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La gran mutación del capitalismoEl "capitalismo gangsteril", moviliza cifras enormes. El desarrollo tecnológico y el aumento productivo es paralelo a la polarización ricos-pobres a escala mundial, la caída de la demanda global y una tendencia a la baja de rentabilidad de las actividades productivas. Se produce así una "secuencia lógica" de desvío de fondos desde lo productivo hacia lo financiero y, por último, lo ilegal y delictivo.Un indicador claro de la expansión mafiosa de los ´90 (como dato decisivo de la globalización neoliberal) es el tráfico de drogas, cuyo ingreso anual mundial era evaluado a mediados de esa década en unos 500 mil millones de dólares1. América Latina producía a fines de los "80 unas 400 toneladas anuales de cocaína y una década después se aproximaba a las 1000 toneladas. En el mismo período Birmania pasó de 800 a 2400 toneladas anuales de heroína y fueron apareciendo nuevos productores importantes en África y en ex repúblicas soviéticas de Asia Central2. Recientemente Giorgio Giacomelli, director del PNUCD (Programa de Naciones Unidas para el Control de Drogas) afirmaba que "el consumo de drogas en Estados Unidos, el principal destino de narcóticos en el mundo, ha aumentado espectacularmente; el aumento es tal que actualmente hay 30 millones de adictos en ese país, lo que equivale a cerca de una octava parte de su población"3. El PNUCD consideraba que en 1997 los consumidores de estupefacientes representaban un 4,1 % de la población mundial, cerca de 235 millones de personas4. Se deben diferenciar, sin embargo, el grupo con mayor poder adquisitivo perteneciente a los países ricos y las elites superiores de la periferia que son los que hacen marchar el sistema. La producción y distribución de drogas ha seguido el molde histórico de las relaciones centro-periferia: en las zonas subdesarrolladas, campesinos pobres realizan cosechas por las que obtienen porciones ínfimas de los ingresos totales; en los polos ricos de distribución y consumo los narcotraficantes y sus asociados en el mundo de las finanzas se quedan con el grueso de los ingresos (más del 90%, según la mayor parte de los expertos)5. La cabeza del sistema está en los países centrales, donde se encuentra la etapa final del negocio: el grueso del consumo y de las inversiones de los beneficios. El tema del reciclado o blanqueo de narcodinero aparece siempre poco claro, tanto por la clandestinidad y extrema complejidad de esas operaciones como por la acción de grandes intereses económicos y políticos que por diversos motivos (complicidad directa, preservación de la imagen "civilizada" de esas sociedades, etc.) ocultan las pistas. Así la narcoeconomía aparece habitualmente en los medios de comunicación representada por historias sobre personajes exóticos, jefes sanguinarios radicados en (o provenientes de) los suburbios del planeta, sea un despiadado "capo" latinoamericano o árabe, un "señor de la guerra" asiático o un mafioso ruso (de preferencia ex KGB). Pero esos personajes del subdesarrollo son piezas estratégicamente subordinadas a estructuras bien asentadas en los países de alto desarrollo. Jean Ziegler demostró el papel de la banca suiza en el lavado de narcodivisas6. Hacia mediados de los ´90 el Instituto Francés de Relaciones Internacionales aludía diplomáticamente al hecho de que "las operaciones (de blanqueo) esenciales para el narcotraficante no pueden hacerse sin una cierta complicidad o complacencia por parte del sistema bancario. Los bancos de los países desarrollados han sido durante mucho tiempo poco vigilantes con respecto al origen de los fondos depositados", para luego en forma más directa señalar que "un informe del IHESI (Instituto de Altos Estudios en Seguridad Interior de Francia) muestra que ciertos bancos franceses han utilizado sucursales establecidas en los paraísos financieros con el fin de realizar operaciones que borran el origen ilícito de capitales girados luego a filiales europeas. Es legítimo pensar que numerosos organismos bancarios de países desarrollados hacen lo mismo"7. Una trama complejaEl blanqueo se realiza a través de bancos y otras organizaciones financieras estadounidenses en el territorio de EE.UU. o bien por medio de operaciones en Europa o en menor medida en la periferia. Michel Chossudovsky8 afirma que "aunque numerosos casos de blanqueo bancario han sido claramente identificados, las inculpaciones se limitan siempre a empleados subalternos. En 1994, por ejemplo, el tribunal de Houston (Texas) condenó al Banco internacional American Express a pagar una multa de 7 millones de dólares más otros 25 millones de penalidades por haber estado mezclado en un negocio de blanqueo de dinero sucio. El affaire American Express se desató a partir de la inculpación de dos directores del banco de Beverly Hills acusados de blanquear fondos a partir de cuentas American Express controladas por medio de depósitos anónimos provenientes de agencias establecidas en las Islas Caiman. Con el fin de llegar a un acuerdo negociado los agentes federales renunciaron a inculpar al banco: "nosotros decidimos que no era seguro que el banco estuviera implicado en la actividad criminal ya que la misma no involucraba mas que a un departamento" comentó David Novak, asistente del procurador". Con relación a la utilización de negocios en la periferia, el autor destaca el ejemplo de los "bancos privados (peruanos) sospechados de haber estado implicados en actividades de blanqueo de dinero sucio y que pasaron a ser controlados por capitales extranjeros, como es el caso de Interbanc, un banco estatal adquirido en 1994 por Darby Overseas, un consorcio domiciliado en las Islas Caiman". Según el Financial Times "Darby decidió invertir en el sector de los bancos peruanos con altos coeficientes de riesgo… Darby fue creado por James Brady (ex Secretario del Tesoro del Presidente George Bush), su jefe de asesores Hollis McLaughlin y Daniel Marx, ex subsecretario de finanzas de Argentina. El principal responsable de Interbanc es Carlos Pastor, ex Ministro de Economía de Perú a comienzos de los años "80"9. La narcoeconomía constituye una componente importante pero no única de un sistema más vasto compuesto por una multiplicidad de negocios estrechamente imbricados controlados por redes mafiosas más o menos estables (en ciertos casos se trata de asociaciones efímeras en torno de "golpes" puntuales). Pero ese universo ilegal-legal no constituye una zona cerrada y la búsqueda de sus fronteras puede resultar un ejercicio inútil. No muy lejos del tráfico de drogas o armas aparecen por ejemplo los saqueos de los patrimonios públicos de países periféricos (privatizaciones, malversaciones de diverso tipo, etc.), donde en numerosos casos ha sido posible observar la convergencia de conocidos personajes del mundo delictivo stricto sensu con jefes de Estado y altos funcionarios internacionales (ver de Brie, pág. 4). Otro caso similar es el de los "paraísos financieros", cuyo descubrimiento pone a la luz un lugar clave de la trama financiera-mafiosa, ya que es allí donde se anudan numerosos negocios ilegales, circulan fondos negros, se arman empresas fantasma, etc. Sin embargo su existencia depende de fuerzas internacionales superiores que le dan vida, orientan su perfil, le fijan fecha de nacimiento y defunción. Esas fuerzas en su mayoría no son ilegales ni desconocidas; por el contrario se trata de grandes instituciones, megaempresas globales, respetables hombres públicos de las "democracias desarrolladas". Un buen ejemplo fue el llamado asunto FIMACO, empresa financiera fantasma, fundada a comienzos de los ´90 en la isla de Jersey y a través de la cual el grupo Yeltsin malversó cerca de 50 mil millones de dólares de las arcas del Estado ruso. Esta operación, que duró casi una década, era conocida por las mas altas autoridades financieras internacionales (empezando por el FMI) y obviamente por los gobiernos de EE. UU. y de la Unión Europea . La megaestafa tuvo múltiples beneficiarios: por una parte la "familia Yeltsin" que pudo así enriquecerse y apuntalar su poder político; por otra, bolsas de valores y otras áreas de negocios en los países industrializados que recibieron inversiones, así como las potencias occidentales que afianzaron su dominación en Rusia a través sus servidores locales. En todo esto la isla de Jersey cumplió un papel importante pero totalmente subordinado. Por debajo de la imagen del crecimiento del poder de las redes mafiosas y la proliferación de paraísos fiscales, se encuentra la ola irresistible del parasitismo financiero (con centro en los países del G7) cuya sed creciente de ganancias lo lleva a saltar por encima de las normas legales. Según Jean Ziegler las prácticas delictivas constituyen "la etapa superior", "paroxística" del capitalismo, signada por la realización de hiperbeneficios a velocidad vertiginosa10 . En buena medida es así, aunque esta mutación no se entiende sin hacer referencia a la financierización del mundo empresario, marcada por la obtención de superganancias especulativas que compensan las bajas utilidades obtenidas de las actividades productivas, enfrentadas a mercados cada día mas duros. También resulta necesario asociar el auge del "capitalismo gangsteril" con la desregulación generalizada, la decadencia del Estado, su impotencia (o complicidad) ante tendencias económicas que han quebrado las barreras temporales de los viejos procesos de acumulación y cuya velocidad las empuja hacia la depredación social en su sentido más amplio (economía, política, cultura, etc.). Vista desde una perspectiva histórica, la crisis iniciada en 1997 aparece como la profundización de un proceso (plagado de turbulencias financieras) iniciado en los años ´70, cuando empezó a descender la tasa de crecimiento del PBI del conjunto de países del G7, conformando una tendencia de largo plazo11 La economía mundial incrementó su polarización geográfica (centro-periferia), empresaria y de ingresos hundiendo en la miseria a la mayor parte de los habitantes de las regiones subdesarrolladas y empobreciendo a porciones significativas de la población de los países ricos. En consecuencia la demanda global redujo su ritmo de expansión, pero el potencial productivo internacional siguió su línea ascendente motorizado por la carrera tecnológica (componente decisiva de las luchas por la conquista de mercados). Ello no podía dejar de provocar desequilibrios al instalarse la sobreproducción potencial que, con altibajos nacionales y sectoriales, devino crónica constituyendo la base de la hipertrofia financiera y la crisis. Se desató un fenómeno de depredación de fuerzas productivas que los neoliberales presentaron como la "destrucción creadora". Sin embargo la liquidación de empresas, empleos y mercados ha sido mucho más amplia que la creación de nuevas áreas de producción y consumo. Se podría describir una suerte de "secuencia lógica", que parte de la desviación de fondos originados en la esfera productiva (con rentabilidad decreciente) hacia las operaciones financieras "clásicas" (compra de títulos públicos, de acciones, etc.) y de allí (a medida que éstas últimas eran saturadas) hacia formas de especulación cada vez más veloces y enmarañadas (productos "derivados", etc.), para desembocar en los negocios ilegales, los saqueos, etc. (desde el desmantelamiento de empresas públicas periféricas hasta el narcotráfico). La ruptura de 1997 fue una consecuencia inevitable del proceso de globalización. El sector financiero no podía crecer indefinidamente. Su dinámica desenfrenada de apropiación de patrimonios y transferencia de ingresos ampliaba cada vez más la brecha entre aparatos productivos dominados por el parasitismo y masas crecientes de pobres y excluidos. A casi tres años del derrumbe de los ex tigres asiáticos, han pasado a un segundo plano los pronósticos acerca del progreso indefinido del capitalismo liberal. La sucesión de recesiones y colapsos periféricos, el estancamiento prolongado de Japón, el crecimiento débil de Europa Occidental (con desequilibrios sociales y económicos en ascenso) y el inminente fin de la prosperidad estadounidense podrían anunciar próximas crisis mucho más graves que las conocidas hasta ahora. Muy lejos y casi olvidada ha quedado la imagen del joven empresario liberal transitando por un mundo pacificado sin fronteras que los gurúes nos pintaban a comienzos de los ´90: ahora aparece el rostro de Al Capone dominando el ciberespacio financiero, sobre la degradación de la economía productiva.
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