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Haití: sin margen para el errorDesde junio de 1997, una prolongada crisis institucional paraliza Haití, el país más pobre de las Américas. Muchos esperaban un retorno a la normalidad a partir de las elecciones, cuya primera vuelta tuvo lugar el 21-5-00. Este escrutinio puso de manifiesto la adhesión de una amplia mayoría de la población al partido Fanmi Lavalas (Familia Lavalas) del ex presidente Jean Bertrand Aristide, pero estuvo plagado de irregularidades, y sumió de nuevo al país en una situación sumamente confusa.Jalousie está encajada en una montaña pelada, gris y escarpada. Sin autos. Sólo senderos mal pavimentados entre casuchas de piedras y chapa oxidada. Las retahílas de niños se burlan del inexpugnable panorámico sobre las opulentas casas de Petionville, alojadas entre mangos y framboyanes. Petionville es el barrio rico de la capital de Haití, pero Jalousie no es una villa miseria. Sólo es un barrio popular. El pasado 21 de mayo se votó, como en todo Haití, para renovar el mandato de los diputados y senadores y el de todos los colegiados locales. Con la expectativa de sortear el callejón sin salida institucional en el que chapalea el país desde hace tres años. El presidente René Préval ejerció sus funciones sin mandato durante un año y medio y el tiempo restante sin asamblea. Tres años de vacuidad que exasperaron a la comunidad internacional y congelaron trescientos millones de dólares de ayuda. Centralizadas por el Consejo Electoral Provisorio (CEP), las elecciones fueron postergadas en varias oportunidades. Dividido entre el legislativo y el ejecutivo, el CEP se disgregó. La oposición acusaba al presidente Préval -y tácitamente a su predecesor Jean-Bertrand Aristide- de demorar las elecciones por miedo a perderlas. La intendencia también se mantiene dificultosamente, dado que la electricidad se hace intermitente y las rutas intransitables, tres electores sobre cuatro no saben leer, y en la campaña electoral se usa el créole y para la administración, el francés. La campaña estuvo marcada por el miedo a las "quime" (quimeras), jóvenes camorristas emergentes del lumpen proletariado de las villas miseria de Puerto Príncipe que se supone están pagados por la Familia Lavalas, el partido del ex presidente Jean-Bertrand Aristide. Por otro lado, hubo que lamentar una quincena de asesinatos, no elucidados, entre ellos el de Jean Dominique, el más prestigioso de los comentaristas políticos. El día anterior al escrutinio, se lanzó un artefacto explosivo en el patio de Lafami Selavi, una institución para niños abandonados creada en los años 70 por el padre Aristide. El clima de violencia de los últimos meses podría haber desalentado el voto de los "habitantes de Jalousie". Sin embargo, estuvieron ahí desde temprano. Ellos sí, pero no las urnas ni las boletas de sufragio, que llegarían a los tres locales de votación recién a las diez. Las filas se forman al sol, las manos húmedas aferran la tarjeta de elector con una foto plastificada. Algunos confundieron las oficinas de inscripción y de voto, otros no tienen tarjeta y deben usar algún documento. Todos los que llegaron antes de las diecisiete pudieron votar. Sobre el total del país, y en calma, la participación superó el 60%, un récord desde diciembre de 1990. El recuento duró hasta tarde en la noche y se hizo a la luz de las velas. Los candidatos de Familia Lavalas obtuvieron la mayoría absoluta. En Jalousie, en Puerto Príncipe o en los cerros. Todos lugares donde el 70% de las personas viven por debajo de la línea de pobreza absoluta. Unánime, el Espacio de Concertación (EC), que agrupa cinco formaciones de la oposición, denuncia el fraude masivo, el "golpe de Estado electoral" y pide la anulación del escrutinio. Algunos observadores internacionales atestiguan que hay ciertamente carencias; a veces fraudes; algunos incidentes serios, especialmente en Hinche, pero concluyen: "El pueblo haitiano se movilizó en gran parte para expresar su voluntad política. Los empleados de las oficinas de voto aseguraron convenientemente la organización y el voto secreto. Aun cuando los retrasos en la distribución del material pudieron desalentar el voto, fuimos testigos de las filas de espera de los pacientes electores"1. La misión del Congreso estadounidense opinó que "el escrutinio se desarrolló en una atmósfera serena y pacífica". Sin invalidar las elecciones, la misión de observación electoral de la Organización de los Estados americanos (OEA) cuestionó la metodología empleada para determinar los porcentajes de los votos2. Amenazado por haber hecho las mismas observaciones y temiendo por su vida, el presidente del Consejo electoral Leon Manus optó por exiliarse en Estados Unidos el 17 de junio. Cuatro años después de su partida y a algunos meses de la elección presidencial de noviembre próximo, la popularidad de Aristide es manifiesta. La gestión de su sucesor y amigo, René Préval, es por el contrario moderada: pocos trabajos públicos, algunas pocas escuelas más, una reforma agraria simbólica, una corrupción que se mantiene endémica a pesar de la honestidad indiscutible del Presidente, una función pública ineficaz, un crecimiento económico inferior a las medias mundiales. Ninguna solución a los problemas de los 60.000 nuevos habitantes de Puerto Príncipe que hacen crecer año a año la capital, ni remedio al ecosistema, uno de los más degradados del planeta. Mientras que bajo la dictadura la inestabilidad política impulsaba la emigración, ahora es el bloqueo de la economía el que lleva a los boat people, la mayoría de las veces en vano, a intentar llegar a la Florida. En Jalousie, esto se llama "obtener un pasaporte tiburón". El tráfico de drogas superó los récords alcanzados por la junta militar. El último informe del departamento de Estado estadounidense estima que "67 toneladas de cocaína llegadas de América del sur atravesaron Haití en 1999 (…) o sea el 14% de toda la cocaína que entra a los Estados Unidos". Las capturas se contabilizan por kilos. Sin embargo, una novedad: de una manera general, el contrabando se democratizó. Aun cuando el sistema judicial no empeoró, su ineficacia con relación a los dealers sólo es comparable con su inoperancia con respecto a los verdugos de ayer. El 21 de mayo, los electores eligieron sancionar duramente al Parlamento. Las elecciones legislativas de 1995 habían desplazado a los antiguos partidos políticos más o menos comprometidos con la dictadura. Triunfaba la coalición Bo tab la ("Todos alrededor de la mesa"), que reunía al movimiento Lavalas y anunciaba su apoyo al presidente Aristide, principal referente de las masas de Haití. Estas ignoraban que al votar a "Titid" elegían parlamentarios divididos entre sí. Alejado el "profeta" (2-96), la ruptura en el interior de la coalición se hizo tan profunda que paralizó completamente las instituciones. Desde junio de 1997, el país se encuentra sin gobierno. La Organización del Pueblo en Lucha (OPL), disidente de los grupos parlamentarios más numerosos, bloqueó el nombramiento de posibles primeros ministros y por lo tanto la tarea administrativa. Entre su dirigente, Gérard Pierre-Charles, y Jean-Bernard Aristide, la incomprensión es total. "Se detuvo un movimiento social importante", analiza el primero. "Nosotros quisiéramos estructurarlo, a salvo de las antiguas prácticas de Haití. Aristide es el heredero de un populismo que no tiene nada de antiliberal. Es un timbero, un fabulador"3. A la clase media ya no le agrada el ex "curita". Le reprocha sus sermones, su origen -no forma parte de la familia- su imprevisibilidad y su influencia en las masas. Sus adversarios del OPL lo consideran un peligroso demagogo, incluso un campeón de la duplicidad y del saqueo4, que crea una organización política, Familia Lavalas, y capta a una minoría en la asamblea nacional, el "grupo anti neoliberal". Los matices del programa entre los hermanos enemigos son menos perceptibles que entre los antecedentes de cada uno: militancia de origen marxista (el OPL) versus teología de la liberación, pertenencia a la clase media iluminada versus relación privilegiada con los excluidos de las ciudades y los campos. ¿Aristide, populista? Como Fidel Castro en sus inicios, el coronel Chávez en Venezuela, Luis Inacio da Silva, "Lula", hace unos años en Brasil, algunos obispos en América Latina… Pero "Titid" , como lo llama el pueblo, no digirió aún los tres años sustraídos por el exilio forzado en Washington. Experimentó en su anticipado retiro -hoy tiene 46 años- la "incertidumbrid" y la "ingratitid" de quienes debían su carrera a su extraordinario itinerario de 1986 a 1996, desde la caída de Jean-Claude Duvalier, "Baby Doc", hasta la disolución del ejército mercenario de Haití. Desconfía de los "electos burocratizados que se apartaron rápido del pueblo". Y no oculta su voluntad de "relanzar el colectivo intelectual, de constituir equipos capaces de gobernar, de reunir las aptitudes de los cuadros con las reivindicaciones populares. De reforzar el Estado, que aún no existe". Se apoya en una potente fundación, sostenida especialmente por dirigentes negros estadounidenses, como el senador Conyers, líder del Black Caucus. En las dos asambleas legislativas, un espectáculo deplorable. La astucia jurídica, el oportunismo, el corto plazo, el regateo permanente, llevan al límite el cretinismo parlamentario. Y al divorcio total con los ciudadanos. Sin leyes votadas, sin ministros de pleno derecho, la mitad de las embajadas sin representantes, la exasperación de los proveedores de recursos, de la diáspora y a veces de las Organizaciones no gubernamentales (ONG)… una imagen del país degradada: Haití resulta afectado por su mala reputación. La última oportunidadLas elecciones parciales, en abril de 1997 -algunos diputados y el tercio del Senado- otorgaron ventaja a la familia Lavalas y sus aliados. Hubo pocos votantes, algunas irregularidades, en un país donde la organización de las elecciones se transforma rápidamente en un rompecabezas y donde nadie acepta jamás el ingrato rol de perdedor. El gobierno de Rosny Smarth renuncia. El Consejo electoral, indispensable a toda organización o validación de un escrutinio, implosiona en varias etapas. El OPL incrementa las apuestas. Quiere como jefe de gobierno a una persona próxima (y la garantía de verse atribuir al menos seis ministerios). Deberá contentarse con Jacques-Edouard Alexis, ministro de educación del gabinete precedente, cuya competencia es reconocida, investido personalmente en enero de 1999. Su programa no estaba todavía aprobado por las cámaras cuando el presidente Préval constata el fin de la legislatura, efectivamente previsto para enero de 1999. Es a este coma institucional al que los electores acaban de aportar su medicina. El OPL paga sus errores de análisis. La democracia restaurada significa para los carenciados sólo un aumento de la dignidad y la desaparición del cáncer que era el ejército. Es mucho y es poco. Ni siquiera el derecho a la supervivencia. La democracia, que se confunde en sus espíritus con la exigencia de justicia, ¡está tan lejos de las rivalidades parlamentarias de una clase política desfasada! Al satanizarlo, la oposición esperaba matar al "padre", Jean-Bertrand Aristide5, pero los "habitantes de Jalousie" marginaron a la clase política. Aun cuando Aristide se acuarteló en su residencia de Tabarre y privilegió las relaciones con Estados Unidos (indispensable en materia de ayuda exterior para el desarrollo, esa ayuda no es sin embargo la única vía); aun cuando hizo alianzas poco comprensibles con elementos del ejército o de algunos círculos de negocios6, sigue siendo irremplazable y, salvo un atentado, será presidente en algunos meses. Pero el 2000 es, según la Constitución, su último mandato posible. "Nos jugamos nuestra última oportunidad", dice. ¿Qué oportunidad, en un país que suma desventajas? El programa de la Familia Lavalas está repleto de buenas intenciones, pero es vago, sin una opción clara entre múltiples prioridades. Invertir en lo humano7, dice: el título es promisorio, pero el contenido subestima la fragilidad de un país exangüe en una economía mundializada, la extrema dependencia respecto a los proveedores de inversiones. Sin riqueza mineral comprobada, con una agricultura insuficiente para un país superpoblado -la superficie agrícola disminuyó a la mitad en 25 años, cuando la población se multiplicó por dos-, una oligarquía compradora que no reinvierte los beneficios (el 80% obtenidos rápidamente gracias a la importación), el dinero enviado por los dos millones de exilados a los ocho millones de isleños fluye hacia una docena de monopolios privados que perduran. Será necesaria mucha determinación para que cada niño encuentre un lugar en la escuela. Las masas rurales demandan rutas y electricidad. También agua. Puerto Príncipe vive al borde de la asfixia. En veinte años, la proporción de materias fecales en los terrenos de las villas se multiplicó. La inseguridad aumenta. Haití necesita más Estado, pero un Estado estratega. La creación de decenas de miles de empleos en trabajos públicos podría acercar el país a esta exigencia asumida por Lavalas en 1999: garantizar a cada haitiano una verdadera comida diaria. ¿Los grandes burgueses de Pétionville aceptarán que sus mucamas y sus choferes (que viven en Jalousie) también tengan derechos? "En el transcurso de una reunión que tuvo lugar en Rockcity (Estados Unidos), 48 horas después de las elecciones, la representación del Instituto Republicano Internacional (IRI) manifestó su decepción frente a la débil capacidad de movilización de la oposición haitiana8. Como indica su nombre, el IRI deriva del Partido Republicano estadounidense, que si bien la apoyaba, ahora no está lejos de considerar obsoleta a la actual oposición. Sin embargo, ni la Familia Lavalas ni sus representantes electos tienen las aptitudes necesarias para la construcción de un Estado mínimo. Menos aún los "aristidianos" del mañana que corren en pos de la victoria. Después de la "ingratitid", amenaza la "cortitid", la adulación, acaparadora de prebendas. Jean-Bertrand Aristide conoce bien su país y las relaciones Norte-Sur. Detentará plenos poderes en una isla a la deriva. Sin derecho al error. Ultima oportunidad. Los ciudadanos de Jalousie confían en él.
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