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Fritz Lang, el arte premonitorio

El acontecimiento cinematográfico del mes en Francia tendrá lugar el 24 de febrero en la ciudad de Valence, con la proyección de la obra maestra de la filmografía muda de Fritz Lang, El Doctor Mabuse (1922), en una copia íntegramente restaurada que dura cinco horas. Para esa película mítica y premonitoria, el compositor alemán Michael Obst escribió una de las más brillantes partituras para el cine mudo, que será interpretada por el Ensemble Intercontemporain, dirigido por Pascal Rophé. En esa ocasión se podrán ver además unas treinta películas poco conocidas filmadas en la época de Mabuse y de la República de Weimar, o realizadas posteriormente en Hollywood por alemanes y austríacos exiliados a causa del nazismo. Filmes todos recorridos por una obsesión: la locura del poder.

El principio de extensión concéntrica es el núcleo de los tres Mabuse que marcan el itinerario del director austríaco Fritz Lang (1890-1976), desde El Doctor Mabuse (un díptico de 1922, formado por Mabuse, el gran jugador e Infierno), hasta su última película, Los crímenes del Doctor Mabuse (1960) con sus mil ojos electrónicos, pasando por el fascinante Testamento del Doctor Mabuse (1933).

Esas tres obras maestras, desplegadas como una narración telescópica a lo largo de casi cuarenta años, muestran un Mabuse expansivo y migratorio, como una metáfora o un virus que abandonara su cuerpo de origen para expandirse a otros territorios. Más allá de ese triple núcleo, ese principio de expansión se encuentra en la mayoría de las películas de Lang entre los años 1920-1933 y asoma en todo un sector del cine alemán, tanto antes como después de la llegada de Hitler al poder, en 1933.

A la vez que una película sensacionalista basada en un personaje delirante-realista, Mabuse es también un personaje producido por el campo social de una época, la posguerra, y un país: la Alemania de la República de Weimar. Lo mismo puede decirse de otros films de entonces; no tanto de los expresionistas (Das Kabinett des Doktor Caligari, 1919, de Robert Wiene), ni de los films de Friedrich W. Murnau; pero sí de las películas realistas de Georg Wilhelm Pabst (Abwege, 1928, Die Dreigroschenoper, 1931, y Das Tagebuch einer Verlorenen, 1929); del más que emblemático Menschen am Sonntag, 1929 (en el que trabajaron Robert Siodmak, Edgar G. Ulmer y Fred Zinneman); del muy ignorado Geschlecht in Fesseln, (1928), de William Dieterle, sobre las consecuencias físicas de la detención carcelaria; o aun del admirable Berlin Alexanderplatz, 1931, de Phil Jutzi, etc.

Se trata de una época que obsesionó a los alemanes que emigraron escapando del nazismo, presente también en las películas que hicieron en Hollywood. En las de Lang, por supuesto, sobre todo en sus obras antinazis como Man Hunt (Cacería humana, 1941), The Ministry of Fear (El ministerio del miedo, 1944), Hangmen Also Die (Los verdugos también mueren, 1943), en colaboración con Bertolt Brecht. Pero también en algunas obras estadounidenses de Kurt Siodmak, George Ulmer, Billy Wilder, Otto Preminger, Fred Zinnemann, etc.

De esas películas, mudas o sonoras, alemanas o estadounidenses, se desprende efectivamente una misma figura: la locura del poder. "¡Ahora el mundo va a saber quién soy yo! Un gigante que no tiene Dios ni ley" exclama, por ejemplo, Mabuse. Por su importancia social e ideológica, el nombre de Mabuse designa una fuerza que atraviesa los cuerpos, los hombres, las películas, las sociedades. Se trata de una fuerza terrible a la que la República de Weimar dio claramente su primera forma histórica: el terror y el caos. Fuerza que la historia ulterior de Alemania retomará bajo otras formas, mucho más trágicas, hasta extenderla a la locura mediática de una sociedad enferma de su voluntad panóptica.

Claro que Mabuse no es sólo un personaje (el famoso Doctor, originariamente psicoanalista)1, ni tampoco una tradición temática (el "genio del mal") sino más bien una palabra, opaca y transparente, un principio, algo abstracto como una geometría. En síntesis: un concepto, a la vez absoluto (la voluntad de poder más allá del bien y del mal) y terriblemente concreto, materialista (modelo brechtiano). Un concepto inscripto en un contexto socio-histórico determinado. Porque Mabuse existe y es concebible únicamente como figura alemana.

"El mundo en que vivimos"

Nombre de un poder incorpóreo que late en cada uno de nosotros, Mabuse puede adoptar cualquier apariencia. Es también el nombre de un poder sin individualidad, que actúa en el seno de cada cuerpo social, de cada sociedad donde ciertas condiciones lo hagan posible, o mejor aún probable: la Alemania de los turbios comienzos de la República de Weimar, la del joven Lang (que tenía 32 años cuando creó el primer Mabuse), la que este vienés atraviesa y observa de 1919 a 1933, como lo hizo Freud desde un punto de vista no muy diferente.

La Alemania de Weimar es entonces la sociedad que favorece la encarnación de la figura mabusiana. Según Lang, en palabras recogidas por Lotte Eisner, la película inaugural de la serie, El Doctor Mabuse (cuyo subtítulo es Cuadro de una época, para la primera parte, y Hombres de una época, para la segunda) incluía inicialmente una secuencia de apertura, hoy desaparecida, compuesta por un montaje de imágenes de actualidad que evocaban "la revuelta espartaquista, el asesinato de Rathenau, el golpe de Kapp, y otras escenas de violencia"2.

A continuación de esas trágicas escenas contemporáneas, siempre según Lang, aparecía un panel con la leyenda: "¿Quién está detrás de todo esto?"; y luego otro con una sola palabra en caracteres que iban en aumento: "Yo". Inmediatamente después de ese punto, de ese "Ich" creciente, venía la escena de las cartas-rostros en abanico sostenidas por Mabuse, primera imagen del film hoy en día. Pues lo que el Mabuse de Lang muestra entonces, con un brío excepcional para la época, no es sólo la imagen de un mundo en estado de putrefacción interior (al parecer, al llegar el film a la URSS, Eisenstein hizo en Moscú un nuevo montaje de ese Mabuse rebautizándolo: La podredumbre dorada), sino que el cine es en sí mismo, hasta en su forma, un acto social y político. Menos un reflejo que un operador, menos un cuerpo reflectante que un concepto que actúa, menos una imagen que registra que una forma que piensa.

Y eso era lo que decía, a su manera, el catálogo de distribución de Mabuse en 1922: "El mundo que presenta este film es el mundo en que todos vivimos, sólo que concentrado, con los detalles agrandados, con una condensación del conjunto, y todas las acciones animadas por el aliento febril de los años que van de la crisis a la curación, de esos años inestables de semivigilia al borde del abismo, en busca de un puente. Este doctor Mabuse, "el jugador", no era factible en 1910, y no lo será quizás, "nos gustaría poder decir: ojalá", tampoco en 1930. Pero, para los años 1920, representa una imagen agigantada, casi un arquetipo, al menos, un síntoma".

Ya sabemos lo que ocurriría con esa esperanza (decepcionada) de "esos años inestables de semivigilia", que de hecho caerán en el mundo de las pesadillas: los años 1930 serán aún peores y, lejos de la curación, se producirá la recaída en las más negras profundidades del nazismo. En 1933 Lang necesitará todo su segundo Mabuse (El testamento del Doctor Mabuse) para inscribir la transformación, poco más de diez años después. Mabuse (el jugador, el mudo, el cuerpo) está efectivamente muerto, pero su potencia virósica ha escapado de su cuerpo contaminando todo el campo de una sociedad enloquecida por su deseo de poder. El terror se ha vuelto absoluto. Ya no es sólo un síntoma, es claramente un arquetipo. Ya no es siquiera el caos, sino directamente la nada que abre sus puertas. Al escapar de la Alemania de Hitler, Fritz Lang estará escapando efectivamente de esa nada, de ese arquetipo del terror como absoluto.

Un personaje revelador

Es sin duda por eso que durante todo su "periodo estadounidense", Fritz Lang no volverá a trabajar (directamente) con la figura de Mabuse. No porque ella no existiera, sino más bien porque, vista desde el otro extremo del mundo, ya no se inscribe por sí misma en el cine estadounidense. En Hollywood, lo directo no es posible, a pesar de Man Hunt, que tempranamente, en 1941, muestra en su famosa secuencia de apertura un Hitler situado exactamente en la mira telescópica del fusil de uno de los mejores cazadores del mundo. No hay más que apretar el gatillo, pero, como es sabido, habrá un acto fallido, una suerte de lapsus gestual, el juego de una bala ausente, inmediatamente seguido de una nueva tentativa, pero que llega demasiado tarde: insuficientemente sincronizada como para cambiar el curso de la historia.

La cinematografía hollywoodense de los exiliados del nazismo será potente pero desfasada. Aparecerán en ella, por supuesto, diversas figuras vagamente mabusianas, en particular criminales inscriptos en el campo de las relaciones sociales, pero siempre bajo formas maniqueas: el crimen individual (patológico, con todo su cortejo de modelos pseudo-explicativos vinculados con guiños al psicoanálisis: The Woman in the Window; Secret Beyond the Door; While the City Sleeps); y el crimen social, organizado con el hampa: Big Heat; o instituido "popularmente" con el linchamiento: Fury; jurídicamente con la pena de muerte: Beyond a Reasonable Doubt; y mediáticamente, con la locura manipuladora de los periodistas: While the City Sleeps. Pero son apenas débiles ecos. No se trata nunca de la figura del terror como absoluto, como voluntad de poder. Apenas un desorden funcional, siempre política o socialmente corregible.

Sólo a fines de los años 1950, al regresar a Alemania, Fritz Lang volverá a encontrar a Mabuse para su última película. La elección fue difícil (Lang rechazó las propuestas de su productor Arthur Brauner, en particular la de una remake de Nibelungen), y sólo fue posible retomar al personaje de Mabuse luego de descubrirse un proyecto de los nazis para construir un hotel en Berlín, destinado a los huéspedes extranjeros del Reich, totalmente trucado y puesto bajo la vigilancia tecnológica absoluta de micrófonos y cámaras de vídeo.

El regreso a Alemania de Fritz Lang, que acababa de pasar veinte años realizando películas en Estados Unidos donde la tecnología estaba explícitamente asociada a la amenaza del botón nuclear, se produjo en el contexto de la guerra fría de los años 1950. Con ese último film, Mabuse se convirtió en una forma (sofisticada) de tecnología pura (como concepto, una vez más). Y la lógica de Lang de inscribir a Mabuse en el "marco de una época" sigue vigente: el terror, el caos y la nada son esta vez los de la destrucción atómica y los del arma absoluta.

Este último Mabuse televideográfico y atómico, con una puesta en escena clásica, se muestra sorprendentemente premonitorio, como una anticipación de lo que se extendería insidiosamente por todo el mundo, más allá del cine y aun más allá del campo de los medios y la televisión. Una especie de prefiguración del Vigilar y castigar de Michel Foucault extendido a escala del campo social en general. Una visión política del estado del mundo, donde el tema del poder y del control ya no pasa por la amenaza de la maquinaria nuclear, sino fundamentalmente por los órganos distribuidores de un pantecnologismo mediático, que constituyen la base de un poder económico e ideológico fundamentalmente totalitario.

Luego de su anclaje en los comienzos perturbados de la República de Weimar, luego de su inclusión entre los efectos de prefiguración del nazismo, luego de su inscripción con fondo de guerra fría, Mabuse, héroe negativo del siglo XX, podría fácilmente proseguir sus "hazañas" en la era de Internet y de las redes electrónicas mundiales, a la hora de una mundialización económica que instala su terror universal. No es un mérito menor de la figura inventada por Fritz Lang el de seguir existiendo así, como un virus, como una realidad virtual. Es decir, como revelador.

  1. Fritz Lang fue un atento y precoz lector de Sigmund Freud, e hizo de Mabuse no sólo un maestro de las técnicas de control mental y del poder psíquico por medio de la hipnosis, sino también un verdadero síntoma de ciertas patologías sociopolíticas.
  2. Lotte Eisner, Fritz Lang, Cahiers duCinéma/Cinémathèque française, París, 1984. Espartaquismo: movimiento socialista -luego comunista- alemán, dirigido por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo entre 1914 y 1919. En enero de 1919 fuederrotado por los conservadores. Walther Rathenau (1867-1922): Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania en 1922, asesinado ese año por los pangermanistas. Wolfgang Kapp: autor de un fallido golpe monárquico en marzo de 1920 en Berlín.
Autor/es Philippe Dubois
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 20 - Febrero 2001
Páginas:36, 37
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Historia, Cine, Tecnologías, Armamentismo, Estado (Política)
Países Estados Unidos, Alemania (ex RDA y RFA), Francia, Luxemburgo