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La nueva economía

Es conocida la frase de Karl Marx: "Denme un molino de viento y yo les doy la Edad Media". Parafraseándolo, podríamos añadir: "Denme la máquina a vapor y yo les doy la era industrial". O, aplicándolo a la época contemporánea: "Denme la computadora y les doy la mundialización".

Aun cuando estos determinismos son necesariamente excesivos, resumen bien esta idea central: en momentos bisagras de la historia, una invención capital -que nunca resulta del azar- trastorna el orden de las cosas, influye sobre la trayectoria de una sociedad y desata un nuevo "movimiento de larga duración". Imperceptiblemente, desde hace diez años, hemos entrado en un movimiento de este tipo.

A fines del siglo XVIII la máquina a vapor, al provocar una revolución industrial, cambió el rostro del mundo: expansión del capitalismo y del colonialismo, aparición de la clase obrera, nacimiento del socialismo. Pero esa máquina, en definitiva, sólo sustituía al músculo.

Con su vocación de sustituir al cerebro, la computadora está por provocar ante nuestros ojos mutaciones todavía más formidables e inéditas. Todo cambia a nuestro alrededor: el contexto económico, los datos políticos, los parámetros ecológicos, los valores sociales, los criterios culturales y las actitudes individuales.

Las tecnologías de la información y de la comunicación, así como la revolución digital, nos hacen ingresar nolens volens en una nueva era, cuya característica central es el transporte instantáneo de datos inmateriales y la proliferación de relaciones y redes electrónicas. Internet es el corazón, la encrucijada y la síntesis de la gran mutación en curso. En este sentido, las autopistas de la comunicación son a la era actual lo que los ferrocarriles fueron a la era industrial: vigorosos factores de impulso e intensificación de intercambios.

Con esta comparación en el espíritu, muchos bolsistas de escaso alcance recuerdan que "las ventajas económicas de un sistema de transporte aumentan en línea quebrada, con repentinos saltos, cuando se hacen algunos vínculos" y que "en los años 1840 la construcción de los ferrocarriles era el resorte más importante del crecimiento industrial en Europa occidental"1. Los neocapitalistas apuestan al crecimiento exponencial de todas las actividades vinculadas con las autopistas virtuales, con las tecnologías de las redes, con Internet. Y a eso se llama "la nueva economía".

Muchos inversores siguen convencidos de que a la hora de una de las mutaciones más rápidas que el mundo haya conocido nunca, las empresas se verán coaccionadas a adaptarse, a gastar mucho en equipos informáticos, telecomunicaciones, redes, etc. Las perspectivas de crecimiento parecen enormes. En Francia, más de 10 millones de personas compraron teléfonos portátiles y se duplicó la tasa de equipamientos en computadoras en los tres últimos años.

Se considera que la cantidad de usuarios de Internet, calculada en 142 millones en 1998, debiera alcanzar de aquí al 2003 los 500 millones… La gran batalla futura enfrentará a las empresas estadounidenses, europeas y japonesas por el control de las redes, el dominio del mercado de imágenes, datos, sonido, consolas de juego, en suma, de los contenidos. Pero tambien y sobre todo por imponerse en el comercio electrónico. Internet se ha convertido en una enorme galería comercial. Embrionario en 1998, con apenas 8 mil millones de dólares de intercambios, el comercio electrónico debiera alcanzar los 40 mil millones en el año 2000 y superar los 80 mil millones en 2002.

Presas de una ardiente fiebre de opulencia, alentados por la mayor parte de los medios, enjambres de antiguos y nuevos investigadores se abalanzan sobre las Bolsas como en otro tiempo los buscadores de oro sobre el Eldorado. Las cotizaciones de valores vinculados con la galaxia Internet estallan. El año pasado una decena de empresas vio multiplicarse por 100 el valor de sus acciones. Algunas se multiplicaron por 370. Otras, como America On Line (AOL) multiplicaron por 800 su valor desde 1992.

Un ahorrista que simplemente invirtiera el día de su introducción en la Bolsa mil dólares en acciones de cada uno de los cinco grandes de Internet (AOL, Yahoo, Amazon, AtHome, eBay) habría ganado desde el 9-4-99 un millón de dólares… El índice de Nasdaq (la Bolsa donde se intercambian la mayor parte de los valores de alta tecnología en Nueva York) tuvo -sólo en 1999- una ganancia de +85,6 %. Y aunque este índice sufrió un retroceso significativo en marzo de 2000, su progresión desde comienzos del año sigue siendo superior al 20%…

Pero enriquecerse pronto, sin esfuerzo y sin trabajo, tiene mucho de espejismo. A pesar del enriquecimiento global, en Estados Unidos las desigualdades siguen ahondándose y alcanzan niveles nunca vistos desde la Gran Depresión. La prosperidad de la nueva economía parece tan frágil que hace pensar en el boom económico de los años ´20, cuando lo mismo que hoy la inflación era débil y la productividad elevada. Hasta el punto de que hay quienes se atreven a hablar de "riesgo de quiebra" y dejan planear el espectro de 1929…2

A mediano plazo, apenas el 25 % de las empresas de la economía de la Red debieran sobrevivir. Altas autoridades financieras ya no vacilan en alertar a los ahorristas. "Seamos prudentes con los títulos de las empresas Internet", afirma por ejemplo Arnout Wellink, presidente del Banco Central de los Países Bajos, que compara a los operadores con "caballos enloquecidos corriendo unos tras otros en busca de una mina de oro"3.

De las revoluciones políticas se dice que devoran a sus hijos. Las revoluciones económicas hacen lo mismo.

  1. David S Landes, L"Europe technicienne, Gallimard, París, 1975.
  2. Business Week, 14-2-00.
  3. Le Monde, 12-3-00.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 10 - Abril 2000
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Internet, Tecnologías, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Nueva Economía, Geopolítica, Consumo
Países Estados Unidos, Francia