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Recuadros:

Historia y creación

Entre las múltiples oportunidades que ofrece el 2º Festival Internacional de Cine Independiente, que tiene lugar en la ciudad de Buenos Aires entre el 6 y el 16 del mes de abril, se cuentan filmes documentales realizados por cineastas argentinos de diferentes generaciones y trayectorias. Es de desear que su proyección en el Festival contribuya a su difusión masiva, en general retaceada por las distribuidoras y la televisión.

Los cuatro documentales argentinos cuya proyección se anuncia para el 2º Festival Internacional de Cine Independiente, tienen como único denominador común el sumo interés que revisten como espejos críticos para el espectador, fuentes de debate, y recuperación de la memoria histórica y cultural. Dos de ellos están dedicados a creadores argentinos de índole muy dispar: el casi secreto compositor Dino Saluzzi -radicado en Alemania desde hace años- y el célebre Jorge Luis Borges; los otros dos enfrentan al espectador con la historia argentina reciente. El interés de estos documentales es simétrico a las escasas chances de difusión que se otorgan a este género tanto en las salas de cine como en televisión, en la medida en que no responden a pautas comerciales y efectistas

Saluzzi. "La búsqueda del mejor camino hacia la belleza parece ser intuitiva, no racional". El hablar pausado del bandoneonista argentino Dino Saluzzi deja caer las frases de un modo que pone de manifiesto la insuficiencia de las palabras para quien tiene como expresión privilegiada la música. Nada menos que esa búsqueda intenta captar el joven realizador Daniel Rosenfeld, que con este documental se estrena como director, siguiendo la gestación de un tema para dos bandoneones y un saxo, que Saluzzi inicia durante una gira por Europa y termina tocando meses después con sus hermanos Celso y Félix en Camposanto, su pueblo natal en la provincia argentina de Salta. El precio de esa búsqueda es la soledad: "Cuanto más adentro estás metido, más solo. Cuanto más avanzás, más dificultad para el diálogo…" El color en el filme está reservado para los recuerdos de Salta, que vuelve a la memoria del artista, hijo de un obrero del azúcar, en la desolada hermosura de sus paisajes y a su regreso a la casa paterna, donde además de ensayar la nueva composición con sus hermanos canta en las pobres fiestas populares melodías folklóricas que dicen de su enloquecedora nostalgia.

Los libros y la noche. "Si un poeta logra sobrevivir en una línea, ya con eso está, todo lo demás han sido borradores de esa única línea necesaria", dice Borges en una de las entrevistas incluidas en el filme Los libros y la noche de Tristan Bauer. Claro que Borges calla cuál sería en su caso esa línea. Puestos a elegir, lectores y críticos seguramente discreparán. Además del excelente largometraje de ficción Después de la tormenta, de Bauer ya se había difundido un documental dedicado a Julio Cortázar. Los libros y la noche se diferencia en que añade a la biografía y las entrevistas tramos de ficción a través de la representación de algunos relatos y poemas (La biblioteca de Babel, El libro de arena, Utopía de un hombre cansado, El espejo, Un sueño, Poema de los dones, Ajedrez, Juan I,14). A juzgar por la elección, Bauer ha resuelto que esa línea ha de asociarse con el deseo de Borges de que el universo no resulte del caos sino del plan de algún Dios, necesariamente terrible en el enigma de sus designios. La voz que lee los textos de Borges es del actor Walter Santana, además su intérprete en los relatos y poemas representados.

La búsqueda prolija de las simetrías, la contención emotiva y la ironía, rasgos inconfundibles de Borges, son entonces modos de asumir con estoicismo una angustia insoportable. El ambiente lúgubre que envuelve la representación de los textos, aun las imágenes especialmente felices que acompañan La Biblioteca de Babel, Un sueño, Ajedrez, logran poner de relieve esa impronta angustiosa en la obra de un escritor que hace un principio de no dejar trascender su dolor. Quedan entonces fuera algunas zonas de la obra de Borges: su brillante poesía juvenil, el culto a Buenos Aires, a sus antepasados familiares, las mitologías de compadritos.

Más antojadiza resulta la selección operada en la biografía del escritor, que corre paralela al desarrollo en imágenes de sus textos y a momentos extraídos de distintas entrevistas otorgadas en su vejez, para confluir en textos como El espejo, El tigre, El otro, Poema de los dones, Los enigmas. Faltan en esta biografía sus amigos (apenas una imagen de Bioy Casares a su lado, firmando libros), sus matrimonios (apenas una imagen de Maria Kodama, que lo acompaña en un paseo junto al Botánico), faltan sobre todo los mecanismos que lo catapultaron a una fama definitiva, durante la última dictadura militar argentina. Falta, en suma, su precisa inscripción social y política, reducida a una anécdota casi risueña del primer peronismo y a su sarcasmo ante el enfrentamiento de la Argentina con Gran Bretaña por las islas Malvinas, en 1982.

En medio de las imágenes que atestiguan su fama mundial, Borges musita que para él la más alta forma de la gloria sería el anonimato de esa única línea necesaria incorporada al idioma castellano.

Botín de guerra. David Blaustein, de quien ya se había difundido otro documental de carácter histórico sobre la Juventud Peronista en los años 70, Cazadores de utopías, documenta en Botín de guerra el plan sistemático de apropiación de los hijos de detenidos-desaparecidos por parte de la última dictadura militar argentina. El filme arranca con un acierto: identificar el antecedente histórico de ese plan en la entrega de los hijos de los indígenas cautivos a familias criollas ante los ojos de los padres, según el relato de un cronista del diario La Tribuna de Buenos Aires, en 1879. El territorio, despejado de "salvajes", se ofrecía promisorio al capital extranjero. Es imposible no seguir con la analogía y razonar que el país que dejarían los militares, liberado de disidentes y de sus organizaciones, se rendiría inerme a las exigencias de la nueva etapa del capitalismo triunfante.

El filme presenta la historia de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, desde sus difíciles inicios en 1977 hasta la actualidad, cuando han logrado encarcelar al general Rafael Videla y a los principales responsables de aquella dictadura aprovechando que el delito de apropiación de niños, a fuerza de ser ignorado en el juicio a las Juntas de 1985, quedó fuera de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y del decreto de indulto. Su desarrollo alterna imágenes de archivo en blanco y negro (que pautan cronológicamente los hechos, desde la primera entrega de testimonios sobre apropiación de niños al secretario de Estado de Estados Unidos Cyrus Vance, el 21-11-77, hasta la detención de Videla, en 1998), con imágenes en color de testimonios directos de abuelas en busca de sus nietos nacidos en cautiverio o secuestrados con sus padres y de jóvenes identificados como hijos de desaparecidos.

En estos testimonios la vivencia se impone cualitativamente sobre la información: una de las iniciadoras de Abuelas, Alicia de De la Cuadra, nunca sabrá qué pasó por la cabeza de su hijo, a quien los militares sujetaban contra la pared en la entrada de su casa, cuando ella dijo: "No lo conozco", con la ilusión de que si decía eso lo soltarían. "No sé si Roberto entendió lo que hice o creyó que lo negaba en este momento". Mariana Eva Pérez, que a los 15 meses vio cómo secuestraban a sus padres, dice que "necesita comprender" a esa generación de "jóvenes para siempre", ahora que se acerca a la edad que tenían sus padres al ser secuestrados.

Sin rasgos declamatorios, el filme se constituye en una forma de resistencia contra la pérdida de la historia y el pasado, contra la desintegración comunitaria. Junto con esos jóvenes que en cada uno de sus gestos y miradas transmiten el carácter límite de su situación, también el espectador sale de una impostura y reanuda una historia que le había sido arrebatada.

Perón, sinfonía del sentimiento. En 1971, en su exilio en Madrid, Perón evoca el primer Plan Quinquenal, puesto en marcha en 1946: "Gobernar es crear trabajo. ¿Cómo es posible que haya 850 mil desocupados en un país donde todo está por hacerse?". El espectador mide la vigencia de la pregunta de Perón en la Argentina actual y se estremece. Perón ya se está anticipando a los argumentos de la oposición contra los resultados de aquel Plan: "Dicen que tuvimos una situación privilegiada de posguerra. ¡Mentira! Todo lo que nosotros hicimos fue lo que creó 10 años de abundancia para el país y de felicidad para el pueblo argentino".

Esos "diez años de felicidad", sus antecedentes, la ulterior lucha por reconquistarlos, el regreso de Perón al país en 1973 y su muerte, es lo que despliegan las casi 6 horas de duración de Perón, sinfonía del sentimiento, el documental que más expectativas despierta, por la prolongada y singular trayectoria de su autor, Leonardo Favio, en el tratamiento de ambientes, personajes y leyendas populares en largometrajes de ficción, desde Crónica de un niño solo a Gatica, el mono, y por su objetivo de presentar la historia del movimiento peronista.

Favio inició esta miniserie, concebida para televisión, por encargo del ex gobernador peronista de Buenos Aires durante la presidencia de Carlos Menem, Eduardo Duhalde. Lo cierto es que su filme parece responder a la consigna: "Menem lo deshizo". La "década de felicidad" aparece como exacto contrapunto de la década menemista: reivindicación del rol del Estado en la salud y la educación pública, nacionalización de empresas cruciales, industrialización, pleno empleo. La voz de Perón lee el decálogo de los derechos del trabajador, llama "enemigos sociales"a las empresas que no cumplan con las leyes laborales y proclama: "Eramos un pequeño país sometido al capitalismo internacional que ahogaba su economía. Ahora el rumbo es nuestro rumbo, vamos donde queremos ir".

El relato es desigual. Seguramente no hay documental argentino donde se encuentren tantas y tan magníficas imágenes de archivo, algunas poco conocidas, todas cuidadosamente restauradas; pero tampoco donde el material documental sea objeto de un tratamiento tan sui generis, fundamentalmente porque Favio, más que para hacer historia, lo usa como pedestal para levantar una elegía a la masa peronista y su líder. También porque las alterna con imágenes artísticas, collages y animación, que afirman por sí solas la posibilidad de una estética a la altura de las epopeyas populares; una estética más convincente y comunicativa que más de un tramo del guión.

Favio consigue reivindicar una época en que la Argentina intentó un desarrollo autocentrado y una estrategia de unidad sudamericana, en la que se atrevió a sustraerse a las presiones de Estados Unidos, tanto cuando se trató de declararle la guerra el Eje nazifascista como cuando se trató de formar un bloque anticomunista americano. "La amenaza comunista no altera el principio de la autodeterminación de los pueblos", responde Perón a esas presiones. Y llama al FMI, a la OEA y a la ONU "meros instrumentos de los imperios".

El director logra también destacar la infamia de los bombardeos sobre plaza de Mayo en el 55, la destrucción de los pulmotores de la Fundación Eva Perón en medio de la epidemia de poliomielitis, de los fusilamientos del general Juan José Valle y sus compañeros, de las persecuciones y la proscripción políticas del peronismo en nombre de la democracia, así como la ceguera criminal de tantos "demócratas".

Este seductor relato naturaliza el personalismo y el insistente adoctrinamiento, rasgos de aquel primer peronismo. No hay lugar para voces disidentes: la oposición aparece exclusivamente asimilada a la propaganda internacional de los aliados, cuando no a la oligarquía local. Sólo están Perón, con su envergadura de estadista, la incondicionalidad de Evita y esa prodigiosa marea humana que ruge o canta, para quien "ser felices" no es ganar una videocasetera o mirar los goles de la selección nacional por televisión, sino la recién descubierta pertenencia a un país y su proyecto.

Pero en nombre de la unidad, esta exaltación tampoco deja ver la compleja dinámica interna del peronismo, la evolución de su heterogénea composición. La voz en off presenta al peronismo como un ejemplo excelso de "la política subyugada por el amor", por consiguiente a salvo de la corrupción. A fuerza de omisiones y buenos sentimientos -que se presumen por encima de toda ideología- la historia que cuenta Favio se vuelve ininteligible al ingresar en los últimos años ´60. Fiel a la palabra de Perón, que en alguna ocasión dijo: "vuelvo desencarnado", lo presenta avanzando entre nubes hacia un mítico balcón suspendido del cielo, reiterando conceptos claves de su doctrina que se remontan a los años ´40, pero sustraído a las contradicciones del gabinete que él mismo designó, a la feroz lucha que ya empezaba a desatarse dentro de su propio movimiento, y a las peculiaridades de la coyuntura internacional; todos datos sin embargo indispensables para interpretar por ejemplo el sangriento ataque de la derecha contra la izquierda peronista el 20-6-73 en Ezeiza, cuando una multitud, tan imponente como la de los años ´40, pero mayormente juvenil, heterogénea pero investida de una nueva conciencia social, marchó a recibir a Perón en su regreso definitivo y fue masacrada. En el tratamiento de Favio pasa desapercibido entonces hasta qué punto la evaluación que Perón hace de esos episodios representó un inequívoco aval a los atacantes.

Francisco de Goya, ese maestro de los claroscuros, escribió alguna vez que nadie es inocente cuando ha asistido, como asistió él, a tantos crímenes cometidos en nombre de la libertad. Y añade una frase que podría desarrollarse en toda una estética. "Tal vez, dice, sólo sean inocentes mis pinturas, reflejo del espanto". La cultivada ingenuidad del filme de Favio se coloca en los antípodas de esa "inocencia" de las pinturas de Goya. El conmovido espectador revive sus duelos y frustraciones históricos, recibe ese mandato de un paraíso a reconquistar. ¿Pero cómo reconquistarlo si no sabe cuál es el crimen que lo arrojó de él?

Producción argentina en los ´90

Tango Bayle nuestro, de Jorge Zanada.

Cortázar, de Tristan Bauer

Jaime de Nevares, último viaje, de Marcelo Céspedes y Carmen Guarini

Tinta roja, de Marcelo Céspedes y Carmen Guarini

Cazadores de utopías, de David Blaustein

Hundan al Belgrano, de Federico Urioste

Fantasmas de la Patagonia, de Claudio Remedi

Astor, de Eliseo Alvarez

Prohibido, de Andrés Di Tella

Por los caminos del Chaco, de Alejandro Fernández Moujan

Che, de Miguel Pereira

Dársena Sur, de Pablo Reyero

Che, un hombre de este mundo, de Marcelo Schapces

HGO, de Victor Baylo y Daniel Stefanello

Padre Mugica, de la Universidad de Lomas de Zamora

, de Adrian Jaime

Botín de guerra, de David Blaustein

Saluzzi, de Daniel Rosenfeld

Los libros y la noche, de Tristan Bauer

(Lista suministrada por David Blaustein)


Autor/es Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 10 - Abril 2000
Páginas:35, 36
Temas Cine
Países Estados Unidos, Argentina, Alemania (ex RDA y RFA)