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Recuadros:

Contra la droga, el "modelo suizo"

Si los toxicómanos no se hubieran expuesto a la luz del día, obligando a los responsables políticos a actuar, sin duda Suiza jamás habría desarrollado su abordaje pragmático de las drogas y su política al respecto, única en el mundo. Esta se asienta, desde 1994, en el modelo llamado "de los cuatro pilares", cuya medida más espectacular es la distribución de heroína por prescripción médica. Un pragmatismo seguido en el extranjero con tanto interés como escepticismo y fruto de una historia a veces tensa.

A principios de los años ´90, Berna, Zurich y otras ciudades se volvieron tristemente célebres cuando en sus parques aparecieron toxicómanos que no vacilaban en inyectarse estupefacientes en público. Algunos medios estadounidenses crearon entonces el término "needle park" ("parque de las jeringas") que tendría una importante resonancia en un contexto siempre pasional.

¿Cómo fueron posibles esas escenas de toxicomanía al aire libre? En realidad, si bien la policía y los servicios de asistencia a los usuarios de droga no veían las cosas con la misma perspectiva y ni siquiera se comunicaban entre sí, al menos tenían un punto de acuerdo: los toxicómanos agrupados en el terreno bien delimitado de un parque y medianamente librados a sí mismos, ya no se verían en otros sitios de la ciudad.

La administración estimó que esta estrategia de contención era más o menos satisfactoria para todos. El problema ya no sería visible para la población y los toxicómanos tendrían todas las ayudas necesarias al alcance de la mano. Sin embargo, en ciudades tan pequeñas como las suizas resultaba ilusorio pretender confinar el problema de ese modo.

Además, ese escenario abierto atrajo a los usuarios de drogas de los pueblos y pequeñas ciudades de los alrededores, e incluso del extranjero. Su número desbordó rápidamente el espacio bien delimitado que les había sido asignado. Las consecuencias nefastas de la toxicomanía se volvieron visibles en toda la ciudad, y recomenzó la polémica. La industria del turismo veía con malos ojos el riesgo de que se degradara la imagen de una Suiza "prolija y ordenada".

Por otra parte, el estado de salud de esos toxicómanos, cada vez más numerosos, comenzaba a deteriorarse considerablemente. Había que encontrar una solución, y Suiza tuvo la inteligencia de buscar una duradera. En muchas ciudades se formaron comisiones de expertos donde, por primera vez, asociaciones que no gravitaban en el sector público compartían las reuniones junto a servicios comunales. Allí se preconizó un abordaje pragmático, partiendo de la idea de que una sociedad sin droga ha sido, es y será ilusoria1. En lugar de correr tras ese ideal irrealizable, se trataba de desarrollar un modelo que tuviera en cuenta de la mejor manera posible las necesidades de cada uno. Estaban dispuestos a abandonar las ideas preconcebidas y a mejorar la cooperación entre los distintos integrantes, con cuatro objetivos, los llamados "cuatro pilares": 1) reducir el número de nuevos consumidores (prevención); 2) aumentar el número de desintoxicaciones exitosas (terapia); 3) restringir los daños de salud y la exclusión social de los usuarios (ayuda a la supervivencia y reducción de riesgos); y 4) proteger a la sociedad de las consecuencias nefastas de la droga y luchar contra el crimen organizado (represión)2.

En el marco de esta política, la primera dificultad es el imperativo de una estrecha cooperación entre los servicios sociales y la policía, que respete al mismo tiempo una estricta separación entre sus campos específicos de intervención.

En el campo de la prevención, el abordaje de los cuatro pilares no hace distinción entre drogas legales e ilegales, presumiendo que las causas de su consumo son idénticas. La prevención debe fortalecer la confianza de los niños, de los adolescentes e incluso de los mismos adultos, con el fin de impedirles consumir drogas y estimularlos a un modo de vida que no perjudique su salud. Como complemento, se trata de entrar en contacto con los consumidores ocasionales de drogas, para incitarlos a no convertirse en consumidores habituales.

En el campo de la represión, el acento está puesto sobre la lucha contra el comercio de la droga y el blanqueo de dinero con la creación, en 1998, de nuevos instrumentos legislativos. La represión ya no se focaliza entonces en los usuarios de drogas ilícitas. "Los consumidores (…) ya no están en el centro de interés de la policía"3, no buscando esta última más que impedir la reconstitución de una escena de toxicomanía abierta.

Las terapias apuntan a tratar, seguir y finalmente llevar a los toxicómanos a la abstinencia y ayudarlos a reinsertarse en la sociedad. No existe una terapia aplicable en forma general a los toxicómanos, lo que implica la constitución de una gama de oferta terapéutica bastante amplia. La experiencia muestra que se necesitan como promedio diez años y varios intentos, para que un usuario de drogas duras se "desenganche".

Siendo la voluntad de salir el factor clave, la tarea del trabajador social consiste pues esencialmente en incitar al toxicómano a aceptar la realización de una terapia.

Nueva forma de terapia

No obstante, la reducción de los riesgos es uno de los factores que colaboran con esta evolución. En este sentido, Suiza decidió ofrecer todo un abanico de terapias y de clínicas de desintoxicación con seguimiento terapéutico en los programas de prescripción de metadona, además de proyectos de alojamiento, trabajo y formación. No hay una demarcación estricta entre la terapia y la ayuda para la supervivencia. Así, la prescripción médica de heroína es considerada, según los casos, como terapia o como ayuda para la supervivencia. En todos los casos, no es más que uno de los componentes del repertorio terapéutico.

Lanzada en 1994 como proyecto de investigación nacional, la heroína bajo receta es reconocida hoy en día como parte integrante de la política oficial4. Nació de una constatación: una parte de los toxicómanos estaban sumergidos en la miseria y el sida, la hepatitis y otras enfermedades de transmisión sexual explotaban en el seno de este grupo. Además, gran parte de los toxicómanos más expuestos no tenían acceso a los tratamientos existentes. Había entonces que buscar una nueva forma de terapia para los toxicómanos de los parques públicos.

Los criterios de aceptación para un tratamiento con heroína son severos: hay que ser mayor de edad, toxicómano por un tiempo mínimo de dos años, haber iniciado e interrumpido al menos otros dos tratamientos, tener problemas sociales y de salud y hacer una declaración de consentimiento por escrito. Los que participan en esos programas conforman pues una población muy difícil, hecho que debe tenerse en cuenta a la hora de evaluar los resultados. Conseguir la realización de un tratamiento así como la estabilización social y sanitaria puede ser considerado como un éxito5. Pero este programa permitió, entre otras cosas, el mejoramiento del estado de salud física y psiquiátrica de sus pacientes y una disminución rápida y sensible de su consumo ilegal de heroína y cocaína6. El informe de los investigadores concluye: "Como la proporción de toxicómanos que siguen el programa es superior al promedio, se obtienen mejoras significativas en el campo de la salud y del modo de vida, que a veces persisten más allá del período de tratamiento. Hay que señalar una sensible disminución de la delincuencia".

Incluso el informe muy crítico de la Organización Mundial de la Salud (OMS) llega a la conclusión de la factibilidad de un tratamiento a base de heroína tal como el que se aplica en Suiza. Subraya el mejoramiento del estado de salud y de integración social de los pacientes, así como un retroceso de la criminalidad y del consumo ilegal de heroína.

La terapia consiste en una a tres inyecciones diarias de heroína, controladas y con vigilancia médica, psiquiátrica y social. Los pacientes ya no se ven obligados a procurarse las drogas en el mercado negro y, efecto positivo y no menos importante, aceptan una terapia a largo plazo que les asegura un seguimiento.

En cuanto a la reducción de los riesgos, el objetivo es mantener lo mejor posible la salud y la integración social de los toxicómanos, con repercusiones positivas en el conjunto de la sociedad: reducción del contagio de enfermedades infecciosas y acotar de raíz ciertos gastos sociales y de salud. Además, los usuarios de drogas tienen más posibilidades de fijarse el objetivo de un regreso a la abstinencia cuando su estado de salud y su integración social no se degradan -o mejoran- gracias a esta toma de responsabilidad.

Lugares de contacto

Los elementos clave de esta política de reducción de riesgos son los hogares nocturnos, los lugares de contacto y la posibilidad de conseguir jeringas nuevas en todo momento. En la mayoría de las ciudades de la Suiza alemana existen lugares de contacto que disponen de una sala de inyección, un comedor, un baño y una ventanilla donde se pueden cambiar las jeringas usadas. En la sala de inyección, vigilada por personal calificado, los toxicómanos pueden inyectarse ellos mismos las drogas que trajeron en condiciones higiénicas. Los lugares de contacto, que al principio generaron grandes controversias, son considerados indispensables hoy en día. Esta infraestructura permitió mejorar considerablemente el estado de salud de los toxicómanos.

Por otra parte, la policía ve en estos lugares un remedio contra el regreso a las escenas abiertas. En efecto, desde su instalación, las inyecciones en público disminuyeron significativamente y la población se siente más segura.

Al cabo de diez años de esta experiencia, se constata una estabilización del número de toxicómanos. El aumento continuo del promedio de edad tiende a demostrar que el número de toxicómanos nuevos ha disminuido. Los parques pudieron ser devueltos al público, el número de muertes ligadas a la droga se redujo en forma significativa, el número de contaminaciones por el virus del sida entre los toxicómanos disminuyó y su estado general de salud mejoró.

Estos resultados alentaron a otros países a seguir el modelo suizo: en Alemania fueron creados lugares de contacto para toxicómanos y una experiencia piloto de prescripción de heroína está en curso en Holanda.

Sin embargo, algunos problemas permanecen sin resolver. El comercio ilegal de la droga florece y está muy organizado. Si bien los jóvenes consumen menos heroína, se inclinaron hacia las drogas legales (alcohol, nicotina), el cánnabis y las drogas sintéticas (éxtasis, anfetaminas). Hasta el momento no se adoptó ninguna medida de prevención en torno a estas últimas.

Hay que señalar también que ciertas infraestructuras del programa, en particular las que apuntan a la reducción de riesgos, están amenazadas por restricciones presupuestarias y que el avance de la gestión de la droga en la política legislativa presenta problemas. La revisión de la ley federal sobre estupefacientes es pues muy esperada.

  1. Ver Antonio Escohotado, Historia de las drogas (3 volúmenes), Alianza editorial, Madrid, 1992.
  2. Die schweizerische Drogenpolitik, Oficina federal de salud pública, Berna, marzo 1999.
  3. "Gesundheiltliche Aspekte der Polizeiarbeit imDrogenbereich", Instituto universitario de medicina social y preventiva, Raison de Santé, 37º, Lausana, 1999.
  4. En 1998, un artículo de ley fue adoptado por el Parlamento. Pero la introducción de esta forma de terapia supone unarevisión, actualmente en preparación, de la ley federal sobre estupefacientes.
  5. Los últimos resultados se publicaron en el informe de la Oficina federal de salud pública, El tratamiento con heroína en 1999, Berna, 13-9-00. Los resultados de la evaluación del proyecto de investigación están publicados en Ensayos de prescripción médica de estupefacientes, informe final de los mandatarios de la investigación/informe de síntesis, ISF e ISPMZ, Zurich, junio de 1997. Los informes aquí citados se retoman en ese documento.
  6. El consumo de alcohol y de cánnabis sigue sin disminuir.

Un paso adelante en Argentina

Luego de años de aplicación, las políticas represivas en materia de lucha contra el narcotráfico y consumo de estupefacientes han desembocado en el absoluto fracaso. Es por eso que tímida y parcialmente, dejando de lado la hipocresía de señalar al consumidor como un enfermo que es necesario ayudar mientras se lo trata como un criminal, se están poniendo en marcha en varios puntos del país programas de reducción de daños que apuntan en primer lugar a reducir el contagio de VIH a través del consumo de drogas inyectables.

En Rosario, el Programa de Reducción de Daños del Centro de Estudios Avanzados en Drogodependencias y Sida (CEADS) de la Universidad de Rosario, apunta en un primer momento a distribuir 500 kits equipados con una jeringa, una aguja, un recipiente esterilizado para preparar la droga, agua destilada y algodón. Incluye un folleto que explica cómo evitar sobredosis, cómo buscar venas para no infectarse y en qué zonas del cuerpo es conveniente picarse. El folleto deja de lado los mensajes ambiguos y utiliza un lenguaje claro1.

También la ciudad de Buenos Aires implementará a partir de este año un programa de reducción de daños en los hospitales Muñiz y Rivadavia, apuntando a reducir los contagios de enfermedades, sustituir drogas ilegales por recetadas, disminuir las muertes por sobredosis y llevar los programas educativos a las villas y barrios carenciados de la ciudad2.

Sin embargo, para que estos programas puedan ser llevados a cabo con éxito es necesario plantear la despenalización del consumo de drogas. Mabel Bianco, titular de la Unidad Coordinadora Ejecutora VIH y de enfermedades de transmisión sexual del Ministerio de Salud considera que "la despenalización del uso de drogas es inevitable para abordar el problema como enfermedad"3. Al mismo tiempo, el presidente de Uruguay, Jorge Batlle, desató una polémica al proponer la despenalización como vía para luchar contra el narcotráfico4. Queda claro que para lograr avances es necesario poner en práctica políticas realistas planificadas por expertos, aprovechar las experiencias positivas internacionales y dejar de lado tanto la moralina como los prejuicios y la obtención de efectos mediáticos con fines políticos.

No está en juego solamente la salud de la población, sino también su seguridad, ya que uno de los efectos más notables de una política realista, matizada y moderna sobre la toxicomanía es la reducción y un mayor control del narcotráfico.

  1. "Un cambio para evitar el contagio", Página 12, Buenos Aires, 30-12-00.
  2. "Un plan para reducir daños", Página 12, Buenos Aires, 18-01-00.
  3. Idem nota 1.
  4. La Nación, Buenos Aires, 22-12-00.


Autor/es Anne Levy
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 20 - Febrero 2001
Páginas:32, 33
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Deuda Externa, Estado (Justicia), Políticas Locales, Consumo, Salud
Países Argentina, Uruguay, Alemania (ex RDA y RFA), Holanda (Países Bajos), Suiza