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Tiempo al tiempo en Marruecos

El pueblo marroquí ha depositado grandes esperanzas en el nuevo rey Mohamed VI, denominado "el rey de los pobres". Su atención a los estratos sociales cuya vida cotidiana es más intolerable no ha pasado aún de las palabras al terreno de los hechos, y su principal función sería rivalizar con los islamistas. Sin embargo se evalúa improbable una revuelta popular, dado el apego mayoritario a la monarquía. Mientras tanto, se posterga indefinidamente la realización del referendum que debía decidir si el Sahara occidental sigue siendo marroquí o es independiente.

"En Marruecos, gobernar es hacer llover", se dice que solía decir el mariscal Lyautey. Y se verifica de manera dramática este año, debido a una persistente sequía que devasta el campo, preocupa a los habitantes de las ciudades y obsesiona a los gobernantes. Marruecos sigue siendo un país agrícola; casi la mitad de su población trabaja en el campo y la ausencia periódica de lluvias constituye un verdadero desastre. Consecuencia: el éxodo de cientos de miles de campesinos que terminan hacinándose en las abarrotadas villas miseria de la periferia -a veces en el corazón mismo- de las grandes aglomeraciones, Tánger, Rabat, Casablanca o Marrakech.

Desde hace un año, a partir de la muerte repentina del rey Hassan II, el 23-7-1999, y el acceso al trono de su hijo Mohamed VI, ¿qué cambió para esos habitantes de villas miseria, ocultados a los turistas por grandes "paredones de la vergüenza", y que viven a veces en condiciones insoportables, amontonados de a ocho o diez en habitaciones minúsculas, sin agua, sin cloacas, y a menudo sin electricidad? "Nada", dice Zohra, 32 años, cinco hijos, desde el umbral de su modesta casilla, no lejos del barrio de la Cornisa, en Casablanca. "Esperamos. El nuevo rey es amable. Quiere cambiar las cosas. Ocuparse de nosotros. Ayudar a los pobres. Pero alrededor de él otros quieren que nada cambie. Quieren seguir sacando provecho. Entonces, es difícil. Pero nosotros tenemos esperanzas".

Como Zohra, todo el país espera. Y esa esperanza que hizo nacer el nuevo rey sigue siendo inmensa. "Hay que estar ciego, afirma por ejemplo el escritor Abdellatif Laabi, para no advertir que los marroquíes levantaron la cabeza, que ganaron en libertad dentro de sí mismos, y que empezaron a liberarse de las cadenas del miedo y del fatalismo. Aunque las condiciones de los más desfavorecidos siguen siendo las mismas y aunque el infierno de lo cotidiano, o sea del presente, pulveriza sus vidas, sienten que el porvenir se torna posible"1.

Mohamed VI parece consciente de esta esperanza, a la medida de las gigantescas necesidades de un país con 29 millones de habitantes, atormentado por la desocupación (el 25% de la población activa), donde más de la mitad de la población es aún analfabeta (el 70% de las mujeres), los dos tercios de las personas, en el área rural, todavía no tienen acceso al agua potable, el 87% no tiene electricidad y el 93% carece incluso del más mínimo cuidado médico.

El joven rey, en la primera entrevista concedida a la prensa desde su entronización, refiriéndose a los principales problemas de su país, declaró: "Primero están la desocupación y la sequía en el campo. Pero también la lucha contra la pobreza. Y yo podría hablar por horas de estos dramas: la pobreza, la miseria y el analfabetismo"2.

El interés que demuestra por el infortunio de sus conciudadanos lo diferencia netamente de su padre y le ha valido rápidamente el sobrenombre de "rey de los pobres". El rey encabeza la fundación Mohamed V, que funciona como una ONG humanitaria, y no vacila en desplazarse en persona hasta los poblados más alejados para ofrecer a las víctimas de la sequía cisternas de agua, apoyar micro-proyectos de desarrollo, o propiciar acciones solidarias. Visita a los enfermos, se ocupa de los necesitados. A tal punto que ya circulan miles de leyendas sobre su bondad, su piedad, su generosidad. En ciertos ámbitos, Mohamed es literalmente venerado.

"Esta actitud hacia la gente humilde es indiscutiblemente sincera", afirma el profesor Mohamed Tozy -autor de un trabajo que se impone como indiscutible: Monarchie et islam politique au Maroc (Monarquía e Islam político en Marruecos)3- "pero, por añadidura, es políticamente hábil, porque les disputa el terreno a los islamistas, quienes prácticamente detentaban hasta ahora el monopolio de la acción caritativa en los barrios pobres, lo que les valía una gran popularidad. En adelante, el rey resulta ser no sólo su gran rival en términos de legitimidad religiosa, dado que es el descendiente del profeta Mahoma y "Comendador de los creyentes", sino también en términos de solidaridad con los necesitados y los excluidos".

En el terreno de las libertades y de los derechos humanos, el nuevo rey se diferenció asimismo rápidamente de su predecesor. Ya el 20-8-1999, o sea menos de un mes después del fallecimiento de su padre, Mohamed VI evocaba en un discurso a los "desaparecidos" y a las "víctimas de arrestos arbitrarios", transgrediendo un interdicto. Dos meses más tarde, el 12 de octubre, en Casablanca, definía su nueva concepción de la autoridad e insistía en el respeto que ésta debe tener "hacia los derechos humanos y las libertades individuales".

La más espectacular aplicación concreta de esta filosofía no tardaría en manifestarse: el 9-11-1999 fue repentinamente destituido Driss Basri, ex ministro del interior y responsable de una política de represión que imperó por más de treinta años. Previamente, algunos de los opositores más emblemáticos habían sido autorizados a retornar a Marruecos. En particular, la familia de Mehdi Ben Barka, el dirigente socialista secuestrado y asesinado en París en 1965 por agentes del general Oufkir. Lo mismo había ocurrido algunas semanas antes, el 30-9-1999, con Abraham Serfaty, dirigente de extrema izquierda, arrestado en 1974 y torturado durante quince meses en un centro clandestino de detención, encarcelado por 17 años y desterrado de su país desde 19914.

Frente al océano, en Mohamedia, cerca de Casablanca, en la luminosa casa azul y blanca que el Estado puso a su disposición, Abraham Serfaty es terminante: "Mohamed VI quiere construir un Marruecos moderno y democrático. Se apoya en una sociedad civil que está experimentando un despertar extraordinario; en todas partes, hasta en los últimos rincones del país, proliferan las asociaciones civiles, que dan muestras de un dinamismo sorprendente. El nuevo rey también se apoya en un gobierno cuyo núcleo principal, constituido por socialistas y ex comunistas, expresa la voluntad de sufragio universal y representa a las fuerzas democráticas del país. Sin embargo, la actual transición hacia la democracia y la modernidad ciertamente no puede ser llevada a cabo siguiendo el esquema español de 1975-1978. Pensarlo sería un grave error. Marruecos sigue siendo una sociedad compleja, y hasta complicada. Por ejemplo, el islamismo se está extendiendo con una fuerza impresionante. A favor de la pobreza y de la miseria. Sólo una unificación de todas las izquierdas y la definición de un auténtico proyecto de reformas pueden favorecer la transición. Si no, volverá a prevalecer el makhzen".

¿Qué es el makhzen? Es la estructura político-administrativa sobre la que se asienta el poder en Marruecos; hecha de sumisión, de rituales, de ceremonias, de tradiciones; una concepción específica de la autoridad que impregna el conjunto de la clase política y cuya pieza maestra es el rey. Tal como se puede leer en un libro de historia, "La clave del sistema makhzen es el sultán, autócrata dinástico hereditario (…), cuya entronización se ve acompañada por un simulacro de ceremonia de juramento de fidelidad, de la cual participan dignatarios absolutamente domesticados. Este poder absoluto se ve agravado por una pseudo función de "representante de Dios sobre la Tierra", forjada y transmitida por generaciones enteras de déspotas orientales, pero que de hecho no es avalada por ningún fundamento religioso o legal. Este poder se apoya en dos instituciones interventoras: 1) la mehalla, una suerte de ejército mercenario al servicio del sultán, con quien está comprometida, tanto por la concesión de privilegios como por vínculos de esclavitud; 2) el makhzen propiamente dicho, un cuerpo de agentes generalmente reclutados entre los notables rurales y urbanos, cuya característica constante es la corrupción"5.

Al escribir estas líneas, su autor, Abderrahman Youssoufi, ignoraba que 22 años más tarde él mismo se encontraría en el corazón del makhzen y a la cabeza del gobierno marroquí. En efecto, Youssoufi, un abogado nacido en Tánger en 1924 y que llegó a ser el jefe del principal partido de izquierda, la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), sería designado primer ministro de Marruecos por Hassan II, en febrero de 1998.

Después de casi 40 años de régimen autoritario, este nombramiento suscitó entonces una gran esperanza. Se vio en ella el principio de una alternancia que iba a conducir a profundos cambios. Youssoufi se comprometió a sanear la economía, descentralizar la administración, moralizar la vida pública, luchar contra la corrupción, reformar la justicia, desarrollar la vivienda social en beneficio de los más desfavorecidos, establecer un pacto nacional para el empleo y, por supuesto, dar solución al problema del Sahara.

Pero debido a la estrategia llevada a cabo por Hassan II, se encontró encabezando, en abril de 1998, un gobierno heterogéneo y pletórico, constituido por 41 ministros que representaban a 7 partidos, además del Palacio, que asignó una serie de carteras "de soberanía" (justicia, interior, relaciones exteriores, asuntos religiosos, defensa). En consecuencia, su margen de maniobra se vio seriamente reducido y los resultados son magros6. En el área social, los indicadores en materia de analfabetismo, de pobreza y de salud, principales taras del país, siguen prácticamente sin cambios. Una gran cantidad de reformas permanecen inconclusas, aunque algunas, tales como las modificaciones de la ley electoral, del código de procedimiento, del código del trabajo, de la ley sobre las libertades públicas, etc., son fundamentales para el futuro de la transición. Asimismo, persisten una tasa de desempleo muy alta, las discriminaciones hacia las mujeres, la corrupción, el autoritarismo feudal, y atentados a los derechos humanos.

En la sala de su modesta residencia de primer ministro, y en presencia del ministro de Economía Fatallah Ualalu, Youssoufi comenta en tono amable: "Nos acusan de inmovilismo, pero se olvidan de que, entre otras cosas, creamos una nueva atmósfera favorable a la consolidación del Estado de derecho y a la defensa de las libertades individuales y públicas, pusimos el acento en lo social y las necesidades básicas de las personas más humildes, emprendimos una profunda reforma de la administración en vista de su moralización y propusimos el Plan de acción para la integración de la mujer en el desarrollo. Aunque no sea espectacular, el balance es sin embargo importante. Trabajamos. También se dice que hemos sido "makhenizados", que fue el Palacio el que constituyó mi gobierno. Pero, desde la independencia, en 1956, es el rey quien nombra a todos sus ministros, sin excepción. En 1998, Hassan II, por primera vez, aceptó nuestras proposiciones. Es un acontecimiento histórico. Es normal que el Palacio ubique a sus hombres. Siempre lo ha hecho. En realidad, el funcionamiento del poder es bicéfalo. Nosotros controlamos los ministerios decisivos, especialmente todos los que tienen que ver con lo económico y lo social y que nos permiten actuar en el terreno".

¿Pero no percibe la gran decepción que crece en la opinión pública? "Siento las impaciencias", responde Youssoufi. "Sin embargo, las encuestas demuestran que mi gobierno sigue siendo el más popular en la historia de este país. La gente sabe que debemos desconstruir lentamente, para volver a edificar de manera sólida. De nada serviría querer avanzar demasiado rápido si todo fuera a desplomarse. Aunque las libertades nunca fueron tan grandes, algunos hasta llegan a exigirme que, en el nombre del Estado, les pida perdón a las víctimas de la represión. A mí, que también fui una víctima de las épocas más negras del régimen anterior".

Siendo el jefe de un partido de izquierda, ¿cómo explica que en los barrios más pobres, la gente se vuelque hacia los islamistas y no hacia los socialistas? Reconoce sin rodeos que "nos hemos aburguesado. Nos apartamos del pueblo. Debemos reconquistar los barrios populares. Los islamistas sedujeron a nuestro electorado natural. Le prometen el paraíso en la tierra".

No exclusivamente. "Ayudamos a la gente concretamente", explica Fatiha, de 20 años, estudiante de la facultad de derecho en Rabat, que vive en el barrio del Plateau, en Salé, donde milita en el seno de la Asociación Al Adl wal Ihssan (Justicia y beneficencia) fundada en 1985 por el jeque Abdessalam Yassin, liberado el pasado 19 de mayo después de diez años de arresto domiciliario. "Visitamos a los enfermos, ayudamos a comprar los medicamentos, contribuimos en los gastos de entierro, damos cursos nocturnos para los alumnos, apoyamos a las mujeres solas, viudas o divorciadas, participamos en los gastos vinculados con los peregrinajes, ponemos abogados a disposición de las víctimas de abusos caracterizados. Nuestra acción no es únicamente espiritual, es concreta, alivia a la gente en sus problemas cotidianos. Frente a las carencias del Estado, y ante la brutalidad de las condiciones de vida, la gente descubre gracias a nosotros la solidaridad, la ayuda mutua, la fraternidad. Se dan cuenta de que el Islam es un humanismo. Nuestro objetivo consiste en llegar al poder pacíficamente, mediante la persuasión y la educación. Estamos en contra de la violencia".

Los islamistas

¿Qué representan los islamistas en Marruecos? ¿Cuántos son? El pasado 12 de marzo, en una gran manifestación realizada en Casablanca contra la modificación del estatuto de la mujer, eran muy numerosos -casi 100.000 según algunas fuentes- y estaban muy bien organizados, muchos de ellos jóvenes, hombres y mujeres separados. Impresionaron mucho. Pero no todos pertenecían a Al Adl wal Ihssan, la organización no autorizada del jeque Yassin. Como en las grandes manifestaciones contra la guerra del Golfo en febrero de 1991, o contra los bombardeos estadounidenses en Irak, que habían reunido entre 300.000 y 700.000 personas, había también simpatizantes del Partido de la justicia y el desarrollo (PJD), islamistas moderados, reconocidos por el poder y representados en el Parlamento7.

Ciertos observadores estiman que los islamistas se presentan como el último recurso. El jeque Yassin, a principios del pasado mes de febrero, en una carta abierta de 18 páginas escrita en francés, dirigida a Mohamed VI, titulada "Memorándum a quien corresponda", hace un balance mordaz del reino de Hassan II, por cierto no desprovisto de ciertos resabios antisemitas. Recomienda la utilización de la fortuna personal del difunto rey, que estima en unos 40 mil millones de dólares, para rescatar la deuda externa de Marruecos (aproximadamente unos 17 mil millones de dólares). Y concluye con estas palabras: "Le deseo al joven rey que tenga muchas agallas y coraje, y para despedirme, le reitero: rescate a su pobre padre de la tormenta restituyéndole al pueblo los bienes que le corresponden al pueblo por derecho. ¡Redímase! ¡Arrepiéntase!¡Tema al rey de reyes!"8.

Da a entender que en caso de que fracase la alternancia conducida por Youssoufi y el renacimiento encarnado por el nuevo rey, llegaría la hora de los islamistas. "En efecto, cabe la posibilidad de un maremoto islamista", evalúa un joven asesor cercano a Mohamed VI, que nos recibe en su casa, un sobrio departamento de la periferia de Rabat. "Están muy firmemente implantados en las ciudades, en los suburbios y, cada vez más, en el campo. Están cerca de la gente. Ayudan a los pobres, los enfermos, los estudiantes. Recorren los barrios necesitados. Actúan en el área social. Mientras que la izquierda y la extrema izquierda ya no lo hacen. La izquierda está apartada del pueblo".

El profesor Mohamed Tozy no es de la misma opinión: "Los islamistas sirven como cómodos espantapájaros. Esto le permite al poder justificar su propio inmovilismo, su falta de reformas y acusar con demasiada facilidad a quienes lo critican de promover el crimen. No hay que modificar el estatuto de la mujer porque eso ayudaría a los islamistas; no tiene que haber elecciones anticipadas y auténticamente democráticas porque los islamistas las aprovecharían; no debe haber una verdadera modernización de las costumbres porque los islamistas sacarían ventaja de ello… Pero los islamistas no son tan importantes. A partir de la entronización de Mohamed VI y dada su popularidad entre los pobres, de hecho están políticamente a la defensiva. El célebre Memorándum del jeque Yassin no obtuvo una respuesta unánime entre sus propios partidarios. Muchos lo vieron como un acto precipitado y las clases medias devotas como un crimen de lesa majestad. Hasta el argumento de la repatriación de la fortuna del rey Hassan II ya se había propagado. El jeque no hizo más que repetir un rumor que circulaba libremente en la opinión pública desde hacía meses. Este Memorándum tuvo finalmente un impacto menor. Actualmente, los islamistas están sobre todo preocupados por el futuro de su propio movimiento después del eventual deceso del jeque, que tiene mucha edad. ¿Quién le sucederá?".

"La inexistencia de democracia es lo que favoreció la emergencia del islamismo, así como los problemas endémicos de Marruecos, los económicos, sociales y demográficos", afirma Fuad Abdelmumni, ex militante de izquierda "desaparecido" durante seis meses y condenado a tres años de prisión a principios de la década de los 80, hoy en día presidente de la Asociación Al Amana9 que financia, en los barrios populares, a la manera del Grameen Bank de Bangladesh, varios micro proyectos y micro empresas. "La población se incrementó de 11 millones y medio en 1960 a casi 30 millones hoy en día. Más de la mitad tiene menos de veinticinco años. Y las ciudades, que absorben cada año cerca de 450.000 recién llegados desde el campo -aún más en los años de sequía- multiplicaron por cuatro su número de pobladores. Ahora el 55% de la población vive en las ciudades".

Abdelmumni añade: "Cerca del 65% de la población vive por debajo del umbral de pobreza. Y la pobreza se está agravando. El pueblo, el de las villas miseria, está totalmente alejado de las elites. Las ve como una población literalmente extranjera. Que acapara los puestos de trabajo y se reparte las riquezas del país. Antes de la independencia, se decía de los franceses que chupaban la sangre de Marruecos para su exclusivo provecho. En la actualidad, los pobres dicen lo mismo de las clases medias y altas. Un abismo los separa. El interés, bien entendido, del makhzen consistiría en permitir una mayor movilidad social, en dejar que emerjan nuevos actores. En brindarles una oportunidad a los jóvenes de las clases desfavorecidas".

Latifa, 45 años, profesora de matemáticas en un liceo de los suburbios de Casablanca, lo confirma: "La clase media representa apenas el 5% de la población. En Túnez, más del 35%. Aquí predomina un sistema de redes, de nepotismos, de clanes, de familias vinculadas entre sí que prefieren darle un puesto a un pariente inepto e incompetente antes que a un joven de origen modesto con diploma. Para el makhzen lo que cuenta ante todo es la fidelidad, la sumisión, y no la capacidad. Es la razón por la cual la mayoría de los jóvenes ya no tiene esperanzas. Ya no creen en su país, ni en la alternancia, ni en el renacimiento encarnado por el joven rey, a quien, por otro lado, ven con simpatía. Sólo sueñan con emigrar. Las chicas todavía más que los varones. ¡Una reciente encuesta demostró que el 72% de los marroquíes desean emigrar, y que, en la franja de los jóvenes de 21 a 29 años, este índice llega al 89 % !"

A pesar de las dificultades legales y de los riesgos efectivos que se corren (decenas de candidatos a emigrar mueren cada año ahogados en el estrecho de Gibraltar), aproximadamente unos 40.000 marroquíes logran emigrar cada año. La comunidad marroquí radicada en el extranjero -principalmente en Francia, Bélgica, Italia, España, Canadá y Estados Unidos- asciende a más de dos millones de personas, que se mantienen muy apegadas a su cultura y su país y envían cada año a su familia una parte de sus ahorros, estimada en unos 2.000 millones de dólares. Para Marruecos, eso representa más que la ganancia total derivada de las exportaciones de fosfatos y de productos agrícolas juntas.

En términos de macro economía, luego de los esfuerzos de ajuste exigidos por el Fondo Monetario Internacional (FMI), los indicadores resultan satisfactorios: la inflación es de aproximadamente un 2,6% y el déficit del presupuesto público no supera el 3%. Pero el costo social de esta política es exorbitante y como la tasa de crecimiento sigue siendo decepcionante (en promedio, no superó el 2,1%, de 1990 a 1998), resulta imposible absorber el excedente de mano de obra.

"Es un verdadero escándalo", opina Zuher Bentaibi, responsable del Foro de Comunicaciones de Rabat y profesor de nuevas tecnologías de la Universidad de Niza-Sophia-Antipolis. "Sobre todo porque el país está despegando en materia de telecomunicaciones y necesita de todos sus especialistas. Particularmente de los científicos. Después de la República Sudafricana, Marruecos es el país de Africa donde Internet tiene mayor inserción. En todas las grandes ciudades, existen actualmente cibercafés que están siempre llenos. En todas partes, hasta en los últimos confines del país, existen locutorios en los cuales se puede no sólo llamar por teléfono, sino también intercambiar faxes y generalmente mensajes electrónicos, o bien consultar Internet. Como en Europa, las clases medias se abalanzaron sobre los teléfonos portátiles. Ya hay circulando más de 350.000. Y se estima que esta cifra superará los dos millones en 2003. El país dispone asimismo de un parque de más de 200.000 computadoras y de más de tres millones de antenas parabólicas que permiten que un público muy amplio siga las programaciones de numerosos canales de televisión, mayormente emitidos en los países europeos".

"Si no hubiese tanta corrupción", estima Driss El Atlassi, un empresario de 55 años de Kenitra, "el despegue económico sería espectacular. Pero los inversores, nacionales o extranjeros, son considerados como vacas lecheras por la administración. Los exprimen al máximo. Razón por la cual son muy prudentes. Sólo los privilegiados arriesgan sus capitales. Y siempre salen ganando. Luego, existe una considerable economía subterránea vinculada con la droga (Marruecos es el primer exportador mundial de hachís) y con el contrabando proveniente de Melilla o en dirección a Argelia. Muchos funcionarios se benefician con eso. Y el poder cierra los ojos. Si no, ¿cómo explicar que de las cien principales fortunas de Marruecos, las 50 primeras pertenezcan a militares o comisarios? La fortuna de los veinte militares más ricos alcanzaría para pagar los 17.000 millones de dólares de la deuda externa".

"El gobierno no combate suficientemente la corrupción que gangrena literalmente al país", afirma asimismo Abdelkebir Khatibi, sociólogo, Director del Instituto de Investigación Científica de Rabat. "Pero sólo ocupándose de la corrupción, de la pobreza y de lo social podrá efectivamente frenar al islamismo. Youssoufi debería pasar a una velocidad superior. Existe una verdadera impaciencia en el país. Y el gobierno no puede permitirse darle tiempo al tiempo. Marruecos esperó demasiado. Ahora, hay que actuar. Tal vez no haya una segunda oportunidad".

Abubakr Jami, que dirige en Casablanca Le Journal10, piensa también que "el gobierno tiene tendencia a makhenizarse. Juega con fuego cuando hace aprobar medidas, especialmente en materia de censura11, que no habrían tenido éxito sin el aval de la izquierda. Ahora, Youssoufi debe actuar. Si no se mueve, habrá perdido la oportunidad".

"No hay que dramatizar", considera en cambio un embajador occidental que conoce muy bien al país. "El régimen está estabilizado. ¿De dónde puede venir la voz de alerta? ¿De los islamistas? Está descartado. Pueden producirse tumultos localizados, debido a las penurias, aquí y allá. Y muertes. Pero el régimen resistirá. En definitiva, todo el mundo es fiel a la monarquía".

Abraham Serfaty tampoco descarta la existencia de ciertos disturbios esporádicos, pero insiste en afirmar : "No creo en una revolución popular. No están dadas las condiciones. Y aunque defraudadas, las esperanzas todavía no se han desvanecido".

El Sahara

Subsiste el problema del Sahara, que en gran medida condiciona el porvenir del nuevo Marruecos. Un referéndum, decidido en 1991 y organizado bajo los auspicios de la ONU -que mantiene allí observadores en el marco de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental (MINURSO)- debe determinar de manera definitiva si el Sahara occidental sigue siendo marroquí o si, tal como lo reclama el Frente Polisario apoyado por Argelia, opta por la independencia. La ejecución de este referéndum fue reiteradamente postergada, con el acuerdo de todas las partes, debido a la dificultad de establecer con precisión las listas electorales. De hecho, la fecha de su realización está confirmada para el año 2001 y James Baker, ex secretario de Estado estadounidense, enviado personal en la región de Kofi Annan, secretario general de la ONU, está a cargo de la conducción de las negociaciones previas. Sin embargo, cada día que pasa el referéndum se torna más improbable.

Una reunión de todos los interesados bajo la presidencia de Baker, llevada a cabo en Londres el pasado 14 de mayo, culminó en fracaso. El mandato de la MINURSO finaliza el próximo 31 de julio y Kofi Annan, en clara alusión a un eventual abandono de la idea de referéndum, declaró que habría que "prepararse para tomar en consideración y discutir otras opciones, con el fin de lograr una solución negociada y perdurable del litigio"12.

Rabat mantiene en el Sahara al grueso de su ejército, aproximadamente unos 200.000 hombres, y le destina más del 20% de su presupuesto, lo que es poco razonable. Los gastos militares despilfarrados en el Sahara serían mucho más útiles para llevar finalmente a cabo una política social ambiciosa y reactivar la economía. Por otra parte, esta situación envenena desde hace décadas las relaciones con Argelia, impide la necesaria cooperación entre ambos países y obstaculiza la formación de una Unión del Magreb, más imprescindible cada día que pasa. En Marruecos todo el mundo está convencido de que este asunto condiciona el éxito de la nueva etapa emprendida por el rey Mohamed VI. Abraham Sefarty piensa que "Todas las partes debieran aceptar una amplia autonomía. Lo que al fin permitiría emprender la Unión del Magreb. Pero los generales argelinos ponen trabas".

El embajador occidental antes citado afirma que "debemos reconocer que el referéndum no es la solución adecuada. Lo demostró la cuestión de Timor Oriental el año pasado. Nadie aceptará las reglas del juego. Si Marruecos perdiera el referéndum, sería una catástrofe nacional. No se retiraría por eso del Sahara y su situación en el plano de la legalidad internacional se tornaría insostenible. Si Marruecos ganara, los argelinos no lo aceptarían. Y se correría el riesgo de una nueva confrontación directa. La comunidad internacional se vería obligada a intervenir. Y no quiere hacerlo. Pareciera que Francia y Estados Unidos están finalmente convencidos de que el referéndum no es una solución. París está encargado de hacérselo entender a Marruecos; Washington a Argelia. Debiéramos intentar una solución intermedia. El Sahara dispondría de una gran autonomía, la más amplia posible. ¿Pero aceptarán esto los generales argelinos?".

El primer ministro Abderrahman Youssoufi opina que "La actitud argelina es incomprensible. Los militares parecen querer reactivar este asunto del Sahara, que todos consideraban en vías de solución. El riesgo estriba en reactivar la carrera armamentista entre nuestros dos países, cuando los esfuerzos deberían estar exclusivamente centrados en el desarrollo. Y en postergar todavía más el proyecto de Unión del Magreb".

En su visita de Estado a París, el pasado 16 de junio, el presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika, declaró formalmente que "En lo referido al tema del Sahara, nunca hemos cambiado. Nos atenemos a un principio simple: el derecho de autodeterminación. De hecho, nosotros fuimos los primeros en reconocer la independencia de Timor Oriental. La cuestión del Sahara está en manos de las Naciones Unidas, que deben organizar el referéndum sobre la autodeterminación. Un principio que condujo a la independencia de mi país. No desistiré. No me gusta cuando el más fuerte humilla al más débil. Pero, lo ratifico solemnemente, Argelia reconocerá el resultado de la consulta a los saharauis. Sea cual sea.

En cuanto a las relaciones entre Argelia y Marruecos, debo señalar que nací y crecí en Marruecos, que conozco bien este país y que siento por él un profundo afecto. Lo que no me impide ver las cosas de manera racional. Y constatar que, en los difíciles años que acabamos de vivir, la frontera entre nuestros dos países no fue tan hermética como habría sido deseable. En Argelia ingresaron armas y abastecimientos provenientes de Marruecos. En la época de Hassan II, conocíamos a los responsables marroquíes, hasta existía cierta complicidad. Pero no conocemos el nuevo equipo. Ahora, cada uno desconfía del otro. Los acusamos, y nos acusan. Debemos hablarnos. Ya fueron designadas cinco o seis comisiones, para poner sobre el tapete todos nuestros litigios. Pero, por ahora, no abriré la frontera entre nuestros dos países. Si así lo hiciera, tres millones de argelinos la franquearían inmediatamente para ir a comprar pavadas. Sería sin dudas una medida popular, en ambos países. Pero no lo haré. Primero, debemos zanjar racionalmente nuestros problemas. Luego llegará la hora del ímpetu del pueblo y del amor. Argelia ante todo".

En el Magreb, la tradición quiere que el tiempo sea más lento, que nunca se deba precipitar los acontecimientos.

Marruecos optará por levantar los frenos uno por uno. Para que la evolución sea sólida y progresiva. Y sobre todo, para que el cambio deje a las cosas en su sitio y no altere lo esencial: la jerarquía de los poderes, la arquitectura de las tradiciones, el orden monárquico. Siguiendo la vieja formula siciliana: cambiarlo todo para que nada cambie.

  1. Le Journal, Casablanca, 8-4-00.
  2. Time, 26-6-00.
  3. Presses de Sciences-Po, París, 1999.
  4. Sobre el regreso de Abraham Serfaty, leer ChristineDaure-Serfaty, Lettre du Maroc, Stock, París, 2000
  5. Abderrahman Youssoufi, Abd-el-krim et la Républiquedu Rif, François Maspéro editor, París, 1976.
  6. Zakya Daoud, "L"alternance àl"épreuve des faits", Le Monde diplomatique, París, abril de 1999.
  7. Mohamed Tozy, "Qui sont les islamistes auMaroc?", Le Monde diplomatique, París, agosto de 1999.
  8. Texto integral disponible en Internet: http: www.yassine.net/lettres/ind_memorandum. htm
  9. Dirección: 9, Rue Taza, Tour Hassan, 10.000 Rabat, Marruecos. e-Mail: Alamana@alamana.org
  10. Semanario en idioma francés de gran calidad, recientemente secuestrado debido a la publicación de una breve entrevista con Mohamed Abdelaziz, jefe del Frente Polisario y Presidente de la República Arabe Saharaui Democrática, que no es reconocida ni por las Naciones Unidas, ni por Marruecos.
  11. Además del Journal, otras publicaciones fueron recientemente censuradas. Particularmente, el semanario en idioma árabe Assahifa y el semanario en idioma francés Demain. Tres responsables del segundo canal de televisión, 2M, fueron dejados cesantes. Por último, la venta del libro de Christine Daure-Serfaty, Lettre du Maroc, aún no está autorizada.
  12. El País, Madrid, 31-5-00.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 13 - Julio 2000
Páginas:18, 19, 40
Traducción Dominique Guthmann
Temas Militares, Deuda Externa, Estado (Política), Geopolítica, Políticas Locales, Islamismo
Países Canadá, Estados Unidos, Irak, Túnez, Argelia, Marruecos, Bangladesh, Timor Oriental, Bélgica, España, Francia, Italia