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Arabia Saudita enfrenta cambios

Presionada por Estados Unidos, Arabia Saudita influyó para que la OPEP decidiera, en su reunión de Viena del 28 de marzo, aumentar la producción de petróleo, aliviando así la economía de los países desarrollados. Pero la situación interna es en extremo complicada. Expuesta a los vientos de la mundialización, Arabia Saudita se pregunta sobre su futuro y sus valores. El príncipe heredero Abdallah afirma su voluntad de cambio en la economía, pero los conservadurismos son poderosos e incontables los intereses creados.

Día tras día, Riyad mordisquea algunos metros de arena. Sus avenidas amplias, casi como autopistas, se despliegan hacia todas partes. "Hace unos cinco años aquí no había nada", explican en el centro de un barrio ultramoderno, calco del modelo estadounidense con monumentales centros comerciales, negocios de lujo, cibercafés y McDonalds. En unas décadas, los precios de los terrenos se multiplicaron por veinte, por treinta, por cincuenta. Los edificios altos son muy pocos; quienes tienen recursos -y son muchos- prefieren el espacio de las villas a los barrotes de los departamentos; no es fácil desprenderse de los orígenes beduinos. Sólo las mezquitas lanzan sus minaretes al cielo. Ninguna estatua de un "dirigente inmortal" o de un "salvador supremo" rompe la simetría de los cruces de las calles: aquí, sólo se adora a Dios.

Día tras día, mil personas más se aglutinan en la capital del reino: este año son cuatro millones, serán seis en el 2007. En 1970, la cuarta parte de los habitantes de Arabia Saudita vivía en las ciudades; treinta años después la proporción es de un 85%. En dos generaciones, la urbanización cambió la cara de esta península de los árabes en sedentarios del siglo XXI. Sin embargo, el "reino del desierto" sobrevive, no sólo en los recuerdos de los aventureros y los exploradores occidentales, sino en la nostalgia de estos nuevos habitantes de la ciudad, que por el espacio de un fin de semana se dejan atraer por esa inmensidad desnuda, al volante de su 4x4 con aire acondicionado.

Cada mañana, los bulevares desagotan poderosos automóviles, conducidos sin reglas ni leyes. Toyota reemplazó a Ford: el sueño americano del automóvil adopta los colores japoneses. Riyad desprecia a los peatones. El cruce de sus anchas arterias es una proeza, los transportes colectivos casi no existen, los trayectos son interminables. La primera capital de los sauditas, Dar'iya, destruida por las tropas egipcias de Mohammed Ali en 1819, es un territorio de ruinas apenas restauradas. Los pocos barrios viejos fueron arrasados. ¿Por qué mirar al pasado, cuando el porvenir parecía tan luminoso? En los años "80 ninguna estrella parecía inalcanzable -hasta hubo un primer astronauta saudí- ninguna locura parecía demasiado utópica: el desierto se transformaría en jardín y el país en un importante exportador de trigo…

Sin embargo, en la fachada de la opulencia comienzan a dibujarse las primeras grietas. Un gran hospital, flamante, permanece vacío, por falta de créditos para ponerlo en funcionamiento. De noche, en las esquinas, mendigos muy jóvenes imploran a los automovilistas; la pobreza no es exclusiva de los inmigrantes. Aquí a veces falta el agua, durante el insoportable verano la electricidad se corta a menudo.

Sin duda el país sigue siendo opulento. Es el primer exportador mundial de petróleo y sus ingresos hacen soñar a muchos países del Sur. Pero en 1974 el barril de petróleo equivalía (en dólares de 1995), a 26 dólares; en 1984, a 44,5 dólares; en 1998 se vendía a tan sólo 14,5 dólares y en 1999, a 17. Como explica un ex ministro de finanzas, "la fluctuación de los precios hace imposible toda planificación para un período de dos o tres años". El déficit presupuestario saudita alcanzó el 20% del Producto Bruto Interno en 1986 y girará en torno del 4% en 2000. El PBI por habitante se elevaba a 16.500 dólares en 1981; actualmente apenas supera los 10.000. La infraestructura envejece. Tanto el sector estatal -dominante en las áreas petróleo, electricidad, telecomunicaciones, industria, educación, salud, es decir, prácticamente en todas- como el privado, ceden bajo el peso de los pagos atrasados: la deuda interna alcanzó el 100% del PIB en 1998.

Estos hechos se conocen desde hace tiempo y son tema de debate público. Ni siquiera las autoridades disimulan ya que los días del impulso, de la abundancia (ayyam al-tafrah), quedaron atrás. El príncipe heredero Abdallah, hombre fuerte del régimen desde el eclipse del rey Fahd, no deja de repetir con una energía sorprendente para un hombre de 77 años: "La mundialización golpea con toda su fuerza a nuestras puertas, en los campos científico y técnico. Debemos trabajar intensamente para modernizar nuestro sistema económico y social". Pero matiza: "no tenemos que abandonar nuestro verdadero carácter de sociedad conservadora". Un diplomático occidental señala que "no se habla de reforma; el término tiene una connotación religiosa; solamente de reestructuración".

Nuevas reglas de juego

Septiembre de 1998. El príncipe heredero realiza un importante viaje político a Estados Unidos. Así confirma su rol en los asuntos internacionales, que se pone de manifiesto en el acercamiento respecto de Irán. Pero no es ése el único objetivo de su desplazamiento a Washington. Una noche, cena con los dirigentes de siete compañías petroleras, entre las cuales están los ex accionistas de Aramco (Chevron, Mobil, Exxon y Texaco)1, la compañía petrolera "saudizada" en los años "80. El rumor crece rápidamente: Riyad estaría dispuesto a "abrir" el sector petrolero a los inversionistas extranjeros, incluidas la exploración y la extracción2. Luego, se llama a las compañías a someter sus ideas y propuestas, cosa que harán en los meses subsiguientes.

Es una revolución: ¡Aramco renunciaría a su monopolio! Con la cuarta parte de los recursos planetarios, Arabia Saudita despierta apetitos inmensos: desborda petróleo y los costos de extracción son extremadamente bajos. Pero el príncipe heredero no selló ningún compromiso firme. Pocos responsables de Aramco se resignan a reducir el protagonismo de la compañía. Después de un año de negociaciones, el 4-1-00, se crea el Consejo Superior de Asuntos Petrolíferos y Mineros, que agrupa a los príncipes más influyentes, así como a algunos ministros y tecnócratas. Se trata de comprometer a todos los sectores del Estado en una decisión delicada.

Un mes después, el Rey encarga al Consejo la negociación de las ofertas con las compañías petroleras y fija las reglas del juego: el aferente petrolero seguirá siendo exclusiva responsabilidad de Aramco3. En contrapartida, para el aferente del gas, así como para el eferente del gas y del petróleo, Arabia Saudita se dispone a recibir inversiones extranjeras. Esta apertura debería posibilitar el incremento de la producción de gas, que no alcanza a cubrir el mercado interno, y la reactivación de las inversiones en el sector del refinado, que están en baja. A principios de marzo, en una entrevista de la agencia de prensa oficial, el príncipe heredero Abdallah se explicó así: "Los diferentes proyectos que nos fueron sometidos alcanzan los 100.000 millones de dólares. Y no debemos ocultar que si esos 100.000 millones no se invierten en casa, se invertirán en otro lugar, en proyectos rivales"4.

El país está sediento de capitales. Atraerlos -en primer lugar atraer los 450.000 millones de dólares de bienes sauditas en el extranjero- es una prioridad. Como se explica en el Ministerio de Industria: "Necesitaremos, en los próximos veinte años, 150.000 millones de dólares sólo para la electricidad. No podemos contar con nuestros propios recursos. Aceptaremos entonces las inversiones extranjeras en el área de la producción eléctrica, pero la distribución y el transporte quedarán en manos del Estado". Para facilitar esta mutación, en febrero pasado se constituyó la Compañía de Electricidad Saudita, que reúne a las diez compañías de electricidad, el 85% de las cuales está en manos del Estado. Sería el último paso, antes de la apertura al capital extranjero. Las telecomunicaciones siguieron una evolución similar, pero aún no se ha fijado fecha para la privatización.

Aliada fiel de Estados Unidos y del "mundo libre" en la lucha contra el comunismo y la Unión Soviética, Arabia Saudita es, desde hace tiempo, partidaria de la libre empresa. Pero las inversiones no-sauditas estuvieron siempre estrictamente reglamentadas. Está prohibido a todo súbdito de un país extranjero ser titular de acciones, y los negocios son un monopolio de los nativos. Ciertos sectores "saturados" se cerraron a los capitales extranjeros: bancos, construcción, limpieza… También la publicidad, la distribución y, como vimos, el aferente petrolero. Por otra parte, ningún inmigrante residente puede poseer terrenos o inmuebles y sólo puede operar bajo la responsabilidad de un sponsor local, que es su garante ante las autoridades5.

Creado en 1999 y presidido por el príncipe heredero, el Consejo Económico Supremo pilotea el pesado navío de la reforma. La brújula indica una dirección: reducir los gastos del Estado, diversificar la economía, reducir el peso del sector público, dar formación y empleo a cada joven. El 20-2-00, el Consejo adoptó dos proyectos de ley para la liberalización de las inversiones extranjeras y sobre la creación de una autoridad superior, que sería el único interlocutor de los inversionistas extranjeros. Por otra parte, autorizó al Fondo Industrial Saudita a acordar préstamos a sociedades que estarían en su totalidad en manos de extranjeros. Paralelamente, las negociaciones con la Organización Mundial del Comercio (OMC), entraron en su fase final y Riyad espera reunir al club aquí en el mes de septiembre.

La dirección de proa está definida, pero nada indica que vaya a mantenerse. El capitán no es el único maestro de a bordo -la familia real está lejos de encontrarse unida- y debe evitar múltiples escollos, ya que la preconizada reforma va en contra de innumerables intereses creados, incluso en las más altas esferas del poder. Al evocar las negociaciones con las compañías petroleras, el príncipe heredero "aseguró personalmente" a sus presidentes que "las negociaciones debían limitarse a las compañías y a los responsables de los gobiernos (…) Rechazaré todo proyecto que no sea transparente ", precisó6. En un país donde los intermediarios y las comisiones forman parte de la vida cotidiana, la medida, si se aplica, significaría una revolución… No obstante, corren rumores de que el príncipe heredero ya puso un freno a ciertas espléndidas prodigalidades de algunos miembros de la familia real.

Dar información

Pero la reforma económica supone transparencia en muchos otras áreas, el abandono de una cultura del secreto profundamente anclada en el funcionamiento del reino. "Nadie conoce la cantidad de gente que se queda en casa sin trabajo. Nadie conoce la cantidad de gente amenazada por el desempleo en los próximos dos años. Nadie conoce el monto de las inversiones en el extranjero -ni tampoco la cantidad de dinero que la gente tiene en el bolsillo o guarda en sus colchones, de la que suele pensarse que excede las reservas del Estado. Nadie conoce demasiado de múltiples áreas como la seguridad social, el agua, o los demás servicios públicos". Para concluir esta embestida, publicada en uno de los grandes diarios árabes, Al Shark Al-Awsat, propiedad de un príncipe saudita y de amplia difusión en el reino, el editorialista escribe: "Reunir información debería ser la primera etapa. Hacerla accesible -en lugar de ocultarla como si fuera un secreto militar importante- es una necesidad dictada por el derecho de los individuos, de las empresas y de los gobiernos"7.

El periodista habría podido agregar: ¿Quién conoce el presupuesto del Estado? Los gastos militares se desconocen, tanto más porque la compra de armas genera abultadas comisiones. Y el monto de la "lista civil" -las sumas regularmente vertidas a los miembros de la familia real y a los jefes de las tribus aliadas- son un tema tabú. No obstante, un periodista de Riyad las evalúa en ¡2.000 millones de riyals por mes, es decir, entre el 15 y el 20% de los gastos presupuestarios!8.

Jeddah es la capital económica y principal puerto del reino sobre el mar Rojo. Desde hace siglos la ciudad mira hacia alta mar, a la espera de los cientos de miles de peregrinos que desembarcan pacíficamente, cada año, para reunirse en La Meca. Aquí las relaciones tribales son más distendidas, las costumbres menos rígidas, los diarios tienen un estilo más suelto que en la capital. "El entorno de Abdallah, que supo rodearse bien, es de una innegable elocuencia", señala un hombre de negocios, "pero las soluciones propuestas no están a la altura de los problemas. Demasiados intereses se oponen a los cambios. Decenas de miles de sauditas viven gracias a su servicio como testaferros. Incluso el sector privado necesita al Estado, y muchas empresas no podrían sobrevivir sin él".

Un estudiante universitario señala con escepticismo: "después de cada crisis,, resuenan los himnos al cambio. Pero nada se modifica realmente y el poder sigue estando exclusivamente en manos de la familia real". El peso de las estructuras es a veces descorazonador. "¿Encontraremos la solución a este problema? ¿O supondremos simplemente que desaparecerá por sí solo, como hacemos con todos los problemas?", se pregunta el diario An-Nadwa, en relación a las dificultades para conectarse con Internet9. Con visión orientalista, el jefe de redacción de un diario importante observa: "Somos beduinos. Nos sentamos delante de nuestra tienda de campaña, bajo el cielo estrellado, y reflexionamos. Y siempre tomamos las decisiones demasiado tarde".

¿Es ya demasiado tarde? La respuesta pertenece sin duda a los jóvenes, la inmensa mayoría de la población. Todos los años, más de 200.000 inundan el mercado de trabajo10. Durante el período de abundancia, prevalecía la despreocupación. Los diplomados se convertían en funcionarios o entraban en el sector público, con un salario elevado. Otros podían servir como testaferros en alguna compañía extranjera, con dividendos considerables. Las familias y el Estado aseguraban lo superfluo, a veces también lo necesario. Así, cada estudiante recibía alrededor de 250 dólares por mes.

Lo único que se mantiene intacto de este sistema, habrá que ver por cuánto tiempo, son las becas. Toda creación de empleo en la función pública fue bloqueada. El sistema de sponsor está en contradicción con las reglas de la OMC. El desempleo afectaría -aunque nadie lo sabe a ciencia cierta- al 27% de la población masculina. El gradual descenso de los recursos de las capas medias, el aumento de los precios del combustible, de la electricidad, del agua, desgastan la capacidad de las familias para asegurar la subsistencia de sus hijos. La pobreza en el campo es persistente. Los lazos personales y tribales, tan esenciales en otros tiempos para insertarse, para encontrar trabajo, se distendieron, o son menos eficaces, a partir de la explosión demográfica. Es cierto que el "desempleo" no es, en la mayoría de los casos, sinónimo de miseria. ¿Pero por cuánto tiempo?

"Hace diez años, cuando sacábamos un anuncio, teníamos en el mejor de los casos una respuesta, incluso si se trataba del cargo de director general. El trabajo no era un valor apreciado. Hoy, por el mismo anuncio, tenemos quinientas respuestas", explica el gerente de un hotel de Jeddah. En la recepción, un joven saudita recibe a los clientes; otros prefieren trabajar en la cocina, lejos de las miradas. Algunos se exilian, ya que les da menos vergüenza trabajar en un país extranjero, o bien en una provincia en la que no hayan nacido. Pero aunque se percata de estas transformaciones, la mayoría de los directivos de empresas reconoce francamente que "un inmigrante cuesta menos caro, hace el trabajo que se le pide, llega puntual y acepta trabajar seis días por semana".

En Arabia Saudita hay cinco millones de inmigrantes, sobre una población total de veinte millones; representan más de dos tercios de la mano de obra11. El gobierno lanzó hace varios años un plan de "saudización": las empresas tienen la obligación de contratar un cupo creciente de nativos. Esta estrategia suscita tanta más hostilidad entre los empresarios cuanto que el sistema de enseñanza y de formación está muy ampliamente desprestigiado. Un hombre de negocios de Jeddah (también crece la cantidad de mujeres de negocios, pero para un periodista es trabajoso ubicarlas), encontró una solución original. "Como no pagamos impuestos, hemos creado un fondo para los jóvenes sauditas. Así retribuimos a cien de ellos simplemente por venir y formarse". Y preconiza la extensión de este sistema a todo el país… Pero se necesitará tiempo para inculcar una cultura del trabajo. Mientras tanto, ciertas empresas amenazan con instalarse afuera y decenas de miles de jóvenes están desocupados.

Istirahah: la palabra significa reposo. En los alrededores de Riyad, los istirahah, combinación de café, restaurant y club, son tomados por asalto a la noche. Al aire libre, en los compartimientos que se extienden en fila, o sentados en el suelo, jóvenes varones en grupos de a dos o tres comen, beben y sobre todo, miran televisión: cada compartimiento cuenta con un televisor instalado a dos metros del suelo. Así se puede ver un caleidoscopio de imágenes del mundo entero difundidas vía satélite. La mayoría de los espectadores eligió un canal libanés: canciones y bailes de algunas estrellas locales, no sometidas a las estrictas reglas de vestimenta de las cadenas sauditas.

Educados en la fidelidad sin falla al islam, los jóvenes están sometidos a los "ataques" de una modernidad mundializada. "Nuestra vida está pautada por la religión, más que en ningún otro país del mundo. El tiempo de los hombres se superpone al tiempo de la religión. Cada uno de nuestros gestos, cada uno de nuestros actos, lleva su marca", explica un hombre de negocios. En cada llamado a la plegaria, el tiempo se detiene: los negocios bajan sus cortinas, las oficinas se paralizan, todos los musulmanes deben ir a la mezquita. ¿Cómo conciliar esta educación y la televisión, la plegaria y el teléfono celular? Algunos temen que la adhesión a la OMC sea el preludio de una "invasión cultural". En las negociaciones con EE.UU., se plantearon preguntas vinculadas con las libertades religiosas, los derechos de las mujeres y hasta con el cine. Washington exige que se abran salas de proyección en Arabia Saudita, donde no existe ninguna. "Eso evitará que los jóvenes se aburran, que se droguen", señala, resignado, un representante.

La condición de las mujeres

Aquí como en otros países, las mujeres están en el centro de las contradicciones. En ningún país musulmán (salvo Afganistán) se las somete a tantas coacciones: no pueden conducir ni desplazarse solas; se encuentran segregadas de la mayoría de los lugares públicos (la mayoría de las oficinas administrativas dispone de sucursales especiales, reservadas para las mujeres). Son la mitad escondida del cielo saudita. No obstante, hay hoy 170.000 estudiantes, cuya mayoría… es femenina. Se consagran seminarios al trabajo de las mujeres: 200.000 mujeres trabajan, cifra aún baja, pero en sostenido aumento. Mientras la realidad busca quebrar la caparazón de las tradiciones más oscurantistas, la lucha entre los que claman una evolución y un sector de los religiosos y los medios conservadores transcurre en sordina. Todo está sujeto a fricciones…

En mayo de 1999, el príncipe Abdallah declara: "No permitimos que nadie minimice el rol de la mujer saudita. No debemos permitir que nadie diga que el reino ha subestimado el rol de nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras hijas"12. Las polémicas suscitadas por estos dichos llevarán a una "aclaración" de una fuente oficial: fueron malinterpretados y la mujer saudita no necesita ser "liberada". El consejo de los grandes ulemas recordará días después su posición hostil a la conducción de autos por parte de las mujeres, contra las formas sociales mixtas y a favor del uso obligatorio del hijab, velo que cubre la cabeza y a veces también la cara.

Pero el debate no estaba cerrado. El Ministerio del Interior hizo saber en noviembre de 1999 que las mujeres podrán disponer dentro de poco de sus propios documentos de identidad. La doctora Aziza Al-Man'eh, aunque de tendencia conservadora, recuerda que la actividad política de las mujeres se remonta a los orígenes del islam13. En febrero pasado, el gran festival cultural de la Janadiriyya, que se realiza bajo la égida del príncipe heredero, suscitó una serie de insinuaciones y numerosas peticiones porque daba un lugar demasiado amplio a las creadoras. "Son los mismos que se opusieron al teléfono, luego a la televisión, luego a la educación de las niñas", destaca, sereno, un universitario.

El debate también tiene una dimensión económica. "Si quiero que uno de mis empleados llegue temprano y si no tiene chofer y su mujer no conduce, ¿cómo irán sus hijos a la escuela?", se interroga un empresario. Cerca de 400.000 empleos están ocupados por mujeres inmigrantes: a la hora de las restricciones, ¿no sería mejor que esos puestos los ocuparan mujeres sauditas? Y las decenas de miles de choferes inmigrantes, cuya única tarea es conducir a las mujeres, ¿no le cuestan demasiado caros al país?

Los ideales islámicos, interpretados por los wahhabitas, estructuraron la sociedad y consolidaron la hegemonía de la familia real. La prensa difunde una retórica antiestadounidense y el país afirma su apoyo a los derechos palestinos, a la resistencia en el sur del Líbano, a las reivindicaciones sirias sobre el Golan. Las elites pretenden rechazar el modelo occidental, identificado con la decadencia moral -y también con un apoyo incondicional a Israel-, pero miran los canales de televisión extranjeros, se integran a la mundialización, sueñan con viajar a Nueva York o a París. Contrariamente al sha de Irán, los sauditas quisieron casar a la modernización con el estricto respeto de los valores tradicionales, la solidaridad árabe musulmana con la alianza vital con Washington.

Este delicado equilibrio está bajo amenaza. Todos lo sienten así; debe hallarse un nuevo equilibrio. Todos lo esperan y lo temen. Según el jefe de redacción de un diario en lengua inglesa, "cualquier cambio será positivo. En los medios ya se habla con más facilidad de los problemas sociales, de la polución, del medio ambiente. Muchos van a perder sus privilegios. Morirán los que se niegan al movimiento. No puede haber reformas económicas sin reformas políticas".

  1. También participaron los dirigentes de Arco, Philipps y Conoco.
  2. Proceso que se denomina "aferente" por oposición a "eferente": recolección, transporte, distribución, refinado.
  3. Esta negativa a abrir el aferente petrolero se explica en particular por el hecho de que las capacidades productivas de Arabia Saudita en este momento superan los 2,5 a 3 millones de barriles por día.
  4. Al-Hayat, Londres, 10-3-00.
  5. "Le cadre de l'investissement étranger en Arabie saoudite", Servicios franceses de expansión económica, Riyad
  6. Al-Hayat, op.cit.
  7. Al Shark Al Awsat, Londres, 20-10-1999
  8. Un riyal equivale aproximadamente a 0,30 dólares.
  9. Retransmitido por Arab News, Jeddah, 22-2-00.
  10. El 46,2% de los sauditas tiene menos de quince años. El crecimiento demográfico sigue siendo fuerte, aunque haya caído, entre 1980 y 1997, de 4,9 a 3,8%.
  11. "Préférence nationale à la saoudienne", Le Monde diplomatique, octubre 1998.
  12. Saudi Gazette, Jeddah, 3-5-99.
  13. Okaz, Riyad, 5-12-99.
Autor/es Alain Gresh
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 10 - Abril 2000
Páginas:18, 19
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Mundialización (Cultura), Militares, Sexismo, Mundialización (Economía), Discriminación, Política, Trabajo, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Políticas Locales, Islamismo
Países Estados Unidos, Afganistán, Arabia Saudita, Irán, Israel, Líbano