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Recuadros:

Los mecanismos ilegales del comercio internacional

Sobres rojos" en China; "bakchich" en países árabes y Francia; "matabiche" en África central; "payola" en Filipinas; "coima", "mordida" y varios más en América Latina, o simplemente soborno. Las palabras para nombrar la corrupción son innumerables 1. Pero ¿Cómo definirla? En cualquier caso, se trata de un fenómeno mundial que ha adquirido proporciones descomunales en los últimos años y devenido arma arrojadiza entre Estados en guerra comercial. Tanto las instituciones como las empresas se resisten a controlarla, a pesar de que sus dimensiones actuales afectan a la economía y el comercio.

Para Daniel Bertosa, procurador de Ginebra, la corrupción es "técnicamente, el acto que consiste en prometer u ofrecer una ventaja a un agente público, funcionario, ministro, dirigente de una empresa pública, para que éste viole los deberes que tiene hacia la colectividad pública que representa. El corruptor activo es el que promete la ventaja o que la abona. El corrompido es el agente público que traiciona sus deberes. Hay relación entre la promesa de una ventaja y la traición a los deberes".

Nadie sabe exactamente lo que representa la corrupción en la economía internacional. Según una evaluación del Banco Mundial, su monto anual sería de ochenta mil millones de dólares, además de los fondos para el desarrollo desviados y la pequeña corrupción practicada especialmente en los países emergentes, impuesto suplementario requisado por la policía, empleados aduaneros, funcionarios, políticos, etc., a sus conciudadanos.

En el comercio internacional la práctica es antigua y, por así decirlo, usual desde la invención del trueque. Samuel Pepys, primer Lord del Emirato británico (1633-1703), consideraba que un soborno no era tal cuando era deslizado discretamente "bajo la mesa". Esta concepción, en verdad, no cambió. La corrupción continúa siendo un dato económico igual que otro en los intercambios internacionales, aun cuando el fenómeno se agravó desde la descolonización, en los años ´60 (es particularmente flagrante para Francia en África). Los medios de negocios occidentales tienden a considerar la corrupción en los países del tercer mundo como un hecho cultural inevitable. En resumen, se puede decir que los corrompidos son las instituciones de los países emergentes y los corruptores las empresas de los países ricos. Como suele decirse, "para bailar el tango hacen falta dos".

En realidad, afirma un buen conocedor de los negocios africanos, esta corrupción "tranquila" es una forma de engaño. "Se corrompe porque no se es capaz de competir y se prefiere retener mercados cautivos, aun corriendo el riesgo de ser expulsado si no se alcanza a pagar las comisiones exorbitantes exigidas por los clientes".

A mediados de los años ´70, el aumento vertiginoso del precio del petróleo exponía a Francia a un déficit comercial crónico. La balanza del comercio exterior se transformó en índice mágico y la ideología de la venta suplantó a una moral ya desfalleciente y a cualquier otra consideración ideológica. Para compensar la ausencia de competitividad de sus empresas en los mercados extranjeros, el gobierno francés, imitado por todos sus homólogos europeos, autorizaba en 1977 los sobornos -oficialmente llamados comisiones- cuando eran abonados a un funcionario extranjero. Existía el derecho a corromper de modo legal a los jefes de Estado, sus ministros e inclusive hasta el más pequeño escalón de la jerarquía de un país para desplazar a los competidores, gracias a un artificio fiscal que permitía descontar impuestos con las erogaciones por soborno.

Una declaración en la Dirección general de aduanas, encargada del control de cambios, permitía a un industrial depositar una parte del pago en una cuenta, generalmente en un país del tercer mundo o en el país vendedor y un fantástico eufemismo designaba el dispositivo: Fondos Comerciales Excepcionales (FCE)… Una jurisprudencia del Consejo de Estado de 1983 confirmó que esas sumas eran deducibles, cuando se pagaban en favor de la empresa. Como dice Jacky Darne, diputada informante del proyecto de ley contra la corrupción de los agentes extranjeros: "Es en contra del interés general y es en contra de la moral. Pero en el sentido estricto del término, se puede considerar que es en favor de la empresa".

Hasta 1986, la Dirección de aduanas enviaba al ministro de Presupuesto una carta de comunicación. El ministro daba su autorización, concediendo el derecho a la cobertura seguro-crédito de la Compañía francesa de seguros para el comercio exterior (Coface). Así, el contribuyente saldaba la factura en caso de falencia del cliente, sobornos incluidos. El rechazo del ministerio no impedía ni la transacción ni el abono de la comisión; simplemente privaba a la empresa de la cobertura de la Coface. Desde la supresión del control de intercambios, en 1986, basta declarar el gasto en la declaración fiscal del año bajo la protección del secreto-defensa, incluso en el caso de contratos civiles.

Por otro lado, en el área de las exportaciones de armamento, donde la corrupción es la norma, los industriales debían pasar por instituciones públicas bautizadas "Oficinas", que mediante un diezmo distribuían las comisiones. La Oficina general del aire se ocupaba de los aviones, el Ofema de los equipamientos aeronáuticos, la Sofme de los equipos navales y terrestres y la Sofresa de las armas para Arabia Saudita. Desde 1989, un informe de inspección de las finanzas criticaba el status público y la falta de transparencia de esos organismos.

A título de ejemplo, el célebre asunto de las fragatas vendidas a Taiwán en 1991 fue objeto de un colosal soborno de varios miles de millones de francos, declarado al fisco en tiempo y hora. Lo que era ilegal era el retorno (retrocomisión) de una parte de la suma en los bolsillos franceses, públicos o privados.

Mientras los europeos legalizaban la corrupción en el comercio internacional, Estados Unidos parecía comprometerse exactamente en la dirección inversa. Adoptado en 1977, después del escándalo Lockheed2, el Federal Corrupt Practices Act (FCP) incriminaba todo acto de corrupción de un funcionario extranjero. En realidad, como explica el conjunto de industriales competidores, Estados Unidos continuó sus prácticas mediante filiales instaladas en paraísos fiscales. De hecho, el gobierno estadounidense ayuda a las exportaciones que favorecen la instalación de empresas en paraísos fiscales con hasta 2.500 millones de dólares en subvenciones anuales. Esas filiales subvencionadas, bautizadas Foreings Sales Corporation (FSC), son la base del sistema oculto del pago de las comisiones en el extranjero.

Aunque numerosas empresas estadounidenses hayan puesto la mano en la lata, el sistema de transacción judicial vigente permitió limitar las persecuciones. Elisabeth Guigou, ministra de Justicia de Francia, reaccionó así ante ciertas acusaciones estadounidenses: "creo que antes de criticar a los otros, hay que barrer delante de la propia puerta. Hay prácticas en Estados Unidos, incluso en el sistema penal, que son perfectamente legales, que consisten, por ejemplo, en aceptar que se negocie con la administración. Esto se llama el Plea Bargaining. En este sistema penal estadounidense, usted es acusado de lo que sea, encuentra un procurador y le dice: bien, vayamos a arreglar".

Jacky Darne va más lejos: "Este conjunto de hechos llevó a que el número de empresas perseguidas por el delito de corrupción en Estados Unidos fuera bastante escaso. Algunas pocas decenas. A veces Estados Unidos da lecciones a buen precio". En todo caso, la merma de ganancia de la industria exportadora estadounidense a causa de la ley anticorrupción, fue escasa: menos de mil millones de dólares en veinte años.

Europa contra Estados Unidos

El comercio internacional se inscribió, durante decenios, en el marco de las relaciones Este-Oeste. Cada campo intentaba que sus clientes permaneciesen leales para impedirles pasar al enemigo. La caída del muro de Berlín y la apertura al mundo de los ex países comunistas y sus satélites, cambió el reparto. El comercio internacional se volvió un enfrentamiento de intereses opuestos pero marcado sólo por los económicos, especialmente en las áreas de armamento y construcción. En el este y en los ex países comunistas, los grandes complejos industriales, los mercados, los grandes contratos, se volvieron pretexto para enormes comisiones.

Todos los sectores que dependían de la demanda del sector público -del armamento al petróleo, de la energía a los transportes o la instalación del agua, incluso los equipamientos médicos y paramédicos- estuvieron sometidos a un verdadero diezmo. Al punto que los industriales mismos comenzaron a ver que el juego de la corrupción no compensaba el riesgo.

Hasta mediados de 1990, la corrupción en las transacciones internacionales continuaba siendo tema tabú. En organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), se lo evocaba por su inicial (el "C world") para quejarse y deplorar su fatalidad cuasi cultural en algunos países. Pero en realidad nada se movía: los "propietarios" del BM y el FMI son Estados y tienen como clientes a otros Estados.

Sin embargo, en octubre de 1996, durante la asamblea anual del BM y el FMI, con sede en Washington, James Wolfensohn, presidente del BM, abordó por primera vez el problema. Calificando la corrupción como un "cáncer", denunció que "afrenta a los más pobres, desvía el dinero hacia los más ricos, aumenta el costo de todas las actividades, provoca graves distorsiones en la utilización de los recursos colectivos y espanta las inversiones extranjeras".

En julio de 1997, el FMI cambiaba también su orientación, al prevenir a Argentina de que toda ayuda financiera suplementaria estaría subordinada -además de las condiciones habituales en cuanto al respeto de los equilibrios financieros- a los progresos realizados en los grandes sectores de educación, de la salud, del fisco, pero especialmente en la lucha contra la corrupción.

Estas tomas de posición coinciden con el comienzo de una serie de discusiones en el seno de la Organización por la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a iniciativa de Estados Unidos, que apuntan a preparar un proyecto de convención que reprima la corrupción de agentes extranjeros. El 10-12-1997, con motivo de una reunión de ministros de los países miembros de la OCDE bajo la presidencia de Dominique Strauss-Kahn -entonces ministro de Finanzas francés- veintiún países firmaron el acuerdo. Pero falta aún que lo ratifiquen los respectivos parlamentos de los países signatarios, lo que no será un simple trámite.

Para Francia, los sobornos alcanzaron niveles demasiado elevados. Suficientes en todo caso para poner en riesgo no a las empresas exportadoras, pero en todo caso sus márgenes de ganancia. Las "comisiones" pasaron los límites desde hace varios años. En el negocio del armamento, donde la corrupción es la norma porque se trata de compras enormes (100, 200, 500 millones de dólares, e incluso mucho más), las comisiones, que en los países desarrollados giran alrededor del 5% al 6%, pueden alcanzar el 20, el 30, a veces el 40%.

A pesar de eso, los sectores industriales europeos en general y franceses en particular (especialmente en armamento) se muestran hostiles a la convención: "nos perjudicamos nosotros mismos", arguyen. Estiman que este texto es una maniobra de Washington para desestabilizar las exportaciones europeas.

Es aproximadamente en esta época en la que se afirma una Organización no gubernamental llamada Transparency International (con alusión a Amnesty International, ver recuadro), que tendrá gran éxito mediático con la publicación de una lista mundial de países corruptos. Una clasificación poco científica, según quienes la conceptuaron, porque se apoya en estudios de opinión que se fundan en la "percepción" que algunos tienen de la corrupción, y no en su estado real, imposible de establecer.

Transparency fue denunciada de inmediato como instrumento de la política estadounidense, una opinión retomada por algunos medios de comunicación que se hacen eco de medios industriales franceses -especialmente de la industria del armamento- notoriamente hostiles a los acuerdos de la OCDE: "Un caballo de Troya de los yanquis" anuncia Le Canard Enchainé3.

Un extraño fiscal

Mientras la polémica entre Estados Unidos y la industria francesa se amplifica, Transparency International organiza en Durban, Sudáfrica, durante la segunda semana de octubre de 1999, una gran conferencia que consagra su credibilidad internacional. Lo que no era hasta entonces más que una pequeña organización militante aparece de repente como capaz de movilizar a 1200 delegados llegados desde los cuatro rincones del planeta.

Dos elementos se destacan en el debate. Por un lado, una acusación al BM, inculpado de financiar directamente a los corruptos con una distribución abusiva y ciega de los fondos destinados al desarrollo. Por otro, un interés firme por los acuerdos de la OCDE.

El 26-10-1999 la organización publica una clasificación de los países corruptores. Efecto de difusión garantizado: Francia se clasifica mal, otros países europeos también. ¡Al contrario de Estados Unidos! La prensa internacional se agita, reclama gestos enérgicos y percibe que ciertos países de la OCDE, en particular Francia, no ratificaron los acuerdos de esta organización. Las mentes suspicaces observan la extraña proximidad entre la publicación de la mala clasificación y la conferencia de la OMC en Seattle, en diciembre de 1999. Además, Transparency no oculta su deseo de ver inscribirse la cuestión de la corrupción en la agenda de la OMC, la cual le parece en situación de asumir el rol de "guardián internacional" del fenómeno.

La polémica alcanza su nivel más alto entre europeos y estadounidenses. Estos últimos, que insisten tanto sobre las consecuencias de la "deslealtald" comercial europea vía ayudas fiscales, son sin embargo muy discretos sobre sus propias subvenciones. Tanto es así que, curiosamente, las filiales extranjeras de las empresas de los firmantes de la OCDE son apartadas del campo de aplicación de la convención.

El gobierno francés se tomará dos años para ratificar su firma. En una primera etapa, con algún retraso por la instigación de algunos medios industriales, el gobierno propone un proyecto de ley de ratificación en el cual se "autoriza la persecución de la corrupción legal en el caso de contratos ya en ejecución", lo que provoca gran furor de Estados Unidos, que denuncia la duplicidad. El 30-1-00, en el foro económico mundial de Davos, la secretaria de Estado Madeleine Albright acusa directamente a Francia. "Sería difícil enviar un mensaje contra la corrupción si parece que algunos países toman otro camino que el acordado".

En una segunda etapa, sin relación aparente con las presiones estadounidenses, el gobierno francés retira el artículo controvertido y el 29-2-00 la Asamblea Nacional vota el texto de ratificación. Este será definitivo el 21 de junio. Se necesitaron dos años y medio para lograrlo.

Sin embargo, la polémica no termina ahí. La Unión Europea (UE) obtuvo ante la OMC la condena de Estados Unidos por su ayuda disfrazada de exportación vía las filiales en los paraísos fiscales. Ante la negativa reacción estadounidense, la UE lanza, el 5-9-00, un ultimátum a Washington. El conflicto continúa…

¿Es realista pensar que una voluntad política internacional detenga la corrupción? ¿Qué hacer en países como Arabia Saudita, donde el soborno es una forma tribal de regalo? ¿O en Rusia, donde la pobreza conlleva un desarrollo exponencial de la pequeña y gran corrupción? ¿Se puede imaginar que se va a boicotear a Rusia, China o Arabia Saudita?

"Todo el mundo sabe que China es un país donde la corrupción está extremadamente extendida, pero esto no impide que continúe siendo el primer destino mundial de las inversiones directas extranjeras. La corrupción masiva en China no impide a las personas ir y concretar negocios", afirma Jean Cartier-Bresson, profesor en ciencias económicas en la Universidad de Reims. Agrega que "Sin embargo, el hecho de que haya corrupción en Rusia plantea otro tipo de problema: el del medio político inestable. Si hay corrupción controlada en un contexto estable, con interlocutores que son siempre los mismos, esto no impedirá a los hombres de negocios ir. Lo que molesta es el cambio permanente de los responsables, de los montos pedidos, la inestabilidad de las reglas de juego de la corrupción".

Hecha la ley…

La corrupción cero no existirá, pero como subraya el procurador de Ginebra, Daniel Bertosa, "cuanto menos corrupción haya, mejor será. Soñar con una situación donde uno se podrá erigir en tolerante de los comportamientos que por definición no lo son, muestra esquizofrenia o impostura". Sin embargo, algunos comienzan ya a buscar soluciones. Como lo confirma, sin recurrir al anonimato, un agente comercial de una gran empresa exportadora francesa: "Una de las astucias es ahora tener filiales en países que no pertenecen a la OCDE y, así, aquello que se hacía desde Francia va hacerse desde ese país no integrante de la OCDE".

Confirmación en el mes de febrero del 2000. Un juez de instrucción no hizo lugar a una acusación contra un ejecutivo de la sociedad Dumez-Nigeria. Estaba sospechado de haber hecho transitar por sociedades pantalla 400 millones de francos, de los cuales una parte habría sido abonada a personalidades nigerianas. El argumento para absolver al inculpado era simplemente la autonomía jurídica de la filial nigeriana con respecto a la casa central francesa. El tribunal y el juez estimaron "probable" que Dumez - Nigeria perteneciera al "complejo" Dumez-Francia pero que esta "dependencia" no había podido ser demostrada4.

dirigentes de los Países Bajos, Japón, Alemania Federal e Italia para que sus países compren aviones.

Le canard enchainée, París, 27-1-1999.

  1. Ver el dossier "Los paraísos fiscales", en Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, abril de 2000.
  2. En 1976 se supo en Washington que la sociedad Loockheed Aircraft sobornaba a funcionarios, partidos y dirigentes de los Países Bajos, Japón, Alemania Federal e Italia para que sus países compren aviones.
  3. "La guerra Francia-USA en el frente debakchich", Le canard enchainée, París, 27-1-1999.
  4. Le Monde, Paris, 4-4-00.

La opacidad de Transparency

Transparency International fue fundada en 1993 por Peter Eigen, ex alto funcionario del Banco Mundial (BM). La organización cuenta ahora con secciones nacionales en más de setenta países. La sección francesa, poco activa, fue creada por Michel Bon, ejecutivo de France Telecom.

La actividad principal de Transparency es la publicación anual del índice de percepción de la corrupción (IPC), establecido por vez primera en 1995. Clasifica los países en función del grado de corrupción percibido como existente en las administraciones y en los hombres políticos. La organización se fijó como regla no denunciar con nombre a las empresas corruptoras, por lo que sus ataques afectan exclusivamente a los Estados. Es incluso la principal debilidad de su acción, porque algunas sociedades multinacionales no tienen identidad nacional… ¡y la organización las elimina de entrada de sus estudios!

La organización propone códigos de conducta a las empresas y a los Estados. Para evitar las polémicas del año pasado (ver pág. 26), Transparency atempera por ahora sus juicios negativos y relativiza la validez de su clasificación. Especifica, por ejemplo, que figurar último en una clasificación subjetiva y no abarcadora de todos los países del mundo, no significa ser el país más corrupto del planeta. En cuanto a Francia, los contratos públicos, el armamento y la energía -especialmente el petróleo- son, como era previsible, las áreas más susceptibles de corrupción. Las empresas francesas están tradicionalmente bien ubicadas en esos sectores y Francia se encuentra entonces con mala clasificación. Ahí también -minimiza la organización- esto no significa de ningún modo que Francia sea uno de los países más corruptores del mundo.

El presupuesto de la organización para 1999 es de dos millones y medio de dólares. Un tercio proviene de la donación de grandes fundaciones internacionales. Otro tercio es otorgado por agencias de desarrollo y organizaciones internacionales, como el BM. El último tercio está asegurado por grandes sociedades.

Aun admitiendo que alguno de esos industriales, como IBM1 o General Electric2, por ejemplo, pudieron estar implicados en el pasado en hechos de corrupción, Eigen define así su posición frente a sus patrocinantes: "nosotros no somos niños de pecho. Las grandes empresas desean dejar de corromper, pero no saben cómo hacerlo. Tienen miedo de perder todos sus mercados en manos de sus competidores. Nadie quiere ser el primero en cambiar. Debemos ser realistas y comprender que esas sociedades deben trabajar y en consecuencia si les pedimos un nivel demasiado elevado de heroísmo moral, no llegaremos a nada. Somos totalmente pragmáticos. Debemos trabajar con las grandes sociedades sin pedir un standard tan elevado que les sea imposible someterse".

Nada permite afirmar que Transparency tenga alguna relación con la CIA. Pero algunos de sus donantes tuvieron, en el pasado, lazos comprobados con organismos oficiales estadounidenses (por ejemplo la USAID), y uno de los miembros de su comité consultor pertenece al National Endowmente for Democracy, que estuvo implicado en la acción de la CIA en América Central en los años "80. Lo que resulta innegable es que la organización está ampliamente alineada junto a las posiciones liberales estadounidenses.

  1. En 1997, IBM se vio mezclada en un escandaloso asunto de corrupción en Argentina, aún no del todo aclarado. La central en Estados Unidos se negó a que sus directivos presuntamente implicados declarasen ante el juez argentino a cargo de la causa.
  2. En 1997, General Electric fue condenado a una multa de 25 millones de dólares por sobornos en Egipto.


Los mercados de armamento y sus clientes

K, Joseph

El mercado de armamentos sufrió importantes transformaciones en su clientela. Cambiaron los responsables a cargo de las adquisiciones. Se sucedieron varias épocas. En la que siguió a las descolonizaciones, ex oficiales de los ejércitos metropolitanos se encargaban de adquirir materiales. Es todavía el caso en Oman, donde oficiales británicos continúan siendo consejeros militares del sultán. Las "comisiones" eran bajas, comparadas con los precios del petróleo de esa época.

Con el boom petrolero, aparecieron intermediarios provenientes en su mayoría de Medio Oriente, como Akram Ojjeh, Adnan Kashoogi, Samir Traboulsi, que despabilaron brutalmente el sistema. Hoy a los puestos de responsabilidad llegan técnicos, hijos de los años fastos del petróleo o del desarrollo económico, que estudiaron en el extranjero y exhiben su nacionalismo, como por ejemplo quienes ahora toman las decisiones en los Emiratos Árabes Unidos.

Esos hombres asumen una parte de las decisiones y en algunos casos, pueden expresar su desacuerdo. Tienen una mayor exigencia técnica y son menos sensibles a las comisiones. El descontento de los militares de Quatar ante la lista de los materiales que los británicos pretendían imponer después de la firma, en 1997, de un gentlemen´s agreement con el nuevo emir, explica en parte que entre los dos países no se concretara ningún contrato de compra.

Las situaciones varían según las regiones. Entre la concepción patrimonial de las familias principescas del Golfo, que confunden presupuesto público con caja real o redistribuyen las comisiones en el marco de una relación clientelística tradicional, y algunas de las elites asiáticas que reinvierten los beneficios de la corrupción en el desarrollo económico, las actitudes son diferentes.

La guerra del Golfo abrió también un debate en varios países, entre ellos Kuwait y Arabia Saudita. La ineficacia de los ejércitos nacionales, pese a estar fuertemente pertrechados, suscitó críticas a las razones dadas para justificar compras dispendiosas. El Parlamento de Kuwait denunció ciertas prácticas de la familia reinante y adoptó una ley que regulariza las comisiones si son declaradas y otorgadas a un habitante de Kuwait. En Arabia Saudita, muchas declaraciones de los ulemas denunciaban las compras de armamentos inmediatamente después del conflicto. El príncipe heredero Abdallah pretende aparecer como el hombre íntegro que, luego de la guerra del Golfo, no firmó ni un solo contrato de armamento para la guardia real que comanda y, desde que está a cargo de esos negocios, redujo considerablemente las compras del reino.

En los países de Asia afectados por la crisis financiera de 1997 el problema de la corrupción estalló e incluso provocó cambios de régimen (por ejemplo en Indonesia) y acciones de justicia. En países como India o Pakistán, los cambios de equipos gubernamentales suscitan la denuncia de las antiguas prácticas y procesos (familia de Benazir Bhutto…) y desembocan en el bloqueo de una parte de los haberes escondidos en el extranjero, por ejemplo las ex cuentas bancarias de Buttho en Suiza. Otros países condenaron con mayor o menor éxito las prácticas de corrupción e inscriben cláusulas de denuncia, sin indemnización de los contratos, en los casos de abono de comisiones (Taiwán, Singapur).

Por otro lado, los funcionarios de los países compradores están cada vez más preocupados por equilibrar las compras. Llaman offset a las fórmulas en vigor. En un primer momento, se trató de obtener transferencia de tecnología para desarrollar industrias nacionales de armamento. Ante los fracasos de esas tentativas, los compradores pidieron la puesta en marcha de joint ventures con empresas locales o de "canjes" (uvas de Corintio contra Mirages vendidos a Grecia, por ejemplo).

De ahora en más, la mayoría de los países piden compensaciones, a veces anticipadas a su decisión de compra. Este sistema, muy complejo, da lugar a numerosos arreglos destinados a cubrir las comisiones abonadas. Estados Unidos creó un fondo destinado a financiar los offsets en Arabia Saudita, y British Aerospace fundó, a partir de ahora, un fondo de la misma naturaleza (Oasis) con la familia real de los Emiratos Árabes Unidos.


Autor/es Pierre Abramovici
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 17 - Noviembre 2000
Páginas:26, 27, 28
Traducción Yanina Guthmann
Temas Corrupción, Neoliberalismo, Estado (Justicia)
Países Estados Unidos, Argentina, Egipto, Nigeria, Sudáfrica, China, India, Indonesia, Japón, Pakistán, Singapur, Taiwán, Alemania (ex RDA y RFA), Francia, Grecia, Italia, Rusia, Suiza, Arabia Saudita, Kuwait