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El sexo del pueblo

"El pueblo es soberano" . Doscientos diez años atrás los franceses proclamaron este principio democrático universal. Pero con un parlamento compuesto sólo por 11% de mujeres, hoy discuten para definir si la Constitución -que proclama la igualdad entre los sexos desde el preámbulo- debe ser reformada para favorecer el acceso igualitario de hombre y mujeres a los mandatos y funciones públicos.

La cuestión no es menor. El 10 de marzo pasado la Asamblea Nacional aprobó por unanimidad el proyecto de ley constitucional acerca de la paridad hombres-mujeres. Para entrar en vigencia éste deberá ser ratificado por un referendum o bien por el Parlamento reunido especialmente.

¿Consagrar la paridad es atentar contra la República? Elisabeth Badinter, 55 años, filósofa y profesora en l´Ecole Polytechnique de París declaró que se opone a la paridad porque "es una segregación" . Para Badinter la regresión es flagrante, porque "la paridad considera que la humanidad está dividida en dos partes: los hombres y las mujeres, lo que va en contra de la noción republicana de ciudadanía"1.

Pero es evidente que el poder sigue en manos masculinas. En una serie de notas aparecidas en la sección Débats del diario francés Libération, distintas personalidades se expresaron al respecto. Según Geneviève Fraisse, ex delegada interministerial de los Derechos de las Mujeres, desde que la soberanía dejó de estar depositada en el rey, transcurrieron "dos siglos de abstracción democrática, de abstracción masculina, que están concluyendo: ahora se abre la era de la de la encarnación del soberano por los dos sexos. No se trata de fundar lo político sobre lo biológico. Se trata de redefinir al soberano y al ejercicio de la soberanía democrática con ese universal concreto que es la humanidad sexuada (…) Porque para ser demócratas no alcanza con tener el poder; también hay que compartirlo"2.

¿Qué diría Simone de Beauvoir de todo esto? Françoise Rétif, autora del libro "Simone de Beauvoir. L´Autre en miroir" , (Ed. L´ Harmattan 1998) asegura que "hubiera denunciado la hipocresía de aquellos que enarbolando la supuesta neutralidad de la humanidad, en realidad defienden los intereses de un sexo. El hombre no es lo humano. (…) Para que lo humano sea universal, aún falta que las mujeres tengan pleno derecho a la ciudadanía"3.

¿En contra? ¿A favor? La discusión acerca de la paridad es a cara o ceca. Pero en el debate algunos cambian de opinión. Fue el caso de Anne-Marie Idrac, vicepresidenta de la Nouvelle UDF (Unión para la Democracia Francesa) quien de adversaria devino impulsora del cambio constitucional. "No me gusta la idea tan poco francesa de las discriminaciones positivas. Pero sopesando la cuestión, constato que el famoso universalismo no es para nada… universal. Tampoco es neutro: es masculino. (…) De ahora en más estoy a favor, en nombre del universalismo y de la indivisibilidad de la soberanía"4.

En este cruce de opiniones femeninas, el periodista Alain Duhamel pide no caer en la trampa del nominalismo y se apoya en datos concretos: un solo Consejo general y un solo Consejo regional son presididos por mujeres, ninguna gran ciudad tiene a un intendente mujer y el Senado sigue siendo el mausoleo de la misoginia. "La famosa excepción francesa -dice Duhamel- es propiamente calamitosa (…) Hay que rever entonces la Constitución para volver obligatorio lo que se impide"5.

  1. "Me opongo a la paridad porque es una segregación", El País, 16-5-99.
  2. "La paridad no es la igualdad social", Libération, París, 29-12-98
  3. "Paridad: ¿qué diría Beauvoir?", Libération, París, 9-3-99.
  4. "Paridad: ¿por qué cambié de opinión?", Libération, París, 14-12-98.
  5. "Paridad: la trampa del nominalismo", Libération, París, 19-2-99.
Autor/es Carol Abousleiman
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 1 - Julio 1999
Páginas:30
Temas Sexismo, Discriminación, Política, Estado (Política)