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Cuando la política juega con la democracia

La incertidumbre sobre el futuro de la democracia republicana en Venezuela es el único y más preocupante elemento negativo de lo que allí ocurre. Porque ningún ciudadano que mire las cosas de frente puede dejar de aprobar el rechazo manifestado por los venezolanos hacia las dos principales formaciones políticas tradicionales -socialdemócrata una, democristiana la otra- responsables de despilfarro, corrupción y desprecio absoluto por el patrimonio y el futuro de la Nación y el destino de sus ciudadanos. Que un ex coronel golpista disponga ahora del poder absoluto -incluso el de modificar la Constitución- otorgado democráticamente por el 93% de los ciudadanos; que el Congreso se haya en los hechos autodisuelto y la Corte Suprema tenga los días contados (Chávez sólo tiene que dar la orden a sus constituyentes para disolverla legalmente en breve), no debe asombrar a nadie: hace décadas que esas instituciones, en manos de una clase política corrupta e irresponsable, son caricaturas de sí mismas, pura fachada, ámbitos de obediencia ciega al poder político y económico, para los que funcionan como instancias legitimantes de todo tipo de tropelías.

No puede decirse que los ciudadanos venezolanos sean impacientes o desafectos a la democracia representativa: la han respetado durante casi medio siglo. Es sólo que en este período, en particular desde la década del setenta y gracias al petróleo, en el país han ingresado centenares de miles de millones de dólares y no es posible saber dónde están ni qué se ha hecho con ellos. A pesar de su riqueza, ninguno de los datos económicos y sociales (distribución del ingreso, riqueza/pobreza, niveles de educación, sanidad, endeudamiento), diferencia esencialmente a Venezuela de cualquiera de los países subdesarrollados de América Latina. En ese país pletórico de ingresos en divisas, tuvo lugar en 1989 el "caracazo" , la invasión de la ciudad por miles de marginales desesperados y hambrientos, duramente reprimida. Las voces democráticas virtuosas que ahora alegan que la clase política venezolana ha sido "pasada a cuchillo" por Chávez y los suyos1, se preocuparon muy poco por denunciar sus desatinos mientras la fachada institucional se mantenía en pie. Nadie puede afirmar hoy cuales son las verdaderas intenciones y capacidades de Chavez y su gente ni qué rumbo va a tomar el actual proceso venezolano, pero es de buena ley abrirles un crédito y asumir que la situación anterior no podía continuar. En todo caso, los venezolanos tienen derecho a tomar las cosas en sus manos -sobre todo si, como hasta ahora, lo hacen por la vía legal- puesto que sus representantes los han defraudado.

No es exagerado ni pesimista decir que la evolución política de Venezuela y otros escenarios más graves son previsibles en el futuro inmediato de América Latina. "Un Chávez" está en la historia y en el horizonte de cualquier país: el caudillismo latinoamericano es recurrente, sobre todo si el personaje es militar. Cinco países han modificado sus Constituciones sin otro fin aparente que la prolongación de los mandatos. Existen escenarios de progresiva disolución social (Ecuador, Nicaragua, Perú, etc.), o de fragmentación territorial, quiebre social e institucional y amenaza de intervención extranjera, como Colombia. En todos los demás, la amenaza social -en algunos también la mafiosa- pende sobre instituciones débiles en manos de clases políticas cuyo comportamiento (quizá con la excepción de las chilena, uruguaya y costarricense) no es en lo esencial diferente del de la venezolana.

Según el Banco Mundial, la deuda externa latinoamericana ascendió a 736.000 millones de dólares en 1998. Los pagos por intereses fueron de 45.000 millones. Los servicios de la deuda (intereses más amortización de capital), llegaron a 123.000 millones2. En 1996 la deuda era de 656.500 millones3. Los países latinoamericanos siguen endeudándose a pesar de los enormes sacrificios que se exige a sus poblaciones: 90 de los 190 millones de niños latinoamericanos viven "en condiciones de pobreza y riesgo" ; 455.000 menores de cinco años mueren anualmente a causa de enfermedades prevenibles4. En Nicaragua, la democracia "recuperada" al sandinismo ha puesto las cosas peor que en tiempos de Somoza: "un 80% de los nicaragüenses vive en la pobreza y el desempleo alcanza el 70%"5. Un funcionario del Banco Mundial, Michael Walton, afirmó que "Brasil es la sociedad más desigual del mundo"6

No es necesario dar más datos sociales, aunque los hay, y peores. Pero sí establecer relaciones de causa-efecto, como la necesidad de "eliminar la carga catastrófica que impone la deuda externa" , subrayada por el secretario general de la ONU, Kofi Annan7. O, en el terreno político, la relación dirigentes/economía/instituciones para evaluar los peligros que corre la democracia. Con un agregado, propio de estos tiempos de globalización: del mismo modo que a las cotizaciones de la Bolsa, el comportamiento de los políticos afecta no sólo a sus sociedades, sino a las relaciones internacionales. La irresponsable actitud del gobierno argentino al pedir su ingreso a la OTAN (sin otro motivo que la desesperación de final de reino del presidente Menem), en momentos en que toda la región está altamente sensibilizada por los pujos estadounidenses de intervenir de una u otra manera en Colombia, es el último ejemplo. Según todos los analistas, esa insensatez fue la verdadera causa de la dureza de Brasil en la reciente crisis del Mercosur (ver págs. 14-15).

La democracia no es una abstracción, ni un don del cielo, ni un bien eterno, ni una cita electoral periódica. En los sistemas representativos, la responsabilidad de su buen funcionamiento, preservación y desarrollo es de todos los ciudadanos, pero reside en los dirigentes políticos, en particular los electos. Si el horizonte democrático latinoamericano es hoy preocupante es a ellos a quienes los ciudadanos deben llamar la atención y pedir cuentas. Cuando la política juega con la democracia, una y otra acaban perdiendo.

  1. Javier Moreno, "El Congreso de Venezuela acepta su cierre temporal por las presiones de Chávez" , El País, Madrid, 29-7-99.
  2. Global Development Finance 1999, Banco Mundial.
  3. Global Development Finance 1997, Banco Mundial.
  4. El progreso de las naciones 1999. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Nueva York
  5. Fernando Goitía, "Nicaragua contra sí misma" , El País, Madrid, 18-7-99
  6. Sergio Persoglia, "El Banco Mundial llama a reducir la pobreza" , Clarín, Buenos Aires, 18-7-99.
  7. Clarín, Buenos Aires, 23-7-99
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 2 - Agosto 1999
Páginas:3
Temas Conflictos Armados, Militares, Corrupción, Desarrollo, Deuda Externa, Estado (Política), Políticas Locales
Países Argentina, Brasil, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela