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La mano visible del mercado

Desde la caída del régimen soviético los informativos de televisión son ávidamente consumidos por los rusos. De las tres cadenas de alcance nacional (la privada NTV, la pública RTR y la semipública ORT), NTV, que se presenta como campeona de las libertades individuales, aunque paradójicamente pertenece a Gazprom, empresa estatal de gas, es el mejor espejo de la sociedad. Pero los tres canales coinciden en algo: la exaltación del ultraliberalismo económico.

En el otoño de 1993 Rusia vivió dos revoluciones, que se encarnaron en dos hombres y dos imágenes. Primero fue la revolución política, simbolizada por Boris Nicolaievich Yeltsin ordenando disparar sobre la Casa Blanca de Moscú. Luego, unas semanas más tarde, llegó la revolución televisiva, el momento en que estalló el panorama audiovisual ruso y Evgueni Alexeievich Kiselev1 comenzó a aparecer en las pantallas, cada domingo, como un ícono.

Todavía hoy el hombre continúa mirando a los espectadores por encima de sus finos anteojos de hipermétrope. Siempre atildado, vestido con un traje blanco o azul pastel, su enérgica silueta, estudiadamente iluminada, se recorta elegante sobre un decorado metálico cubierto de pantallas, según el modelo universalizado por los estudios estadounidenses.

El último domingo de julio, entre las 19 y las 21 horas, el director general del canal privado NTV deambula nuevamente por el estudio de su programa, Itogui (Balance). Primero da su opinión sobre el estado de Rusia, que a su entender no es muy brillante, y propone para ilustrar el tema un reportaje premonitorio sobre la flota rusa. Sigue con una nota de actualidad sobre el empantanamiento de la guerra en Chechenia, dando a entender que allí tampoco la estrategia del gobierno merece elogios. A continuación, de manera algo inesperada, ofrece una mirada bastante original sobre unos bonachones -y a todas luces contentos de su suerte- descendientes de revolucionarios estadounidenses que vinieron en los años treinta a ayudar a la Unión Soviética, en un sorprendente aunque breve contrapunto con la película de Régis Wargnier, Este-Oeste, aún en cartel en Moscú. Concluye, inquieto, con una nota sobre el viento islámico que sopla en las costas rusas y ucranianas del mar Negro.

Luego, con agudo sentido teatral, mira aún más atentamente a la cámara, y con voz sorda dice lentamente a los telespectadores: "Esta fue la última emisión antes de las vacaciones. A pesar de todo lo que oiga decir, le prometo que estaremos aquí el primer domingo de septiembre. No se deje impresionar, confíe en mí".

Evgueni Kiselev provoca, su programa exaspera, su canal NTV irrita a una parte de la clase política y a ciertos espectadores: "No me gusta. Se muestra conmovido por nuestro destino, pero no le creo. Dice hablar de la gente, pero en realidad está siempre hablando de sí mismo", resume Mijail Ivaneski, humorista célebre en Rusia, cuyas sátiras ya hacían rechinar los dientes de los dignatarios soviéticos2. Lo cual no impide que Kiselev se haya convertido en un actor ineludible en la escena política, al igual que la televisión rusa en general. No pasa una semana sin que el mundo audiovisual y sus protagonistas (periodistas, oligarcas-propietarios, ministros, etc.) ocupen la primera plana.

Así, durante la crisis del submarino Kursk, que naufragara frente a las costas de Murmansk, el canal "privado" NTV, al revés de los otros dos canales de alcance nacional (el ORT, "semi-estatal" y el RTR, "estatal") difundió antes que nadie una escena ahora famosa y controvertida, donde se ve el violento dolor de la madre de uno de los muertos, a la que una enfermera aplica una inyección calmante3. Al día siguiente, en el programa de radio "Línea Directa", los telespectadores interrogaron al periodista-presentador-director sobre la oportunidad de difundir o no esas imágenes. Su respuesta, reproducida en la tapa de Izvestia, fue la siguiente: "¿Qué hubieran preferido? ¿Que no se muestre a esas mujeres? ¿Que hagamos como el canal gubernamental? Nuestros corresponsales nos decían que la realidad era diez veces peor. Si no hubiéramos mostrado lo que gritaba la gente, sino solamente a los familiares de las víctimas escuchando tranquilamente al Presidente, entonces habríamos engañado a nuestros telespectadores"4.

La bulimia de los rusos por su televisión, en particular por las informaciones, parece insaciable. Cada uno de los tres canales de alcance nacional difunde un promedio de diez noticiosos diarios. Las notas son posiblemente más picantes en la NTV, mientras que ciertos temas, como el de la libertad de prensa, son apenas evocados por los otros canales. Pero la presentación varía muy poco entre Vesti (Las Noticias); Vremia (El Tiempo) o Sevodnia (Hoy en día), títulos de los noticiosos de la RTR, la ORT y la NTV: se trata sobre todo la actualidad rusa, fáctica y deprimente5.

Noticias e ideología

Pero la máxima fascinación es la que ejercen los programas articulados sobre el modelo de Itogui, o en la tradición de los "publitsisty" del siglo XIX, donde un editorialista indica cómo entender el mundo: así, diariamente, durante un cuarto de hora al final del "gran" noticioso de la ORT, en el programa Odnako (Sin embargo), Mijail Leontiev alaba los méritos del ultraliberalismo estilo general Pinochet. Svetlana Aivasova, politóloga y perito de la Duma, explica esa pasión: "La televisión es una especie de teatro permanente que nos enseña mucho sobre la sociedad rusa y sobre sus políticos. A través de los gestos, de las palabras, se ve evolucionar el discurso, y hay que admitir que actualmente es mucho más libre". Nicolas Vijlaiev, director de la oficina de la agencia Novosti en París y corresponsal del canal estatal RTR, va más allá: "En diez años pasamos medio siglo. Diez años de libertad de prensa, que ante todo debemos a Boris Yeltsin, con cosas positivas, como periodistas verdaderamente libres, quizás más libres que en Francia; y con cosas negativas, como un tono muy agresivo, sobre todo en la televisión, y un peso muy grande del dinero sobre los medios".

El incendio de la torre emisora de Ostankino, a fines de agosto de 2000, da una idea de esa presión televisiva: "¿Cómo vivir sin la torre?" titulaba el diario Sevodnia el 29-10-00. NTV fue el único canal que pudo seguir emitiendo gracias a infraestructuras propias, compartidas con TV Tsentr, el canal de Yuri Lujkov, alcalde de Moscú y opuesto -desde las últimas elecciones- al presidente Putin.

El racionalismo no ayuda mucho a comprender la parte que hay de estatal y de privado en las estructuras de los tres canales de alcance nacional. El más simple para situar es sin dudas RTR, totalmente estatal, considerado gubernamental por sus detractores, y visto como un poco antiguo -por su tono y sus medios pasados de moda- en el nuevo panorama audiovisual. RTR forma parte del holding estatal VGTRK, que reúne además una agencia de prensa (Novosti), varias radios (de alcance nacional o local), canales regionales de TV e infraestructuras de emisión y de transmisión.

Con el ORT, canal semi-estatal, considerado la voz del Kremlin, las cosas se complican un poco: 49% de su capital pertenece a inversionistas privados, difíciles de identificar. El otoño pasado el ORT ocupó regularmente los títulos de la prensa de alcance nacional cuando su principal accionista, Boris Berezovski, decidió tirar la esponja debido a su divorcio del presidente Putin, a cuya elección, sin embargo, contribuyó en buena medida6. Para aumentar esta confusión entre privado y estatal, entre los compradores de las acciones del financista se perfila Gazprom, la poderosa empresa del Estado que funciona como una multinacional muy agresiva y que ahora también se encuentra a la cabeza de NTV.

Nacido del sector privado y concebido para aparecer como la punta de lanza de la libertad de prensa, dotado, por ejemplo, de un prestigioso "consejo de supervisión", cuyo presidente es Mijail Gorbachov, NTV ya pertenece de hecho a Gazprom. En marzo de 2000 el consorcio había retomado 30% de las partes de Media-Most (grupo de prensa de NTV) recuperando una parte de su crédito ante su propietario, Vladimir Gusinski. Y en noviembre pasado, luego de un nuevo aumento en su participación en Media-Most, Gazprom asumió el control de NTV7. Con esta nueva repartición del capital, ¿sigue siendo NTV un canal privado?8.

Independientemente de la distribución de las acciones, que aumenta la confusión entre privado, estatal y gubernamental, muchos periodistas y directores circulan alegremente de un canal a otro, pasando a veces por los pasillos del Kremlin. Recientemente, el canal RTR, considerado gubernamental, le sacó a NTV una especialista del tema Chechenia conocida por su oposición a esa guerra, cosa que no cuadra con la información controlada.

En el terreno de los derechos y las libertades individuales, NTV se presenta como un paladín frente al Estado. Denunció el fortalecimiento de los llamados "ministerios de fuerza" dentro de las estructuras del gobierno, puestos en evidencia por la llegada de Putin a la primera magistratura; al igual que la aplicación de métodos militares en el campo de la información. Así, el hecho de haber clasificado como top secret el detalle del presupuesto de los medios en el proyecto del presupuesto nacional 2001 desató clamores de indignación entre los periodistas. Posicionándose como un contra-poder frente al Estado, la televisión ofrece una tribuna a los ciudadanos que quieran testimoniar sobre el mal funcionamiento del mismo y de la sociedad: pueden hacerlo en dos programas, uno de NTV y otro de ORT, denominados respectivamente Sevodniatchko y Vremiatchko, (diminutivos de los nombres de los noticiosos televisivos).

La doctrina oficial

En cambio, tanto la televisión estatal como la privada, cantan loas al liberalismo económico. Para Mijail Leontiev, en el caso del ORT, la mano invisible del mercado sólo podrá brindar sus naturales beneficios si existe una fuerte voluntad política -encarnada en Putin- que fije las reglas de juego. Boris Berezovski, últimamente menos convencido de la armoniosa complementariedad entre el Estado y el mercado, ve en el capital privado el único medio de circunscribir un poder estatal incapaz de ponerse límites9. La ideología dominante parece reinar a tal punto sobre las mentes, que el canal estatal RTR, opacado por sus dos competidores, ORT y NTV, embarcados desde hace más de un año en un duelo de múltiples repercusiones, ni siquiera trató de diferenciarse defendiendo la idea de servicio público.

El poder ejecutivo federal se esfuerza desde septiembre por volver a controlar el sector audiovisual, utilizando el dispositivo de regulación que tiene a su disposición. Los medios de acción considerados en la Doctrina de la Protección de la Información10, hasta hoy único documento oficial sobre el tema, adoptado en septiembre pasado por el Consejo de Seguridad y por Putin, son ante todo "técnicos": respeto de las reglas de la competencia y lucha contra la tendencia natural del mercado a la concentración y al monopolio. El Presidente, por otra parte, debe ocuparse de despolitizar el debate: según él, no hay que interpretar en absoluto el control por parte de Gazprom del capital de NTV como un perjuicio a la libertad de expresión, sino como la consecuencia de una transacción financiera, dado que Media-Most no había pagado sus deudas. El único límite a la libertad de prensa definido en la Doctrina, es la necesidad de proteger los secretos de Estado, los de los negocios y la vida privada de los individuos.

Al parecer, el poder federal está poniendo en marcha una estrategia de recapitalización de los medios estatales, tratando así de desvalorizar -en sentido real y figurado- a los medios privados y semi-privados. La designación de Oleg Dobrodeiev -uno de los fundadores de NTV- al frente de VGTRK; la contratación por RTR de periodistas tránsfugas de NTV y la renovación de los equipamientos, son las primeras señales.

A priori, la Doctrina asigna a los medios públicos una misión muy modesta: ser la correa de transmisión de las informaciones emitidas por los órganos federales y regionales del Estado. Pero las rivalidades en el seno de la administración central, al igual que entre el centro y las regiones, ofrecen involuntariamente a esos medios, y en particular a la televisión estatal, la posibilidad de emanciparse, de desarrollar una línea editorial sin sentirse obligados a someterse al Kremlin.

Finalmente, el Estado dispone de limitados elementos de acción sobre los medios públicos. NTV tampoco deberá temer la pérdida de su crédito, en la medida en que sus principales activos, los periodistas estrella, le sigan siendo fieles y continúen creando y movilizando la opinión pública. En el fondo, ese juego de la silla es en cierta medida un engaño. Y es posible que se llegue a un acuerdo de caballeros entre el Kremlin y "su" canal de oposición respecto de los límites del discurso político: el gobierno dejará a NTV desarrollar la tesis de un control dictatorial del país por parte de Putin, acreditando al mismo tiempo la imagen de un Estado central fuerte, capaz de retomar las riendas del poder; y en contrapartida, la cobertura de temas irritantes, como la guerra de Chechenia, se volvería menos crítica.

  1. Ver "La révolution audiovisuelle, la télévision au cœur du politique" en "Les médiasen Russie", Problèmes économiques et sociaux, Nº 766, LaDocumentation française, París, 1996.
  2. En la tapa de Izvestia, Moscú,26-9-00.
  3. Sobre la polémica respecto de esa escena, ver el artículo de Manon Loiseau, "Le monde entier a entendu soncri", L"Evénement, Paris, 16-9-00.
  4. Izvestia, Moscú, 9-9-00.
  5. Los tres canales pueden verse en Internet: ntv.ru;rtr.ru; ortv.ru
  6. "¡Arréglenselas sin mí!", Sevodnia, Moscú, 5-9-00.
  7. Semanario Itogui, Moscú, 26-9-00 y Le Nouvel Observateur, Paris, 28-9-00, Kommersant, Moscú,18-11-00.
  8. Sobre conversaciones respecto de la posible compraparcial de NTV por el empresario mediático estadounidense Ted Turner, véase "Russia TV Network is said to be talking to Turner", New York Times, 11-1-01.
  9. Ver la carta que dirigió a Putin, titulada"Sobre la libertad de expresión y sobre el capital de ORT", publicada en Nezavisimaïa Gazeta, Moscú, 5-9-00.
  10. El texto completo de la doctrina puede consultarse en Internet: http://www.aleph99.org/chee/res/doctrineinfo.html
Autor/es Sylvie Braibant, Carole Sigman
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 20 - Febrero 2001
Páginas:30, 31
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Televisión, Neoliberalismo, Políticas Locales, Consumo, Periodismo
Países Rusia