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Doctor… no puedo dormir

El autor de Las venas abiertas de América Latina y Un mundo al revés, entre otros títulos célebres, reflexiona aquí con ironía sobre temas que provocarían la vigilia de la humanidad si se tuviese conciencia de sus implicancias. Los medios de comunicación internacionales, la clase política mundial, los intelectuales mediáticos, voceros del "pensamiento único" y, en fin, una opinión pública adormecida, ignoran o fingen ignorar la marcha del mundo.

Seis moscas me zumban en la cabeza y me impiden dormir. El mosquerío de mis insomnios es, en verdad, mucho más numeroso, pero digo seis por hacerla corta. Aquí describo algunas de las angustias que me atormentan las noches. Como se verá, no son moco de pavo. Se refieren nada menos que al destino del mundo.

1. ¿Un mundo sin maestros?

Según ha informado el diario The Times of India, una Escuela del Crimen está funcionando, a pleno éxito, en la ciudad de Muzaffarnagar, al oeste del Estado indio de Uttar Pradesh.

Allí se ofrece a los adolescentes una formación de alto nivel para ganar dinero fácil. Uno de los tres directores, el educador Susheel Mooch, tiene a su cargo el curso más sofisticado, que incluye, entre otras materias, Secuestros, Extorsiones y Ejecuciones. Los otros dos se ocupan de materias más convencionales. Todos los cursos incluyen trabajos prácticos. Por ejemplo, la enseñanza del robo en autopistas y carreteras: los estudiantes, agazapados, arrojan algún objeto metálico sobre el automóvil que eligen; el ruido detiene al conductor, intrigado, y entonces se procede al asalto, que el docente supervisa.

Según los directores, esta escuela ha surgido para dar respuesta a una necesidad del mercado y para cumplir una función social. El mercado exige niveles cada vez más altos de especialización en el área del delito, y la educación criminal es la única que asegura a los jóvenes un trabajo bien remunerado y permanente.

Mucho me temo que tienen razón. Y me da pánico pensar que el ejemplo va a cundir en la India y en el mundo. ¿Qué será -me pregunto- de los pobres maestros de las escuelas tradicionales, ya castigados por sus sueldos de hambre y por la poca o ninguna atención que les prestan sus alumnos? ¿Cuántos maestros podrán reciclarse y adaptarse a las exigencias de la modernidad? De los que yo conozco, ninguno. Me consta que son incapaces de matar ni una mosca, y el talento no les da ni para asaltar a una anciana huérfana y paralítica. ¿Qué van a enseñar estos inútiles en el mundo de mañana?

2. ¿Un mundo sin presidentes?

Dicen que dicen dijeron que algún presidente de algún país latinoamericano viajó a Washington, para negociar la deuda externa. Al regreso, anunció a su pueblo una noticia buena y una mala: "La noticia buena es que ya no debemos ni un centavo. La mala, que todos los habitantes de este país tenemos veinticuatro horas para irnos".

Los países pertenecen a sus acreedores. Los deudores deben obediencia; y la buena conducta se demuestra practicando el socialismo, pero el socialismo al revés: privatizando las ganancias y socializando las pérdidas.

"Nosotros hacemos bien los deberes", han dicho, con pocos meses de diferencia, Carlos Menem, mientras era presidente de Argentina, y su colega mexicano Ernesto Zedillo.

De aquí a poco, al paso que vamos, se va a privatizar también el aire, y ya vendrán los expertos a explicar que quien no paga por el aire no sabe valorarlo y no merece respirar. Todo o casi todo se ha privatizado, pongamos por caso, en Argentina, Brasil, Chile y México. En los cuatro países, se dijo que no había más remedio que privatizar para pagar la deuda externa y los cuatro deben, ahora, el doble de lo que debían hace diez años.

Y ésta es otra fuente de angustia: me quita el sueño el presentimiento de que cualquier día de estos los banqueros acreedores desalojarán a los presidentes, y se sentarán en sus sillones, al grito de: ¡Basta de intermediarios!

Y noche tras noche me revuelvo entre las sábanas preguntándome adónde irá a parar toda esta gente. ¿Dónde conseguirá empleo esta mano de obra tan altamente especializada? ¿Aceptarán los presidentes cualquier trabajito?

En McDonald´s, la cola es larga.

3. ¿Un mundo sin temas?

El espectacular desarrollo de la tecnología ha hecho posible que todos los globales habitantes de este mundo nos hayamos pasado más de un año, todo el "98 y buena parte del "99, pendientes del gran acontecimiento del fin de siglo: las hazañas de la lingüista Mónica Lewinsky en el Salón Oval de la Casa Blanca.

La lewinskización globalizada nos permitió a todos, en los cuatro puntos cardinales del planeta, leer, mirar y escuchar hasta el más mínimo detalle de esta epopeya de la humanidad. Los grandes medios masivos de comunicación nos otorgaron miles de posibilidades de elegir entre eso y eso.

Pero eso pasó, como pasaron Grecia y Roma, y desde entonces la gran prensa, las cadenas gigantes de televisión y las radios ya no tienen de qué ocuparse. Yo abrigué la esperanza de que estallara otro sexgate, cuando alguien me contó que fuentes bien informadas le habían contado que la canciller Madeleine Albright iba a denunciar al presidente por acoso sexual incesante. Pero nunca más escuché mencionar el asunto, y sospecho que se trataba de un chisme vil, indigno de ocupar el centro de la atención universal.

Y también esto me quita el sueño. Ahora que los periodistas se llaman "comunicadores sociales", ¿qué van a comunicar a la sociedad? ¿De qué van a vivir? ¿Otra multitud de desempleados arrojados a la calle?

4. ¿Un mundo sin enemigos?

Ya los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN llevan bastante tiempo sin fabricar una guerra. La industria de la muerte se está poniendo nerviosa. Los inmensos presupuestos militares necesitan justificar su existencia, y la industria de armamentos no tiene dónde exhibir sus nuevos modelos.

¿Contra quién se lanzará la próxima "misión humanitaria"? ¿Quién será el próximo enemigo? ¿Quién trabajará de villano en la próxima película, quién será el Satán del infierno que viene? Esto me tiene muy preocupado. Estuve releyendo los motivos invocados para bombardear a Irak y a Yugoslavia, y he llegado a la alarmante conclusión de que hay un país, un solo país, que reúne todas las condiciones, todas, toditas, para ser reducido a escombros.

Ese país es el principal factor de inestabilidad de la democracia en todo el planeta, por su vieja costumbre de fabricar golpes de Estado y dictaduras militares. Ese país constituye una amenaza para sus vecinos, a quienes invade, con frecuencia, desde siempre. Ese país produce, almacena y vende la mayor cantidad de armas químicas y bacteriológicas. En ese país reside el mayor mercado de drogas del mundo, y en sus bancos se lavan millones de narcodólares. La historia nacional de ese país es una larga guerra de limpieza étnica, contra los aborígenes primero, contra los negros después; y ese país ha sido, en años recientes, el principal responsable de la feroz matanza étnica que aniquiló a doscientos mil guatemaltecos, en su mayoría indígenas mayas.

¿Se autobombardeará Estados Unidos? ¿Se invadirá a sí mismo? ¿Cometerá Estados Unidos ese acto de coherencia, haciendo consigo mismo lo que hace con los demás? Las lágrimas riegan mi almohada. Quiera Dios evitar semejante desgracia a esa gran nación que jamás ha sido bombardeada por nadie.

5. ¿Un mundo sin bancos?

En su edición del l4 de diciembre de l998, la revista Time publicó el informe del Congreso de los Estados Unidos sobre la evaporación de cien millones de dólares provenientes del tráfico de drogas en México. Según la comisión parlamentaria que investigó el asunto, fue el Citibank quien organizó el viaje de esa narcofortuna a través de cinco países y quien inventó sociedades fantasmas y nombres de fantasía hasta borrar la pista.

Las cárceles norteamericanas, las más pobladas del planeta, están llenas de drogadictos jóvenes, pobres y negros; pero el Citibank, alta estrella del cielo financiero, no marchó preso. En realidad, a nadie se le pasó semejante idea por la cabeza. Sin embargo, la lectura del informe me dejó rumiando. Es verdad que este gran banco sigue libre y prosperando; y que el jabón Citibank, el detergente Banque Suisse, el quitamanchas Bahamas y tantas otras marcas prestigiadas por las mejores lavanderías siguen batiendo, libremente, récords de venta en el mercado global de artículos de limpieza.

Pero no puedo dejar de pensar que la amenaza acecha.

¿Qué pasaría si un buen día la guerra contra las drogas dejara de ser una guerra contra los drogadictos, que castiga a las víctimas, y las armas corrigieran la puntería y apuntaran hacia arriba? Ahora que la economía está difunta, y sólo existen las finanzas, ¿qué sería del mundo sin bancos? ¿Y qué sería del pobre dinero, condenado a deambular por las calles, como deambula la gente sin casa? De sólo pensarlo, se me frunce el corazón.

6. ¿Un mundo sin mundo?

Algún día de octubre del "98, en plena Era Lewinskiana, descubrí una noticia insignificante, perdida al pie de alguna página de algún diario. Tres organizaciones ecologistas -WWF International, New Economics Foundation y World Conservation Monitoring Centre- habían llegado a la conclusión de que el mundo ha perdido, en los últimos treinta años, cerca de la tercera parte de su riqueza natural. Era la mayor catástrofe ecológica desde la época de los dinosaurios; la recuperación de las plantas y de los animales extinguidos llevaría no menos de cinco millones de años.

Desde que leí esta pequeña noticia sin importancia, otra obsesión me despabila. No puedo sacarme de la cabeza el presentimiento de que alguna vez los animales y las plantas nos harán un Juicio Final. Llego al delirio de imaginarnos a todos acusados por fiscales que nos señalarán con la pata o la rama: "¿Qué han hecho ustedes de este planeta? ¿En qué supermercado lo compraron? ¿Quién les ha dado a ustedes derecho a maltratarnos y a exterminarnos?"

Y veo un alto tribunal de bichos y vegetales dictando sentencia de condenación eterna contra el género humano.

¿Pagaremos justos por pecadores? ¿Pasaré mi eternidad en el infierno, junto a los exitosos empresarios exterminadores del planeta y sus políticos comprados y sus jefes guerreros y sus expertos publicitarios que venden veneno envolviéndolo en celofán verde?

Un sudor helado me hace tiritar el cuerpo. Antes, yo creía que el Juicio Final era asunto de Dios. En el peor de los casos, yo iba a cumplir mi destino compartiendo la parrilla perpetua con los asesinos seriales, las cantantes de televisión y los críticos literarios. Ahora eso me parece, comparando, cosa de nada.

Autor/es Eduardo Galeano
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 14 - Agosto 2000
Páginas:33
Temas Mundialización (Cultura), Conflictos Armados, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Política), Educación, Periodismo
Países Estados Unidos, México, Argentina, Irak, Brasil, Bahamas, Chile, India, Grecia, Yugoslavia