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Cómo nació el mito de Internet

Del primer calculador analógico completo (1931), a los instrumentos utilizados durante la segunda guerra mundial para codificar o decodificar mensajes, hasta las actuales supercomputadoras, la búsqueda científica por "recoger, utilizar, acumular y transmitir información" recorrió un camino dramático. El poder y el dinero se interpusieron para transformar la perspectiva humanista de los precursores de la cibernética en una teoría matemática de la comunicación. Esto se combinará con un plan destinado -ya en 1950- a imponer la noción de "muerte de las ideologías", cuyo saldo será un rejuvenecimiento del ideal de westernización (conquista del espacio, individualismo), replanteado con el derrumbe del muro de Berlín y con signos de agotamiento una década después. Los trazos y el destino de la era pos guerra fría han resultado más complejos de lo previsto.

"La historia de la humanidad es descripta habitualmente en términos de edad. En general, hoy se admite que iniciamos una nueva era, una etapa post industrial en la cual la capacidad de utilizar la información se tornó decisiva… Esta nueva edad se denomina desde ahora edad de la información". Esta publicidad de la empresa estadounidense IBM no data de la explosión de Internet sino de 1977…

La usina para generar imaginarios a partir de la información, "nuevo recurso inmaterial", ya funcionaba entonces a toda máquina. El imperativo de "salida de la crisis" convocaba a las nuevas tecnologías al lugar de preferencia de los grandes países industriales. La noción de "sociedad de información" aparecía en los programas de investigación de los gobiernos y las instituciones internacionales; en la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) desde 1975, y en el seno de la Unión Europea (UE), cuatro años más tarde.

Con el auge de la desregulación y las privatizaciones, los mitos de la edad de la información empalman con la vía de la "edad global". En marzo de 1994, el vicepresidente de Estados Unidos, Albert Gore, anunciaba su proyecto de inforutas o Global Information Infrastructure y hacía reverberar ante los ojos de la "gran familia humana" la promesa de un nuevo ágora ateniense. Es también el año en el cual, por vez primera, aparece en los discursos oficiales la noción de New Economy.

En febrero de 1995, los países más ricos, en el seno del Grupo de los 7 (G7), ratifican en Bruselas la noción de Global society of information, a la vez que deciden acelerar la liberalización de los mercados de telecomunicaciones. Por último, en la cumbre europea de Lisboa, en mayo del 2000, los Quince de la UE deciden, en materia de desarrollo, apostar todo a Internet. ¿Cómo se llegó a fetichizar de este modo a las tecnologías de la información?

Al finalizar el segundo conflicto mundial, las máquinas inteligentes, desarrolladas para quebrantar los códigos enemigos, ayudar a la balística y fabricar la bomba atómica, alientan en los científicos las esperanzas de una conversión civil de sus innovaciones. Desde 1948, Norbert Wiener ve en la tecnología de la información el recurso para evitar que la humanidad recaiga en el "mundo de Belsen e Hiroshima"1. Pero el padre de la cibernética previene que para que el conjunto de los "medios de colectar, utilizar, acumular y transmitir información" funcione bien, es necesario que pueda circular sin trabas. Ahora bien, el poder y el dinero se interponen.

Este escepticismo le impide compartir la mística del progreso infinito de la ciencia que llevó en 1945 a Vannevar Bush, inventor del primer calculador analógico completo y ex responsable del US National Defense Research Comittee, a proponer un programa de sostén masivo del Estado a la investigación, para apresurar el advenimiento de una "era post histórica". La guerra fría reducirá a la nada todas estas esperanzas.

La perspectiva humanista de Wiener es ajena a la teoría matemática de la comunicación que formula, en 1949, uno de sus ex alumnos en el Massachussets Institute of Technology (MIT), Claude Shannon, ingeniero de los laboratorios de Bell Telephone2. Su definición de la información es estrictamente física, cuantitativa, estadística. El problema planteado responde al cálculo de probabilidades: encontrar la codificación con mejor performance (velocidad y costo) para que un mensaje telegráfico llegue a un destinatario.

Este modelo mecánico, al que sólo le importa el canal de transmisión, remite a un concepto conductista (estímulo-respuesta) de la sociedad. Al destinatario se le asigna, en cierto modo, el status de clon del emisor. La construcción de sentido no figura en el programa de Shannon. La noción de comunicación está separada de la de cultura. Como lo señala el especialista James Carey, ese tropismo de la comunicación remite a una representación particular de la sociedad estadounidense: "El concepto de cultura es una noción blanda y evanescente en el pensamiento social"3. Esta acepción de la "comunicación" pronto dará la vuelta al mundo.

En cuanto a la noción de "información", se transformará rápidamente en la caja negra, la palabra clave, comodín y respuesta a todo. Y tanto más fácil en la medida en que muchas disciplinas de las ciencias humanas, deseosas de participar de la legitimidad de las ciencias de la naturaleza, erigirán en paradigma la teoría de Shannon.

La ambigüedad que rodea a la noción de información no cesará de nimbar la de "sociedad de la información". Se acentuará la tendencia a asimilar la información a un término que emana de la estadística (data/dato) y a ver información sólo donde hay un dispositivo técnico. Así, se instalará un concepto puramente instrumental de sociedad de información. Con la a-topía social del concepto se esfumará el desafío sociopolítico de una expresión destinada a determinar el nuevo destino del mundo.

La guerra fría monta el decorado que preside la construcción de conceptos designados para anunciar, o explicar, que la humanidad está en el umbral de una nueva edad de la información y, por lo tanto, de un nuevo universalismo. Tres focos de emisión aparecen sucesivamente: las ciencias sociales, el estudio predictivo y la geopolítica.

Muerte a las ideologías

Primera operación: decretar la muerte de la edad precedente, según sus sepulteros la de la "ideología", característica del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX. Es lo que emprenden los participantes de la reunión de septiembre de 1955, en Milán, sobre el tema "El futuro de la Libertad" promovida por el Congreso para la Libertad de la Cultura, organismo fundado en Berlín en 1950 y financiado por la CIA (al parecer sin conocimiento4 de sus organizadores), bajo la cobertura de una fundación privada.

Entre los participantes: el economista Friedrich A. von Hayek, el profesor francés Raymond Aron -que acababa de publicar El Opio de los intelectuales- y los sociólogos estadounidenses Daniel Bell, Seymour Martín Lipset y Edward Shils. Final de la edad de la ideología, final de la política, final de las clases y sus luchas, pero también final de los intelectuales contestatarios y final del compromiso. Todos esos eclipses son de actualidad. Se postula que el "análisis sociológico" está barriendo con los prejuicios de la "ideología" y testimonia la nueva legitimidad de la figura del "intelectual liberal occidental".

Otra tesis recurrente, formalizada desde 1940 por el filósofo estadounidense James Burnham, en ruptura con la IV Internacional (trotskista), se enlaza con el discurso de los "finales": la revolución empresarial y el ascenso irresistible de las organization men, portadoras de una nueva sociedad: la managerial society prefigura la convergencia de los regímenes capitalista y comunista.

Una comunidad de pensamiento emerge. Comentario de Daniel Bell unos veinte años más tarde: "algunos sociólogos -Aron, Shils, Lipset y yo mismo- vimos los años ´50 caracterizados por el final de la ideología"5. Bell -también ex simpatizante trotskista- publica en 1960 The End of Ideology. Entre 1965 y 1968, preside la Comisión sobre el Año 2000 instalada por la American Academy of Arts and Sciences, durante cuyo transcurso trabaja el concepto de "sociedad post industrial".

En esos años ´60, se legitima la idea sobre la existencia de métodos objetivos para explorar el futuro. En 1973, Bell publica The Coming of Post-Industrial Society en el cual aúna su tesis anterior del final de la ideología con el concepto de "sociedad post industrial"6. Esta última, todavía llamada "sociedad de la información" o del "saber", estaría desprovista de ideología.

Bell predice. De ahí el subtítulo de la obra: A Venture of Social Forecasting. Extrapolando tendencias (trends) estructurales observables en los Estados Unidos, construye una sociedad-tipo ideal, caracterizada por el ascenso en potencia de nuevas elites cuyo poder reside en la nueva "tecnología intelectual" orientada hacia la toma de decisión, mediante la preeminencia de la "comunidad de la ciencia", una "comunidad carismática", universalista y desinteresada, "sin ideología". Una sociedad jerarquizada, regida por un Estado providencial, centralizador y planificador del cambio (de ahí la insistencia en el rol de los métodos de monitoring y de assesment de las mutaciones tecnológicas). Una sociedad alérgica al pensamiento en la red y al tema de la "democracia participativa", problemática que sin embargo la televisión por cable puso de moda en Estados Unidos.

En esta sociedad donde la economía se desliza hacia los "servicios técnicos y profesionales", el crecimiento es lineal y exponencial. La visión de la historia/modernidad/progreso que prevalece es conforme a la teoría matemática de la información y al modelo de evolución delineado, desde 1960, por Walter W. Rostow en su Manifiesto no comunista sobre las "etapas del crecimiento económico"7. El progreso llegaría a los países atrasados a través de la difusión de los valores de los países llamados adultos. Este recorrido tiene un nombre, forjado por la sociología de la modernización: westernización.

Las incertidumbres sobre el crecimiento y la "crisis de gobernabilidad de las democracias occidentales" pronto conmoverán las hipótesis de ese primer esquema de sociedad de la información8. Pero poco importan las flagrantes desmentidas: la visión científica habrá logrado arraigar la idea de que las doctrinas organizacionales relegan lo político. Funcional, esta sociedad está administrada según los principios de la gestión científica ¿Acaso Bell no ubica a Claude-Henri de Saint Simon, Frederic Winslow Taylor y Robert McNamara, ex responsable de Ford Motor Co, artífice de la racionalización del Pentágono a principios de los años ´60, y futuro presidente del Banco Mundial, en el panteón de sus precursores?

La elaboración de representaciones de anticipación se torna un mercado. Los professional prognosticators ofrecen sus servicios a las empresas y a los gobiernos ávidos de consejos y dispuestos a pagar por ellos9. Es ante esta tendencia que el público en general se familiariza con la nueva edad tecno-informacional.

Estarán también Herman Kahn y su Hudson Institute que pronostican, en 1967, en el marco de la Comisión sobre el año 2000, presidida por Bell, que en la sociedad post industrial (y post escasez), no se trabajará más de cinco a siete horas por día, cuatro días por semana, treinta y nueve semanas al año.

Estará sobre todo el consultor independiente Alvin Toffler, autor de los best-sellers Future shock (El choque del futuro) y The Third Wave (La Tercera ola) a quien le corresponde "llevar el prospectivismo a las masas", según la expresión de la revista Time. Este ex marxista indicó claramente la función operacional de las representaciones de anticipación. Para evitar el "traumatismo del choque del futuro", hay que crear en los ciudadanos el deseo de futuro. El horizonte de anticipos que pronostica está caracterizado por la democracia interactiva, la desmasificación de los medios, la producción-consumo, el pluralismo, el pleno empleo, la flexibilidad. Y sobre todo, por el final del "peligroso anacronismo" del Estado-nación y por una nueva fractura, que enfrentará a los Antiguos y a los Modernos y substituirá la oposición entre ricos y pobres, entre capitalismo y comunismo.

La "democracia interactiva" es, hoy, los proyectos de "ciudades cableadas" (wired city) que los generadores de ideas (think tanks) proponen y que se convierten en lugar de experimentación de la ideología tecno-comunitarista.

Nicholas Negroponte, profeta de la era cyber, autor de Ser Digital10y accionista de Wired, revista de los enchufados a Internet ¿No trabajó acaso para la Rand Corporation sobre ese tipo de prospectiva urbana antes de fundar, en 1979, el Media lab del MIT?11.

Desde el final de los años ´60, la grilla geopolítica que legitima la noción de "sociedad de la información" como "sociedad global" se encuentra explícita en los análisis de Zbigniew Brzezinski, especialista en los problemas del comunismo y futuro consejero del presidente estadounidense James Carter en materia de seguridad nacional, sobre las consecuencias internacionales de la convergencia entre la informática y las telecomunicaciones12.

Su tesis central: gracias a su dominio de las redes mundiales, Estados Unidos se transformó en "la primera sociedad global de la historia", aquella que "comunica más"; el modelo de "sociedad global" que representa EE.UU. prefigura el destino de las otras naciones; es inevitable que los nuevos valores universales que irradia cautiven la imaginación de la humanidad entera y susciten el mimetismo. Conclusión: terminada la era de la "diplomacia de la cañonera"; caducas las nociones de imperialismo, de estadounidización y de Pax americana; ¡Viva la nueva "diplomacia de las redes" !

Tres décadas más tarde, el politólogo Joseph S. Nye y el almirante William A. Owens, consejeros de la administración Clinton, no dirán otra cosa cuando inauguran la noción de soft power, base de la nueva doctrina de la "seguridad global": "El saber, más que nunca, es poder. Estados Unidos es el único país que está en condiciones de llevar a cabo por sí sólo la revolución de la información (…) Fuerza multiplicadora de la diplomacia estadounidense, el eje de las tecnologías de la información afirma el soft power, la seducción ejercida por la democracia estadounidense y los mercados libres"13.

La sociedad global de la información rejuvenece el ideal de westernización que creíamos obsoleto con el quiebre de las estrategias inspiradas en la ideología del desarrollo/modernización: "El hombre instruido del mañana, tendrá que vivir en un mundo globalizado que será un mundo occidentalizado" machaca Peter Drucker en su obra Post-capitalist society. En ese cometido, este teórico de la administración aboga en favor de una vasta alianza entre los gestores y los intelectuales, condición necesaria para el éxito del proyecto planetario piloteado por la industria del saber: "Sus puntos de vista se oponen, pero se oponen como dos polos indisociables, no contradictorios. Cada uno necesita al otro"14.

  1. Norbert Wiener, Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine, Cambridge, MIT Press, 1948.
  2. Claude E. Shannon y Warren Weaver, The Mathematical Theory of Communication, Urbana, III., University of Illinois Press,1949.
  3. James W. Carey, A Cultural Approach to Communication, Comunication, 1975.
  4. Le Monde, 28-5-00.
  5. Daniel Bell, The Cultural Contradictions of Capitalism, New York, Basic Books, 1976.
  6. Daniel Bell, The End of Ideology, Glencoe, III., Free Press, 1960; The Coming of Post industrial Society. A venture in Social Forecasting, Nueva York, Basic Books, 1973.
  7. Walt W. Rostow, The stages of Economic Growth. A Non-Communist Manifesto, Cambridge University Press, 1960.
  8. Michel Crozier, Samuel P. Huntington, Joji Watanuki, The Crisis of Democracy. Report on the Gobernability of Democracies to theTrilateral Commision, Nueva York, New York University Press,1975.
  9. Michael Krantz, "Cashing on Tomorrow", Time,15-7-1996.
  10. Ed. Atlántida, Buenos Aires.
  11. Ingrid Carlander, "Le Media lab dans les avant gardes du cybermonde", Le Monde diplomatique, París, agosto de 1996.
  12. Zbigniew Brzezinski, Between Two Ages, America's Role in the Thecnetronic Era, Nueva York, Viking Press, 1969.
  13. Joseph S. Nye y William A. Owens, "America's Information Edge", Foreign Affairs, 1996, vol. 75, Nº 2.
  14. Peter Drucker, Post-Capitalist Society, Oxford, Butterworth-Heinemann, 1993.
Autor/es Armand Mattelart
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 14 - Agosto 2000
Páginas:28, 29
Traducción Yanina Guthman
Temas Internet, Tecnologías, Mundialización (Economía), Geopolítica
Países Estados Unidos