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Una ética desde las mujeres

Católicas por el Derecho a Decidir (CDD) tiene ya una década de vida en Argentina como movimiento de mujeres católicas comprometidas con la búsqueda de la justicia social y el cambio de patrones culturales y religiosos vigentes en nuestras sociedades. La siguiente es una síntesis de sus posiciones.

Desde los mitos fundantes de la religión judeo-cristiana la mujer está estigmatizada con la culpa del pecado original y condenada a la subordinación. Frente a esto decidimos ponernos de pie recuperando el proyecto de amor e inclusión que Jesús propone a la humanidad.
En este sentido, vale rescatar la reflexión de Rosa Dominga Trapaso, misionera católica en Perú, quien afirma: “Las vidas de muchas mujeres se han visto ennoblecidas por la religión, cuando ésta les permite descubrir que valen por sí mismas y esta percepción les genera energía personal y la capacidad de estar en comunión con otras personas. Creo que podemos decir que la religión puede ser tanto patológica como terapéutica. Pues no es la religión en sí la que trae la alienación o la neurosis. Son las interpretaciones humanas, históricas, convertidas en dogmas infalibles las que han dado lugar a distorsiones en todas las religiones”.
Como cristianas católicas nos inspiramos en el valor de la conciencia de la persona como el referente definitivo para establecer la moralidad de su comportamiento frente a Dios y la sociedad. Desde la perspectiva católica toda persona está hecha a imagen y semejanza de Dios, dotada de inteligencia y de conciencia sobre sus propios actos. La persona humana se constituye como tal en la medida en que es capaz de decidir, y en la medida en que decide se dignifica. La libertad de conciencia es la base de la dignidad humana.
El Concilio Vaticano II es muy claro en relación con este principio: el ser humano no va a ser juzgado por Dios sobre la base del acatamiento a leyes o normas, sino del seguimiento del mandato de su conciencia.
De todos los temas en discusión es sin duda el aborto el que ocupa el centro de las controversias en el catolicismo de hoy. En ese sentido, afirmamos el derecho de las mujeres al control sobre su propio cuerpo y a la vivencia placentera de su sexualidad sin distinción de clase, etnia, credo, edad u opción sexual. Pretendemos influir en la sociedad para que se reconozca el derecho a una maternidad libre y voluntaria, y apoyamos la despenalización y legalización del aborto como una cuestión de justicia social, derechos humanos, democracia, solidaridad y salud pública.
Es preciso recordar que el mismo derecho canónico de la Iglesia católica (1323 y 1324) establece las circunstancias que eximen de culpa y de castigo a quien infringe la ley (y por tanto no le cabe la excomunión): “a quien obró por violencia o por miedo grave, aunque lo fuera sólo relativamente, o por necesidad, o para evitar un grave perjuicio”. Si tenemos en cuenta la realidad de las mujeres que abortan, podríamos afirmar que lo hacen justamente por esas causas y por lo tanto no deben recibir sanción religiosa ni penal.

Diálogo vs. fanatismo


Es importante destacar que la ley no es el criterio fundamental de la vida cristiana, sino el proyecto de amor que tenga cada cristiano a favor de la plenitud vital, la libertad y la dignidad de las personas. El teólogo uruguayo Luis Pérez Aguirre nos decía que “la defensa de la persona nunca se podrá hacer por medio de la amenaza, la condena o el castigo... Defender la vida humana implicará siempre hacer ‘humana’ esta vida... Más allá del respeto debido en toda circunstancia a la vida humana desde sus orígenes, no podemos obviar que existen siempre situaciones-límite y conflictos de derechos, de deberes y de valores. No existe valor moral tan absoluto que no pueda en ciertos casos entrar en colisión con otro valor, y menos en situaciones estructuralmente injustas. El principio del ‘mal menor’ en una disyuntiva determinada adquiere toda su fuerza”.
La jerarquía católica condena el aborto y a las personas y organizaciones que trabajan por su despenalización, pero no al fanatismo religoso. Fanatismo viene del latín fanaticus, referido al que defiende apasionadamente una posición religiosa; diálogo significa más de un logos, o sea más de una razón. Para dialogar hay que comenzar a escuchar, aceptar que existe otra razón, otras razones.
De esto nada sabe el doctor Jorge R. Scala, coordinador para el Cono Sur y asesor legal del Consejo Latinoamericano de la Vida y la Familia de Vida Humana Internacional, quien presentó una denuncia en Inspección de Personas Jurídicas de Córdoba contra nuestra organización por considerar que nuestros fines no son lícitos. Es el mismo que el año pasado presentó un recurso de amparo contra el el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable y luego presentó un segundo recurso de amparo intentando prohibir la fabricación y venta de un 97% de los anticonceptivos. Hoy intenta acallar a CDD atentando contra el derecho de expresión y asociación con una denuncia que explicita que “sobre el aborto no hay nada que profundizar ni debatir”. Lo preocupante es que la jueza federal Dra. Garzón de Lascano haya dado curso a sus reiterados amparos, y que ahora en una instancia administrativa tengamos que defender nuestro derecho a existir.
Autor/es Marta Alanís
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 58 - Abril 2004
Páginas:16
Temas Sexismo, Iglesia Católica
Países Argentina