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Los riesgos de conciliar socialismo y mercado

China se apresta a ingresar a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y a integrar el nuevo orden mundial de librecambio. Pero la apuesta es riesgosa, dado el enorme costo social de una apertura acelerada en una economía que no está preparada para enfrentar la competencia internacional. Aun en caso de que China logre sustraerse a ciertas limitaciones formales vinculadas con la adhesión, no podrá escapar a las consecuencias estructurales de la apertura: amplificación del éxodo rural, desempleo urbano masivo, especialización perversa en los sectores de bajo valor agregado (textil). En tanto que Deng Xiaoping había optado por una transición gradual hacia el "socialismo de mercado", sus sucesores entienden que acelerar las transformaciones estabilizará el comercio exterior y dinamizará el crecimiento económico. Pero al riesgo de un dislocamiento social sin precedentes.

Situada en el centro geográfico de China (oficialmente se habla del sudoeste), capital de la populosa provincia de Sichuan y poblada por varios millones de habitantes, Chengtu no es para nada un gran centro industrial. En esta ciudad moderna, que no es -¿todavía?- presa del frenesí, del torbellino de actividad de las grandes poblaciones costeras, el visitante se siente muy lejos del corazón del desarrollo del país. Sin embargo, Chengtu experimenta cambios considerables. La polarización social es visible en sus nuevas zonas para ricos y en sus barrios populares, situados en el norte de la ciudad, en torno de la estación ferroviaria, territorio salpicado de pequeños edificios de minúsculos departamentos de los años 1960 y 1970, ahora de un gris sucio.

No lejos de allí, en el límite de la zona urbana, basta cruzar unas vías férreas sin protección para que surja de golpe el campo dentro de la ciudad, aparezcan las calles de tierra y la vía férrea se transforme en camino para peatones. Un agradable pero maloliente curso de agua, un pequeño mercado tranquilo, casas de té instaladas en sencillas construcciones de madera o al aire libre que atienden a amables jugadores de majhong o de cartas, jóvenes y no tan jóvenes, aparentemente sin prisa. Una China de apariencia benévola y relajada que manifiesta cierta tranquilidad rural, inimaginable en las grandes poblaciones agitadas y muchas veces agresivas de la costa.

Hacia el sur de la ciudad, cambia el panorama. Aquí se construyen los barrios destinados a los "nuevos ricos", a los dueños del business o a los ejecutivos enriquecidos, no se sabe muy bien cómo. En una calle larga y poco animada, dominada por una gran obra en construcción, se edifican departamentos modernos de dudoso gusto, pero dotados de confort (cocina equipada, varios baños, a veces incluso un jacuzzi) con vista a estanques y fuentes con surtidores. El entorno no tiene nada de extraordinario: un gran hospital nada elegante, altos edificios de vivienda de construcción reciente -aunque prematuramente avejentados- que cierran la vista. Pero eso no importa, allí se vive entre gente como uno, la nueva elite, lejos del populacho.

En la calle ya hay un café a la occidental (una rareza), un supermercado, un comercio de electrodomésticos. Los autos, escasos, son de marca occidental, a veces con chofer. El departamento piloto, situado en una casa baja, ocupa cerca de 200 metros cuadrados repartidos en dos niveles; incluye un rinconcito estilo japonés donde es posible aislarse completamente, al menos de las miradas, tras los paneles corredizos. Es algo chic, pero hecho con materiales de poca calidad, de corte moderno y occidental, mezclando, como en muchas construcciones actuales, estilos muy diversos: lo importante es el brillo, lo "neo alguna cosa".

El precio del alquiler por 70 años -tanto la propiedad urbana como la tierra siguen nacionalizadas- se eleva a 900 mil yuans1. Algunas viviendas de más de 300 metros cuadrados cuestan alrededor de 1,5 millones de yuans, al contado. A título de comparación, a fines de los años 1970, la superficie promedio por habitante en las ciudades rondaba los 4 metros cuadrados; hoy en día, posiblemente el doble. El precio de esos objetos de lujo (aunque hay otros muchos más suntuosos) propuesto por un organismo oficial, equivale a varios siglos de ingresos de un campesino medio, o del seguro de desempleo de un obrero (cuando logra cobrarlo).

A pocos kilómetros de allí, el centro de la ciudad encarna el paso del ayer al hoy. Hay muchas grandes tiendas que venden de todo, incluso productos de belleza "de París", demasiado onerosos para la mayoría de los bolsillos. En pleno centro, la inmensa estatua blanca de Mao señala con el dedo… unos carteles luminosos que en 1999 publicitaban productos extranjeros, grandes marcas del capitalismo internacional, que al caer el día lanzaban signos burlones al difunto Timonel. La ironía no escapaba a los paseantes que deambulaban por lo que otrora fuera el principal sitio de las grandes congregaciones maoístas. Este año, como muestra de respeto hacia quien fuera el héroe de la independencia nacional, algunos de los carteles que lo rodean promocionan firmas chinas: el capitalismo local avanza y se afirma.

Lejos del centro, junto a un puente ubicado cerca de la Universidad de Sichuan, en lo que era hasta no hace mucho la periferia rural de la ciudad, se despliega al aire libre un mercado laboral famoso en toda la provincia. Creado en los años 1980, durante mucho tiempo fue informal pero tolerado. Actualmente está regulado, bajo vigilancia -incluso policial- de las autoridades locales. La municipalidad instaló allí un Servicio de Información de Empleo que expone ofertas de trabajo de pequeñas empresas locales, accesibles a quienes tienen derecho de residencia urbano, al menos temporario (o que lo obtendrán por medio del empleador): 200 a 300 yuans mensuales para un obrero no especializado; 500 a 800 yuans para trabajadores calificados (mecánicos o cocineros); 600 a 1200 yuans para carpinteros de buen nivel.

Sin embargo, lo esencial transcurre al lado, en el mercado a cielo abierto al que todos los días llegan varios miles de personas (la máxima afluencia se registra durante la "fiesta de la primavera", la más importante de China). Chengtu recibe numerosos migrantes, sobre todo campesinos sin permiso de residencia, pero que en general viven en los alrededores. A veces se trata de obreros originarios de la ciudad, sin trabajo, que no han sido reubicados por la empresa o la municipalidad. Una doble fila de hombres y mujeres buscan empleo señalando su oficio y a veces exaltando sus capacidades estampadas en rojo sobre un gran papel, que en el caso de los menos letrados han sido caligrafiadas por alguno de los escritores públicos presentes (a razón de uno o dos yuans por un par de trazos hechos a pincel).

Las mujeres esperan obtener trabajo como domésticas, vendedoras o camareras de restaurante (de 200 a 300 yuans por mes); los hombres, en general como cocineros. Uno de ellos, aún joven, muestra fotos de su producción culinaria; se jacta de conseguir 2.000 yuans mensuales por su cocina de alta calidad (un cocinero de renombre puede lograr mucho más). Algunos pasan días enteros en torno al mercado, alojados en hotelitos sin confort, pero muy baratos, a veces en la calle, sin lograr el trabajo ambicionado, ni siquiera por el bajo salario que piden. Para ellos todo habitante de la ciudad es un privilegiado. Después de todo, los magros seguros de desempleo asignados a los obreros estatales de las ciudades rondan los 200 yuans mensuales; apenas un poco más de lo que muchos campesinos ganan en trabajos generalmente agotadores2.

Según el profesor Yuan Yayu, del departamento de sociología de la Universidad de Sichuan, se trata de una población joven, más dinámica y más educada que el resto del mundo campesino. El 90% de los emigrantes que llegan a Chengtu no tienen contactos, y la mayoría debe conformarse con un empleo muy inestable. Esa comprobación vale para toda China.

Sichuan, que sigue siendo una provincia agrícola, poco industrializada, fue durante mucho tiempo uno de los graneros de China. Muy afectada durante la hambruna provocada por el Gran Salto Adelante y empobrecida al final de la era Mao, fue terreno de avanzada de las experiencias desarrolladas por Deng Xiaoping (nativo de esa región) en el sector agrícola, que culminaron con la descolectivización de las tierras y el retorno al antiguo sistema de pequeña propiedad familiar. Gracias a una importante financiación gubernamental destinada a mejorar las infraestructuras, la región de Sichuan se esfuerza actualmente en participar más activamente en el desarrollo económico del país y en la industrialización de la región3.

La situación del campesino no es para nada satisfactoria. Gran parte de la población rural se ve obligada a buscar recursos fuera del pueblo, muchas veces lejos de sus casas, renunciando a cultivar una tierra poco rentable4. La brecha entre la ciudad y el campo, importante ya durante el pasado maoísta, se acentuó en estos últimos años.

El movimiento de migración hacia las ciudades se inició en la primera mitad de los años 1980, al comienzo de las reformas emprendidas por Deng Xiaoping. Cobró una amplitud considerable a fines de esa década, cuando el número de migrantes campesinos fue evaluado entre 50 y 60 millones5. La mayor parte de ellos ya procedía de la región de Sichuan (10% de la población china). En los años 1990 el movimiento continuó, aunque de manera más irregular. El gobierno trató de frenarlo entre 1989 y 1991 y de canalizarlo y controlarlo a partir de 1992, pero con escaso éxito. Impulsada y amplificada por la lógica de la liberalización, la migración deriva de una pérdida, relativa pero significativa, del control social y de la capacidad de contención de la población por parte del Partido Comunista de China (PCC)6. Más extendido que nunca (80 a 100 millones de personas), el movimiento adopta nuevas formas, fundamentalmente con un principio de éxodo masivo, una verdadera desruralización.

La China maoísta constituyó un caso bastante atípico en el Tercer Mundo. Gracias al mantenimiento autoritario de los campesinos en los pueblos, la rápida industrialización de las tres primeras décadas de la revolución se cumplió sin que se registrara una carrera hacia las ciudades. En 1980, la población considerada "no agrícola" sólo representaba el 16% del total. Por decisión del régimen, impuesta a todos con mano de hierro, la República Popular era casi tan rural como la China tradicional. En el periodo ulterior, durante los años de desmaoización de la economía, los campesinos comenzaron a moverse por propia iniciativa. El gobierno trató de contenerlos creando o desarrollando pequeñas ciudades o burgos rurales, que generaron una floreciente industrialización en el campo. Esa proto-urbanización apuntaba a evitar un peligroso incremento del sector urbano.

El temor a la inestabilidad social tuvo mucho que ver en esa política, que el gobierno aún predica. Pero no logró contener los flujos. En efecto, decenas de millones de campesinos están en constante desplazamiento, una población "flotante" que va y viene según las posibilidades y necesidades7.

Mercados informales de empleo

Ese movimiento refleja los problemas actuales de la economía. Por una parte, la tierra rinde en general menos que antes, o al menos, no lo suficiente para las nuevas expectativas. Por otra, la pequeña industria rural, que había dado trabajo a decenas de millones de campesinos arraigándolos en sus pueblos, sufre duramente la competencia de los productos provenientes de las ciudades o del extranjero, que se agudizará con la cercana entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC, ver pág. 22). De allí la búsqueda de ingresos monetarios más sustanciales en las provincias costeras, donde los campesinos esperan encontrar un medio más favorable para la educación de sus hijos y acceder a las comodidades inhallables fuera de las ciudades. Sin embargo, no abandonan del todo la tierra, que es arrendada o cultivada por un familiar (que puede ser la esposa del cultivador). Las estadísticas confirman -aunque probablemente subestimen- esta rápida evolución: en 1980 el 84% de los habitantes rurales eran masivamente agricultores; actualmente, si bien todavía más del 70% de la población vive en el campo, menos de un chino de cada dos sigue trabajando directamente la tierra.

A escala nacional, se estima en más de un 50% la mano de obra rural excedentaria. Las zonas costeras más desarrolladas, "recepcionan" a la gran mayoría de esa población rural8. Es el caso de Pekín, que fascina y atrae a los campesinos en busca de un empleo. Generalmente, una red local, provincial o -en el sur- de clan, se hace cargo de ellos. Esa red les brinda un trabajo, una muy modesta vivienda y es garante de su "seriedad", de su docilidad. Eventualmente se ocupa de ellos en caso de enfermedad, ya que muy pocas veces cuentan con seguridad social. En ocasiones, los campesinos deben pagar a la red de la que dependen.

En las ciudades existen mercados informales de empleo, que tienden a especializarse. Por ejemplo, en el corazón de Pekín, cerca de la estación central y de los grandes hoteles, hay un "mercado de mujeres", en el que campesinas generalmente jóvenes buscan trabajo como empleadas domésticas (componente esencial del hogar de las nuevas clases medias), de vendedoras o de camareras en los numerosos restaurantes existentes; para no hablar de oficios menos confesables. Ese mercado público, expuesto a la vista de todos, se desarrolla sin embargo discretamente. Alejado por la policía de las grandes avenidas el año pasado (a causa de los festejos por el cincuentenario revolución) halló refugio en las calles adyacentes. El clima que allí reina es tranquilo, aunque no es el caso en el "mercado de hombres", situado en un lugar más alejado, cerca de la estación Oeste, a nivel de la tercera circunvalación, zona menos frecuentada. Las aptitudes que dicen tener los jóvenes, también ellos procedentes de lejanas campiñas, son más imprecisas; el límite entre la búsqueda de trabajo y la delincuencia, menos evidente; la tensión, perceptible, y la presencia policial, cercana. Se trata de una emigración salvaje, desprovista de una verdadera red de recepción.

Muchas veces es el patrón (o el responsable de la obra) quien organiza la contratación de los campesinos. Se los ve por todos lados en las obras en construcción (a los hombres), en todos los restaurantes (a las jóvenes), en trabajos "sucios", sin especialización y mal pagos. Ni siquiera esa condición les resulta siempre accesible. Como respuesta a la presión social, cada vez más fuerte en este período de alto desempleo urbano, la ciudad de Shanghai y otras reservaron ciertas actividades poco calificadas y no muy fatigosas -fundamentalmente ascensorista o conserje- para quienes cuentan con el derecho de residencia urbana (el famoso huku).

Dos mundos obreros

Éste es un signo de la creciente tensión entre el mundo obrero establecido en las ciudades y el nuevo sector obrero de origen rural que trata de implantarse en ellas. La zona de contacto entre ambos es aún limitada, pero aparece una cierta competencia, sobre todo en las fábricas del sector privado, que menos sumisas a las obligaciones estatales o menos respetuosas de los reglamentos, prefieren reclutar trabajadores rurales, que son más baratos y gozan de poca o ninguna seguridad social, a pesar de las limitaciones legales. Cuando no tienen una formación sólida, sus salarios son bajos: del orden de 300 yuans mensuales para muchos camareros y camareras de restaurantes; el doble en la construcción. Alimentados más o menos correctamente y alojados en el lugar de trabajo, muchas veces en condiciones rudimentarias (la mesa del restaurante puede llegar a servir de cama por la noche), o en dormitorios colectivos, los empleados envían a sus familias la mayor parte del salario. Así, en algunos años de duro trabajo (12 horas diarias, 6 o 7 días por semana) logran reunir la suma deseada o necesaria para constituir la dote que el futuro marido garantiza a su esposa, o que la mujer aporta a su hermano, lo que a su vez le permite casarse a ella.

A veces el dinero está destinado a pagar los estudios de un familiar: el (o la) que logre elevarse socialmente, será responsable de ayudar a la familia, fundamentalmente a los padres cuando llegan a la vejez (los campesinos no tienen jubilación). El acceso a una educación correcta es una de las crecientes motivaciones del desplazamiento de los habitantes rurales (la enseñanza superior es inexistente o mediocre en las zonas rurales, y la primaria, que dejó de ser gratuita, es en general privada). Eso implica una pesada carga financiera: la enseñanza superior es generalmente costosa. Pekín, famosa por la multiplicidad y la calidad de sus escuelas en todos los niveles, atrae a los campesinos, que conocen bien el célebre refrán chino, según el cual el oro está en los libros. A veces, el dinero ganado sirve para abrir un pequeño comercio en el propio pueblo, participar en la creación de una pequeña empresa o financiar la nueva casa.

Se desconoce qué proporción de la población trata de arraigarse en la ciudad, comportamiento en ruptura con el pasado. En todo caso, la plétora de pequeños restaurantes o de simples bodegones que en Pekín ofrecen la famosa comida sichuanesa a bajos precios, atestigua una voluntad de presencia más permanente.

  1. Alrededor de 12 yuans por un dólar.
  2. El promedio nacional del seguro de desempleo, unos 240 yuans a fines de 1999, oculta importantes diferencias según las regiones. Jean Louis Rocca, "L"évolution de la crise du travail dans la Chine urbaine", Les Etudes du CERI, París, mayo de 2000.
  3. Shanghai Daily, 17-5-00; China Daily,19-5-00.
  4. D. Davis (edit), The Consumer Revolution in Urban China, University of California Press, 2000.
  5. Hein Mallee, "Migration, hukou and resistance in reforme China", in E. Perry y M. Selden (bajo la dirección de), Chinese Society: Change, conflict and Resistance, Rouledge, Londres, 2000.
  6. H. Mallee, op. cit.
  7. Jean Philippe Beja, "Les travailleurs itinérants, des immigrés de l´intérieur ", Perspectives Chinoises, Hongkong, enero-febrero 1994.
  8. Philip Golub, "Shanghai vidriera del capitalismo chino", Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, agosto de 2000.
Autor/es Roland Lew
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 18 - Diciembre 2000
Páginas:20, 21
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Desarrollo, Mundialización (Economía)
Países China