mecanismo de consultas recíproco para la "salvaguardia del carácter confidencial de ciertos documentos" cuando una de las organizaciones se implica en un terreno que tiene "un interés fundamental para la otra parte". La AIEA, agencia con estatuto autónomo, tiene por misión "ampliar la contribución de la energía atómica a la paz, a la salud y a la prosperidad en el mundo"8. En su comunicación de 1986 a la ONU, Gorbachov agradecía a la AIEA por su "actitud objetiva" en oposición a la "mala voluntad" de Estados Unidos y del G7.

En el seno de las Naciones Unidas las divergencias son cada vez más manifiestas. Interrogado en Kiev sobre la evidencia de los efectos sanitarios observados en el lugar, Yury Subbotyn, coordinador de los programas de la OMS en Ucrania, responde mecánicamente que el cáncer de tiroides es "la única evidencia científica". Pero inmediatamente agrega que pueden producirse otros problemas, y denuncia un "déficit en el apoyo" a los programas sobre afecciones no relacionadas con la tiroides.

La OMS trata actualmente de salir de esa encrucijada estudiando el impacto psicológico de la exposición a las radiaciones. Para Keith Baverstock, que en marzo de 2000 anunciaba un nuevo programa sobre ese tema, la experiencia muestra que el análisis de la AIEA, centrado en los aspectos técnicos del riesgo, es "insuficiente". En su opinión, la contaminación "aun sin pruebas de exposición, puede causar problemas de salud", dado que el efecto psicológico no puede ser directamente mensurable.

Para la OCAH, las causas tienen menos importancia que los efectos. Por ello, su programa Chernobyl choca con la comunidad de expertos oficiales. Estos consideran que la ayuda a las víctimas no debe hacer que la opinión pública se equivoque sobre las "consecuencias limitadas" que la ciencia reconoce como atribuibles al accidente.

El Comité científico de la ONU sobre los efectos de las radiaciones (UNSCEAR), denuncia la actitud de la OCAH. Ese comité publicará en noviembre de 2000 un informe sobre los efectos de la catástrofe, cuya versión preliminar pudimos obtener. Allí, el Comité afirma que fuera de los cánceres de tiroides en los niños "no existen pruebas de un efecto importante de las radiaciones sobre la salud pública" a causa del accidente. El UNSCEAR no niega que numerosas investigaciones señalan un aumento muy diverso de los problemas de salud. Pero denuncia sistemáticamente sus "debilidades metodológicas", que impiden llegar a una conclusión científica sobre las responsabilidades de las radiaciones. A partir de allí, el informe concluye naturalmente en que "desde el punto de vista radiológico" deberían prevalecer "perspectivas globalmente positivas para la salud futura".

En una carta a Kofi Annan, el presidente del UNSCEAR, Lars Holm, critica el folleto publicado por la OCAH (cuyo prólogo lleva la firma de Annan) repitiendo que "la gran mayoría de la población no debe temer consecuencias graves para su salud" y concluye en que la OCAH "aumenta los temores de la población afectada en lugar de brindarle su apoyo".

Caroline McAskie, subsecretaria general de la ONU para los asuntos humanitarios, y coordinadora del programa Chernobyl, no dejó por ello de escribirle una carta al gobierno japonés, anfitrión de la próxima cumbre del G7-G8 en julio próximo. En la misiva le pide que "algunos puntos porcentuales" del presupuesto de ayuda técnica para la seguridad sean afectados al Fondo de asistencia humanitaria. En cuanto a la OCAH, su pedido de intervención en la conferencia de Berlín sobre el sarcófago, destinado a abogar por la misma causa, fue rechazado por los organizadores. Una persona cercana al programa Chernobyl ve allí "la influencia del lobby nuclear" que, en nombre del "rigor científico", trata de tapar los efectos de la catástrofe.

  1. En el prólogo a un folleto publicado en abril de 2000 por la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU(OCAH), "Chernobyl, a continuing catastrophe".
  2. El presupuesto total de la obra está evaluado enmás de 5.000 millones de dólares.
  3. Ver Mycle Schneider y Perline, "Gaspillage del'aide, incompétence des experts", Le Monde diplomatique, París, abril de 1996.
  4. Estructura de cemento que recubre el reactor para evitar que escape la radioactividad.
  5. El reactor número 2 se cerró en 1991 a causa de un incendio. El número 1 fue sacado de servicio en 1996 como consecuencia de un acuerdo firmado con el G7 en 1995.
  6. Según datos de la AIEA (Agencia Internacional de la Energía Atómica) y del CEA (Comisariado de la Energía Atómica).
  7. Informe de la Asamblea General de la ONU sobre la cooperación internacional en el caso de Chernobyl, A/48/406, Nueva York,28-9-1993.
  8. Artículo 2 de los estatutos de la AIEA, aprobados el 23-10-1956.

Asistencia a los niños en Cuba

Bilbao, Luis

Cuando el mundo quedó paralizado por la catástrofe de Chernobyl, Cuba reaccionó de inmediato con lo que tenía a su alcance: atención sanitaria para los niños afectados por la radioactividad. La atención de emergencia fue luego reemplazada por planes de rehabilitación de largo alcance. Desde hace diez años funciona en la localidad de Tarará un Centro de Rehabilitación para niños de Chernobyl. Más de 10800 niños, 5000 de ellos acompañados por sus madres, recibieron tratamiento médico y posterior rehabilitación en la isla caribeña.

Con el mapa político mundial irreconocible en comparación con el del momento del accidente, Ucrania golpeada por los pasos en falso en su imprevisible marcha hacia el capitalismo, el presidente Leonid Kuchma viajó el pasado 19 de junio a La Habana para entregar personalmente a Fidel Castro la Orden del Príncipe Yaroslav el Sabio.

"Los cubanos han recibido a nuestros hijos como a los suyos propios, a pesar de las dificultades" reconoció Kuchma, refiriéndose al brutal impacto económico sufrido por Cuba cuando el bloque soviético -incluído Ucrania- rompió lazos económicos con el pequeño país que al otro lado del globo se empeñaba en mantener el socialismo.

"Usted es el primer presidente de Ucrania que nos visita -señaló Fidel Castro, según su hábito de no ahorrar sofocones a ilustres visitantes, como cuando recordó los crímenes de la Inquisición en su discurso de recepción al Papa- lo cual constituye un gran estímulo para nuestro trabajo y se demuestra en la alegría de las madres y los niños presentes". Castro subrayó sin embargo el gesto de Kuchma al agradecer la condecoración que, "a través de mi persona, ha querido otorgar a nuestro pueblo, que recibimos más que nada como una gran prueba de amistad y generosidad; y que apreciamos especialmente si se toman en cuenta las circunstancias internacionales en que usted nos hace la visita, en esta etapa sumamente compleja donde el caos, la confusión y la cobardía abundan en el mundo".

La asistencia a los niños fue y continúa siendo gratuita. Kuchma donó en esta oportunidad una ambulancia y otros vehículos, además de insulina y productos varios para los residentes en ese centro especializado.

Una reunión posterior entre ambos presidentes dejó planteada la recomposición de los vínculos entre Cuba y Ucrania en términos económicos y diplomáticos, en un nivel superior al existente durante la última década.


Autor/es Yves Marignac
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 13 - Julio 2000
Páginas:34, 35
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Deuda Externa, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Medioambiente, Salud
Países Estados Unidos, Cuba, Alemania (ex RDA y RFA), Bielorrusia (Ex URSS), Francia, Lituania, Rusia, Ucrania