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Recuadros:

La muerte que viene del cielo

La erradicación de "cultivos ilícitos" mediante productos químicos produce en realidad un daño ecológico que afecta la salud y las posibilidades de supervivencia de los sufridos habitantes de los países involucrados. En Colombia son empleados de manera ilegal e indiscriminada agentes químicos de altísima peligrosidad. Una estrategia que ante el incumplimiento de las promesas, sólo consigue desplazar los cultivos.

Los aviones aparecieron entre la bruma y el sol de las seis de la mañana del 8 de julio pasado. Detrás venían los helicópteros de la policía colombiana encargados de protegerlos. Eran cuatro y volaban muy bajo, girando en torno al cerro Lerma, una estrecha montaña que se levanta hacia el cielo como un afilado dedo. Comenzaron a disparar con ametralladoras. ¿Contra qué? Vaya uno a saber: en el cerro no hay nada. ¿Contra los guerrilleros? Gracias a Dios, la lucha armada no llegó hasta aquí. No; tiraron para asustar a la gente. Luego, cayendo en picada como aves de presa, volviendo a subir y lanzándose en picada otra vez, los aviones descargaron su veneno. Una nube química cayó sobre el café, las bananas, la yuca. "¿La coca? ¿Qué coca? ¡Dígame donde hay coca por aquí!"

Doscientos habitantes pueblan Santa Inés, vereda1 encaramada en el centro del macizo colombiano, en el que nacen las tres cordilleras y los tres grandes ríos del país. Los vehículos solo llegan hasta Sucre, población acurrucada mucho más abajo. Para subir hasta Santa Inés hay que tomar un sendero de cabras hasta llegar al "camino real", tan real, que un caballo avanza por él a paso de mula, y una mula, aún más despacio. Para tener una idea: hace ocho meses que no llega un médico al pueblo. A 4.000 pesos la consulta2, más el precio de los medicamentos, no vale la pena que se moleste en venir. Aquí no hay ni dinero ni electricidad.

Los aviones prosiguieron las fumigaciones sobre los cultivos supuestamente ilícitos durante varios días. Todo el mundo puede jurarlo por la Virgen: ya no hay más coca. Nada de nada. Verdaderamente, muy poco. En todo caso, mucho menos que antes. Luego de la primera vez que el ejército arrancó las plantas, todo el mundo se dedicó al café. Pero con esta lluvia tan irregular, los cafetales se secan. Igual que la yuca, las bananas, el maíz y los porotos. Forzosamente, lo mismo pasa con la coca. La tierra ya no quiere producir. Los monos mueren envenenados; los finqueros lo comprobaron.

En las alturas, en la parte fría de la montaña, existe una fuente de agua que a través de frágiles cañerías surte las veredas de los alrededores. Los rapaces de acero no la tuvieron en cuenta. Quiérase o no, hay que consumir esa agua. Como lo hizo el marido de Blanca Olivares. "Tiene fiebre, dolores de estómago, de cabeza, vómitos". Al igual que sus hijos (por no hablar de los veintiséis pollos que pasaron a mejor vida). Cincuenta y dos enfermos en la vereda, algunos de ellos incapaces de mantenerse en pie. Encefaleas, dolores abdominales, diarreas, mareos, náuseas. "El virus que tiene la gente se debe a la fumigación. El aire está contaminado, como suele decirse", afirma un campesino.

La explicación puede parecer empírica. Sin embargo coincide con la de Luis Eduardo Cerón, médico de Sucre que finalmente subió hasta la aldea el 18 de julio. "Examiné a los pacientes. Todos presentan los mismos síntomas. Se trata de intoxicaciones provocadas por organofosforados. Las posibles consecuencias dependen de qué tipo de tóxico se trate. Yo lo ignoro. Imposible hacer cualquier pronóstico". A pocos pasos de allí, con los puños sobre los ojos, Marlene confiesa su desesperación. "Yo estaba arriba cuando fumigaron, y tomé agua. Estaba embarazada de siete meses y perdí mi bebé". Rompe en llanto, y agrega: "Tengo dieciocho años, era mi primer hijo y yo estaba feliz de tenerlo". Mordiéndose los labios, se derrumba: "Ellos me lo mataron".

Colombia produce el 80% de la cocaína mundial. Para elaborar un kilo de cocaína pura se necesitan 500 kilos de hojas de coca. El gobierno desarrolla operaciones de lanzamiento aéreo de productos tóxicos para erradicar las plantaciones. Ya utilizó toda una gama de productos químicos como Paraquat y Triclopyr, u otros, infinitamente más nocivos, de manera totalmente ilegal: Imazapyr, Hexaxinona, Tebuthiron. Desde 1986, el Glifosato hace maravillas. Se trata del famoso RoundUp de la firma Monsanto, que lo describe como el herbicida que más respeta el medio ambiente. No así el fiscal general del Estado de Nueva York, que obligó a la firma a eliminar de su publicidad los términos "biodegradable" y "ecológico".

No muy lejos de Santa Inés (a vuelo de pájaro), Río Blanco emerge penosamente entre la llovizna. En los alrededores es fácil detectar las plantas de amapola. Las grandes flores rojas de cuatro pétalos se extienden por las laderas de las montañas, donde -entremezcladas con los cultivos de maíz- intentan sin éxito pasar desapercibidas. Pero actualmente todos los cultivos de esta zona toman un color amarillento, enfermizo. Allí también los aviones sembraron la peste sobre las parcelas, el agua, los animales, los seres humanos. En este caso, desde muy alto. "No bajan por miedo a recibir disparos de la guerrilla"3. Los prospectos técnicos del Glifosato indican que no puede ser dispersado desde una altura superior a los diez metros sin consecuencias nefastas. Las dosis utilizadas (13,5 litros por hectárea) superan en mucho las especificaciones máximas: 2,5 litros4.

Antiguamente, los indígenas yanaconas de Río Blanco vivían del cultivo del trigo. El encarecimiento de las semillas y la competencia de las importaciones estadounidenses hicieron que los molinos de Popayán (departamento del Cauca) desaparecieran. Y el mercado también, forzosamente. Al mismo tiempo, a comienzos de los años 1990, los estadounidenses cambian de hábitos. Al consumo de cocaína suman el de la heroína. Gente extranjera a la región apareció en el Macizo. Ofrecían semillas, consejos de un técnico, daban préstamos para los primeros gastos. El tiempo de la amapola había llegado. Evidentemente, trajo consigo "muchas perturbaciones del orden público", como se dice púdicamente. "La gente no estaba preparada, no sabía qué hacer con tanta plata. Se hizo fácil comprar un arma. El hospital de Popayán terminó por negarse a recibir heridos: había demasiados". Pero ese maná permitió al indígena mejorar sus condiciones de vida, hasta entonces infrahumanas. Y acceder a un mínimo de consumo. A pesar de todo… Tanto desorden llevó a los dirigentes del resguardo5 a reconsiderar el tema.

En 1998, una asamblea comunitaria decidió terminar con esa cultura del demonio. Se firmó un acuerdo con el gobierno para reducir gradualmente las superficies sembradas a cambio de un proyecto de desarrollo. El 31 de diciembre los indígenas habían cumplido con su palabra: ni un centímetro de amapola. Pero el gobierno olvidó la suya. En el resguardo -2.000 exhaustas hectáreas para 5.000 habitantes- la tierra es insuficiente. En los alrededores no. Allí la tierra está en poder de los ganaderos o de la sociedad multinacional Cartón de Colombia, que explota los bosques para producir pasta de papel. Desde hace quince años el resguardo reclama una reforma agraria. Los gobiernos se hacen los sordos.. "No quedaba otra salida: se volvió a plantar amapola". No hectáreas, sino pequeñas parcelas. Llegada del cielo, causando enormes pérdidas en los cultivos de subsistencia, la represión se abate… contra "el narcotráfico".

Quienes cultivan la coca o la amapola se atragantan al escuchar esa palabra. Ni siquiera el austero presbiteriano de Sucre se siente con derecho a condenar a sus conciudadanos: "Me opongo a los cultivos ilícitos porque afectan a otros países y todos somos hijos de Dios. Pero si nadie debe pecar, tampoco nadie debe morir de hambre. Estamos entre la espada y la pared. Esos otros países están dispuestos a matarnos antes que buscar soluciones a los problemas de los campesinos".

Incluso aquí han oído hablar del Plan Colombia, que apunta a terminar con el narcotráfico (y con la oposición armada, rebautizada, por las necesidades de la causa, "narcoguerrilla"). Los campesinos del Macizo dejan brotar su rabia. "En lugar de invertir esos millones en armas para la guerra, ¿por que no se los destina a la compra de tierras para los indígenas y los campesinos? El gobierno hace propaganda sobre el tema de la paz… ¿De qué paz se trata, con esta miseria?" Desde que los aviones reanudaron su danza infernal, en el mercado nadie más quiere comprarles sus productos, considerados contaminados. "No tenemos la intención de morir. Un día la copa va a rebasar". A pesar de mostrarse evasivos sobre el tema, no todos son irremediablemente hostiles a los insurgentes.

Los últimos seis años de fumigaciones (300 millones de dólares anuales) afectaron 110.000 hectáreas. Resultado: de 50.000 hectáreas en 1995… ¡el cultivo de coca alcanzó 120.000 hectáreas a fines de 1999! De su lado, la amapola pasó de cero a 6.000 hectáreas. Eso no preocupa ni a Washington ni a Bogotá. Estados Unidos condicionó su apoyo a los "esfuerzos de paz" del presidente Andrés Pastrana a la continuación de las fumigaciones. Y a la militarización de la lucha. ¿Acaso no dio excelentes resultados en Perú y en Bolivia?

Promesas y realidad

Bolivia: julio de 2000, región del Chapare. Con la mirada perdida en el vacío, Alberto gruñe. Hace tiempo… Hace tiempo poseía cuatro hectáreas de coca. "Todo el mundo comía, bailaba, los bolsillos rebosaban de dinero". El 9-5-90 el presidente boliviano Jaime Paz Zamora y el presidente estadounidense George Bush suscribieron un acuerdo para la prevención integral del uso de ilícito de drogas. Dóciles, por depender de los subsidios de Washington, los sucesivos gobiernos bolivianos se comprometen a destruir los cultivos. La ayuda prometida a los campesinos para los programas de desarrollo no llega6. Los campesinos resisten. A tal punto, que en 1994 reina en la "zona roja" del Chapare un virtual estado de guerra7. El sindicato de cocaleros amenaza con levantarse en armas. Para evitar una guerra civil, el gobierno hace concesiones.

¡La subalimentación debilita la memoria! El 7-8-97 el ex dictador Hugo Banzer accede democráticamente a la presidencia. Tiene mucho para hacerse perdonar, por lo que se muestra muy cuidadoso de no contrariar a Washington. El Plan Dignidad (precursor del Plan Colombia) termina progresivamente con la erradicación compensada (2.500 dólares por cada hectárea voluntariamente erradicada de coca). "De 1978 a 1997 hemos gastado más de 100 millones de dólares en compensaciones. Para un país pobre como el nuestro, si lo traduzco en rutas o en escuelas, es mucho dinero perdido", se justifica José Decker, viceministro de Desarrollo Alternativo a partir de 1997.

Una fuerza militar de acción conjunta instala sus campamentos en el corazón de las comunidades indígenas. Los choques y los abusos de poder se multiplican. Entre abril y noviembre de 1998 catorce campesinos y dos policías pierden la vida. Pero de las 38.000 hectáreas de coca contabilizadas en 1994, en mayo de 2000 sólo quedaban (oficialmente) unas 5.500. Un claro éxito.

Salvo para el viejo Alberto y sus compañeros campesinos. Los trescientos frutos de un naranjo le reditúan 18 bolivianos (unos 2,50 dólares). En cuanto al ananá, "Vendemos cinco por un boliviano" (15 centavos de dólar). Sin embargo, el ananá forma parte de los cultivos milagrosos (banana, maracuyá, palmito, papaya, pimienta y cítricos), del plan de desarrollo que debía complementar la erradicación de la coca. La región desborda de proyectos y de sus promotores: autos último modelo, computadoras, aire acondicionado. Único resultado visible, el mejoramiento de algunos caminos o la construcción de puentes.

Por lo demás, aparecieron los habituales "elefantes blancos" del desarrollo. Por ejemplo, la planta láctea Milka, primer gran proyecto en el que participó el Programa de las Naciones Unidas para el Control Internacional de la Droga (PNUCID). Su instalación en Ibigarzama no estuvo precedida de ningún estudio serio. Con una capacidad de 50.000 litros diarios, comenzó a trabajar produciendo… 1.500 litros. Falta de rentabilidad, problemas técnicos, falta de formación, vacas inadaptadas: la planta cerró en 1998 sin pagar a los trabajadores.

La comunidad de Ivirza, opta por el cultivo de maracuyá y pide apoyo técnico. Al levantar la primera cosecha, no encuentra mercado. Dirige entonces una súplica a los responsables del Programa de Desarrollo Alternativo. No hay respuesta. Finalmente se resigna a regalar la producción.

Otros se lanzan alegremente en la producción de palmitos, presentados hace cinco años como una maravilla. Los precios bajan un 50%. Otra comunidad intenta comercializar sus productos en Santa Cruz, centro económico del país. La municipalidad afirma que al no haber allí un mercado campesino, los puestos utilizados para la venta no son adecuados. Apaleados por la policía nacional, los ex cocaleros deben retirarse.

En medio de ese desastre sólo el cultivo de banana tiene éxito: la producción pasó de 3.083 hectáreas en 1986, a 8.300 en 1999. Como por casualidad, está en manos del sector privado. Por lo demás, las cifras hablan por sí mismas: en 1998 el Chapare exporta 5,7 toneladas de productos por un valor de 5,5 millones de dólares; en 1999 el nivel de las ventas aumenta a 11,6 toneladas, pero sólo representan 4,6 millones de dólares…8. A pesar de los gritos de victoria que repercuten de La Paz a Washington, la erradicación es lo único que puede ser cuantificado y exhibido. ¿Por pura casualidad?

Un camino infame, un calor obsceno, cerca de Shinahota. Una picada abierta en la selva, un grupo de soldados armados de machetes, erradicando… las malezas. La coca ya la habían arrancado en junio, disparando al aire, aterrorizando a la comunidad. No tienen muchas ganas de internarse en la selva: el clima se vuelve caluroso y dos soldados ya fueron muertos poco tiempo antes. Pero hay que "cumplir con las cifras" (tres hectáreas por día), alimentar las estadísticas, "contentar a Banzer y a Clinton". Sería para reírse, si no fuera que por el mismo motivo, para mantenerse "ocupados", destrozaron todas las plantaciones de los alrededores -ananás, bananas, naranjas, yuca- última esperanza de subsistencia de los campesinos.

"Debo reconocer que en ciertos aspectos somos eficaces", admite Decker evitando pronunciar la palabra represión. "En otros lo somos menos. Por pura negligencia no se destinaron recursos. El año pasado (1999) habíamos previsto gastar 50 millones de bolivianos en las comunidades. No llegamos a gastar 9 millones". Asqueado -a pesar de mostrarse reservado sobre el tema- en marzo de 2000 renunció a su puesto de viceministro de Desarrollo Alternativo.

El Plan Dignidad habla explícitamente de 15.000 familias que deben ser "transferidas" del Chapare. Se invoca la presión demográfica, el complejo ecosistema y la biodiversidad, que es necesario proteger. Un interés ecológico olvidado cuando se habla de la riqueza en hidrocarburos de la región. La compañía nacional YPFB -en vías de privatización- y las petroleras transnacionales, están haciendo allí grandes inversiones. "El campesino no forma parte del modelo económico" reniega Evo Morales, diputado de Cochabamba. Dirigente histórico del sindicato de cocaleros, regularmente acusado por el gobierno de ser un "narcosindicalista" (al igual que en Colombia se habla de "narcoguerrilla") y de "llamar a la resistencia armada", explica su punto de vista: "¿Qué va a vender ese campesino? ¿Y qué va a comprar? Casi nada. No resulta útil. Suprimirlo es aún más necesario, dado que resiste, manifiesta, corta las rutas en periodos de crisis, cosas que los grandes inversores aprecian poco".

Tres cuarteles, diseñados por ingenieros militares bolivianos y técnicos estadounidenses del Southern Command (Comando Sur del ejército de EE.UU.) serán erigidos en el Chapare: en las localidades de Villa Tunari, Ichoa y Chimoré. Los mismos permitirán reactivar la Novena División del ejército boliviano, que tendrá a su cargo el fin de la erradicación. "Toda América andina se vuelve rehén de los megaproyectos económicos y de la estrategia petrolera de Estados Unidos", estima Morales.

¿Guerra contra quién?

El comandante en jefe del ejército colombiano, general Jorge Enrique Mora, declara que atacando los cultivos ilícitos se asestará un severo golpe a las FARC, puesto que la mayoría de sus fondos proviene de un impuesto sobre la coca. Sin embargo, la zona a la que el Plan Colombia llevará la guerra -el Caquetá y el Putumayo- tienen otro interés. Existen proyectos de explotación petrolífera en esa región que limita con Ecuador, otro país productor de petróleo. El avance de los paramilitares de Carlos Castaño -claramente implicados, a gran escala, en el narcotráfico9, y muy curiosamente olvidados por el Plan Colombia- tiene lugar en regiones donde existen hidrocarburos, grandes proyectos de canal seco y otras vías fluviales y terrestres. Los campesinos de esas áreas, a los que habría que haber tenido en cuenta, huyen por decenas de miles, aterrorizados. Y nadie menciona, salvo a media voz, al Cartel del Sur, organización "narco" dirigida por… militares colombianos. ¡La lucha contra el tráfico de drogas no concierne únicamente a los campesinos y a sus aliados naturales, las guerrillas!

Claro que el Plan Colombia incluye un capítulo "social", para el cual el gobierno de Andrés Pastrana solicita a la Unión Europea (UE) una ayuda de 1.300 millones de dólares. Luego de haber titubeado ante el aspecto militar de ese plan, el 24-10-00 la Unión Europea concedió finalmente 300 millones de dólares "para apoyar los esfuerzos de paz del presidente Pastrana", en el mismo momento en que los paramilitares colombianos llevan adelante violentísismas ofensivas y continúan su política de masacres generalizadas, sin que al gobierno se le mueva un pelo. Se trata de una posición casi idéntica (salvo respecto del conflicto armado) a la que llevó a la UE a organizar en Bolivia el Programa de Apoyo a la Estrategia de Desarrollo Alternativo en el Chapare (Praedac).

Dotado de 20 millones de euros, el programa no llegó a gastar el 10% en dos años. "Es un fracaso total. Se prometieron cosas a la gente, pero no podemos cumplir con nuestros compromisos", confía hastiado un funcionario europeo que pide mantenerse anónimo. No es por corrupción, por desvío de fondos, por gastos inútiles; simplemente no se gasta nada. "Cada vez que lanzamos un proyecto cualquiera, los estadounidenses objetan: ¿Han condicionado10 esa ayuda?". Traducción: ¿desapareció del territorio en cuestión todo tipo de cultivo ilícito? ¿No quedarán ocultos por ahí uno o dos khatus11, o aunque más no fuera un cato de coca? "Nosotros respondemos que no estamos para hacer preguntas, sino para hacer un trabajo social. El ministro del Interior, que dirige todo y jamás contraría a sus verdaderos patrones, toma una decisión: "Prohibo ese proyecto, pues en esa comunidad aún no fue erradicada toda la coca".

¿Cómo imaginar que la UE no encontrará los mismos obstáculos en Colombia? ¿Cómo poner en marcha cualquier programa de desarrollo, cuando las negociaciones con la guerrilla son torpedeadas y el discurso de Washington indica una sola dirección: militarización-erradicación? Dirección sobre la cual, por su presencia "social", aún limitada, la UE hará flotar una muy oportuna cortina de humo…

Cifras adulteradas en Bolivia, donde la tensión causó once muertos en octubre de 2000. Eliminada del Chapare, la coca se desplaza hacia otras regiones -Beni, Pando, Tarija, las yungas- mientras aparecen en ese mismo Chapare grupos de autodefensa cocaleros, precursores de posibles guerrillas. Desplazamientos de población previstos -y ya iniciados- en Colombia, donde la represión empujará la coca y los condenados de la tierra hacia la Amazonia, acentuando el desastre ecológico, o hacia Ecuador, amenazado de desestabilización. A menos que esos campesinos se unan a la guerrilla, como hizo un millar de ellos en 1996, en ocasión de una protesta masiva contra las fumigaciones.

En Perú, a falta de una verdadera política de substitución, la drástica reducción de los cultivos ilícitos provocó una catástrofe social. La hambruna devastó el valle del Alto Huallaga, cuyos campesinos emigraron en condiciones terribles. Sin dudas, provisoriamente. "El anuncio de fumigaciones y del Plan Colombia volvió a estimular la producción", afirma con una sonrisa amarga Ricardo Vargas, de Acción Andina, en Bogotá. "El precio de la coca volvió a subir, y dentro de tres o cuatro años, indudablemente, Perú volverá a ser un importante productor de la región".

Pues ¿de qué podrían vivir todos esos campesinos sino de ese avatar del mal desarrollo? La competencia de los alimentos básicos producidos industrialmente en el Norte, muchas veces exportados con subvenciones, produjo un abrupta caída de su producción de comestibles. Desde la apertura de las fronteras Colombia perdió 700.000 hectáreas de tierra agrícolas. Autoabastecida de arroz a comienzos de la década de 1990, actualmente importa 420.000 toneladas anuales. En Perú, el arroz vietnamita y el maíz brasileño cuestan 20% a 30% menos en los mercados urbanos que los mismos productos cultivados en el valle del Huallaga…

Y ante este panorama de devastación, injusticia y miseria, la escandalosa ausencia de estudios sobre la estructura del mercado de narcóticos en Estados Unidos produce estupefacción. Claro que dirigir la guerra santa contra la droga hacia el exterior evita el doloroso trabajo de interrogarse sobre las condiciones económicas y sociales que prevalecen en las ciudades y en los ghettos estadounidenses.

  1. En Colombia se denomina "vereda" a un sector de un municipio rural.
  2. 1 dólar=2.200 pesos colombianos.
  3. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) tienen una fuerte presencia en la región.
  4. Cultivos ilícitos y proceso de paz en Colombia, Acción Andina-Trans National Institute, Bogotá,2000.
  5. Resguardo: reserva indígena heredada de la época
  6. A partir de 1986 se gastaron más de 200 millones de dólares anuales en la lucha antidroga. El programa de desarrolloalternativo, de su lado, recibe 20 millones de dólares por año
  7. Ver "Coca-répression chez les paysans boliviens", Le Monde diplomatique, París, octubre 1995.
  8. Cifras del Ministerio de Agricultura en La Prensa, Cochabamba, 24-5-00.
  9. Ver: Rapport 1998, Observatoire géopolitique desdrogues (París); Cambio, Bogotá, 1-5-00; "Carlos Castaño y los narcos tienen relaciones peligrosas", Miami Herald (24-9-00), que parece apoyarse en filtraciones orquestadas por la Drug Enforcement Administration (DEA) de EE.UU.
  10. 1.600 m2.
  11. Un cuarto de hectárea.

Artículos anteriores

Disparan sobre América Latina, 

por Carlos Gabetta, septiembre 1999.

La guerra en Colombia: una nación, dos Estados,

por Maurice Lemoine, junio 2000.

Drogas y contrainsurgencia, 

por Mariano Aguirre y Virginia Montañés, julio 2000.

De Monroe a Bolívar, 

por Carlos Gabetta, septiembre 2000.

Militarización de la política, 

por Luis Bilbao, septiembre 2000.

América latina, un continente en vías de militarización, 

por Adriana Rossi, octubre 2000.

La onda expansiva del Plan Colombia, 

por Luis Bilbao, octubre 2000.

Colapsa en Bolivia la estrategia de Washington, 

por Luis Bilbao, noviembre 2000.


Autor/es Maurice Lemoine
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 20 - Febrero 2001
Páginas:8, 9
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Agricultura, Deuda Externa, Narcotráfico, Geopolítica, Medioambiente, Salud
Países Estados Unidos, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú