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Eterno retorno del utilitarismo

Las políticas migratorias de Francia, principistas en las declaraciones pero pragmáticas en los hechos, se esfuerzan por compatibilizar la necesidad del aporte de mano de obra inmigrante, atribuida a razones económicas y demográficas, con la preocupación de cómo deshacerse de esos "útiles" extranjeros cuando se convierten en "indeseables".

A la vista de la "evolución de las mentalidades" y "habida cuenta de su demografía", Europa "va a necesitar el aporte de mano de obra extranjera"1. En boca del ex primer ministro Alain Juppé, que hace tres años hizo evacuar por la fuerza la iglesia de San Bernardo, en París, ocupada por los indocumentados, estas opiniones pusieron en situación embarazosa a sus amigos. Es verdad que el propio Charles Pasqua (ex ministro de Interior), otrora perseguidor de los "clandestinos" y ferviente defensor de la inmigración cero, ya sembró la zozobra al pedir… la regularización de todos los extranjeros en situación irregular.

Desde la segunda guerra mundial, la orientación francesa en materia de inmigración siguió un movimiento pendular. Hasta los ´70, obedeció ante todo a las necesidades de la economía en lo tocante a mano de obra, que importada masivamente, formaba un proletariado disponible a voluntad. En los "80 y "90, esa orientación se invirtió: la crisis generó un clima xenófobo y el "cierre de fronteras". Iniciado el nuevo siglo, Europa vuelve a hablar de inmigración de trabajo y redescubre algunas virtudes en esos migrantes a quienes hasta hace muy poco atribuía todos los males.

Así pues, el debate lo ha emprendido la derecha parlamentaria, poco proclive sin embargo a chocar con sus electores en este punto considerado "sensible". Los industriales, tradicionalmente reservados, han dejado escapar algunas "frasecitas": "Teniendo en cuenta el impacto demográfico en 2005, no estaría de más invertir los flujos migratorios", explicaba Denis Gautier-Sauvaignac, delegado general de la Unión de Industrias Metalúrgicas y Mineras (UIMM) y presidente de Unedic2.

Un informe de la división de población de Naciones Unidas (ONU), cuya primera versión produjo un gran ruido a comienzos del año 2000, vino a dar una dimensión planetaria a estos virajes. Según este texto, Europa necesitaría 700 millones de inmigrantes en los próximos cincuenta años: es decir, para Francia, una media de 1,7 millones cada año3. El propósito no es aquí comentar esas cifras "extravagantes"4, que remiten a una simulación practicada por esos mismos tecnócratas que, en otras circunstancias, serían capaces de parametrar "umbrales de tolerancia", sino examinar la curiosa corriente que trae y difunde semejantes cálculos.

¿Cuáles son los argumentos que presentan los partidarios de la vuelta a la inmigración razonable? Los parámetros demográfico y económico se armonizan estrechamente, no sin designios ocultos que apuntan a una gestión más "flexible" del mercado de la fuerza de trabajo. Desde 1995, en una coyuntura difícil donde la extrema derecha francesa refuerza sus posiciones, el "informe Boissonnat" agita la idea de una previsible "escasez de mano de obra", que "posibilita un nuevo recurso a la inmigración como ocurriera entre 1950 y 1970"5.

La cuestión resurge actualmente en casi toda Europa: "¿Se defenderá la inmigración por razones económicas, cuando fue combatida por razones políticas?", se pregunta Le Figaro économie del 3-8-00, para el cual el problema "dejó de ser tabú". El eurodiputado Sami Naïr, vinculado al socialismo francés, explica con un talante que recuerda al de los adeptos a la selección eugenésica: "La economía europea necesita hoy, para asegurar el crecimiento económico y para suplir el envejecimiento de la población, fuerzas de trabajo jóvenes, vivas y calificadas"6.

¿Quiénes sino los nuevos inmigrados van a pagar nuestras pensiones?, se preguntan todos. De hecho, los cálculos de la ONU citados anteriormente se basan en la voluntad de mantener en su nivel actual la relación entre la población adulta activa (15-64 años) y el efectivo de 65 años y más. "El problema crucial es la fecundidad, que en poco tiempo impedirá hacer frente a las exigencias de financiación de la protección social", añade ese mismo Figaro économie que todavía ayer fustigaba a los inmigrados y los denunciaba en bloque como parásitos de esa protección.

Inmigrantes a la carta

De esta manera, vuelve a ponerse al día el tema de la "repoblación", característico de la inmediata posguerra, y también, previsiblemente, incoherencias comparables en las "políticas" de inmigración futuras. Para los empleadores, el reto principal es el déficit de personal calificado, sobre todo en el sector de las nuevas tecnologías. Las preguntas que se hacen los gobernantes son algo diferentes: ¿cómo ajustar en calidad y en cantidad los "flujos" a la "demanda"? ¿Con qué criterios seleccionar los países de origen? En definitiva, ¿cómo impedir que los migrantes le tomen el gusto, y una vez asegurado el relevo, "se incrusten"? Porque esta es la única preocupación: cómo quitarse de encima en el futuro al extranjero que se ha vuelto indeseable, o ya no es necesario.

Al anunciar su intención de convocar a 20.000 informáticos extranjeros, el canciller alemán Gerhard Schröder provocó un estallido de indignación en la derecha… y en los sindicatos, a causa de los cuatro millones de desocupados nacionales. Tuvo que precisar entonces que se trataba de visados por cinco años solamente y que no estaba prevista ninguna extensión a otros sectores. ¿Cómo se los enviará de regreso? Misterio.

La "apelación a la mano de obra extranjera", precisa en suma Le Figaro économie, "no concierne sólo a los "cerebros" (…), sino también a los empleos poco o nada calificados, temporarios o no". Sin embargo, en esos sectores denominados eufemísticamente "de mano de obra", no se registra una verdadera escasez de trabajadores, sino una incapacidad en los empleadores para tratar a los últimos dignamente y según la ley.

En Francia, por ejemplo, de la hotelería a las cosechas de frutas, pasando por los subcontratos en la construcción y en la confección, el derecho al trabajo apenas existe7. Antes que de "empleos que rechazan los franceses", se trata de empleos denominados "3D": demanding, dangerous, dirty (difíciles, peligrosos, sucios) para los cuales, en téminos de condiciones de trabajo, salario y disponibilidad, los empleadores franceses no quieren a franceses, considerados demasiado exigentes. Lo que autoriza a algunos a pregonar, en paralelo a la inmigración llamada de "alta gama", una preferencia por "nuestros" recursos propios: mujeres, jóvenes y desocupados, sugiriendo una nivelación hacia abajo de las leyes de trabajo.

Mientras tanto, ¿cómo sorprendernos de que en Grecia agricultores "furiosos después de las detenciones de inmigrados por parte de la policía (exijan) al gobierno que cesen las redadas (…) y, en contrapartida, se comprometerán a llevar personalmente a esos trabajadores a la frontera después de las cosechas?". Los agricultores, prosigue ese despacho, "declararon que no pueden prescindir de los trabajadores migrantes, dispuestos a aceptar la mitad del jornal que exigen los trabajadores griegos"8.

En muchos aspectos (selección de ingresantes, política utilitarista de empleo) no son menores las contradicciones en las que se enreda un intelectual tan escuchado como Patrick Weil, cuya reflexión desembocó en 1997 en una pseudo refundición de las leyes francesas sobre inmigración. Ferviente partidario del Estado-nación, de una "despolitización" y del "consenso" sobre la inmigración, Weil se muestra ahora desfavorable a las cuotas y a favor de "levantar el veto del empleo", pero sólo para ciertas clases de trabajadores… (entre los que están, precisamente, los informáticos)9.

Este mismo experto manifestaba en 1996 una viva inclinación por el sistema de las cuotas, que permitía trabajar (y supuestamente formarse) a 5.700 "temporeros" extranjeros (gastarbeitnehmer) en Alemania durante dieciocho meses. "Esas migraciones regionales con vocación muy estacional corresponden a un interés común de los Estados y de todos los agentes económicos", escribió entonces, pidiendo a Francia que se comprometiera en este camino10. Ahora declara que "son las empresas las que contratan, no el Estado"11.

La coyuntura ideológica actual revela una vez más el carácter profundamente oportunista, es decir, utilitarista y pragmático, de las políticas de inmigración en la historia de algunos países europeos. Muy lejos de los "grandes principios" sistemáticamente invocados, esas políticas son siempre interesadas, pero raramente capaces de continuidad y menos todavía de respeto por los inmigrados, en la tradición eugenista de los demógrafos franceses de la primera mitad de este siglo12, que consiste por ejemplo en considerar oficialmente a los "extranjeros europeos" como superiores a los "extranjeros no europeos".

¿Acaso el gobierno francés no da muestras del mismo cinismo cuando, por ejemplo, exige oficialmente a sus prefectos la derogación de la ley y la adopción de un "procedimiento de introducción simplificada para los ingenieros informáticos"?13.

¿Qué pensar asimismo de esos explotadores forestales pirenaicos que hace veintiséis años partían hacia el Atlas marroquí en busca de jóvenes y vigorosos leñadores, a quienes hoy marginan debido a su insuficiente rendimiento, al tiempo que reclaman no un programa de formación de los jóvenes ni de reconversión de los viejos, sino la importación de un nuevo contingente de trabajadores?

¿Y qué decir cuando la metrópoli importa masivamente a inmigrantes caribeños con el fin de construir y empezar el polo turístico de Saint-Martin, para, a continuación, dejar que el alcalde de ese municipio adopte, en la huella del ciclón de septiembre de 1993, una decisión que prohibe la (re)construcción de cualquier hábitat precario en la isla, para librarse de esos extranjeros que se han vuelto indeseables?14.

  1. Le Monde, París, 1-10-1999.
  2. Le Monde, París, 6-1-00.
  3. "Replacement Migration: Is it a Solution to Declining and Ageing population?", ONU (División de la Población), Nueva York, marzo 2000.
  4. El término está tomado del análisis de Henri Leridon en el boletín mensual del Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED), Populations et sociétés, Nº 358, junio 2000. Léase también en Futuribles, Nº 254, junio de 2000, el artículo de Alain Parant, investigador del mismo instituto: "Le salut par l´inmigration?". Para una crítica más histórica y menos utilitarista, Hervé Le Bras: "Les mauvais calculs de l´ONU", Libération, París, 29-3-00.
  5. Comisario general del Plan, Le travail dans vingt ans, Odile Jacob, La Documentation Française, París, 1995.
  6. Libération, París, 23-6-00.
  7. "Quand la lutte contre l´emploi illégal cache les progrès de la précarité légale", en Didier Fassin, Alain Morice, Catherine Quiminal, Les lois de l´hospitalité. Les politiques de l´inmigration à l´epreuve des sans papiers, La Découverte, París, 1997.
  8. Migrations Europe, Bruselas-París, agosto de 1999.
  9. Le Monde, París, 20-6-00.
  10. Patrick Weil, "Pour une nouvelle politique d´inmigration", Esprit, abril de 1996.
  11. Le Monde, 20-6-00.
  12. Hervé Le Bras y Sandrine Bertaux, L´invention des populations. Biologique, ideologie et politique, Odile Jacob, París, 2000.
  13. Circular DPM/DM2-3/98/767 del 28-12-1998.
  14. Misión Saint-Martin-Guyane (colectivo de asociaciones), "Sur l´ile de Saint-Martin, d´un cyclone naturel à un cyclone administratif", En Guyane et à Sanit-Martin. Des étrangers sans droits dans une France bananière, marzo de 1996.
Autor/es Alain Morice
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 24 - Junio 2001
Páginas:22
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Migraciones
Países Alemania (ex RDA y RFA), Francia, Grecia