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Los mecanismos ilegales del comercio internacionalSobres rojos" en China; "bakchich" en países árabes y Francia; "matabiche" en África central; "payola" en Filipinas; "coima", "mordida" y varios más en América Latina, o simplemente soborno. Las palabras para nombrar la corrupción son innumerables 1. Pero ¿Cómo definirla? En cualquier caso, se trata de un fenómeno mundial que ha adquirido proporciones descomunales en los últimos años y devenido arma arrojadiza entre Estados en guerra comercial. Tanto las instituciones como las empresas se resisten a controlarla, a pesar de que sus dimensiones actuales afectan a la economía y el comercio.Para Daniel Bertosa, procurador de Ginebra, la corrupción es "técnicamente, el acto que consiste en prometer u ofrecer una ventaja a un agente público, funcionario, ministro, dirigente de una empresa pública, para que éste viole los deberes que tiene hacia la colectividad pública que representa. El corruptor activo es el que promete la ventaja o que la abona. El corrompido es el agente público que traiciona sus deberes. Hay relación entre la promesa de una ventaja y la traición a los deberes". Nadie sabe exactamente lo que representa la corrupción en la economía internacional. Según una evaluación del Banco Mundial, su monto anual sería de ochenta mil millones de dólares, además de los fondos para el desarrollo desviados y la pequeña corrupción practicada especialmente en los países emergentes, impuesto suplementario requisado por la policía, empleados aduaneros, funcionarios, políticos, etc., a sus conciudadanos. En el comercio internacional la práctica es antigua y, por así decirlo, usual desde la invención del trueque. Samuel Pepys, primer Lord del Emirato británico (1633-1703), consideraba que un soborno no era tal cuando era deslizado discretamente "bajo la mesa". Esta concepción, en verdad, no cambió. La corrupción continúa siendo un dato económico igual que otro en los intercambios internacionales, aun cuando el fenómeno se agravó desde la descolonización, en los años ´60 (es particularmente flagrante para Francia en África). Los medios de negocios occidentales tienden a considerar la corrupción en los países del tercer mundo como un hecho cultural inevitable. En resumen, se puede decir que los corrompidos son las instituciones de los países emergentes y los corruptores las empresas de los países ricos. Como suele decirse, "para bailar el tango hacen falta dos". En realidad, afirma un buen conocedor de los negocios africanos, esta corrupción "tranquila" es una forma de engaño. "Se corrompe porque no se es capaz de competir y se prefiere retener mercados cautivos, aun corriendo el riesgo de ser expulsado si no se alcanza a pagar las comisiones exorbitantes exigidas por los clientes". A mediados de los años ´70, el aumento vertiginoso del precio del petróleo exponía a Francia a un déficit comercial crónico. La balanza del comercio exterior se transformó en índice mágico y la ideología de la venta suplantó a una moral ya desfalleciente y a cualquier otra consideración ideológica. Para compensar la ausencia de competitividad de sus empresas en los mercados extranjeros, el gobierno francés, imitado por todos sus homólogos europeos, autorizaba en 1977 los sobornos -oficialmente llamados comisiones- cuando eran abonados a un funcionario extranjero. Existía el derecho a corromper de modo legal a los jefes de Estado, sus ministros e inclusive hasta el más pequeño escalón de la jerarquía de un país para desplazar a los competidores, gracias a un artificio fiscal que permitía descontar impuestos con las erogaciones por soborno. Una declaración en la Dirección general de aduanas, encargada del control de cambios, permitía a un industrial depositar una parte del pago en una cuenta, generalmente en un país del tercer mundo o en el país vendedor y un fantástico eufemismo designaba el dispositivo: Fondos Comerciales Excepcionales (FCE)… Una jurisprudencia del Consejo de Estado de 1983 confirmó que esas sumas eran deducibles, cuando se pagaban en favor de la empresa. Como dice Jacky Darne, diputada informante del proyecto de ley contra la corrupción de los agentes extranjeros: "Es en contra del interés general y es en contra de la moral. Pero en el sentido estricto del término, se puede considerar que es en favor de la empresa". Hasta 1986, la Dirección de aduanas enviaba al ministro de Presupuesto una carta de comunicación. El ministro daba su autorización, concediendo el derecho a la cobertura seguro-crédito de la Compañía francesa de seguros para el comercio exterior (Coface). Así, el contribuyente saldaba la factura en caso de falencia del cliente, sobornos incluidos. El rechazo del ministerio no impedía ni la transacción ni el abono de la comisión; simplemente privaba a la empresa de la cobertura de la Coface. Desde la supresión del control de intercambios, en 1986, basta declarar el gasto en la declaración fiscal del año bajo la protección del secreto-defensa, incluso en el caso de contratos civiles. Por otro lado, en el área de las exportaciones de armamento, donde la corrupción es la norma, los industriales debían pasar por instituciones públicas bautizadas "Oficinas", que mediante un diezmo distribuían las comisiones. La Oficina general del aire se ocupaba de los aviones, el Ofema de los equipamientos aeronáuticos, la Sofme de los equipos navales y terrestres y la Sofresa de las armas para Arabia Saudita. Desde 1989, un informe de inspección de las finanzas criticaba el status público y la falta de transparencia de esos organismos. A título de ejemplo, el célebre asunto de las fragatas vendidas a Taiwán en 1991 fue objeto de un colosal soborno de varios miles de millones de francos, declarado al fisco en tiempo y hora. Lo que era ilegal era el retorno (retrocomisión) de una parte de la suma en los bolsillos franceses, públicos o privados. Mientras los europeos legalizaban la corrupción en el comercio internacional, Estados Unidos parecía comprometerse exactamente en la dirección inversa. Adoptado en 1977, después del escándalo Lockheed2, el Federal Corrupt Practices Act (FCP) incriminaba todo acto de corrupción de un funcionario extranjero. En realidad, como explica el conjunto de industriales competidores, Estados Unidos continuó sus prácticas mediante filiales instaladas en paraísos fiscales. De hecho, el gobierno estadounidense ayuda a las exportaciones que favorecen la instalación de empresas en paraísos fiscales con hasta 2.500 millones de dólares en subvenciones anuales. Esas filiales subvencionadas, bautizadas Foreings Sales Corporation (FSC), son la base del sistema oculto del pago de las comisiones en el extranjero. Aunque numerosas empresas estadounidenses hayan puesto la mano en la lata, el sistema de transacción judicial vigente permitió limitar las persecuciones. Elisabeth Guigou, ministra de Justicia de Francia, reaccionó así ante ciertas acusaciones estadounidenses: "creo que antes de criticar a los otros, hay que barrer delante de la propia puerta. Hay prácticas en Estados Unidos, incluso en el sistema penal, que son perfectamente legales, que consisten, por ejemplo, en aceptar que se negocie con la administración. Esto se llama el Plea Bargaining. En este sistema penal estadounidense, usted es acusado de lo que sea, encuentra un procurador y le dice: bien, vayamos a arreglar". Jacky Darne va más lejos: "Este conjunto de hechos llevó a que el número de empresas perseguidas por el delito de corrupción en Estados Unidos fuera bastante escaso. Algunas pocas decenas. A veces Estados Unidos da lecciones a buen precio". En todo caso, la merma de ganancia de la industria exportadora estadounidense a causa de la ley anticorrupción, fue escasa: menos de mil millones de dólares en veinte años. Europa contra Estados UnidosEl comercio internacional se inscribió, durante decenios, en el marco de las relaciones Este-Oeste. Cada campo intentaba que sus clientes permaneciesen leales para impedirles pasar al enemigo. La caída del muro de Berlín y la apertura al mundo de los ex países comunistas y sus satélites, cambió el reparto. El comercio internacional se volvió un enfrentamiento de intereses opuestos pero marcado sólo por los económicos, especialmente en las áreas de armamento y construcción. En el este y en los ex países comunistas, los grandes complejos industriales, los mercados, los grandes contratos, se volvieron pretexto para enormes comisiones. Todos los sectores que dependían de la demanda del sector público -del armamento al petróleo, de la energía a los transportes o la instalación del agua, incluso los equipamientos médicos y paramédicos- estuvieron sometidos a un verdadero diezmo. Al punto que los industriales mismos comenzaron a ver que el juego de la corrupción no compensaba el riesgo. Hasta mediados de 1990, la corrupción en las transacciones internacionales continuaba siendo tema tabú. En organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), se lo evocaba por su inicial (el "C world") para quejarse y deplorar su fatalidad cuasi cultural en algunos países. Pero en realidad nada se movía: los "propietarios" del BM y el FMI son Estados y tienen como clientes a otros Estados. Sin embargo, en octubre de 1996, durante la asamblea anual del BM y el FMI, con sede en Washington, James Wolfensohn, presidente del BM, abordó por primera vez el problema. Calificando la corrupción como un "cáncer", denunció que "afrenta a los más pobres, desvía el dinero hacia los más ricos, aumenta el costo de todas las actividades, provoca graves distorsiones en la utilización de los recursos colectivos y espanta las inversiones extranjeras". En julio de 1997, el FMI cambiaba también su orientación, al prevenir a Argentina de que toda ayuda financiera suplementaria estaría subordinada -además de las condiciones habituales en cuanto al respeto de los equilibrios financieros- a los progresos realizados en los grandes sectores de educación, de la salud, del fisco, pero especialmente en la lucha contra la corrupción. Estas tomas de posición coinciden con el comienzo de una serie de discusiones en el seno de la Organización por la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a iniciativa de Estados Unidos, que apuntan a preparar un proyecto de convención que reprima la corrupción de agentes extranjeros. El 10-12-1997, con motivo de una reunión de ministros de los países miembros de la OCDE bajo la presidencia de Dominique Strauss-Kahn -entonces ministro de Finanzas francés- veintiún países firmaron el acuerdo. Pero falta aún que lo ratifiquen los respectivos parlamentos de los países signatarios, lo que no será un simple trámite. Para Francia, los sobornos alcanzaron niveles demasiado elevados. Suficientes en todo caso para poner en riesgo no a las empresas exportadoras, pero en todo caso sus márgenes de ganancia. Las "comisiones" pasaron los límites desde hace varios años. En el negocio del armamento, donde la corrupción es la norma porque se trata de compras enormes (100, 200, 500 millones de dólares, e incluso mucho más), las comisiones, que en los países desarrollados giran alrededor del 5% al 6%, pueden alcanzar el 20, el 30, a veces el 40%. A pesar de eso, los sectores industriales europeos en general y franceses en particular (especialmente en armamento) se muestran hostiles a la convención: "nos perjudicamos nosotros mismos", arguyen. Estiman que este texto es una maniobra de Washington para desestabilizar las exportaciones europeas. Es aproximadamente en esta época en la que se afirma una Organización no gubernamental llamada Transparency International (con alusión a Amnesty International, ver recuadro), que tendrá gran éxito mediático con la publicación de una lista mundial de países corruptos. Una clasificación poco científica, según quienes la conceptuaron, porque se apoya en estudios de opinión que se fundan en la "percepción" que algunos tienen de la corrupción, y no en su estado real, imposible de establecer. Transparency fue denunciada de inmediato como instrumento de la política estadounidense, una opinión retomada por algunos medios de comunicación que se hacen eco de medios industriales franceses -especialmente de la industria del armamento- notoriamente hostiles a los acuerdos de la OCDE: "Un caballo de Troya de los yanquis" anuncia Le Canard Enchainé3. Un extraño fiscalMientras la polémica entre Estados Unidos y la industria francesa se amplifica, Transparency International organiza en Durban, Sudáfrica, durante la segunda semana de octubre de 1999, una gran conferencia que consagra su credibilidad internacional. Lo que no era hasta entonces más que una pequeña organización militante aparece de repente como capaz de movilizar a 1200 delegados llegados desde los cuatro rincones del planeta. Dos elementos se destacan en el debate. Por un lado, una acusación al BM, inculpado de financiar directamente a los corruptos con una distribución abusiva y ciega de los fondos destinados al desarrollo. Por otro, un interés firme por los acuerdos de la OCDE. El 26-10-1999 la organización publica una clasificación de los países corruptores. Efecto de difusión garantizado: Francia se clasifica mal, otros países europeos también. ¡Al contrario de Estados Unidos! La prensa internacional se agita, reclama gestos enérgicos y percibe que ciertos países de la OCDE, en particular Francia, no ratificaron los acuerdos de esta organización. Las mentes suspicaces observan la extraña proximidad entre la publicación de la mala clasificación y la conferencia de la OMC en Seattle, en diciembre de 1999. Además, Transparency no oculta su deseo de ver inscribirse la cuestión de la corrupción en la agenda de la OMC, la cual le parece en situación de asumir el rol de "guardián internacional" del fenómeno. La polémica alcanza su nivel más alto entre europeos y estadounidenses. Estos últimos, que insisten tanto sobre las consecuencias de la "deslealtald" comercial europea vía ayudas fiscales, son sin embargo muy discretos sobre sus propias subvenciones. Tanto es así que, curiosamente, las filiales extranjeras de las empresas de los firmantes de la OCDE son apartadas del campo de aplicación de la convención. El gobierno francés se tomará dos años para ratificar su firma. En una primera etapa, con algún retraso por la instigación de algunos medios industriales, el gobierno propone un proyecto de ley de ratificación en el cual se "autoriza la persecución de la corrupción legal en el caso de contratos ya en ejecución", lo que provoca gran furor de Estados Unidos, que denuncia la duplicidad. El 30-1-00, en el foro económico mundial de Davos, la secretaria de Estado Madeleine Albright acusa directamente a Francia. "Sería difícil enviar un mensaje contra la corrupción si parece que algunos países toman otro camino que el acordado". En una segunda etapa, sin relación aparente con las presiones estadounidenses, el gobierno francés retira el artículo controvertido y el 29-2-00 la Asamblea Nacional vota el texto de ratificación. Este será definitivo el 21 de junio. Se necesitaron dos años y medio para lograrlo. Sin embargo, la polémica no termina ahí. La Unión Europea (UE) obtuvo ante la OMC la condena de Estados Unidos por su ayuda disfrazada de exportación vía las filiales en los paraísos fiscales. Ante la negativa reacción estadounidense, la UE lanza, el 5-9-00, un ultimátum a Washington. El conflicto continúa… ¿Es realista pensar que una voluntad política internacional detenga la corrupción? ¿Qué hacer en países como Arabia Saudita, donde el soborno es una forma tribal de regalo? ¿O en Rusia, donde la pobreza conlleva un desarrollo exponencial de la pequeña y gran corrupción? ¿Se puede imaginar que se va a boicotear a Rusia, China o Arabia Saudita? "Todo el mundo sabe que China es un país donde la corrupción está extremadamente extendida, pero esto no impide que continúe siendo el primer destino mundial de las inversiones directas extranjeras. La corrupción masiva en China no impide a las personas ir y concretar negocios", afirma Jean Cartier-Bresson, profesor en ciencias económicas en la Universidad de Reims. Agrega que "Sin embargo, el hecho de que haya corrupción en Rusia plantea otro tipo de problema: el del medio político inestable. Si hay corrupción controlada en un contexto estable, con interlocutores que son siempre los mismos, esto no impedirá a los hombres de negocios ir. Lo que molesta es el cambio permanente de los responsables, de los montos pedidos, la inestabilidad de las reglas de juego de la corrupción". Hecha la ley…La corrupción cero no existirá, pero como subraya el procurador de Ginebra, Daniel Bertosa, "cuanto menos corrupción haya, mejor será. Soñar con una situación donde uno se podrá erigir en tolerante de los comportamientos que por definición no lo son, muestra esquizofrenia o impostura". Sin embargo, algunos comienzan ya a buscar soluciones. Como lo confirma, sin recurrir al anonimato, un agente comercial de una gran empresa exportadora francesa: "Una de las astucias es ahora tener filiales en países que no pertenecen a la OCDE y, así, aquello que se hacía desde Francia va hacerse desde ese país no integrante de la OCDE". Confirmación en el mes de febrero del 2000. Un juez de instrucción no hizo lugar a una acusación contra un ejecutivo de la sociedad Dumez-Nigeria. Estaba sospechado de haber hecho transitar por sociedades pantalla 400 millones de francos, de los cuales una parte habría sido abonada a personalidades nigerianas. El argumento para absolver al inculpado era simplemente la autonomía jurídica de la filial nigeriana con respecto a la casa central francesa. El tribunal y el juez estimaron "probable" que Dumez - Nigeria perteneciera al "complejo" Dumez-Francia pero que esta "dependencia" no había podido ser demostrada4. dirigentes de los Países Bajos, Japón, Alemania Federal e Italia para que sus países compren aviones. Le canard enchainée, París, 27-1-1999.
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