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El sangriento derrotero de ETA

Desde que rompió su tregua el 3 de diciembre de 1999, la organización vasca ETA retomó el camino de una violencia sin parámetros. Sólo en los primeros días de julio pasado realizó varios atentados con bombas en plena vía pública, agregó un concejal asesinado a su lista y falló en el intento de asesinar a otro. Quienes respaldan o muestran simpatía por esta organización criminal representan entre el 12 y el 18% de la población vasca, es decir cerca de medio millón de personas, que viven a espaldas del resto de la población. Impermeable a las influencias externas, la percepción radical de la realidad es profundamente divergente de la del resto de la sociedad española e incluso de la Comunidad Autónoma, gobernada por los nacionalistas moderados del Partido Nacionalista Vasco.

"La violencia es necesaria para la Revolución". Como muchos otros jóvenes de Hernani, Emilia1, empleada de 25 años, está convencida de la rectitud de lo que ella misma denomina la "lucha armada". ETA2 está en su casa en ese pequeño poblado de las afueras de San Sebastián. Las calles están cubiertas de retratos de prisioneros "etarras", de afiches con un ojo malvado que llama a la "vigilancia contra los informantes de la policía", de graffitis que amenazan de muerte a los así llamados "no-independentistas".

En el mostrador de las tabernas, bajo las fotos de Che Guevara, Fidel Castro, de palestinos o republicanos irlandeses, una urna invita a menudo al visitante a depositar su óbolo para la "causa". Adolescentes militantes de Jarrai, la organización juvenil de los radicales, que llevan el pelo largo y aritos, se codean, en torno a una cerveza, con viejos independentistas que lucen la boina tradicional. "No están dadas las condiciones políticas para un cese de las hostilidades", asegura, gravemente, una estudiante. "El nacionalismo vasco es defensivo. Nosotros combatimos la ingerencia de los Estados español y francés en tierra vasca", estima un hombre3.

En Hernani, así como en la centena de municipalidades controladas por Euskal Herritarrok ("Pueblo Vasco", fachada legal de ETA y sucesora de la organización Herri Batasuna)4, reina una atmósfera de exaltación "revolucionaria", mezcla de comunidad anarquista y de los barrios republicanos de Belfast Occidental. Un ambiente a la vez festivo y alternativo que contrasta con la imagen que normalmente se tiene del mundo de la izquierda abertzal ("patriótica"), especialmente en el resto de la sociedad vasca y española. Algunos militantes llegan a justificar el asesinato de Miguel Ángel Blanco, vasco de 29 años, consejero municipal del Partido Popular (centro derecha, en el poder en Madrid) en el poblado de Ermua, capturado y ejecutado a sangre fría en julio de 1997 por la organización terrorista: "Ese pichón de fascista fue eliminado a tiempo. Se habría convertido en el futuro Franco". Ese asesinato, no obstante, conmovió a España y provocó una reacción cívica sin precedentes, llevando a cerca de cinco millones de ciudadanos a las calles, entre ellos cientos de miles de vascos5.

El mundo radical representa entre el 12 y el 18%de la población vasca, es decir cerca de medio millón de personas. Viven juntos, en una especie de burbuja ultranacionalista, a espaldas del resto de la población: poseen, de la forma más legal que existe, su partido, su sindicato, su organización juvenil, asociaciones lingüísticas, deportivas o culinarias, sus medios de información (diarios, radios), sus fiestas, feudos y sus bares. Impermeable a las influencias externas, la percepción radical de la realidad es profundamente divergente de la del resto de la sociedad: allí no tienen legitimidad las instituciones democráticas de España (Estado calificado como "fascista"), ni la Comunidad Autónoma Vasca, gobernada no obstante por los nacionalistas moderados del Partido Nacionalista Vasco (PNV).

Las Autonomías (instituciones regionales con su Parlamento, su gobierno, su idioma, su policía -en el país vasco y en Cataluña- y sus privilegios fiscales), disponen sin embargo, en la España contemporánea, de más poder que los länder alemanes. A pesar de lo cual, el gobierno autónomo vasco es calificado por ETA de "colaboracionista". Los militantes radicales los comparan de buena gana con el Estado francés durante la ocupación alemana… Ese universo inflexiblemente determinado constituye una tierra social fértil, fanática y sectaria, sin la cual ETA no habría podido subsistir durante cuarenta años (Fátima, de 22 años, creció en Hernani hasta el día en que debió "exiliarse" en otra región de España para proseguir sus estudios. "Descubrí entonces que los españoles no eran malos como siempre me habían enseñado. Son personas como todas las demás…").

La auto-guetización sociológica del mundo radical explica su extremismo, así como su indiferencia frente a la condena del terrorismo no sólo por parte de España, sino también por la enorme mayoría (85%) de los vascos e incluso de algunos fundadores históricos de ETA. El mundo radical, que nació en la lucha contra la dictadura franquista (1939-1975) como reacción a la opresión, construyó progresivamente ciertas fronteras mentales entre un "nosotros" y un "ellos", es decir, dentro de su percepción de los acontecimientos, entre los "verdaderos vascos" y sus "enemigos" reales o supuestos. Su discurso es ampliamente formativo: la violencia de ETA y Jarrai dependen más del significado que una convicción íntima reviste para ellos ("la opresión fascista española") que de la realidad del entorno: una auténtica democracia y una autonomía política muy amplia. Para ellos, las palabras son más fuertes que las cosas. La realidad de las palabras es más concreta que la verdad de las cosas.

Por eso, aun cuando son concientes de que no representan al conjunto de los vascos, los radicales se ven a sí mismos como una "vanguardia revolucionaria", destinada a iluminar al pueblo vasco. Por ende, la violencia y los asesinatos no les plantean ningún problema moral. Al contrario. Los asesinos de ETA llegan a adquirir ante sus ojos la estatura de héroes, o de santos. Pues es en busca del bien que aceptan vencer sus escrúpulos, su disgusto por la violencia y no recurrirían al mal, al asesinato, sino en nombre de un ideal. Según los simpatizantes de ETA, el sacrificio estaría, paradójicamente, del lado de los asesinos y no del de las víctimas. Víctimas que además, en treinta años, nunca suscitaron una palabra de compasión de su parte.

Estos extremistas suscribirían de buen grado las tesis del anarquista Pedro Kropotkin, quien en el siglo XIX, en lucha contra el absolutismo zarista, escribió que frente al terror revolucionario, "las masas siguen al principio a los prudentes y a los moderados, que califican inmediatamente a la acción como locura y dirán que esos locos, esos fanáticos ponen todo en peligro. Pero a partir de acciones que despertarán la atención general, las nuevas ideas comenzarán a insinuarse en la mente de las personas y conseguirán su conversión"6. Los partidarios de ETA consideran las "concesiones" del Estado español, entre ellas la autonomía, como el resultado de sus acciones armadas.

Aunque Irlanda es una referencia frecuente, ETA no es el IRA. En su pragmatismo, los republicanos irlandeses consiguieron pasar del terreno militar a las vías políticas, dosificando violencia y negociaciones7. En comparación, los extremistas vascos dan pruebas de un rigorismo y de un fanatismo ideológicos obsoletos que los conducen a acciones terroristas estratégicamente contraproducentes, ya que sólo pueden acentuar su aislamiento y conllevan el riesgo de descalificar la causa nacionalista en su conjunto.

"El sentimiento de opresión de los radicales no se apoya en ninguna realidad tangible", estima Alberto Surio, analista político de El Diario Vasco. "El país vasco es políticamente autónomo. Franco murió hace más de veinticinco años, y España se transformó en una democracia indiscutible donde la violencia política no es pertinente. Ningún combate político podría justificar, en un contexto democrático, asesinatos, bombas y amenazas de todo tipo. Yo calificaría esta situación como una esquizofrenia vasca. Aquí, la única opresión la ejercen los radicales y su terror".

María San Gil, miembro del Partido Popular, es colaboradora del intendente socialista de San Sebastián. En las calles de la ciudad vieja, los jóvenes de Jarrai llevan a veces autoadhesivos rojos, que ostentan esta alusión: "San Gil asesina". Pese a su compromiso democrático, el PP es calificado sistemáticamente por los radicales como "franquista". Constituye un blanco privilegiado para los terroristas: desde 1995, ocho cargos electivos del partido fueron muertos. Luego de semanas de acoso por parte de los jóvenes de Jarrai que le gritaban: "¡No eres inocente!", Jesús María Pedrosa, 57 años, vasco, consejero municipal del PP en Durango (Vizcaya), finalmente fue asesinado el 4-6-1999 por sus opiniones políticas.

Periodistas en la mira

El 23-1-1995, la señora San Gil, secretaria en ese entonces de Gregorio Ordóñez, presidente del PP en el País Vasco, almorzaba con él en una taberna de la ciudad vieja de San Sebastián. Así lo cuenta ella: "A las 15,30 horas, un hombre entró al bar, sacó un revólver y le pegó un tiro en la cabeza a mi jefe. Ante mis ojos". Ese día la señora San Gil decidió pedir el remplazo. "Tengo 35 años, dos niños. Nunca pude pasear sola con ellos. Siempre me protegen dos guardaespaldas. A causa de ETA, este no es un país libre. Si quieren la independencia, que consigan una mayoría de la población que esté de acuerdo con sus tesis, pero que dejen de matar".

Según documentos hallados en posesión de Julia Moreno Macuso "Bombi", activista detenida en Francia en abril pasado, en la línea de mira de ETA se encuentran "militares, policías y guardias civiles, dirigentes políticos, infraestructuras, jueces, procuradores, médicos penitenciarios, jefes de empresas, traficantes y periodistas". Según la prensa española, en su agenda figuraba una "lista negra" de 42 periodistas.

Un informe publicado el pasado 22 de junio por la asociación Periodistas sin Fronteras indica: "Cerca de cincuenta periodistas y directores de publicaciones están bajo vigilancia policial en el País Vasco o en Madrid. En total, unos cien cuentan con protección oficial o privada. Por otra parte, una decena de profesionales de la información se "exiliaron" del País Vasco hacia Madrid y algunos medios multiplican las medidas de seguridad". El informe agrega: "Tanto en el país vasco como en el resto del país, los medios y los periodistas que no comparten la ideología nacionalista radical reciben el calificativo de "traidores vascos" o de "invasores españoles" y están bajo amenaza de la organización independentista armada ETA. Esta última inició una campaña en su contra, cuya violencia no deja de aumentar"8.

José Luis López de Lacalle, de 62 años, primer periodista asesinado por ETA desde 1978, era corresponsal del diario El Mundo en el país vasco y miembro fundador del Foro de Ermua, asociación pacifista creada al día siguiente del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Según Arnaldo Otegi, vocero del Euskal Herritarrok, con ese asesinato ETA "quiso poner el acento sobre el rol de los medios, que llevan adelante una estrategia de manipulación y de guerra en el conflicto entre Euskal Herria (país vasco) y el Estado español". Matar a un periodista de extrema derecha habría tenido corto alcance en materia de intimidación: abatir a un pacifista, sin embargo, constituye una clara advertencia que apunta a aterrorizar a todos los medios. En un comunicado del 2-2-1999, ETA calificó como "perros enemigos" a los periodistas que expresan "su oposición a la construcción de la patria vasca". Y José María Olarra, dirigente de EH, acusó a los periodistas, luego del fin de la tregua de diciembre de 1999, de ser los "terroristas de la pluma"…

¿Es de extrañar que se hayan multiplicado desde entonces las agresiones contra diarios o periodistas? El 21 de marzo pasado, explotó una bomba en el domicilio de los padres de Pedro Briongos, jefe de redacción del diario El Correo, en San Sebastián. El 30 de marzo, desconocidos encapuchados atacaron con explosivos el local de la radio Onda Cero, en Vitoria. El 14 de mayo, varios hombres lanzaron cócteles Molotov contra el edificio de El Diario Vasco, en San Sebastián. El 4 de junio, un cóctel Molotov fue lanzado contra los locales del diario El Correo, en Getxo, etc. En los intervalos, otros dos periodistas -Carlos Herrera, de Radio Nacional de España de Sevilla y Jesús María Zuloaga, subdirector del periódico La Razón de Madrid- recibieron paquetes camuflados, llenos de dinamita, que la policía desactivó a tiempo9.

A los asesinatos se agrega la violencia, el acoso y las depredaciones perpetrados a diario por los jóvenes de Jarrai, que conducen la kale borroka ("la lucha en las calles"). Grupos de jóvenes encapuchados acometen, casi todos los días, contra los domicilios y bienes de los políticos electos, de sus simpatizantes, de la policía autónoma vasca, de las sucursales bancarias, los vehículos "extranjeros", las estafetas de Telefónica y las infraestructuras comunales (paradas de ómnibus, comisarías municipales, autobús, etc.).

En 1999 hubo más de 350 acciones de ese tipo, según un informe reciente del Ministerio del Interior. La kale borroka se intensificó después de la ruptura de la tregua: 82 actos de vandalismo y saqueo se contaron en el país vasco español en el pasado mes de enero, el doble que en 1999.

Los políticos electos de los partidos popular y socialista son regularmente agredidos, así como sus familias o simpatizantes. Algunos ejemplos, relevados en una semana cualquiera en el país vasco: ataque con cóctel Molotov al domicilio de un consejero municipal popular de San Sebastián; apaleamiento de un militante del PP en plena calle; saqueo del bar de una consejera municipal socialista de Hernani; apedreamiento de autos…

Jóvenes radicalizados

Del lado francés de los Pirineos, recae sobre la organización de jóvenes Gaztériak ("juventud") la sospecha por varios atentados con explosivos y, en marzo pasado, por el ataque con cóctel Molotov de una gendarmería. Gaztériak fue fundada en 1994 y su dirigente Egoitz Urritikoexea es hijo de José Antonio Urritikoexea Bengoetxea, alias "Josu Ternera", dirigente histórico de ETA. Al cabo de cuatro días de "sentadas de la juventud vasca" que en abril pasado reunieron cerca de 20.000 personas en Cambon-les-Bains, en el departamento francés de los Pirineos del Atlántico, las dos organizaciones -Gaztériak y Jarrai- se fusionaron y adoptaron por nombre Haika ("levantarse"). Bajo los hurras de la multitud, dos hombres encapuchados subieron al estrado y llamaron a los jóvenes a "continuar la lucha" en nombre de ETA.

Esos jóvenes, que son hijos e hijas de militantes, inmersos desde siempre en la cultura radical, asegurarán el relevo. Poco después de la tregua decretada en septiembre de 1998, ETA previno sobre una eventual "vuelta a las armas" por parte de los más jóvenes. Los sucesivos arrestos de las "cabezas pensantes" de la organización (más de 500 miembros o presuntos miembros de ETA se encuentran detenidos; cerca de 80 en Francia, el resto en España) dejaron sin duda librados a sí mismos a jóvenes activistas desprovistos de cultura política y aún más radicales en sus métodos. Según el periódico madrileño ABC, que cita una fuente del Ministerio del Interior, el sector de los "jóvenes duros", favorables a una escalada de violencia, habría tomado el control de la organización frente a los gestores de la tregua.

El porvenir del país vasco es sombrío. La sociedad está literalmente fracturada y en ciertas comunas se encuentra al borde de la guerra civil. Después de diez años de frente común antiterrorista entre Madrid y los nacionalistas moderados, el viejo Partido Nacionalista Vasco (PNV), en el poder en Vitoria, inició, en junio de 1998, un acercamiento al mundo radical. El PNV apostó a una salida del conflicto a la irlandesa, llevando a los radicales a la vía política. Fruto de esas discusiones fue el pacto de Lizarra, firmado en septiembre de 1998, donde se preconiza una solución estrictamente nacionalista para el problema vasco10.

Pero después de catorce meses de cese del fuego, ETA retomó los asesinatos y atentados. La organización reconoció a fines de abril de 2000, no sin cinismo, que la tregua había sido una "trampa", de ningún modo destinada a hacer las paces, sino a "radicalizar" al PNV con el fin de arrastrarlo a una lógica de ruptura con el resto de España. Madrid y París, por su parte, mantuvieron una cierta inmovilidad durante esa seudo tregua, aunque sus policías no aflojaron la presión y arrestaron a veintitrés etarras, entre ellos el presunto jefe, Javier Arizkuren Ruiz, alias "Kantáuri".

En esos catorce meses, ETA y el gobierno español sólo se encontraron una vez, en mayo de 1999, en Suiza. Hubo un acto de singular falta de diplomacia cuando una de las negociadoras etarras, Belén González Peñalba, fue interpelada por la policía francesa en el siguiente mes de octubre. Sin duda para no dar muestras de debilidad frente al terrorismo, Madrid no mediatizó suficientemente la concesión hecha de acercar a los extremistas detenidos hacia cárceles más cercanas al país vasco11. El "regreso" de los prisioneros es una reivindicación máxima de los radicales desde 1996 y constituye el único argumento que les permite lograr la adhesión de una parte de la opinión pública ajena al restringido círculo de los extremistas.

Frente a la determinación de una organización encerrada en su autismo asesino, la política anti-terrorista de Madrid parece destinada al fracaso. ETA no es un pequeño grupo armado aislado que la policía podría erradicar fácilmente. Por más que el presidente del gobierno español, José María Aznar, se jacte de "terminar con el terrorismo en unos pocos años más", no podrá procesar por crimen al 15% de la población vasca.

En una democracia, cuando una franja de la población se considera con o sin razón "oprimida" y sostiene el recurso a la violencia, así sea la más odiosa, el Estado de derecho padece un déficit de legitimidad. ETA no parece aprestarse a dar el primer paso hacia la paz. Para poner fin a la pesadilla de los atentados ¿qué esperan entonces las autoridades de Madrid para sentarse alrededor de una mesa y negociar con los dirigentes de ETA, a riesgo de aparentar ceder a la violencia y de dar una base nueva a la legitimidad de esta organización a ojos de sus partidarios? Sólo se hace la paz con los enemigos. Cuando se toman rehenes ¿no hay un psicólogo que negocia con los agresores para evitar un baño de sangre?

  1. Sus nombres están cambiados, para respetar el anonimato de los testigos.
  2. Euskal Ta Askatasuna: "país vasco y libertad".
  3. Véase, sobre la ideología nacionalista vasca, Bárbara Loyer, "Le nationalisme basque victime d'ETA", os ´20 diplomatique, París, febrero de 1998.
  4. Euskal Herritarrok es el verdadero brazo político de ETA y reúne, según las elecciones, entre el 12 y el 18% de los electores vascos.
  5. Véase, con respecto a esta reacción popular, el editorial de Ignacio Ramonet, "Pays basque", Le Monde diplomatique, París, agosto de 1997.
  6. Pedro Kropotkin, L'Esprit de la révolte,édiciones Les Temps Nouveaux, París, 1914
  7. Cédric Gouverneur, "Paz sin reconciliación en Irlanda del Norte", Le Monde diplomatique, ed.Cono Sur, enero 2000.
  8. Espagne. Les journalistes dans la ligne de mire de l'ETA, Réporters sans Frontières, París, junio 2000.
  9. Ibid.
  10. Los signatarios -el PNV, los nacionalistas de Euskal Alkartasuna, los comunistas e independientes de Izquierda Unida, y los radicales del Euskal Herritarrok- se comprometieron a promover "conversaciones multilaterales" para resolver el conflicto y llamaron en forma implícita a ETA a declarar una tregua.
  11. Sobre un total de alrededor de 430 detenidos, Madrid habría trasladado a 340 hacia cárceles próximas al país vasco y a 64 dentro del mismo país vasco, como quería ETA.
Autor/es Cédric Gouverneur
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 14 - Agosto 2000
Páginas:20, 21
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Conflictos Armados, Terrorismo, Políticas Locales
Países España, Francia, Irlanda, Suiza