Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Pensar la ciberguerra

Un cambio de época. Luego de la guerra de Kosovo, se diluyen las certezas heredadas de la guerra fría para dar lugar a nuevas doctrinas militares. La red de redes, sistema nervioso por el que circula -en forma de "bits"- la información, se torna un paradigma organizacional. Hoy en día, hay estrategas impacientes por ver a Estados Unidos prepararse para la "ciberguerra" , donde bastaría con perturbar las estructuras de comando, de comunicación y de pensamiento del enemigo, en lugar de emprender su destrucción física.

En la reciente guerra de Kosovo, la contradicción se manifestó de manera brutal: en la "era de la información" , en la que según la fórmula visionaria de Nicholas Negroponte, los bits1 deberían reemplazar a los átomos2, la OTAN usó masivamente bombas venidas directamente de la era industrial. Calificadas incluso de "inteligentes" , en razón de su capacidad de procesar las informaciones de modo autónomo, estas bombas estaban, sin embargo, dotadas de un poder muy clásico, el de destrucción.

Detrás de los dramas humanos y políticos inmediatos se plantea una pregunta que concierne a los conflictos del mañana; ¿y si los aliados se hubieran equivocado de guerra? El problema fue planteado por dos investigadores estadounidenses, especialistas en conflictos de la era de la información. John Arquilla y David Ronfeldt son los inventores de toda una serie de conceptos y fórmulas originales: "ciberguerra" (cyberwar), "guerra en red" (netwar) y "noopolítica" (política del conocimiento). Ex marine, Arquilla es ahora profesor de ciencias de la información en una universidad de la Marina en Monterrey, al sur de San Francisco. Por su parte, Ronfeldt es analista en la Rand Corporation, un instituto de investigación muy cercano al dispositivo militar y a los servicios de informaciones. Ambos investigadores están convencidos de que "la revolución de la información altera la naturaleza de los conflictos e introduce nuevas modalidades en el arte de la guerra, el terrorismo y el crimen" . De este modo, responden al deseo de los futurólogos Alvin y Heidi Toffler de ver desarrollarse una "nueva comprensión de las relaciones entre la guerra y una sociedad en rápida evolución"3.

En efecto, no se pueden invocar las profundas transformaciones de la sociedad sin preguntarse sobre las conmociones que traen aparejadas en el modo de hacer la guerra4. El Renacimiento, con el cual se compara la era numérica, también se caracterizó por una forma diferente de hacer la guerra, a partir de la invención de la infantería. Lo mismo ocurrió en la era industrial, con los medios de destrucción masiva que ésta puso al servicio de los ejércitos. Nuestra época se caracteriza, según los Toffler, por "un cambio (shift) en la relación entre lo tangible y lo intangible en los métodos tanto de producción como de destrucción" . Lo intangible sería una característica del tiempo presente. En este sentido, la ciberguerra va más allá de las bombas "inteligentes" usadas durante la guerra del Golfo en 1991 y de las bombas de grafito, capaces de causar cortocircuitos en las centrales eléctricas, utilizadas recientemente contra Serbia. La ciberguerra se basa en el concepto de información. Y si esta última estuvo siempre en el meollo de la guerra, ahora adquiere un rol diferente.

En la esfera económica, esta diferencia reside, según el sociólogo Manuel Castells, en el hecho que la "información misma se convirtió en producto del proceso de producción"5. En caso de conflicto, se transforma inclusive en el objeto mismo del enfrentamiento y ya no sólo aquello que permite abordarlo en condiciones ventajosas.

En el núcleo del dispositivo elaborado por John Arquilla y David Ronfeldt, encontramos, naturalmente, cierta concepción sobre qué es la información. Lejos de considerarla en función de sus acepciones tradicionales (el mensaje o el medio, según la distinción establecida en los años 60), estos investigadores describen la información como una propiedad física, al mismo nivel que la materia y la energía. De esto resulta otra concepción del poder y por lo tanto de la guerra. En lugar de asentarse sobre los recursos materiales, el poder sería en adelante una cuestión de relaciones entre las personas y por lo tanto, una cuestión de organización: se torna inmaterial. De Marte, un dios brutal, pasamos a Minerva, la diosa de la sabiduría. Del juego de ajedrez al del go, infinitamente más sutil. En el campo de batalla, pasamos de una guerra donde lo esencial podía medirse por la capacidad de "destrucción" a enfrentamientos en los cuales la capacidad de "perturbación" (disruption), es decir de desorganización, sería la clave. Partiendo de estas bases, los investigadores distinguen cuatro niveles dentro de lo que llaman su "visión".

1) En el plano conceptual, es la información la que da su forma a la estructura. Así, los investigadores se demarcan de las teorías que privilegian la transmisión de los mensajes, la comunicación: esas teorías serían insuficientes en la medida en que no dan cuenta del rol de la información en las organizaciones. "Toda estructura contiene información" , dicen. Por lo tanto, las ideas que anidan en las superestructuras, sus valores, sus objetivos, son de igual importancia que sus infraestructuras tecnológicas

2) "Una de las consecuencias más importantes de la revolución de la información es el armado de las organizaciones en red."Lo cual vale para las organizaciones no gubernamentales (ONG) como para las redes terroristas. Y para los gobiernos, esto se traduce en una invitación a combinar las estructuras jerárquicas tradicionales con formas más flexibles. Pero nadie puede evitar un "aplanamiento" de las jerarquías. David Ronfeldt, en particular, distingue cuatro tipos de organizaciones : tribus, instituciones, mercados, redes. Y se declara convencido de que "la tecnología refuerza la red como estructura social" . De allí surgen las definiciones distintas de "ciberguerra" (ciberwar), enfrentamiento clásico con armas más "inteligentes" y según modos de compromiso adaptados a la era de la información y de la "guerra en red" (netwar), que concierne los enfrentamientos entre (o con) actores "que no son Estados".

3) El núcleo de su doctrina militar es "el enjambre de batalla" (battle swarm). Dominar en materia de información (saber más que el adversario) en el teatro de operaciones es el objetivo principal. El conocimiento de la situación y de los movimientos del otro, asociado a un sistema de información sofisticado (cada combatiente está en contacto con todos los demás y los jefes de unidad se comunican con los responsables de la fuerza aérea y de otras unidades) permitiría utilizar efectivos reducidos con una gran eficacia.

4) La estrategia de conjunto que proponen es la de "la apertura circunspecta" (guarded openness). Arquilla y Ronfeldt están convencidos de que la libre circulación de información favorece los intereses de Estados Unidos y de que, en última instancia, "no es quien tenga la bomba más grande quien ganará los conflictos del mañana, sino el que narre la mejor historia"6.

Su último trabajo se publicó en 1999 bajo el título The Emergence of Noopolitik7, en referencia explícita a la "nooesfera" o esfera de conocimientos del padre Teilhard de Chardin8. Adaptada a la era de la información, la noopolítica "pone al frente el formato y la repartición de ideas, de valores, de normas, de leyes y de la moral mediante un poder suave" . Y concluye que "la información misma está transformándose en una de las dimensiones de la estrategia, lo que quiere decir que puede ser empleada en vez de los ejércitos y las sanciones económicas" . Si no comprendemos esto, subrayan, "corremos el riesgo de regresar a las formas tradicionales de organización de los asuntos de Estado y por lo tanto de instrumentarlas de forma inadecuada e ineficaz".

Revolución en la diplomacia

La guerra de Kosovo aparece así, según sus escritos, como la victoria de lo que ellos anuncian que desaparecerá: lo tangible, lo material, lo brutal. En 1997, estos investigadores definen los bombardeos aéreos como "una afirmación maximalista del poder material" . Algunos estarán tentados de concluir que, por más brillante que sea, su teoría nació muerta. Pero esto sería demasiado apresurado. En su propia interpretación del conflicto, publicada el 20-6-99 en Los Angeles Times, Arquilla y Ronfeldt estiman que precisamente cuando se recurrió a ciertos elementos de la ciberguerra se puso fin al conflicto: "El despliegue, sobre una vasta superficie, de pequeñas unidades de combatientes del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) y, en menor medida, el de las fuerzas especiales de los aliados, obligó a los serbios a maniobrar y a hacer fuego, lo que los tornó instantáneamente vulnerables a los ataques aéreos."Las informaciones en las que se basan para hacer su análisis no son públicas. Pero se pueden encontrar algunos elementos en un artículo del diario escocés The Herald (Glasgow), en el que figura que cuatro países miembros de la Alianza (Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Noruega) estaban comprometidos en una guerra secreta en Kosovo. Cada contingente recibió una porción de territorio y trabajaba en contacto con la fuerza aérea. Utilizaban, entre otras cosas, rayos láseres para señalar los blancos a los pilotos.

Si creemos en el diario escocés, la participación francesa parece haber sido particularmente importante, ya que contaba con los destacamentos de varias unidades, entre ellas el 13º regimiento de dragones paracaidistas, comandos del segundo regimiento de paracaidistas de la Legión, y hombres del 13º regimiento de infantería de la marina, más los nadadores de combate del célebre comando Hubert, el mismo que hundió al Rainbow Warrior en Nueva Zelanda9.

"La ciberguerra implica precisamente comprometer pequeñas unidades dispersas y suficientemente bien conectadas para que puedan, reiteradamente, coordinar sus ataques en enjambre, fusionarse y dispersarse. Exige por lo tanto la presencia de tropas terrestres, sin que por eso sean tropas terrestres convencionales" , recuerdan Arquilla y Ronfeldt. Inclusive, llegan a criticar el principal presupuesto de los estrategas de la OTAN: la creencia de que un ejército considerable -y por ende de despliegue lento- era indispensable para ganar en el campo de batalla.

Según sus estimaciones, para desorganizar a las fuerzas adversas, basta con que los efectivos comprometidos -desplegados en enjambre de batalla- sean el diez por ciento de aquellas. Estados Unidos, Canadá, Francia e Inglaterra tenían, según ellos, tropas preparadas para este tipo de enfrentamiento, que hubieran podido ser utilizadas con éxito.

Pero el problema, nos declaró John Arquilla a principios de julio, es que la ciberguerra llevada a cabo en Kosovo "fue tratada como un complemento cuando tendría que haber sido nuestro esfuerzo central, por la buena razón de que nos habría permitido proteger a los kosovares. Los bombardeos aéreos masivos exasperaron a los serbios y contribuyeron a las atrocidades. Esto recuerda en cierto modo la rabia y la frustración de los soldados estadounidenses durante la guerra de Vietnam, en la que sufrieron pérdidas causadas por minas y por enemigos invisibles".

Sin embargo, las ideas de Arquilla y de Ronfeldt no prevalecen en el Pentágono. Pacientes, no bajan el tono y preparan una intervención ante la Cámara de Representantes. Allí no sólo deberían hablar de guerra. Estiman, en efecto, que la revolución en los asuntos militares (RAM) a la cual asistimos, deberá estar acompañada por una revolución en los asuntos diplomáticos (RAD) que demoran en tomar forma: "El modelo de diplomacia coercitiva aplicado en Kosovo es una estrategia errónea que se basa en la amenaza del uso de la fuerza para obtener concesiones políticas. "

La amenaza de recurrir a la fuerza en caso de violación de los acuerdos establecidos, hubiera sido preferible. "Un enfoque de este tipo hubiera constituido un verdadero ejercicio de noopolítica, es decir una política guiada por la protección de los derechos, en la cual la idea del recurso a la fuerza es relegada a un segundo plano, mientras se atrae a los adversarios y a toda una cohorte de actores no estatales hacia un mecanismo de resolución de conflictos" , agrega Arquilla. En términos abstractos, la incapacidad de disuadir es la clave del drama. En términos concretos, es la imposibilidad de actuar: las sanciones económicas son ineficaces y los bombardeos inútilmente mortales y destructores.

Los dos neoestrategas reconocen la existencia de riesgos, pero estiman que "la ciberguerra puede ofrecer una nueva forma de vencer, de manera definitiva, sin respaldarse en una campaña de bombardeos que cause daños trágicos, sobretodo en la población civil" . Y declaran : "No deberíamos jamás hacer la guerra condicionados por nuestras propias presiones políticas, afín de no someter a quienes se debe proteger al peor tipo de barbarie desenfrenada. "

  1. Unidad numérica constituida de 0 o de 1 (binary digit)
  2. Nicholas Negroponte, Ser digital, Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1995.
  3. Alvin y Heidi Toffler, Las guerras del futuro, Plaza & Janés, Madrid, 1995.
  4. Maurice Najman, "Los estadounidenses preparan las armas del siglo XXI" , Le Monde diplomatique, París, febrero 1998.
  5. Manuel Castells, La era de la información. (tres vol.) Editorial Alianza, Madrid, 1998.
  6. En este tema, Herbert I. Schiller, "La información, un asunto de Estado para Washington" , Manière de voir nº 56, "Revolución en la comunicación" , Francia, julio-agosto 1999. (ver también artículo de Robert Fisk, págs. 1, 6 y 7).
  7. "The Emergence of Noopolitik: Towards an American Information Strategy" , Rand Monograph Report, Rand, Santa Monica, California, 1999.
  8. Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), metafísico, teólogo, "cosmo-místico" , nacido en Sarcenat, Francia. Este sacerdote de la Compañía de Jesús postulaba que la materia contiene una potencia espiritual. La noogénesis (del griego noos=psiquis) sólo comenzó a existir luego de la aparición del hombre en la Tierra. Teilhard la empleó para describir el nacimiento de la psiquis humana, en el momento en que el hombre toma el "Paso de la Reflexión" . Por ende, la nooesfera comenzó a existir como resultado del pensamiento humano.
  9. La embarcación Rainbow Warrior -primera nave de la asociación ecologista Greenpeace, adquirida en 1978-, fue destruida el 10-7-85 por una bomba colocada a bordo por los servicios de inteligencia franceses, en la localidad de Auckland Harbour, Nueva Zelanda.
Autor/es Francis Pisani
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 3 - Septiembre 1999
Páginas:28, 29
Traducción Yanina Guthmann
Temas Internet, Tecnologías, Conflictos Armados, Geopolítica, Periodismo
Países Canadá, Estados Unidos, Serbia (ver Yugoslavia), Vietnam, Francia, Inglaterra, Noruega, Nueva Zelanda