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Ofensiva militarista en Rusia

El reciente accidente de un submarino ruso en el mar de Barents es una muestra más de la decadencia que afecta a las fuerzas armadas. Tras la derrota de 1994 en Chechenia, la pérdida de poder en la antigua zona de influencia soviética y la amenaza de una nueva "guerra de las galaxias" por parte de los Estados Unidos, los militares rusos debaten acerca de su futuro. La respuesta podría ser una nueva escalada militarista, confirmada por el presidente Putin luego de la catástrofe del submarino.

En junio de 1999 doscientos paramilitares rusos abandonaron sus bases en Bosnia y entraron en Kosovo, donde ocuparon posiciones en el aeropuerto de Pristina. Esta acción, cumplida en estrecha colaboración con la dirección militar serbia, sorprendió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), por entonces todavía en guerra contra Yugoslavia. Pero el hecho sorprendió igualmente a los ministros de Exterior y de Defensa de Rusia y aún está en duda si el Estado Mayor había prevenido al Presidente.

Asimismo, durante la invasión a Chechenia, los oficiales enfrentaron a menudo el control civil de las operaciones. Vladimir Chamanov, un alto comandante del frente Occidental, llegó al punto de declarar que el ejército no obedecería a una eventual orden de interrupción de la ofensiva militar contra las fuerzas chechenas, calificando esta posibilidad como traición. "Antes me arrancaría los galones y me iría a trabajar en el mundo civil. No podría servir en un ejército semejante", aseguró ante las cámaras de la televisión rusa1.

De hecho, el ejército no había manifestado jamás con tanta fuerza su presencia en el seno de la vida política rusa. El peso de los militares en las decisiones políticas se acrecienta. "La influencia del ejército en la política está cambiando. Existe un problema de control civil sobre los militares que no se había planteado desde la revuelta de los decembristas, en 1825", estima por su parte Vyacheslav Nikonov, politólogo y antiguo miembro de la Duma2.

La elección de los últimos tres primeros ministros del ex presidente Boris Yeltsin confirma esta tendencia. Todos -Eugeny Primakov, Sergei Stepachin y Vladimir Putin- fueron previamente generales de la KGB. Sin duda ésta es una razón por la cual la elite política y una gran parte de la opinión pública perciben al nuevo Presidente como un hombre fuerte, capaz de afrontar los desafíos a los cuales debe hacer frente Rusia. Durante los primeros días de su mandato interino, Putin voló a Chechenia con el objetivo de distribuir medallas de condecoración a las tropas combatientes. Y antes de terminar su primer mes en el Kremlin, decretó un aumento del 50% en los gastos de equipamiento para el ejército ruso.

La Perestroika y la Glasnost (reestructuración y transparencia) se fijaron como objetivo resolver la creciente contradicción entre la debilidad de la economía soviética y el peso cada vez mayor de los gastos militares. En tanto la economía estaba por detrás de Estados Unidos y Europa en materia de tecnologías modernas, de bienes de consumo y de nivel de vida, la potencia de su ejército rivalizaba cualitativamente con la de las fuerzas de la OTAN; a las cuales superaba incluso en el plano cuantitativo en términos de fuerzas convencionales y de armas nucleares.

En el curso de los años 1970-80, una gran parte de la sociedad consideraba este enorme sector como el principal obstáculo para el desarrollo económico de la URSS. Gorbachov asignó por tanto a las reformas encaradas el objetivo de reducir los gastos en armamento a fin de reavivar la economía. Pero los cambios introducidos engendraron evoluciones complejas que fueron fatales para un sistema extremadamente rígido.

El hundimiento de la URSS conlleva la caída de su ejército. La URSS contaba entre 4 y 5.3 millones de soldados y oficiales a comienzos de los años "80 (contra 2.1 millones de Estados Unidos). Rusia totalizaba 2.1 millones a comienzo de la primera guerra de Chechenia en 1994. La evaluación de los efectivos actuales varía entre 1.2 y 1.3 millones de soldados, cifra que, según la última reunión del Consejo de seguridad, el 11 de agosto, podría caer en el futuro a 900.000…

Esta reducción no se operó en el cuadro de reformas o de reestructuraciones coherentes: resultó de un hundimiento sin precedentes. Además, la URSS destinaba recursos considerables al ejército y al complejo militar-industrial: a comienzos de los años "80 el presupuesto militar llegaba a unos 250 o 300 mil millones de dólares; la mitad de los ingresos del Estado. En el 2000, el presupuesto militar ruso no excede los 6 mil millones. Entre 1991 y 1997, la producción militar disminuyó un 80%3. La industria militar sobrevive por las exportaciones, estimadas en alrededor de 3 mil millones de dólares en 19994. Ahora, la OTAN no sólo detenta una superioridad cualitativa y cuantitativa en fuerzas convencionales y en armas nucleares, sino que sus efectivos son tres veces más numerosos.

Esta descomposición no ha impedido al ejército ruso mantenerse relativamente presente en la vida política, pese a no tener la tradición -cara a los militares de América Latina- de intervenir en los asuntos políticos. En el curso de los numerosos enfrentamientos políticos de la última década, fue el ejército quien tuvo la última palabra. Así, el fracaso del golpe conservador de agosto de 1991 se explica por la negativa del ejército a tomar parte. A la inversa, en octubre de 1993, gracias a un asalto victorioso del ejército, Yeltsin pudo derrotar al Parlamento e imponer un poder presidencial fuerte.

El primer Presidente de Rusia, a quien el hundimiento generalizado de su país habría podido incitar a reformar la institución militar, no impulsó sin embargo ningún cambio significativo antes de 1997. Yeltsin temía que el ejército interviniese contra él, para reestablecer la URSS o simplemente para derrocarlo. Aplicó entonces una doble política: de una parte, fraccionar a las fuerzas armadas en múltiples formaciones dotadas de estructuras de comando y de control diferentes, desplegando por otra parte fuerzas consideradas leales.

En el hundimiento del ejército soviético, "una de las razones era que el interés económico general no coincidía con la industria de defensa", precisa Sergei Sokut, editor del semanario militar Nezavisimaya Voenoya Obozrenya. "No había ningún obstáculo que impidiera a los equipos de Gorbachov y de Yeltsin destruir el ejército y la industria militar". Al término de una década de reformas económicas, esta situación de hecho no ha cambiado nada. La nueva elite financiera y económica se mantiene apartada de los residuos del antiguo complejo militar-industrial. Y los militares no se sienten obligados a defender los derechos de esta oligarquía. "Esto se ha visto claro en la lucha por los recursos energéticos del mar Caspio. A pesar de su supremacía militar en la región, el ejército ruso no mostró su fuerza para que las compañías petroleras rusas se beneficiaran con un mejor trato. La fuerza militar considera todavía que debe servir al Estado ruso, pero no a los intereses privados", concluye Sergei Sokut.

La descomposición se hizo más evidente todavía en 1994, cuando Yeltsin optó por una solución militar en Chechenia, esencialmente para fortalecer sus posibilidades de victoria en las elecciones presidenciales de 1996. Pero la oposición a la guerra se expresó a todos los niveles, del simple soldado al más alto cuadro del Estado Mayor. El entonces vice ministro de Defensa, general Boris Gromov, proclamó abiertamente que el ejército no estaba en condiciones, y el segundo comandante del ejército, general Eduard Vorobyev, se negó a dirigir la intervención5. El Estado Mayor tuvo dificultades para encontrar los 30 mil hombres y los 80 tanques para enviar a la República secesionista. Y durante los dos primeros meses, el FSB (ex KGB) y los generales del ministerio del Interior tomaron la dirección de las operaciones. El fiasco dejó un gusto amargo para los oficiales implicados en Chechenia, desde entonces ávidos de revancha.

Esta derrota tuvo otra consecuencia: las reformas de 1997, que redujeron los efectivos de las fuerzas armadas a 1.2 millón de hombres y reorganizaron el dispositivo de conjunto. Este último se compone desde entonces de cuatro servicios: el ejército de tierra, la marina, la flota aérea y las fuerzas estratégicas. Pero estas reformas apresuradas chocarían con problemas persistentes de la actual política militar rusa: ¿cómo mantener efectivos suficientes en períodos de regresión demográfica? ¿Y cómo reestructurar en una época de crisis presupuestaria, de ineficacia del Estado y de corrupción generalizada?

La guerra de Kosovo representó un verdadero shock para la opinión pública y los responsables de tomar decisiones. "La idea más extendida es que después de Serbia, la OTAN habría podido bombardear Rusia y que, si no lo hizo, fue únicamente a causa de la existencia del arsenal nuclear", asegura Alexander Pikaev, experto militar de la Fundación Carnegie para la paz internacional en Moscú. Es verdad que por entonces, la opinión pública estaba frustrada por la ausencia de resultados positivos de las reformas "pro-occidentales" y la elite dirigente cada vez más apartada de la escena internacional. Moscú no solamente no tiene más la palabra en lo concerniente a Europa del Este, los Balcanes y Medio Oriente, sino que Washington integra progresivamente el mar Caspio en el cuadro de sus "intereses nacionales" de contornos evolutivos y da a entender incluso que la apertura de la OTAN podría englobar regiones de la ex URSS tales como los países bálticos o Ukrania6.

De hecho, los temores engendrados por la guerra de la OTAN contra Yugoslavia se reflejaron en el nuevo "concepto de seguridad rusa": "Las amenazas fundamentales en la esfera nacional son (…) el refuerzo de los bloques y las alianzas político-militares, por sobre todo la apertura al Este de la OTAN; la posible emergencia de bases militares extranjeras y de presencia militar de envergadura en la proximidad inmediata de las fronteras rusas"7. Para enfrentar esta perspectiva, la doctrina prevé "la utilización del conjunto de fuerzas y ventajas disponibles, incluso nucleares, en caso de que sea necesario rechazar una agresión armada, si todas las otras medidas tendientes a la resolución de la crisis han sido puestas en práctica y se han revelado infructuosas".

En realidad, enarbolando la amenaza del recurso a las armas nucleares, el ejército confiesa la debilidad de sus fuerzas convencionales. "Hoy y probablemente por primera vez desde el siglo XVIII, Rusia está rodeada de países que desarrollan más activamente que ella su potencial militar", precisa Konstantin Makiyenko, vice director del Centro ruso de análisis estratégicos. "Incluso Turquía dispone de fuerzas armadas comparables a las de Rusia y probablemente superiores. Es por esto que las armas nucleares son finalmente nuestro último recurso"8.

La ratificación por la Duma del tratado Start II, el 14-4-00 (siete años después de su firma), muestra a la vez que el Parlamento colabora con el nuevo Presidente, pero también que desea retomar la discusión con Estados Unidos y la OTAN sobre las cuestiones de desarme. El arsenal nuclear ruso y estadounidense se verá reducido a la mitad, con alrededor de 3.500 cabezas de ojivas para cada uno. Y con las negociaciones del Start III, esa cifra podría caer a 1.500. Pero Moscú se reserva el derecho de retirarse del Start II si Washington viola el tratado antimisil balísitico (ABM) de 1972.

El programa antimisil estadounidense ha producido en efecto una cierta confusión en Moscú. Si Washington adopta esta versión reducida de la "guerra de las galaxias", el tratado anti misil balístico sería violado (ver art. de La Gorce, pág. 18). Además, en una época en que el principal punto militar de apoyo de Rusia reside en su arsenal nuclear, la tentativa estadounidense de neutralizar toda amenaza proveniente de misiles representaría un serio desafío lanzado contra los dirigentes rusos. "No podemos rivalizar militarmente con los estadounidenses. Es imposible. Todo lo que podemos hacer es encontrar una respuesta asimétrica", estima Eugeny Kozhokin, director del Instituto ruso de estudios estratégicos, un think tank del Estado. De un lado, la ratificación del Start II refuerza la posición de los negociadores rusos en relación con futuros proyectos en materia de misiles. Pero, por otro, una parte del arsenal nuclear ruso ha envejecido y resulta demasiado costoso modernizarlo. Según Alexander Goltz, comentarista militar del semanario Itogi, "más del 70% de las armas rusas son demasiado viejas y muy pronto será necesario reemplazarlas, por nuestra propia seguridad".

Nada sorprendente, en estas condiciones, si la guerra de Chechenia agudiza la controversia entre el ministro de Defensa, Igor Sergeyev, y el jefe del Estado Mayor, general Anatoly Kvashnin. El ejército acusa al primero de haber puesto demasiado a favor del potencial nuclear e invertido demasiado dinero en la producción de una nueva generación de misiles balísticos, el Topol-M. Esto explica la contraofensiva del Estado Mayor: ocupando espectacularmente el aeropuerto de Pristina e imponiendo su visión de la guerra de Chechenia (a saber, total y sin negociación), colocó sus peones en la arena política. A cambio, logró nuevas promesas del Presidente, que se embarcó en un aumento del presupuesto militar y en la entrega de recursos adicionales para cubrir los gastos de la guerra. Ahora, luego de la catástrofe del submarino Kursk, Putin anunció un aumento de presupuesto y salarios y una reestructuración del ejército y la marina9.

La lucha entre el ministerio de Defensa y el Estado Mayor se desarrolla desde algun tiempo a la vista de todos. Más que una batalla burocrática interna por presupuesto, concierne a la futura orientación militar y la política exterior. Reforzar su potencial en materia de misiles estrátegicos -como exige Segeyev- significaría continuar rivalizando con Estados Unidos, con las fuerzas nucleares como único boleto de entrada al grupo de las superpotencias. Pero Segeyev y sus allegados tienen pocas posibilidades de imponerse -la destitución, a principios de agosto, de seis generales del ministerio de Defensa reprensentó un duro golpe para su campo. En la oposición, el grupo de Kvashin pretende reforzar las fuerzas convencionales, no sólo en relación con la guerra de Chechenia, sino también para tener un rol más activo en el "extranjero cercano": los Balcanes y entre antiguos aliados de la URSS en el Cercano Oriente y en Africa del Norte. Este grupo se beneficia con el apoyo de los herederos de los vestigios del complejo militar-industrial soviético, que considera el desarrollo del abastecimiento militar como una palanca para vitalizar el sector tecnológico e industrial de Rusia, que se muere de la falta de inversiones.

Dicho de otro modo, el fracaso de las reformas económicas durante la era Yeltsin y el éxito de la política occidental para marginar a Moscu a la vez de la escena internacional y del espacio soviético mismo empujan a Rusia hacia una nueva era de militarismo.

  1. Reuters, 9-11-1999.
  2. Nombre dado a los oficiales que, el 14 de diciembre de 1825, llamaron a los soldados de San Petersburgo a sublevarse para imponerreformas al nuevo Zar Nicolás 1º. La revuelta fracasó; cinco desus iniciadores fueron ahorcados y los demás enviados al exilio enSiberia.
  3. La URSS producía 1600 tanques en 1990; Rusia no produjo más que 5 durante 1997; la producción de bombarderos pasó, en el mismo período, de 430 a 70. Cf. The military balance,1999-2000, The International Institute for Strategic Studies, Oxford University Press, 1999.
  4. Izvestia, 29-12-1999. Este valor llegó a los 2.500millones de dólares en 1997 y a 2.800 en 1998. Las exportaciones rusas norepresentan por tanto sino un débil porcentaje del intercambio internacional de armamento, evaluado en 57 mil millones de dólares en1998.
  5. Pavel Baev, The Russian Army in a Time of Troubles, PRIO, Oslo, 1996.
  6. A propósito del impacto de la guerra de Kosovo sobrelas relaciones ruso-estadounidenses, y de la estrategia militar estadounidense respecto de Rusia y China, ver Gilbert Achcar, La Nouvelle Guerre Froide, Presses Universitaires de France, 1999.
  7. "El concepto ruso de seguridad nacional", Nezavisimaya Voenoya Obozrenya, Moscú, 14-01-00.
  8. Interfax, 14-01-00.
  9. "Rusia reforzará su defensa", La Nación, Buenos Aires, 26-8-00.
Autor/es Vicken Cheterian
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 15 - Septiembre 2000
Páginas:20, 21
Traducción Luis Bilbao
Temas Conflictos Armados, Militares, Terrorismo, Estado (Política), Geopolítica, Políticas Locales
Países Estados Unidos, Serbia (ver Yugoslavia), China, Rusia, Turquía, Yugoslavia