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Recuadros:

¿Por qué emigran de a millones?

Para afrontar la cuestión de las migraciones internacionales hay que tener en cuenta sus causas estructurales: desde la mundialización de la economía al surgimiento de regímenes jurídicos transnacionales que conciernen a los derechos humanos, pasando por la construcción de entidades supranacionales como la Unión Europea (UE). Acuerdos como el Tratado de Libre Comercio (TLC, entre Estados Unidos, Canadá y México) y la Organización Mundial de Comercio (OMC) tienden a dejar en manos de los Estados nacionales solamente los movimientos de población "problemática", es decir no calificada, de refugiados, de familias dependientes. Las guerras civiles o entre Estados y las persecusiones religiosas y políticas son otro factor que empuja a poblaciones enteras a migraciones internas y a través de las fronteras. La política de los países desarrollados, en particular Estados Unidos y Europa, está teñida de criterios eugenésicos y, en el fondo, de un profundo cinismo: se trata de absorber la mano de obra necesaria por el tiempo necesario y de aprovechar la presión a la baja que ésta genera sobre los salarios internos, sin disponer la verdadera integración de los inmigrantes y, sobre todo, sin considerar, ante la presión inmigratoria, el papel de la economía global en el fenómeno. Los casos de Francia, España y Argentina.

En Europa occidental, América del Norte y Japón, prevalece la idea de una crisis de control de la inmigración, lo cual impide todo debate ecuánime. En efecto, lo importante no es la eficacia del control de los Estados sobre sus fronteras, sino más bien la naturaleza de ese control. ¿Cómo se integran las políticas migratorias en el nuevo rumbo mundial, con su integración económica, sus acuerdos internacionales sobre derechos humanos; con la extensión a los inmigrantes residentes de derechos sociales y políticos, la multiplicación de los actores políticos, etc.?

Aunque el Estado-nación siga disponiendo del poder de definir una política inmigratoria, sus diferentes obligaciones internacionales hacen que sólo pueda alterar marginalmente las realidades migratorias. Antes de evocar una eventual crisis de control migratorio es preciso analizar las coacciones exteriores cada vez más numerosas que aceptaron los Estados y que determinan tanto su política migratoria como sus acciones sobre las fronteras e individuos.

Las migraciones internacionales no son fenómenos autónomos. Entre los principales (pero rara vez identificados) actores de estas migraciones se encuentran algunas empresas multinacionales, que debido a su rol en la internacionalización de la producción suplantan a los pequeños productores locales, lo cual limita las perspectivas de supervivencia de estos últimos en la economía tradicional y genera una mano de obra móvil. Además, existen gobiernos que mediante sus operaciones militares provocan desplazamientos de población y flujos de refugiados y migrantes, a lo que deben agregarse las medidas de austeridad impuestas por el Fondo Monetario Internacional, que obligan a los pobres a encarar la emigración como estrategia de supervivencia. Por último, los acuerdos de libre cambio, que reforzando los flujos de capitales, servicios e informaciones internacionales, implican la circulación a través de las fronteras de trabajadores especializados.

¿Por qué la reflexión de los responsables políticos sobre las migraciones internacionales parece más sucinta que en otros terrenos? Cuando hay que evaluar las consecuencias económicas de las transformaciones del comercio y la política internacionales, los expertos y los políticos sopesan los efectos de cada decisión en muchos campos y buscan cierto compromiso entre esos diferentes aspectos. Pero a la inmigración se la trata aisladamente de los demás campos de acción política, como si se la pudiera concebir de manera autónoma, lo que explica la inadecuación entre las políticas implementadas y sus objetivos.

La economía aldeana desestabilizada

A partir de 1992 la discusión en torno del TLC empezó a introducir evaluaciones sobre los efectos de la inmigración, especialmente la de los mexicanos a Estados Unidos. En un innovador informe de investigación publicado en 1990 por la Oficina de Inmigración del Ministerio de Trabajo de Estados Unidos, figura uno de los primeros reconocimientos formales del impacto de las actividades de ese país sobre la composición de los flujos migratorios. Por secundarios que puedan parecer, estos dos casos representan sin embargo una brecha importante en la muralla de autonomía construida en torno de la política de inmigración.

Seguramente es más complicado tener en cuenta este impacto que ver en la emigración una simple consecuencia de la pobreza, resultado de las opciones individuales de los emigrantes. Es preciso vincular los hechos migratorios con las políticas susceptibles de haberlos provocado. Todo indica que es a partir de las opciones de los países altamente desarrollados -importadores de mano de obra- que se construyen los lazos que unen a los países de emigración e inmigración. Es en esos países donde se crean las condiciones que hacen de la emigración una de las opciones de supervivencia para las poblaciones.

En primer lugar, el desarrollo de las empresas agrícolas de Estados Unidos y la mundialización del mercado de productos agrícolas llevan a muchos países emergentes a desarrollar una agricultura a gran escala para la exportación. Esto reduce las posibilidades de supervivencia de los pequeños propietarios, que se convierten en asalariados de las grandes explotaciones. Una vez comprometidos en migraciones regionales (eventualmente estacionales), estos obreros se convierten en candidatos a la emigración internacional.

Del mismo modo, cuando las sociedades occidentales instalaron manufacturas y fábricas de montaje en los países con bajos salarios, el reclutamiento de trabajadores locales contribuyó a desestabilizar las economías aldeanas tradicionales, donde las mujeres jóvenes cumplían una función esencial en la producción. Los hombres siguieron a las mujeres, primero a la ciudad, después al exterior. ¿Con qué destino? El trabajo en esas empresas occidentales implica contactos con los países de donde provienen los capitales, lo que reduce la distancia subjetiva entre el trabajador extranjero y esos países. Dicho de otro modo, si puedo recoger aquí los frutos para los hogares estadounidenses, si puedo ensamblar los componentes de un aparato electrónico, ¡también puedo hacerlo en Estados Unidos!

Además, y especialmente en las manufacturas, la dirección forma a los obreros no solo en las competencias requeridas, sino también en un comportamiento "adaptado" al lugar de trabajo. Al hacerlo, la dirección acostumbra a esos trabajadores y los prepara para trabajar en Occidente. Como se ha visto, especialmente en México, Haití y República Dominicana, esos obreros conforman en su mayoría los abultados batallones de los futuros emigrados.

La observación sobre el terreno de las causas de la emigración tiende a probar que los flujos se inscriben en el tiempo y el espacio y que dependen en buena parte de las políticas implementadas en otras esferas. Lo atestiguan múltiples estudios universitarios en todo el mundo: no se trata ni de invasiones masivas ni de movimientos espontáneos desde la pobreza hacia la riqueza. La historia enseña que en Europa, en ausencia de control, a distancias razonables y aun cuando las situaciones variaran mucho de un país a otro, poca gente abandona las regiones más pobres para dirigirse a otras más ricas1.

De modo que la sensación de crisis que suele percibirse en Europa y en algunas regiones de Estados Unidos no parece justificada. Si los Estados ejercen menos control del que desearían es porque la inmigración obedece a otras dinámicas. A través del tiempo y en el conjunto del planeta implica flujos altamente determinados, regulados y equilibrados por mecanismos específicos. Estos movimientos de población sólo duran un lapso -a veces veinte años- antes de agotarse.

Y hay más movimientos de regreso de lo que se suele creer: pensemos en los intelectuales e ingenieros judíos soviéticos que volvieron de Israel a Rusia, o en los mexicanos que volvieron a su país como consecuencia de los programas de regularización. Sus "papeles" les permitían por fin circular libremente entre los dos países.

Según indican múltiples estudios sobre el terreno, la mayor parte de la gente no quiere emigrar a un país extranjero, y si tuvieran la libertad de optar, muchos de los que debieron hacerlo serían más bien migrantes circulares que inmigrantes permanentes.

Regímenes jurídicos transnacionales

Más allá de la mundialización de la economía, existe otra gran transformación de las relaciones internacionales que compensa el poder de los Estados en materia de control de la inmigración: el creciente poder de los regímenes jurídicos vinculados con los derechos humanos, en el marco de los Estados o las convenciones internacionales, que transforman en sujetos a los olvidados del derecho internacional: pueblos emergentes, migrantes y refugiados, mujeres. Esta nueva condición puede provocar múltiples tensiones entre los diferentes sectores de un mismo Estado. En los países altamente desarrollados el poder judicial se ve investido de un rol estratégico cuando defiende los derechos de inmigrantes, refugiados y solicitantes de asilo contra las decisiones del poder ejecutivo2.

La expansión del derecho administrativo y la judicialización de la vida política implican también un abandono del estatalismo. Tanto en Europa occidental como en Estados Unidos se recurre más a menudo a los tribunales para impugnar las decisiones tomadas por los legisladores en materia de inmigración.

El fortalecimiento de la autoridad policial en la regulación inmigratoria -que no es muy compatible con la defensa de los derechos individuales y la sociedad civil, tan importantes en esos países- no eludirá entonces la impugnación jurídica. Al confinar su política migratoria a la sola dimensión policial, el Estado sólo logra multiplicar el contencioso, antes que afirmar sus capacidades para regular los flujos.

Así es como la mundialización de la economía y el régimen internacional de los derechos humanos modificaron el terreno donde se juegan las relaciones entre los Estados. Contribuyeron a formar o a fortalecer un nuevo campo de acción cívica, que va del mundo del business al de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) internacionales. La inmigración se imbrica cada vez más en esos nuevos mundos, eludiendo así a su vez, al menos parcialmente, el control del Estado soberano.

Por supuesto, fue el Estado el que contribuyó a la realización del nuevo orden económico mundial. El capitalismo impuso sus pretensiones a los Estados nacionales, que reaccionaron generando nuevas formas de legalidad. Tuvieron que inventar una nueva geografía económica, en términos de prácticas de intervención colectiva e infraestructura indispensable, pero también de trabajo estatal para producir o legitimar nuevos regímenes legales.

Una cantidad en aumento de mecanismos cruzan las fronteras hasta convertirse en transnacionales, aun cuando los gobiernos se esfuercen cada vez más en tratar de manera unilateral grandes problemas. Esto no implica el fin de los Estados nacionales, sino más bien el hecho de que "la exclusividad y la finalidad de su competencia"3 cambió: son más escasos los campos en que la autoridad y la legitimidad del Estado pueden funcionar de un modo que excluya a los otros actores. Paralelamente, el sistema interestatal, tomado en el estricto sentido del término, se ve superado por la institucionalización creciente de sistemas de poder que ya no están centrados en el Estado, especialmente el de las finanzas y el de los negocios mundiales4.

Capitales y migrantes

Todo lleva al multilateralismo, pero el tratamiento de los problemas de la inmigración sigue siendo unilateral: esta contradicción es superada por el crecimiento de facto (más que de jure) del bilateralismo y el multilateralismo en la gestión de ciertos aspectos específicos de las migraciones internacionales. Así sucede en Europa occidental, donde la construcción de la unión económica impuso a los gobiernos aproximaciones supranacionales en todos los terrenos. Negociaciones entre la UE y los países de Europa central transformadas en zonas tapón para los solicitantes de asilo5 ; programas de ayuda a la modernización de las policías de Europa central y el Magreb para interrogar a los inmigrantes clandestinos: todos testimonios del recurso a una instancia multilateral.

Fenómeno único en su género, la construcción europea ilustra la dificultad para compatibilizar los diferentes regímenes que definen por un lado la circulación de los capitales y por otro la de los migrantes. La definición y realización de una política común pusieron en evidencia el imperativo que representa para toda política inmigratoria dar cuenta de la rápida internacionalización de la economía. Un estudio de las etapas de esta construcción permite precisar el momento en que los Estados deben afrontar sus contradicciones y resolverlas en la medida de lo posible6. Cuanto más se formalizan los espacios económicos transnacionales, más problemático se vuelve el marco existente de política inmigratoria7, especialmente en los países altamente desarrollados, donde esa política choca con el crecimiento de la integración mundial, que cuando lo necesita elude las restricciones a la libertad de circulación que impone la política inmigratoria.

Algunos componentes de la soberanía del Estado-nación son transferidos a entidades supranacionales, las más importantes de las cuales son la UE y la OMC. Buena parte de los instrumentos intelectuales de que disponían los gobiernos y que les permitían controlar su población y su territorio se encuentran ahora en manos de instituciones no estatales. Lo demuestran los regímenes privatizados transnacionales que rigen el comercio internacional y la creciente prevalencia de la lógica del mercado financiero mundial sobre las políticas económicas nacionales.

Los nuevos regímenes especiales para la circulación de la mano de obra de servicio implementados en el marco del Acuerdo General sobre Tarifas Aduaneras y Comercio (GATT) y el TLC han sido desconectados de toda noción de migración, aun cuando enmarcan migraciones de trabajo temporarias. Uno y otro se proponen favorecer la movilidad, bajo la tutela de entidades supranacionales independientes de los gobiernos, como la OMC8.

Estos dos acuerdos internacionales sancionan una vez más la privatización de lo lucrativo y pasible de gestión. Sólo conciernen a los componentes de la política inmigratoria que se caracterizan por: a) fuerte valor agregado, es decir, personas dotadas de un alto nivel de educación o de capital; b) flexibilidad: esas personas tienen posibilidades de ser migrantes temporarios que trabajan en los sectores de punta de la economía, por consiguiente migrantes visibles, identificables y sometidos a una regulación efectiva y; c) beneficios, habida cuenta de la noción liberal de intercambios e inversiones.

En última instancia los gobiernos se exponen a no conservar bajo su dominio más que la gestión de los elementos "problemáticos", de "débil valor agregado" de la inmigración: los pobres, los trabajadores no calificados, con salarios bajos, refugiados, familias dependientes y, en el caso de los trabajadores calificados, los que pueden generar tensiones políticas. Esta selección entre los migrantes de trabajo ejercerá una gran influencia sobre lo que se clasifica en la categoría política de "inmigrantes". Es fácil imaginar las implicancias de esta reducción de las migraciones internacionales a su aspecto más problemático.

  1. Guest and Aliens, The New Press, Nueva York, 1999.
  2. El Estado ya no es la única sede de la soberanía ni el sujeto exclusivo del derecho internacional. ONGs, minorías, organizaciones supranacionales, emergen como sujetos de derecho internacional y como actores de relaciones internacionales. Ver Losing Control, Columbia University Press, Cambridge, 1997.
  3. James Roseneau, Along the Domestic-Foreign Frontier: Exploring Governance in a Troubled World, Cambridge University Press, Cambridge, 1997.
  4. Yves Dezalay y Bryant Harth, Dealing in Virtue, International Commercial Arbitration and the Construction of a Transnational Legal Order, The University of Chicago Press, Chicago, 1996.
  5. Jelle van Buuren, "Quand l"Union Européenne s"entoure d´un cordon sanitaire", Le Monde diplomatique, París, enero 1999.
  6. James Hollyfield, Immigrants, Markets and States, Harvard University Press, Cambridge, 1992.
  7. Demetrios G. Papademetriou y Kimberly A. Hamilton, Converging Paths to Restriction: French, Italian and British Responses to Immigration, Carnegie Endowment for International Peace, International Migration Policy program, Washington DC, 1996.
  8. El TLC se basa en numerosos paneles de expertos para tomar decisiones económicas que según algunos corresponderían a representantes electos. Este fenómeno traduce una transferencia del poder del gobierno al sector privado.

El Ejido. Tierra sin ley

Informe de una comisión internacional de encuesta sobre los ataques racistas de febrero 2000 en Andalucía. Coedición del Foro Cívico Europeo y el Comité Europeo de Defensa de los Refugiados e Inmigrantes, Madrid 2000, 120 páginas.

"Más de sesenta heridos, cientos de inmigrantes sin alojamiento, decenas de comercios siniestrados, 22 arrestos (11 españoles y 11 magrebíes) pasibles de condena". Este libro comienza describiendo los ataques racistas ocurridos contra los inmigrantes marroquíes los días 5, 6 y 7 de febrero de 2000 en El Ejido, Andalucía, así como la reacción de la mayoría de los ciudadanos: "la regla de la omertà;", el silencio, la pasividad y la complicidad de una población que prefiere callar creando una "malevolencia sistemática". En los dos primeros capítulos se intercalan testimonios recogidos por la comisión a través de entrevistas en profundidad a inmigrantes marroquíes y a ONGs relacionadas con la inserción del inmigrante. A continuación, el informe se adentra en las causas estructurales de estos sucesos: El Ejido es una zona donde el sector agrícola crece gracias a técnicas especializadas de cultivo y a la importación de mano de obra barata contratada clandestinamente: "De ahí el recurso progresivo y conflictivo a la inmigración africana, donde la comunidad marroquí tiene el temible privilegio de ser mayoritaria y principal víctima expiatoria de un sistema condenado al provecho a corto plazo y a la violencia". El boom económico de la región contrasta con las condiciones de vida de los inmigrantes. Los dos últimos capítulos analizan exhaustivamente las leyes migratorias de España, en particular la ley 4/2000. El informe integra los sucesos de El Ejido en una situación estructural que tiene sus raíces en la idea de la "Fortaleza Europa" puesta en marcha con los acuerdos de Schengen. El Ejido es una señal de alarma sobre lo que podría tornarse incontrolable en toda España y también en la Unión Europea si no se toman medidas de acción concretas para canalizarlo. A la hora de presentar alternativas algunas aparecen quizás algo utópicas, como "el acceso de los extranjeros a la ciudadanía europea y el reconocimiento de una verdadera libertad de circulación suprimiendo la obligatoriedad de los visados".


Autor/es Saskia Sassen
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 24 - Junio 2001
Páginas:21, 22
Traducción Marta Vassallo
Temas Agricultura, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Derechos Humanos, Justicia Internacional, Migraciones
Países Canadá, Estados Unidos, México, Argentina, Haití, República Dominicana, Japón, España, Francia, Rusia, Israel