Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

La tercera jornada

La intensa y ardua participación de las mujeres en el medio sindical argentino se ha estrellado contra la hostilidad de las conducciones y aun de los varones del gremio, poco dispuestos a los cambios en la vida cotidiana exigidos por la participación sindical y política femenina. En una coyuntura laboral especialmente perjudicial para ellas, las trabajadoras han sabido dar pasos adelante, con la persistencia del oleaje que golpea los diques destinados a frenarlo.

Pese a los cambios vertiginosos de las últimas décadas en la experiencia vital y cotidiana de las mujeres, el sindicalismo argentino preserva, como un baluarte inmutable, las relaciones jerárquicas entre los sexos: ha ignorado las demandas de las trabajadoras, que con muy pocas excepciones siguen ausentes en los cargos de dirección.

Gremios de composición mayoritariamente femenina, como el Vestido, Textiles, Sanidad (salvo un breve período en la seccional Capital, ver Recuadro) han perpetuado por décadas figuras masculinas. En cambio, Aeronavegantes y Docentes cuentan con mujeres como titulares de la Secretaría General. En el sistema bancario, con porcentajes similares de trabajadores de ambos sexos, la Mesa Ejecutiva del Banco Nación (Ciudad y Buenos Aires) tiene 8 miembros, todos varones. En las delegaciones gremiales, de 36 integrantes sólo 6 son mujeres. En la Banca Cooperativa (también para Ciudad y Buenos Aires), la Comisión Interna tiene 4 mujeres entre sus 14 miembros.

En la dotación de personal de las empresas telefónicas hay mayoría de varones, con un crecimiento de asalariadas en el sector tráfico. Adriana Albornoz, activista del sindicato Foetra Capital, informa que el 35% de las trabajadoras están sindicalizadas y el 15% de los 300 delegados son mujeres. En la Comisión Directiva, la ausencia femenina es total. En gestiones anteriores de este sindicato, la apertura quedaba limitada a la Secretaría de Acción Social.

Sin embargo, este gremio se ha caracterizado por la intensidad de la participación femenina, desde las jornadas de resistencia contra las privatizaciones en los años 80 a las huelgas contra los despidos del último decenio.

Recuperación de los sindicatos

Con el advenimiento de las libertades civiles y democráticas en 1983, se abre una etapa de recuperación de los sindicatos hasta entonces intervenidos que dio lugar al regreso de dirigentes y activistas encarcelados, perseguidos y exiliados.

El nuevo clima de debate político, de movilización social, permitió articular las discusiones feministas con el impulso vigoroso del Movimiento de Mujeres. El sindicalismo fue uno de los blancos elegidos para desestructurar los estereotipos sexuales. Los Encuentros Nacionales de Mujeres, ámbitos de intercambio y elaboración de propuestas nacidos en 1986 y con una periodicidad anual desde entonces, fueron el termómetro de las condiciones de vida de las trabajadoras1.

Una y otra vez las trabajadoras denunciaron los factores que interfieren en una plena participación gremial: la doble jornada de trabajo, remunerado y doméstico, se hace triple al sumar la labor militante. Pero el hecho es que en el sector terciario, ámbito principal de trabajo femenino, se cuenta alrededor de dos millones y medio de mujeres2. En medio de controversias sobre si la creación de ámbitos específicos promovería la participación de las mujeres o las encerraría en un gueto, nacieron Departamentos de la Mujer en varios sindicatos. La Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) organizó su Departamento de la Mujer, el cual tendría una activa presencia en Jornadas Nacionales e Internacionales, con la promoción de discusiones para delegadas y afiliadas, la integración en Multisectoriales de la Mujer y acciones unitarias con otros agrupamientos femeninos. En 1996 fue cerrado, en medio de tensas internas políticas dentro del sindicato.

La Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba) se negó a la conformación de un Departamento específico. Claudia Quiñones, Secretaria de Cultura de la actual conducción, describe cómo se plasmó la articulación del gremio con organismos sociales, movimientos de mujeres y barriales, comedores comunitarios, lugares con notoria presencia de mujeres. Asimismo, el sindicato fue parte de los Encuentros Nacionales y llevó su posicionamiento a la Conferencia Mundial de la Mujer de Beijing en 1995.

En la dirección ejecutiva del sindicato, sobre un total de 17 miembros, 7 son mujeres. De acuerdo con el informe de Quiñones, las periodistas tienen un buen nivel de sindicalización y si bien no son mayoría en el gremio, se observa una mayor movilidad en los últimos años, producto de dos causales combinadas y opuestas: una positiva expansión de la matrícula femenina y la negativa precarización del empleo.

Como un rasgo propio del gremio, la titular de Cultura apunta que la participación de las mujeres no se da en la conformación de delegaciones internas sino en las actividades de formación, debates y seminarios promovidos por el sindicato. Quiñones apunta como causa relevante la crisis de representación política general y la devaluación de la figura del delegado.

Los contenidos más convocantes para las trabajadoras de prensa son los vinculados con la ética periodística y los riesgos profesionales3.

Luego del II Congreso de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA, a la que pertenece Utpba) en 1999, fue notoria la actualización de la demanda de tratar todos los temas desde la óptica de género. En esa línea, la responsable de Cultura ubica el Seminario sobre Política y participación de las mujeres en los cambios sociales de la Argentina, que la Utpba organiza entre el 24 de agosto y el 5 de octubre de este año.

En cuanto al sindicato Gráfico, en 1989/90 y sin cambios sustanciales hasta la actualidad, la relación era de 24025 trabajadores varones y 6875 mujeres. La Comisión Directiva tiene 11 integrantes y una mujer en la Secretaría Adjunta, 12 vocales titulares varones y 3 mujeres. La proporción de delegados elegidos en 1998 es de 253 varones y 11 mujeres4.

El sindicato contó con una Secretaría de la Mujer hasta 1995, fecha en que devino -tras un drástico cambio de nombre y contenido- en Comunidad de Mujeres de la Familia Gráfica. María Pagano, colaboradora de la Secretaría de Prensa y responsable gremial hasta 1989, evoca el recorrido de la Secretaría de la Mujer con la promoción de debates, cursos y Congresos de alrededor de 1000 trabajadoras gráficas en 1994, sumado a la participación en Encuentros Nacionales y actividades promovidas por distintos organismos de mujeres

Precarización

Los debates en torno al lugar de las mujeres en las conducciones sindicales siguen vigentes, pero a mediados de los ´90 se volvieron prioridad la desocupación y el trabajo precario que afectan en primer lugar a las mujeres. Los datos estadísticos indican la persistencia de la segmentación del mercado laboral, tanto horizontal como vertical. Las mujeres están en los puestos menos calificados y de menor jerarquía. Además, la crisis de las ramas centradas en el mercado interno golpeó a industrias de alta ocupación femenina y la aceleración de la crisis capitalista a partir de los ´90 puso en evidencia cómo las mujeres sobrellevan desventajas de género heredadas, pero funcionales al sistema de producción mercantil5.

Las trabajadoras ganan un 30% menos que los varones, cualquiera sea el indicador que se tome: edad, nivel educativo, cantidad de años en el empleo. Los datos del Indec señalan un 52,1% de asalariadas en condiciones precarias, sin cobertura social, ni acceso jubilatorio, y cabe agregar, sin opción a una sindicalización. Esta realidad se ha instalado en los debates sindicales y del Movimiento de Mujeres6.

Avances en el CTA

En 1991 un sector sindical se desprendió de la Confederación General del Trabajo (CGT) y conformó el Congreso de Trabajadores Argentinos (CTA), (Central Sindical a partir de 1996), asentado básicamente en dos gremios: ATE (trabajadores del Estado) y Ctera (docentes).

Desde su nacimiento las mujeres participantes instalaron la discriminación sexista y las reivindicaciones de las trabajadoras como problema del conjunto del movimiento obrero. Un tema sentido e irritante, anticoncepción libre y gratuita y aborto legal como política de salud pública, fue largamente debatido. En ocasión de la Asamblea Constituyente de 1994, llamada para modificar la Constitución Nacional, un grupo de trabajadoras defendió estos derechos ante los legisladores allí reunidos. En el primer Congreso Ordinario del CTA realizado en 1996, sólo pudo incorporarse a las conclusiones la fórmula ambigua de "despenalización de toda práctica" en referencia, se supone, a la contracepción y el aborto.

Dos años más tarde, la comisión de Salud y la Plenaria del Segundo Congreso de la CTA, votaron la despenalización del aborto, en conflicto con la incidencia vaticana enraizada en los últimos 50 años de sindicalismo argentino. El 23 de junio del corriente año un Congreso Extraordinario de esa Central votó la reforma de sus Estatutos, incorporó la Secretaría de la Mujer como parte de los organismos directivos y fijó un piso del 20% de mujeres para cubrir los cargos de conducción.

  1. Encuentros Nacionales de Mujeres de 1986 a la actualidad.
  2. Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Encuesta Permanente de Hogares, 1999.
  3. La ética y los periodistas, Utpba, 1998.
  4. Sindicato Gráfico Argentino: Memoria y Balances, 1998
  5. Revista Internacional del Trabajo, vol. 118, Número Especial: Mujeres, género y trabajo. Partes I y II. Biblioteca del Indec.
  6. Revista de Trabajo y Seguridad Social. La mujer y el trabajo. La situación laboral de las mujeres en Argentina. Biblioteca del Indec; y Los grandes cambios y la crisis. Impacto sobre las mujeres en América Latina y el Caribe, Cepal, 1990.

Una experiencia única

La Asociación de Trabajadores de la Sanidad (ATSA-Capital), con un predominio de mujeres en la rama servicios y de varones en el sector laboratorio, vivió una experiencia singular entre 1989 y 1991, cuando su secretaria general era Carolina Lister. Si bien aquella conducción tenía 3 mujeres sobre 25 miembros de dirección, desplegó una política de movilización del gremio y de participación de las trabajadoras en particular, a partir de la normalización de las elecciones de delegados.

Lister recuerda cómo surgieron así mujeres elegidas representantes en los distintos establecimientos con activa presencia en los Congresos de Delegados y el ímpetu dado desde el sindicato "para que las compañeras se animaran a participar". Era común observar entonces cómo las trabajadoras acudían con sus hijos e hijas al sindicato, que buscaba formas y actividades para integrarlos. Sus madres estaban ganadas a la militancia gremial. "Debemos subrayar con rojo -afirma Lister- hasta qué punto es costoso el compromiso para las compañeras". En un gremio con bajos niveles salariales y limitadas posibilidades de desarrollo intelectual, las delegadas debían afrontar el encuadre político general en los debates, las reuniones Plenarias, Congresos de más de siete horas, y continuar con sus responsabilidades familiares.

La actividad sindical en un gremio superexplotado requiere además dar respuestas cotidianas, por eso las delegadas se acercaban cotidianamente al sindicato, para consulta, asesoramiento jurídico, para poder volcar luego la información en los establecimientos. De ahí surgió una necesidad imperiosa: la capacitación. La conducción implementó un plan de Formación con cursos que incluían tanto lo inmediato como la historia del Movimiento Obrero. Las demandas de género eran constantes: sexualidad, prevención, tipo de relaciones, dificultades familiares, con los hijos, conflictos con la tenencia. Algunos temas sólo llegaron a profundizarse con las delegadas, no hubo tiempo para extender ese trabajo al conjunto del gremio.

Dentro de un proyecto global de Capacitación, la dirección del gremio puso en marcha la Escuela de Enfermería con capacitación en todas las áreas y propuestas de intercambio con otros países. La presencia cuantitativa de trabajadoras en hospitales y clínicas y la participación plena en el sindicato hizo que las reivindicaciones de género fueran parte de la plataforma de la seccional Capital.

Una situación de inusual participación resultó de la convocatoria a las trabajadoras para que intervinieran en la discusión de un nuevo convenio: cada delegada debía discutir en su establecimiento y luego en las Asambleas. Esta tarea significó la lectura crítica y el estudio de todos los convenios de salud existentes en Argentina y los provenientes de los organismos internacionales. Un piso íntegro del edificio del sindicato estaba destinado al debate de contenidos en distintos turnos.

La intervención al sindicato, producto de una maniobra empresarial en connivencia con la Federación de Sanidad, con la cual la seccional mantenía una oposición frontal, liquidó los proyectos iniciados y los planes futuros. Carolina Lister recuerda como episodio relevante de ese tiempo el momento en el que 500 delegados, entre enfermeras y camilleros, interpelaron al Secretario General de la Federación desde hace décadas, Carlos West Ocampo, quien se disponía a firmar un convenio que avasallaba conquistas del gremio. Para defenderse de las trabajadoras de la Sanidad que habían superado a sus guardaespaldas, el siempre desafiante West Ocampo encontró una salida: se encerró en un ropero, desde donde negoció con las dirigentes.


Autor/es Cristina Camusso
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 15 - Septiembre 2000
Páginas:29, 30
Temas Sexismo, Discriminación, Política, Trabajo, Clase obrera
Países Argentina