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Efecto Tequila, ¿efecto cocaína?

El análisis de los casos de México, Rusia, Tailandia y Japón, pone en evidencia cómo la extraterritorialidad jurídica de que gozan los paraísos fiscales, al combinarse el libre flujo internacional de capitales con la demanda de blanqueos, contribuyó a desatar las crisis financieras.

La reiteración de casos de malversación de créditos internacionales, como los registrados en Rusia y en Indonesia, obliga a interrogarse sobre las vinculaciones entre las crisis financieras y el blanqueo de dinero, en momentos en que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la masa de dinero sucio alcanza entre 590 mil millones y 1,5 billones de dólares1.

El sistema financiero internacional -que se globalizó en la posguerra fría- descansa sobre dos postulados que se anulan mutuamente. El primero consiste en suponer que la liberalización de los flujos de capitales optimizará la asignación de los recursos a nivel mundial. Esto resulta teóricamente discutible -como señaló un economista tan impecablemente liberal como Jagdish Bhagwati2- además de empíricamente inexacto, como lo prueban múltiples informes oficiales (Banco Mundial, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, etc.).

El segundo postulado consideraba como dada -o secundaria- en los países llamados "en transición", la infraestructura jurídica y jurisprudencial que había permitido organizar la liberalización de flujos financieros entre América del Norte, Europa y Japón. La coexistencia entre una total libertad de circulación de capitales y el mantenimiento de los sistemas de supervisión nacional, sumada a la presencia de sitios off-shore, generaban un espacio inédito donde prosperarían todas las delincuencias transnacionales3.

Así es como la extraterritorialidad jurídica que gozan la mayoría de esos lugares cumplió un papel no despreciable en las crisis financieras de estos últimos años. El caso de Rusia demuestra hasta qué punto la fuga de capitales; los desvíos de fondos; las ganancias de la extorsión, del saqueo del Estado, de la corrupción y del crimen organizado, pueden reinvertirse en el financiamiento exterior especulativo de una deuda pública que ellos mismos contribuyeron ampliamente a generar. La tendencia predadora, cleptocrática y finalmente mafiosa, que se ha traducido en una importante demanda de blanqueo en el mercado internacional de títulos -incluido el de los bonos del Tesoro ruso- es directamente responsable de la crisis financiera de 19984.

Asimismo, la crisis mexicana de 1994-1995, y el "efecto tequila" que la misma desató en los otros países de América Latina, sólo cobran todo su sentido cuando se integra la dimensión menos formal de un "efecto cocaína". Al captar -desde comienzos de los años 90- la mitad del dinero que movía la droga colombiana exportada a Estados Unidos, los traficantes mexicanos ingresan entre 3.000 y 8.000 millones de dólares anuales, suma superior a las exportaciones petroleras. Una parte de esos fondos va a alimentar el consumo ostentatorio de bienes de lujo estadounidenses. El resto es reciclado en el pequeño comercio, en inmuebles de lujo y el mercado "gris" de cambio y de acciones, que cobra comisiones de entre el 10% y el 15% por sus servicios de blanqueo. Las privatizaciones iniciadas durante la presidencia de Carlos Salinas (1988-1994) también fueron ocasión para reciclar las narco-ganancias, fundamentalmente en el sector bancario, donde el Estado malvendió una serie de establecimientos por 12.000 millones de dólares. Luego de la crisis de 1994-1995 esos bancos se encontrarían con deudas por más de 120.000 millones de dólares, a cargo del erario público, por supuesto…

El blanqueo se combina así con la dinámica de los flujos de capitales internacionales a corto plazo, para crear una sobre-liquidez de la economía y una "burbuja" inmobiliaria y bursátil. Los narcodólares, si bien no representan al comienzo más que el 1% al 3% del PBI mexicano, alteran la competencia en beneficio de las redes mafiosas, tanto en el pequeño comercio como en la banca. En efecto, la "prima de blanqueo" de que gozan les permite ser más competitivos y -si fuera necesario- absorber a sus adversarios, sin dejar de dar prioridad a las inversiones especulativas a corto plazo. Por otra parte, el acceso al crédito permite reciclar los capitales de origen dudoso, y a la vez amortiguar su impacto.

Socializar la deuda privada

Lejos de mejorar la competitividad general de la economía en las exportaciones, o de contribuir a la reducción de la deuda externa, el blanqueo acentúa la importación de bienes de consumo y abandona la esfera productiva en beneficio de inversiones de ciclo corto. La inyección de narco-dólares contribuye así a deteriorar los intercambios externos y a precipitar los impagos, la devaluación y, por último, la crisis financiera de 1994-95.

Tailandia, donde nació la crisis asiática de 1997, fue un caso similar. Según un estudio publicado por tres investigadores de la universidad Chulalongkorn5, en vísperas del terremoto financiero, entre el 8% y el 11% del PBI tailandés estaba controlado por las redes del crimen organizado, que se enriquecían fundamentalmente con el juego clandestino y la prostitución y a veces con el tráfico de estupefacientes exportados desde Birmania. Igual que en México, el flujo de capitales extranjeros a corto plazo -en general llegados a través de la Bangkok Offshore Banking Facility- aceleró la dinámica especulativa local, limitando el horizonte de las inversiones en detrimento de los sectores productivos y exportadores. El consecuente deterioro de las cuentas externas, agravado por el alza del dólar y la disminución de las exportaciones en 1996, precipitó la devaluación de la moneda tailandesa.

Pero el sistema político y financiero local cumplió también su papel, al favorecer masivamente el blanqueo de las ganancias ilícitas y mafiosas. A fines de 1999 los precios de venta no habían bajado, a pesar de que en 1998 el PBI tailandés se había reducido en un 10%, y la sobrexistencia inmobiliaria en la región de Bangkok se calculaba en 300.000 unidades6. Esa estabilidad, incomprensible en términos de la ley de mercado, se explica si se ve en ella el poder de los circuitos de blanqueo y los atrasos que provoca en el saneamiento del sector financiero.

Ese atraso también se observa en Japón, segunda economía mundial. Actualmente se conoce de manera precisa el papel que cumplieron las yakuzas en la formación de la burbuja especulativa de los años 19807. Esas mafias manejan el tráfico de drogas, la prostitución, la contratación de obreros en la construcción y en las obras públicas, al igual que una buena parte de la muy lucrativa industria de pachinkos (billares eléctricos, cuya facturación representa una vez y media la de la industria automotriz nipona, es decir, más del 6% del PIB)8. Tales redes del crimen organizado coparon las cooperativas inmobiliarias (jusen), las grandes firmas de títulos y las asambleas de accionistas de ciertas empresas. El acceso al crédito les permite blanquear sus beneficios en sectores especulativos, donde dan prioridad a las operaciones de alto riesgo.

La explosión de la burbuja especulativa, a comienzo de los años 90, se tradujo en una caída de las cotizaciones bursátiles y de los precios inmobiliarios, y en una fulminante alza de los créditos dudosos de los bancos y de los organismos crediticios. Ex director de la Agencia Nacional de Policía, Raisuke Miyawaki, estima que el 10% de esos créditos son imputables a las yakuzas, y que otro 30% están probablemente vinculados con el crimen organizado, lo que sitúa el monto de las deudas incobrables de los gángsters entre los 75.000 y los 300.000 millones de dólares, es decir el 6,5% del PBI de 1996.

Luego de haber especulado a la alza las yakuzas especulan a la baja, tratando de volver a comprar inmuebles a precio vil, y bloqueando, por medio de ocupaciones dirigidas, la liquidación del pasivo de ciertas empresas. Esto explica que la caída real de los precios inmobiliarios -de entre 30% a 70% desde comienzos de los años 90- no esté acompañada de un aumento correlativo de las transacciones, atrasando así el saneamiento del sector financiero, la oferta de crédito y el crecimiento. La excepcional duración de la crisis japonesa -a pesar de los repetidos planes gubernamentales de reactivación, que comprometían cada vez varios puntos del PBI- sólo se entiende si se tiene en cuenta la dimensión del blanqueo de dinero y la actividad de las redes criminales que socializan las pérdidas de sus empréstitos no reembolsados y privatizan los beneficios mafiosos. Entre 1985 y 1995 el PBI japonés creció un 52%, mientras que la totalidad de los activos aumentaba un 85%. La diferencia entre ambas cifras muestra la persistencia de una burbuja especulativa9 claramente situada en el sector inmobiliario, dado que la corrección de precios de los años "80 ya estaba incorporada. Ahora bien, es precisamente el terreno de predilección de las yakuzas y de sus maniobras invisibles el que retrasa los ajustes del mercado.

  1. Financial Times, Londres, 24-9-99.
  2. Jagdish Bhagwati, "The Capital Myth" , Foreign Affairs, Nueva York, mayo de 1998.
  3. Jean de Maillard, Un monde sans loi. La criminalité financière en images, Stock, París, 1998.
  4. Fréderic F. Clairmont, "La Russie au bord de l´abîme", Le Monde diplomatique, marzo de 1999.
  5. Pasuk Phongpaichit, Sungsidh Piriyarangsan y Nualnoi Treerat, Guns, girls, gambling, ganja: Thaïland´s illegal economy and public policy, Silkworm Books, Chiang Maï, 1998.
  6. Odile Cornet, en Le MOCI, París, 11-3-99.
  7. Philippe Pons, Misère et crime au Japon du XVIIe siècle à nos jours, colección "Bibliothèque des sciences humaines" , Gallimard, París,1999.
  8. Thierry Ribault, "Au Japon, la folie du pachinko", Le Monde diplomatique, agosto de 1998.
  9. Teruhiko Mano, "New moves in the money and capital markets", Japan Review of International Affairs, nº4, invierno de 1998.
Autor/es Guilhem Fabre
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 10 - Abril 2000
Páginas:8
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Narcotráfico, Paraísos Fiscales
Países Estados Unidos, México, Birmania (ver Myanmar), Indonesia, Japón, Tailandia, Rusia